Escribiendo Hojas En Un Libro

“Escribir es como mostrar una huella digital del alma” Mario Bellatín,
 
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 Mil Soles Espléndidos

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MensajeTema: Mil Soles Espléndidos   Jue Nov 10, 2011 7:32 pm

Adaptación y traducción del libro en inglés: A Thousand Splendid Suns de Khaled Hosseini Smile
Subo varios capis Smile
Espero sus comentarios
Besos


Lali y Peter son mejores amigos desde siempre, pero las circunstancias de la vida los separará y ella encontrará un nuevo hogar, junto a Pablo y Daniela. Pablo, un hombre viejo y abusivo y Daniela, una mujer que pronto se convertirá en la alma gemela de Lali.
Peter, se irá para siempre?



1

Mariana o Lali como le decían cariñosamente, nació en la primavera de 1978, bajo una familia acomodada en Afganistán. Tenía dos hermanos hombres mayores que ella: Lautaro y Martín que por cosas de la vida no los pudo conocer mucho porque cuando ella cumplió los 2 años, ellos se alistaron para la guerra y nunca más volvieron.

Es la primavera de 1987, con 9 años, Lali extraña más que nunca a Peter.

- Por cuánto tiempo te vas a ir? – le había preguntado días antes

- No sé, me voy con mi familia al sur, a visitar a mi tío

- Un aproximado?

- 13 días

- 13?

- Ay Lali! No es tanto tiempo! Ey! No vas a llorar verdad?

- Acaso estás loco? No voy a llorar y menos por ti!

Habían pasado cinco de los trece días y Lali se había dado cuenta que los días sin Peter eran largos y aburridos. Mientras pensaba en él, en el primer piso de su casa, sus padres peleaban, como siempre; se había convertido en algo común. Cerró su puerta para no escucharlos más, hasta que su papá la llamó para ir al colegio. Se terminó de cambiar y corrió escaleras abajo.

Miró a su papá y se sintió orgullosa de él. Papá Carlos, era un excelente historiador, sabía todo acerca de geografía también; amaba los libros y le encantaba enseñarle cada día algo nuevo, algo que ella amaba de él. A veces se sentía mal al quererlo más a él que a su mamá, pero es que su mamá empezó a alejarse del mundo cuando sus hermanos fueron a la guerra.

- Qué día es hoy? – le preguntó su papá sonriendo – es el día 5 no? O es el 6?

- No me importa! No llevo la cuenta – sabía que su papá se refería a Peter. Ella prefirió mentir, contaba hasta los minutos en los que estaba sin él

- Bueno, regresará cuando menos lo esperes – le sonrió dulcemente – María José! Me voy con Lali al colegio! No te olvides de recogerla!

En el colegio no hizo más que pensar en Peter, ya quería que regresara. A la salida, su mamá no vino a recogerla, no era la primera vez que sucedía eso, así que se fue caminando de regreso a casa. Sus dos mejores amigas, Cande y Rochi, la acompañaban. Cande era una flaquita de cabello castaño y ojos marrones, alta y suelta como el viento. Su cabello lacio y largo reflejaba su actitud ligera y divertida; también tenía 9 años. Rochi, tenía 12, era la mayor pero no lo aparentaba. Más alta que Cande y rubia; su forma de hablar era bastante peculiar y eso le encantaba a sus amigas. Ese día hablaban de chicos, soñaban con los que se casarían.

- Yo quiero uno que me pida casamiento bajo la luz de la luna

- Ay! Así que tú resultaste más romántica que yo!

- Es que el hombre siempre tiene que estar a tus pies!

- Ojalá fuera así Can! Pero, nosotras sabemos que ellos nos mandan y nosotras tenemos que hacer lo que ellos nos piden; sabemos que a nosotras nos eligen el esposo..

- Felizmente aún no piden mi mano – dijo Lali con un dejo de esperanza

Lali pensaba que a ella todavía le faltaba mucho para casarse. Su papá no tenía intención de dejar que le pidan la mano; él pensaba que lo más importante era la educación. Primero había que estudiar.

- Bueno, pero ya saben! Cuando les pidan la mano y no les guste el candidato, tienen que ser rebeldes, la mujer hoy en día tiene más poder! – y Rochi hablaba como una adulta – a menos que…venga el príncipe guapo cojeando y toque tu puerta La. Entonces… - Rochi se refería a Peter que la mitad de su pierna izquierda estaba ocupada por una prótesis

- Qué mala! No hables así de la gente!

- Pero no he dicho nada malo!

- Bueno! Pero más respeto con él que perdió la pierna en plena guerra!

- Me muero!! Lali!! Estás enamorada de Peter! Se nota!! Lo defiendes hasta la muerte!!

- Nooooo! Qué cosas se les ocurren a ustedes! Yo no estoy enamorada de nadie!

El resto del camino se la pasaron así, molestándola con Peter. Sus amigas se quedaron unas cuadras antes de su casa y Lali empezó a caminar el resto del camino sola. Cuando ya estaba a pocos minutos de llegar, escuchó una voz:

- Ey, tú! Morochita…voltea!

