Escribiendo Hojas En Un Libro

“Escribir es como mostrar una huella digital del alma” Mario Bellatín,
 
ÍndiceÍndice  CalendarioCalendario  GaleríaGalería  FAQFAQ  BuscarBuscar  MiembrosMiembros  Grupos de UsuariosGrupos de Usuarios  RegistrarseRegistrarse  ConectarseConectarse  

Comparte | 
 

 Cuento de Navidad

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Ione_nav
Miembro junior
avatar

Mensajes : 153
Fecha de inscripción : 18/08/2011
Edad : 29
Localización : Estella, Navarra, Spain

MensajeTema: Cuento de Navidad   Jue Nov 24, 2011 9:18 am

PARTE 1


Lali Esposito llevaba en el planeta desde antes de celebrarse lo que hoy llamamos Navidad, por lo que veía las modernas festividades de diciembre como una moda pasajera y, además, molesta y cara. Para disgusto de Lali, hasta lo vampiros de su guarida en la ciudad de Buenos Aires, se intercambiaban regalos en 25 de diciembre, pese a todo lo que ella pudiera decir en contra de esa costumbre. La única persona para la que a Lali realmente le gustaba salir a comprar regalos era Lali.

Esa tarde iba visitar un centro comercial por insistencia de su amiga Rochi. A Rochi (cuyo nombre original era Rocio) se la había considerado una gigantesca en su época. Incluso ahora, con sus 1.70m de estatura, Rochi le sacaba unos veinte centímetros a Lali, que era muy menuda. Rochi también tenía generosas curvas y era mucho más relajada en su actitud ante la ida (y en realidad, ante todo) que su mejor amiga.

El nombre de pila humano que le pusieron a Lali al nacer era casi impronunciable en ninguna lengua moderna, y había adoptado el de Lali Esposito cuando, durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en la Inglaterra de la década de 1940, tuvo que cambiar de identidad. En su larga vida había tenido muchos nombres y había aprendido muchos idiomas. Hablaba el castellano a la perfección. Mientras curioseaban en la sección de sujetadores de Victoria's Secret, Rochi le dijo:
“Me he cambiado de nombre legalmente. En un tribunal humano.”
“¿Por cuál?”, le preguntó Lali mirando con ojo crítico un sujetador rosa pálido de lunares negros con encaje también negro. Sería un fastidio aprender a llamar a Rochi de otro modo, pero haría el esfuerzo. Los vampiros de la guarida, que vivían juntos en una gran casa bajo la tutela de un cabecilla territorial al que llamaban su jefe, tenían que colaborar. Rochi acababa de cambiarse el nombre de Roxy, que había adoptado durante el periodo en que fue artista de variedades. Tampoco hacia tanto tiempo de aquello ¿verdad?

Bueno, unos ochenta años, Rochi parecía un poco cohibida. Rochi Dalmau dijo, fingiendo interés por un salto de cama en estampado de cebra: “Lo que me he cambiado es el apellido”.
“¿Dalmau?”, dijo Lali, frunciendo y arqueando las cejas.
“El apellido de mi marido”, dijo Rochi.

El marido de Rochi, Gaston Dalmau, era un licántropo. Aunque Rochi no era tan vieja como Lali, a lo largo de los siglos se había casado más de una vez, y Gas era su pareja preferida. Las uniones entre licántropos y vampiros no estaban muy bien vistas por ninguno de los dos grupos paranormales, de ahí que Rochi hubiera tenido que librar unas cuantas batallas. Y Lali la había apoyado siempre; no porque Gas le gustara demasiado,sino porque Rochi era su amiga.