Lali volteó y se sorprendió al ver una pistola apuntando hacia ella. La pistola era roja y verde y detrás de ella estaba Agustín. Agustín era un niño de 11 años, como Peter, alto, gordito y cachentocito y malo como ninguno. Todos lo conocían como el creído y rico del barrio y el niño que más molestaba a las mujeres; pero, también era conocido por cobarde. Cada vez que Peter estaba con Lali, Agustín ni la miraba; pero cuando él no estaba, aprovechaba para molestarla. Varias veces, se había acercado a su oído para decirle: Eres hermosa morochita. Me quiero casar contigo. Así que ahora la apuntaba con una pistola de agua, solo que no era agua lo que contenía, sino un líquido amarillo. Se imaginan lo que es verdad?

- No te preocupes morochita, después te bañas

- No Agustín! No lo hagas! Te advierto!

- Qué vas a hacer? Me vas a pegar?

Necesitaba a Peter más que nunca, pero él no estaba ahí para salvarla. Así que por más que Lali intentó escapar, Agustín disparó y Lali se mojó toda la cara y la manó que utilizó para cubrirse; su cabello también se ensució. Los amigos de Agus, salieron de su escondite y se rieron de ella.

- Eres una mierda! – no entendía que cosa significaba eso, pero lo había escuchado varias veces

- Bueno, prefiero eso a tener a un papá gay! Pero, por qué no hueles tus manos?

- Huele, huele, huele! – dijeron a coro los otros chicos

Lali lo hizo, pero antes de que lo hiciera, ella ya sabía qué era lo que le habían lanzado. Lágrimas recorrieron su mejilla, los chicos rieron aún más. Lali se fue corriendo y llorando a casa. Apenas llegó, se jabonó y se echó shampoo una y otra vez hasta que sintió que estaba limpia por completo. Lloraba y sentía que iba a vomitar en cualquier momento.

Se puso a pensar que eso no hubiera pasado si Peter hubiera estado con ella; por qué se tuvo que irse? Si Peter hubiera estado con ella, Agus no se hubiera atrevido a hacerle lo que le hizo. Pero, también pensó en su mamá, ella se había olvidado de recogerla y por ese motivo tuvo que irse caminando. Lali siempre se preguntaba porque su mamá la tuvo si no la quería; creía que las personas no deberían tener más hijos si es que todo su amor ya se lo dieron a los otros, como era el caso de María José. No era justo, sentía envidia y odio por sus hermanos.

Luego del baño y de esos pensamientos, se echó en la cama. Cuando se le fue el enojo, fue al cuarto de su mamá, pero la puerta estaba cerrada. Empezó a tocar mientras susurraba: Mamá, mamá, mamá. Pero María José nunca abría la puerta y menos ahora.

Lali recordaba a su mamá en sus buenos momentos, cuando sonreía y la mimaba. Cuando iban juntas de compras, cuando dejaba que Lali le cepillara el cabello, algo que ella amaba hacer, jugaban a las “Escaleras y Serpientes”. Cada vez que su madre estaba en sus buenos momentos o días, ella y su papá se miraban con amor, Lali podía ver que entre los dos había un amor intacto, una ternura completa. Sus papás se habían conocido a los 16, era costumbre casarse con algún familiar, así que Carlos era el primo de Majo; fue ella quién le dijo para intentar ser novios. Era una historia que mamá siempre contaba cuando estaba en sus días buenos.

Después de un tiempo, Lali logró entrar al cuarto de su mamá; estaba totalmente oscuro con las cortinas cerradas. Majo estaba envuelta con la sábana en la cama. Lali la despertó diciéndole que ya eran las 3 de la tarde; mientras su madre se levantaba, Lali pudo ver una vez más los cuadros con las fotos de sus hermanos, esos que nunca conoció realmente y que su madre sentía adoración.

- Cómo te fue en el colegio?

- Bien

- Aprendiste algo?

- Lo usual

- Comiste algo?

- Sí

- Bien. Dios, me duele la cabeza

- Quieres que te traiga una aspirina?

- Tal vez después. Tu padre está en casa?

- Son las tres recién

- Estaba soñando

- Bueno mami, te cuento que mientras tú soñabas, un niño me disparó orina en mi cabello y cara

- Te disparó qué? No te escuché, perdón

- Orina

- Eso..eso es terrible. Dios, lo siento. Pobrecita. Hablaré con él mañana por la mañana. O tal vez con su madre. Sí, creo que eso estaría mejor.

- Pero, si no te he dicho quién fue

- Verdad, quién fue?

- No importa

- Estás molesta

- Se supone que tenías que recogerme del colegio

- Lo sé. Y qué hay de… cómo se llama, tu amigo…Peter?

- Se ha ido de viaje por una semana

- Oh. Ya te bañaste?

- Sí

- Entonces estás limpia. Estás limpia y todo está más que bien

- Bueno, tengo tarea que hacer

- Claro que sí. Cierra las cortinas antes de irte, cielo – y así lo hizo – no me olvidaré de recogerte mañana, lo prometo

- Eso dijiste ayer

- Tú no sabes Lali

- Saber qué? Qué no sé? – su mamá sostuvo la mano de su hija en su pecho

- Acá, lo que hay acá. No sabes.


2

Una semana había pasado, pero todavía no había ninguna señal de Peter. Una semana más pasó y Lali seguía sin saber nada de él. Ese tiempo se dedicó a ordenar los libros de la biblioteca de su casa y a salir de compras con sus mejores amigas. Esas semanas, Lali se dio cuenta que la espera es lo más doloroso que puede existir. Empezó a pensar lo peor, a hacerse ideas en la cabeza. Se dijo a sí misma que Peter jamás volvería, seguro sus padres habían decidido mudarse a la ciudad de su tío. Seguro que una dinamita había caído de nuevo cerca del cuerpo de Peter, de la misma forma que sucedió en 1981, cuando él tenía 5 años. Realmente fue un milagro que no haya muerto, muy afortunado de tan solo haber perdido la pierna izquierda. No podía dejar de pensar lo peor.

Hasta que una noche, Lali observó una pequeña luz intermitente por la ventana, que daba a la calle. Ella sabía quién era; sonrió y rápidamente buscó su linterna, pero no funcionaba, se habían terminado las pilas. Pero, no importaba, Peter había vuelto; se sentó al borde de su cama, con alivio y observó hasta el cansancio la luz intermitente.

Al día siguiente, camino a la casa de Peter, Lali vio a Agus junto a sus amiguitos en la calle. Cuando la vio, él le dijo algo a sus amigos y entre todos se rieron; Lali agachó la cabeza y caminó deprisa.

- Qué te has hecho? – exclamó cuando Peter abrió la puerta. Él pasó su mano por su cabeza rapada y sonrió

- Te gusta?

- Parece como si estuvieras preparándote para el ejército

- Quieres sentir? – agachó su cabeza

Lali pasó su mano por la cabeza rapada de Peter, sintió pequeñas cosquillas en la mano. Cuando él levantó la mirada, Lali se dio cuenta que él se había sonrojado.

- Por qué te demoraste tanto en regresar?

- Mi tío estaba enfermo. Ven, entra.

Lali ingresó a la casa de Peter, y cómo amaba ese hogar. Le encantaba la decoración y cada objeto que se encontraba.

- Quién es? – era la voz de Claudia, la mamá de Peter

- Lali – respondió Peter

- Ah, nuestra hija adoptiva – dijo su papá mientras entraba a la sala, donde se encontraban los dos; Pablo era carpintero, un señor mayor de cabello blanco. Abrió sus brazos para acunar a Lali entre ellos. Se besaron en la mejilla tres veces

- Si la sigues llamando así ya no va a querer venir, Pablo – dijo Claudia – no le hagas caso al viejo. Es un placer verte, cielo. Ven, siéntate, he traído un poco de fruta

Se sentaron a la mesa de la cocina, que Pablo había construido. Ahí, se pusieron a conversar.

- Escuché que tu hermano estaba enfermo – le dijo Lali a Pablo

- Sí, pero ahora está bien, gracias a Dios – dijo mientras fumaba un cigarro

- Ataque al corazón, su segundo – Claudia miró obvia a Pablo, odiaba que él fumara

- Cómo está tu padre, corazón?

- Está bien

- Y tu mamá?

- Días buenos, malos también. Lo mismo de siempre

- Sí, es que debe ser muy difícil estar lejos de tus hijos

- Te quedas a almorzar? – preguntó Peter

- Tienes qué – dijo su mamá – voy a ser fideos con salsa de espinaca – el plato favorito de Lali

- No quiero molestar

- Molestar? Nos hemos ido por un par de semanas y ya nos hablas como si fuéramos extraños?

- Bueno, está bien. Me quedo – Lali se sonrojó y sonrió

- Perfecto

La verdad es que a Lali le encantaba comer en la casa de Peter. Porque en su casa ella tenía que comer sola, en cambio, donde Peter siempre se almorzaba en familia. Le encantaba toda la rutina que hacían antes de cenar, la encantaba la comida, el cariño que le brindaban; eso que hacía falta en su casa.

- Qué te parece si jugamos a las cartas? – le preguntó Peter

- Sí, vayan arriba a jugar – dijo Claudia – mientras yo preparo la comida

Lali y Peter se echaron de espaldas en el suelo, en mitad de la habitación de él. Mientras jugaban, Peter le iba contando a Lali sobre su viaje, cómo había ayudado a su tío a plantar flores, le contó sobre la serpiente que capturó. Ese cuarto sería siempre el lugar donde ellos dos hacían las tareas, donde hacían torres de cartas y dibujaban retratos graciosos del otro. Si llovía, se quedaban contemplando el cielo a través de la ventana, mientras tomaban Fanta y observaban como caían las gotas de lluvia.

- A ver, una adivinanza. Qué cosa gira alrededor del mundo pero se queda en una esquina? – preguntó Lali

- Espera – se acomodó – pásame una almohada – se la puso debajo de su pierna izquierda – así está mejor.

Lali recordó cuando Peter le enseñó por primera vez su “pierna izquierda”, con tan solo seis años, ella había tocado con un dedo la piel justo debajo de su rodilla izquierda (hasta donde llegaba su pierna), había encontrado cosas duras ahí, Peter le contó que eran pedazos de huesos que a veces crecían luego de una amputación. Él le contó que a veces dolía, pero no siempre; y a veces también picaba, especialmente cuando hacía calor y le salían heridas, pero su mamá siempre lo ayuda a curarlas. Lali no pudo dejar de llorar. Por qué lloras? Tu quisiste verla! Si hubiera sabido que ibas a llorar, no te la enseñaba! Fueron las palabras que le dijo hace un par de años.

- Una estampilla – dijo Peter

- Eh?