“Rochi Dalmau suena bien”, dijo Lali, tras una larga pausa. “Y ya está bien de mirar lencería. ¡Es hora de ponernos manos a la obra! ¿Qué regalos tienes que comprar? Rochi hurgó en su bolso, grande, caro y de estilo vagabundo, y sacó una larga lista de nombres apuntado en un sobre rasgado. La lista de Lali (en una hoja de papel de cartas verde pálido con el membrete “Lali” en letras cursivas) era mucho más corta, pero incluía lo que podría denominarse su debilidad. Lali había decidido buscar un detalle para la Compañía 34, el parque de bomberos ha habían desenterrado de las profundidades de los escombros del hotel, y a lo largo de aquellos meses, había llegado a conocerlos a todos.
“Todos comen carne”, le dijo a Rochi. “No crees que estaría bien enviarles una vaca descuartizada?”
Rochi se mordisqueó el labio y volvió la cara.
“¿Te hace gracia?”, le preguntó Lali fríamente. No veía nada gracioso en querer enviar a los bomberos lo que, en su opinión, era un regalo práctico.
“Pues vamos al puesto de Hickory Farms”, sugirió Rochi.
“Creo que tienen carne preparada y lista para enviar. Perfecta para tus...queridas mascotas humanas”.
Lali se puso tan tiesa que parecía que había crecido varios centímetros. “Habló la que se acuesta con un lobo”, murmuró, pero echó a andar majestuosamente hacia el puesto subida a sus tacones, absurdos de tan altos. La ceñuda cara de Lali, blanca como el papel, asustó a la dependienta, que rápidamente se hizo la señal de la cruz sobre la blusa. Por un momento, Lali pensó que la chica se cortaría y saldría corriendo. Sonrió levemente, anticipando el momento, pero le impresionó y le decepcionó un poco ver que la joven se enfrentaba a las dos vampiresas con valentía. Y cuando Lali sacó su larga lista de la compra, la chica cambió su heroica pose de cabeza bien alta por la tarea más prosaica de despachar un pedido a todas luces ingente. Sonreía cuando Lali volvió a meterse la tarjeta de crédito en su bolso de Prada. Después de que Lali tachara el Parque 34 de la lista con cierta satisfacción, ella y Rochi emprendieron la búsqueda de un buen regalo para su nuevo jefe, Nico.
La guarida de Buenos Aires había cambiado desde que Nico entrara en funciones. Ahora los móviles estaban permitidos; también los portátiles. Y todos los sábados por la noche, veinte donantes de sangre voluntarios llegaban a la mansión, saboreando por adelantado la dicha del momento culminante: el mordisco. Naturalmente, era necesario contenerse; hacían falta años de práctica para aprender a dejarles sangre suficiente para su supervivencia, pero no había vampiro que rechazara una comida gratis. La vida en la mansión de Buenos Aires nunca les había parecido tan moderna.
Pero Nico también tenía reglas sobre cómo comportarse en público. Aunque ahora los vampiros eran ciudadanos legales y ya no tenían que ocultarse, la discreción seguía imponiéndose. El grupo de Buenos Aires tenía prohibido llamar la atención, excepto que fuera por haber salvado a un bebé herido en un accidente de tráfico u otra causa igual de noble y de interés general.

____________________________________________

El acta de Nico de la semana anterior decía así: “En unas fiestas que los humanos considera religiosas, hay que tomar especiales precauciones para no provocar ni permitir que surja ninguna situación en la que lo miembros del colectivo paranormal molesten u ofendan a los vivos. El que haga caso omiso a mis palabras actuará sólo bajo su responsabilidad, por su cuenta y riesgo”.

Salvo que Lali se equivocara mucho (y Lali nunca creía estar equivocada), un caso así, precisamente el tipo de situación contra la que Nico había advertido, se estaba cociendo justo en ese mismo momento en el centro comercial de Buenos Aires. Mientras Rochi miraba unos pijamas de seda que podrían gustarle a Nico, Lali había estado observando a la gente que atestaba el patio central del centro comercial. Los altavoces soltaban melodías navideñas, la decoración propia de esas fechas brillaba por todas partes y los niños y sus padres acudían en tropel al puesto de Santa Claus para ver al impostor humano vestido de Santa Claus con los pequeños elfos que eran sus ayudantes.