- La respuesta a tu adivinanza es una estampilla. Creo que deberíamos ir a zoológico, después de almorzar

- Ya sabías la respuesta a la adivinanza verdad?

- Nada que ver

- Eres un tramposo

- Y tú eres una envidiosa

- Envidiosa de qué?

- De mis dotes masculinos

- En serio lo dices? A ver dime, quién gana siempre en ajedrez?

- Yo te dejo ganar – rió con ganas, ambos sabían que no era cierto

- Y quién reprueba siempre matemática? Quién viene a ayudarte con tu tarea de matemática a pesar que tú estás en un grado más alto en el colegio?

- Estaría dos grados más adelante si mate no me aburriera!

- Supongo que geografía también te aburre

- Cómo sabes? Ya, cállate. Vamos a ir al zoológico o no? – Lali sonrió

- Sí, vamos

- Ok

- Te extrañé – hubo un silencio, Peter se puso serio

- Qué pasa contigo? – Lali se dio cuenta que para los hombres no existía la amistad entre el hombre y la mujer; ella siempre le decía esas palabras a sus mejores amigas. Pero Peter, sintió como si ella le estuviera declarando su amor

- Quería molestarte

- Funcionó

Continuaron conversando hasta que Claudia los llamó para almorzar. Cuando terminaron, pidieron permiso y se fueron a caminar, en busca del bus que los llevaría al zoológico. La verdad, es que Lali no pensaba contarle a Peter; de hecho pensó que sería una mala idea. Alguien saldría herido, porque Peter no dejaría pasar algo como eso. Pero, cuando los dos estaban caminando, Agus volvió a aparecer, recostado contra una pared. Estaba junto a sus amigos y él le sonrió maliciosamente. Y de pronto se vio contándole todo a Peter, no pudo contenerse.

- Te hizo qué? – le volvió a contar y señaló a Agustín – él? Él fue el que te mojó? Segura?

- Segura - Peter rechinó sus dientes y murmuró algo inentendible

- Espérame aquí

- Peter.. no…

Ya era demasiado tarde, en pocos segundos Peter estaba cruzando la calle. Cuando estaba cerca a Agustín, se agachó y se quitó su prótesis; con esta en mano y saltando en un pie se lanzó hacia Agustín. Todos los niños salieron corriendo y solo quedaron Peter y Agus entre patadas y puñetes. Agustín jamás volvió a molestar a Lali.

Esa misma noche, cuando Lali regresó a casa, puso la mesa para dos; solo ella y su papá cenarían. Su mamá no tenía hambre. Y luego de cenar, todas las noches, Carlos ayudaba a Lali a hacer su tarea y luego él le dejaba ejercicios adicionales; quería que su hija fuese la mejor, porque para él la educación era lo primordial. Lali decidió que le contaría a su papá acerca de lo que había hecho Peter, le diría después de la cena, antes de hacer la tarea. Pero, nunca tuvo tiempo de decírselo, porque sonó el timbre de la casa. Al otro lado de la puerta, se encontraba un extraño con noticias muy importantes.


3

- Necesito hablar con tus papás, por favor – el que tocaba la puerta era un señor bastante mayor vestido con terno

- Sí, claro. Ya les aviso

- Porque no mejor vas arriba, Lali. Anda – Carlos ya tenía una mano en el hombro de Lali, no quería que escuchara lo que él imaginaba que le dirían

Lali vio todo desde la escalera, cuando Majo abrió los ojos como platos, cuando se cubrió la boca, cuando dio un grito ahogado, cuando miles de lágrimas cayeron por su mejilla. Sus hermanos habían muerto.

Al día siguiente fue el funeral, Majo andaba más perdida que antes y no emitía palabra. Rochi y Cande fueron también. Cuando Cande llegó, apenas vio a Lali, corrió hacia ella y la abrazó fuertemente, dándole su apoyo. “Lo siento mucho” dijo antes de ponerse a llorar.

Lali se sentía extraña. Le era muy difícil sentir la pérdida de sus papás. Para ella, sus hermanos nunca existieron porque tenía apenas 2 años cuando ellos fueron a la guerra. Para ella, ellos eran como un mito o un cuento antes de dormir que le contaba su papá o mamá. Para ella, su único hermano era Peter; él quién le enseñó a leer y escribir, él quién hacía ese sonido peculiar a la hora de masticar, él quién tenía esos ojos verdes hermosos. Acompañó a su mamá, pero en su corazón, su verdadero hermano estaba vivo y perfecto.

Y así comenzaron los días malos para Majo. Dolores de cabeza, de pecho, de estómago, sudores nocturnos, dolores en las orejas y demás. Siempre estaba en la cama y vestida de negro. Lali cada vez se sentía como una persona más para su mamá, como si ella no fuera su hija. Su mamá solo pensaba en sus hermanos. Incluso se convirtió en ama de casa: lavaba los platos, la ropa, guardaba la misma y cocinaba. Algunos días, Lali se echaba en la cama con su mamá, la abrazaba y acariciaba el pelo; pero, casi siempre Majo empezaba con alguna historia sobre Lautaro y Martín y siempre repetía que ya estaban muertos. Lo único que quería Lali, es que su mamá se diera cuenta que ella no había muerto, que ella estaba viva. Pero, Majo no se daba cuenta.

- Ojalá hubiera algo que pudiera hacer – le dijo un día

- Eres una buena hija – suspiró – y, yo no he sido una buena mamá

- No digas eso

- Pero, es verdad. Lo siento mucho, mi cielo

- Mami?

- Sí?

- Quería preguntarte algo

- Qué cosa?

- Tú no…. – ya lo había conversado con Rochi y Cande, tenía miedo que su mamá se hiciera daño

- Lo pensé cuando me dieron la noticia – la interrumpió – no te voy a mentir, lo he pensado. Pero, tranquila Lali, no voy a hacer nada. Quiero vivir para ver cuando termine esta guerra y así saber que el sueño de mis hijos se ha vuelto realidad.

Y, eso la mató. Majo quería vivir por sus hijos, pero Lali no era razón suficiente para seguir viviendo. Esa noche, Lali le preguntó a su papá sobre lo que había pasado; con eso confirmó que él era lo mejor que tenía en su vida.

- Yo también extraño a los chicos. Tal vez … - su boca temblaba – mamá es un poco extremista, pero es que ella no puede esconder lo que siente. Yo, en cambio, soy diferente. Pero, sí me dolió muchísimo la muerte de tus hermanos. Yo también los extraño. Es muy difícil, Lali, muy difícil – cuando intentó volver a hablar, su voz se quebró. Esperó y suspiró hondamente – pero estoy feliz y orgulloso de tenerte a ti. Todos los días agradezco a Dios por eso, todos los días. A veces, cuando tu mamá tiene sus días malos, siento que tú eres todo lo que tengo, Lali.

Enero 1989

Tres meses antes de que Lali cumpliera los 11 años, ella y Peter fueron al cine, como hacían cada cierto tiempo. Era una película romántica rusa, donde un pobre se enamoraba de la hija del capitán de un barco. Lali y Peter no paraban de reírse mientras veían la película, para ellos las escenas tiernas y dulces les provocaba risas. Cuando la película estaba por terminar, los protagonistas se casaron. Todos sonreían mientras tomaban sus copas de alcohol.

- Nunca me voy a casar – susurró Peter

- Yo tampoco – dijo Lali con nerviosismo. Su corazón latía desaforado, su sueño era casarse – las bodas son estúpidas

- Todo el alboroto

- Todo el dinero que se gasta

- Para qué?

- Para comprar ropa que no vas a volver a usar!

- Ja!

- Sí es que me llego a casar – dijo Peter – van a tener que hace espacio para tres en el altar. Para mí, la novia y el chico que me apunta con un arma en la cabeza

Se tuvieron que callar cuando un señor los fulminó con la mirada. En la pantalla, los protagonistas se besaban. Lali se sintió rara, su corazón empezó a latir más rápido, sintió su oreja palpitar. Peter estaba tenso también. Lali sintió que Peter observaba la pantalla y a ella, un ojo en cada sitio. Ella hacía lo mismo. Y pensó como se sentiría besarlo, sentir sus labios. De pronto Peter se acomodó en el asiento y le dijo al oído un chiste. Ambos se rieron, pero nerviosamente. Las cosas empezarían a cambiar para Lali, quién vería a Peter con otros ojos.


4

Abril 1992

Tres años pasaron. Como Rochi había intuido, su familia se la llevó afuera de la ciudad, donde se casaría con su primo que era dueño de un taller mecánico. La mañana en la que se la llevaron, Lali y Cande fueron a su casa a despedirse. Rochi les contó que su primo, o su próximo esposo, ya había empezado el trámite para mudarse a Alemania, donde sus hermanos vivían. Lloraron al tiempo que se abrazaban; Cande era la que más sufría. Fue la última vez que Lali vio a Rochi, cuando ingresaba al taxi que la alejaría de su vida para siempre.

Finalmente, fue en ese año que se declaró la República de Rusia y se declaró la guerra, momento de venganza, momento que Majo amó más. Por fin sus hijos podían descansar en paz. Tres días después de que se declarara la república, Majo se levantó de la cama y se convirtió en una nueva mujer. Por primera vez desde que sus hijos partieron, cambió de color de vestir, ya no usó más el negro. Limpió las ventanas, el piso, se tomó un largo baño y su voz tenía un tono de optimismo.

- Es momento de hacer una fiesta – declaró – dile a los vecinos que tenemos un gran almuerzo mañana! – le dijo a Lali quién asintió y dijo que lo haría después - cómo está Peter? – preguntó Majo de pronto

- Su papá ha estado enfermo

- Cuántos años tiene ahora?

- No sé. Creo que 60

- Me refiero a Peter

- Ah. 16

- Es un lindo chico. No crees? – Lali levantó los hombros en señal de no-me-importa – ya no es un niño. 16 años, casi un hombre. No crees?

- A dónde quieres llegar, mamá?

- A ningún lado – dijo, sonriendo inocentemente – es solo qué tú…. Ay, nada. Mejor no digo nada.

- Veo que quieres decirlo – dijo Lali totalmente irritada

- Bueno.. había una cosa tierna y dulce cuando ustedes eran chiquitos y corrían juntos. Era encantador. Pero, ahora. Ahora noto que estás usando brasier, Lali – Lali se puso pálida – y me podías haber dicho, no sabía. Estoy decepcionada que no me hayas dicho. Bueno, esto no se trata ni de mí ni del brasier, es sobre tú y Peter. Es un chico y a él no le importa la reputación. Pero, a ti? Tú eres una chica, es un tema delicado; la gente puede empezar a hablar y a decir cosas de ustedes. Me entiendes?

- Y qué hay de cuando tú y papá se escapaban juntos y se escondían en los arbustos? – Lali respondió, totalmente atacante

- Éramos primos. Y nos casamos. Peter te ha pedido matrimonio?

- Es un amigo – respondió sin estar del todo segura – es como un hermano para mí – agregó antes de darse cuenta que le había dolido a su mama que dijera eso

- No lo es. No vas a comparar a ese cojo carpintero con tus hermanos. No hay nadie como tus hermanos

- Yo no dije que… no quise decir eso – Majo suspiró

- Bueno. Lo que quiero decir es que si no tienes cuidado, la gente va a empezar a hablar y crear rumores de ustedes dos. Rumores feos.

Lali abrió la boca para decir algo. Sabía que su mamá tenía razón, los días inocentes con Peter habían terminado. Ella había empezado a sentir algo raro cuando los dos estaban solos y cuando estaban en la calle, sentía que la gente los miraba. Y ella sabía que los vecinos conocía sus sentimientos: Lali se había enamorado de Peter, desesperadamente. Cuando él estaba cerca, ella no podía dejar de pensar en cosas censuradas, en su cuerpo junto al suyo, los dos entrelazados. Los dos recostados en la cama, ella besándole su mentón, imaginándose la suavidad de sus labios, la sensación de sus manos en su cuello, en su pecho, en su espalda y más abajo. Cuando soñaba con él de esa manera, se sentía culpable pues en su cultura no estaba permitido pensar en esas cosas, a menos que estuvieras casada.

Claro que su mamá sabía. Lali sospechaba que algunos, si es que no eran todos, de sus vecinos, ya estaban chismeando acerca de ella y Peter. Estaba al tanto de los susurros, de los rumores de que ella y Peter eran pareja. Lo que le molestaba a Lali no era que su mamá le hablara del tema, si no que fuera ella y no su papá. Ella, quien había estado muchos años encerrada en sí misma, sin preocuparse por Lali, dónde estaba, con quién, qué hacía. Era injusto. Pero, era un lindo día y no quería arruinarlo, así que dejó pasar el tema.

- Entiendo tu punto

- Bien! Entonces, ya está solucionado. Bueno, donde está Carlos? Ay! Dónde está, dónde está ese precioso esposo mío?

5


Era un día soleado, perfecto para la fiesta. Los hombres se sentaron en la terraza mientras tomaban te y fumaban y hablaban acerca de política. Carlos y el papá de Peter estaban sentados a la mesa, jugando ajedrez; Peter también estaba ahí, mirando el juego. Las mujeres se encontraban en la sala, en los pasillos y en la cocina conversando sobre los hijos. Lali y Cande también estaban ahí, cocinando tortillas. Cande había cambiado, ya no usaba más el pelo amarrado, sino suelto y ya no era tan tímida como antes. Lali se había dado cuenta que el “culpable” de este cambio era Vico, un chico de 18 años, amigo de su hermano mayor.

- Ay! Tiene la sonrisa más linda y unos ojos preciosos – se habían visto a escondidas dos veces para tomar té – va a pedirle permiso a mis papás para casarse conmigo! Puedes creerlo? Te juro, no puedo dejar de pensar en él.

- Y qué hay con el colegio?

Cande la miró a los ojos, haciéndole entender y recordar lo que en un momento habían conversado.

- Cuando tengamos 20 – Rochi empezó a hablar – Cande y yo tendremos 4 o 5 hijos cada una. Pero, tu Lali, tú serás alguien en esta vida. Yo sé que un día cogeré el periódico y veré tu foto en primera plana.

Lali lo entendía, a Cande no le habían enseñado que sin estudios, es muy difícil llegar a ser alguien. Suspiró y la abrazó antes de seguir con su tarea. Por más que lo intentaba, Lali no podía dejar de mirar a Peter mientras cocinaba, sentía la mirada de su mamá y eso hacía que ella sacara los ojos de encima del morocho. No había podido hablar con él durante toda la fiesta; pero, casi al final de la misma, Peter se asomó a la cocina – donde Lali estaba lavando los platos – y la miró a los ojos antes de salir por la puerta de entrada de la casa. Lali esperó cinco minutos antes de seguirlo. Lo encontró a tres casas de la suya, recostado contra una pared. Estaba murmurando una canción y fumando, un nuevo hábito que había adquirido de sus nuevos amigos del barrio.

- Tu mamá te mataría si supiera que estás fumando – dijo Lali

- Pero no lo sabe

- Eso puede cambiar – Lali se sentó a su lado

- Quién le va a decir, tú?

- “Dile tu secreto al viento, pero no lo culpes por contarle a los árboles” – Peter sonrió

- Quién dijo eso?

- Khalil Gibran

- Eres una creída, sabelotodo

- Dame un cigarro – Peter negó con la cabeza y se cruzó de brazos

- Por qué no?

- Es malo para ti

- Y para ti, no?

- Lo hago por las chicas

- Qué chicas?

- Ellas creen que es sexy

- No lo es

- No? No es sexy?

- Te ves estúpido

- Eso dolió

- Bueno, qué chicas?

- Estás celosa

- Es solo curiosidad

- No te creo – dio una pitada y botó el humo por la boca – te apuesto a que están hablando de nosotros – a Lali le sonó tan dulce y linda la forma en que dijo “nosotros”, como si fuera algo íntimo, secreto

- Y qué estarán diciendo?

- Que estamos comiendo un pedazo de torta y jugando a las chapadas – ambos rieron – tu pelo está más largo – dijo Peter al cabo de un silencio – está lindo – Lali rogó que no estuviera roja

- Cambiaste de tema

- Qué?

- Estábamos hablando acerca de las chicas que creen que eres sexy

- Tú sabes

- Qué cosa?

- Que solo tengo ojos para ti – Lali tragó saliva y sintió que su corazón latía rápidamente – y.. qué opinas acerca de todo esto? – preguntó como si jamás hubiera dicho lo anterior

- De la fiesta?

- Quién es la tonta ahora? Hablo de la política, Lali

- Ah

Lali empezó a hablar acerca de algo que le había comentado su papá cuando de pronto escuchó voces que venían de la casa. Gritos. Lali echó a correr y Peter la siguió cojeando. Era una pelea entre dos señores, habían discutido acerca de política. Ahí terminó su conversación con Peter, suspiró triste y ayudó a su mamá a recoger todo; los vecinos, a raíz de la pelea, empezaron a irse, al igual que Peter.
Unos cuantos días después, la guerra se desató, los rebeldes, esos que Majo adoraba, eran cada vez menos. Empezaron los ataques de bombas, la gente corría en las calles para protegerse. Majo también lo hizo, literalmente; regresó al color negro, a su cuarto, cerró las cortinas, y se tapó con la sábana hasta la cabeza, alejándose de nuevo del mundo real.

La guerra fue una pesadilla para Lali. Todas las noches, cada vez que caía una bomba, ella rezaba para que no le haya caído a Peter. Sentía temor, miedo que le pasara algo y de que algún día lo encontraran enterrado bajo tierra. No podía dormir, no solo por la preocupación y el sonido, sino porque soñaba con bombas y el sufrimiento de los heridos. Los militares andaban por las calles y eso le daba miedo a Lali. Por eso, siempre salía en compañía de Peter.

- He comprado una pistola – dijo él un día. Estaban sentados debajo de un árbol. Peter se la enseñó

- No me gusta. Las pistolas me dan miedo

- El otro día encontraron tres cuerpos en la casa del amigo de papá – dijo de pronto – escuchaste la noticia? Eran cinco hermanas, las tres violadas, con las cabezas cortadas

- No quiero escuchar sobre eso

- No quería molestarte. Pero es solo que.. me siento mejor teniendo la pistola conmigo

- Para qué la compraste? – preguntó después de una larga conversación sobre los rebeldes

- La pistola? – Lali asintió – para usarla. Para matar con esto – hubo un silencio y volvió a hablar en un tono dulce y terrible al mismo tiempo – por ti. Mataría con esto por ti, Lali.

Peter se acercó a Lali y sus manos se encontraron así como sus ojos. Cuando él empezó a entrelazar sus dedos con los de Lali, ellas se dejó llevar. Y, cuando él se acercó aún más y presionó sus labios contra los de ella, Lali se dejó llevar de nuevo. En ese momento, las palabras de su mamá quedaron en el olvido. Al lado de los disparos y bombas, absurdamente, esto no era para nada algo malo; más bien, sentarse debajo de un árbol y besar a Peter, era totalmente inocente. Así que dejó que él la besara y cuando él retrocedió, ella fue la que se acercó y lo besó, sintiendo su corazón en su garganta, su rostro rosado y sintiendo un fuego quemándole su panza.


6


En junio 1992, la guerra se puso peor. Por más que Carlos insistía a Majo en que deberían irse de la ciudad, ella aún creía que los rebeldes ganarían y habría paz. Mientras tanto, Lali tuvo que dejar el colegio y su papá pasó a enseñarle y dictarle clases dentro de casa. Pero, para ella era difícil concentrarse.

- Cuál es el área de una pirámide?

Su papá le preguntaba y Lali solo podía pensar en los labios de Peter, en su aliento sobre su boca, el reflejo de su cuerpo en sus ojos verdes. Se habían besado dos veces más desde la primera vez, por más tiempo, más apasionadamente y con menos timidez. Las dos veces se habían visto en secreto y la última vez ella le había dejado que le toque uno de sus senos.

- Lali?

- Si?

- Pirámide, área. Dónde estás?

- Perdón, papá. Estaba en… veamos. Pirámide, pirámide. Un tercio del área por la base y la altura.

Carlos asintió, pensando porque su hija andaba tan distraída últimamente. Y, Lali, pensaba en Peter, en sus manos acariciando su pecho, su espalda, mientras los dos no dejaban de besarse.

Pero ese mes no sólo fue lindo y dulce, sino también terrible para Lali. Uno de esos días de Junio, Cande estaba caminando de regreso del colegio a su casa junto con dos amigas. Estaba a cinco minutos para llegar, cuando una bomba cayó encima de ellas. Lali se quedó muda y atónita en el funeral, sin poder aún creerlo. Esta era la primera vez que alguien a quién Lali quería y conocía, moría. Cande, con quién Lali había intercambiado notitas secretas en clase, a quién había limado las uñas, a quién la había ayudado a hacerle trenzas en el pelo. Cande, quién se iba a casar con Vico. Cande estaba muerta, muerta, su cuerpo desparramado. Lali lloró y todas las lágrimas que no había podido descargar en el funeral de sus hermanos, empezaron a salir ahora.

Agosto 1992

Dos meses desde la muerte de Cande, Lali aún se estaba recuperando del dolor y ahora le tocaba sufrir otra vez. Ella apenas se podía mover, como si cemento cubriera sus extremidades. Peter le estaba hablando, pero ella no lo estaba escuchando. Era un caluroso día, por la tarde, de Agosto de 1992. Los dos estaban en la sala de la casa de Lali. Majo había tenido dolor de estómago todo el día y a pesar de las bombas, Carlos la había llevado al doctor. Y ahí estaba Peter, diciéndole a Lali que se iba. No del barrio, ni de Kabul (la ciudad), sino de Afganistán.

- A dónde? A dónde irás?

- A Pakistán, primero. Peshawar. Después, no sé. Tal vez Irán

- Cuánto tiempo?

- No lo sé

- Me refiero a, hace cuánto lo sabes?

- Hace unos días. Te lo iba a decir Lali. Te juro, pero me costaba mucho

- Cuándo?

- Mañana

- Mañana?

- Lali, mírame

- Mañana

- Es mi papá. Su corazón le está fallando y toda esta guerra le está afectando. Ya no puede resistir más.

Lali enterró su rostro entre sus manos, al tiempo que sentía el dolor en el pecho. Lali tenía que habérselo esperado, pensaba. Casi todo el mundo que conocía había guardado sus cosas y se había ido. Ahora Peter, también.

- Y mi mamá ya no es una chica joven – siguió – están muy asustados. Lali, mírame

- Me debiste haber dicho

- Por favor, mírame

Primero un gruñido, luego un sollozo que terminó en un llanto por parte de Lali. Y cuando, él quiso limpiar la lágrima de su mejilla, ella le quitó agresivamente el dedo de su rostro. Era algo egoísta, pero estaba furiosa con él por abandonarla. Peter, que era una extensión de su vida, cómo podía abandonarla? Lo abofeteó y lo jaló de los pelos, él tuvo que sostenerla de la cintura para calmarla. Peter empezó a decirle algo, pero ella no lograba escucharlo, se lo decía suavemente. De pronto, terminaron hombro a hombro, nariz con nariz y pudo sentir su aliento sobre sus labios. Se besaron con deseo.

***

En los días y semanas que vinieron, Lali recordaba una y otra vez lo que había pasado aquella tarde: el tremendo dolor abajo, el resplandor del sol en la ventana, su susurro: “Te duele mucho?”, sus cuerpos juntos, unidos, sus labios rozando los suyos, su mentón, su nariz, el terror de que fueran descubiertos, la mezcla de placer y dolor y la mirada de Peter llena de ternura, perdón, vergüenza y de deseo. Luego, los dos, poniéndose la ropa apurados, se sentaron uno al lado del otro, ambos con las mejillas sonrosadas, ambos atónitos, sin saber qué decir, dándose cuenta de lo que acaban de hacer. Lali vio tres gotas de sangre en el sillón, su sangre y se imaginó a sus padres sentándose ahí, dándose cuenta del pecado que acababa de cometer. Hasta que Peter habló:

- Ven conmigo

Por un momento, Lali creyó que era posible. Ella, Peter y sus papás yéndose juntos. Podía ir, podían estar juntos. Tendría más tardes como esas.

- Me quiero casar contigo, Lali - por primera vez desde que estuvieron sentados, ella levantó la mirada para encontrar sus ojos

- Peter…

- Déjame casarme contigo, Lali. Hoy. Hoy podemos casarnos

Él continuó, planeando lo que podían hacer. Pero, Lali pensaba en su mamá, en su papá: A veces, tú eres todo lo que tengo, Lali, recordó sus palabras.

- Le pediré tu mano a tu padre. Él nos dará la bendición, Lali. Lo sé – tenía razón, Carlos lo haría, pero lo mataría

- No puedo

- No digas eso. Yo te amo

- Lo siento…

- Te amo – cuánto tiempo había esperado para oír esas palabras?

- No puedo dejar a mi papá. Yo soy todo lo que le queda. Su corazón tampoco lo soportaría.

Peter lo sabía, sabía que era imposible lo que pedía. Pero, él continuó rogando, con sus propuestas y perdones, sus lágrimas y las de ella. Al final, Lali le tuvo que pedir que se vaya. En la puerta, ella lo hizo prometer que se iría sin despedirse. Lali cerró la puerta y se recostó en ella, colocando su mano en su panza y otra en su boca, mientras él hablaba detrás de la puerta y le prometía que volvería, que volvería por ella. Ella se quedó ahí hasta que Peter se cansó, se rindió y ella sintió sus pasos alejándose, dejando todo en silencio, tan solo el sonido de su corazón en su panza, en sus ojos, en sus huesos.

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MensajeTema: Re: Mil Soles Espléndidos   Mar Nov 15, 2011 5:23 am

Volvi!!! Tarde pero seguro.
Me encanta Mais... pero es muy triste Crying or Very sad Crying or Very sad
Creo que no voy a parar de llorar cada vez que lea los capitulos.
Espero mas pronto!!!
Muchos besos.
Ione
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