Rochi dijo en voz muy baja: “Deja esos pijamas”. “¿Porqué?”, dijo Rochi saliendo de las rayas azules y blancas en la que estaba absorta para levantar la vista con cara de curiosidad.
“Mira... ¿Son elfos?”
“Sí, respondió Rochi con paciencia. “Los americanos creen ese disparate de que los elfos son los encantadores y asexuados ayudantes de Santa Claus. ¿No prestaste atención a la charla que dio el experto en humanología la semana pasada?” “¿Elfos de verdad?”, logró decir Lali. “¡Oh, no!”.

Los elfos se comerían cualquier cosa, pero preferían la carne fresca. O sea, la carne aún palpitante. Había una razón por la que los elfos no se dejaban ver mucho: en el mundo paranormal, se animaba a l9os vampiros a matar a todo elfo que vieran aunque todos sabían que matarlos era muy difícil. Rochi encorvó los hombros como si de repente quisiera hacerse invisible, pero era un intento abocado al fracaso. Incluso en una ciudad sofisticada como Buenos Aires, una vampiresa alta y de busto prominente como ella destacaba mucho, con su gran mata de pelo rubio y su semblante blanco y mejillas anchas, y más si iba acompañada de una vampiresa morena y menuda, de busto prominente y con unos tacones de diez centímetros y una falda muy ajustada.

“¿Saben que estamos aquí?”, preguntó Rochi.
“Puede”, dijo Lali “¿Quien sabe como mueven las corrientes de aire en un sitio como este? Por mucho perfume de Bulgari que me haya puesto, huelo a vampiresa”.

Santa Claus tenia seis pequeños ayudantes. No eran tan pequeños, pensó Lali ahora que se fijaba en ellos. “¿Como han logrado estar en publico?”, dijo Rochi.
“Llevaran algún conjuro mágico barato”, dijo Lali. “Funciona con los humanos, pero no con nosotras. Seguro que se lo han comprado a un demonio o a un hada con ganas de jorobar”, añadió

Mientras Rochi miraba a los elfos, Lali le dijo a una mujer bien vestida que pasaba a su la do apresuradamente: “Disculpe”. La mujer se detuvo, visiblemente nerviosa pero al ver el bolso de Prada de Lali se relajó un poco. “¿Ve usted a los elfos que ayudan a Santa Claus?” pregunto Lali.
“Mmm ¿que le parecen sus dientes?” pegunto también Rochi. La mujer echo una mirada muy rara a Rochi. “Pues...dientes. Diría que blancos incluso”. Y se fue a toda prisa.
Lali y Rochi intercambiaros na mirada. Ellas veían dientes de unos tres centímetros de largo, afilados como agujas y apelotonados en las bocas de aquellas tiernas preciosidades.

“¿Veis lo que yo veo?”, les preguntó una voz queda. Lanzani era guapo y esbelto, su piel de un extraño dorado pálido ahora que llevaba tantas décadas sin tomar el sol, el pelo negro como la tinta. También era un amante ágil e incansable, como Lali sabía por experiencia...por mucha experiencia. Peter Lanzani, que en el siglo XIX había sido investigador de crímenes para shogunato de Japón, no vivía en la guarida de Buenos Aires. Tenia su propio apartamento, donde Lali le visitaba a menudo.

“¿Que hacemos?”, dijo Rochi. “¿Llamo a Gas?”
“¿Para que?” pregunto Lali. “Esto exige sin duda cierto ingenio y sutileza, así que es cosa de vampiros”.

Lanzani sonrió muy levemente.
“Si, estoy de acuerdo. ¿Cuál pensáis que es su plan?”
“A lo mejor quieren matar al Santa Claus”, sugirió Lali.
“Huele a aciano lento y enfermo. El lo bastante grande como para dar de comer a los seis que son”.
“Hacerse pasar por elfos navideños parece innecesario para acorralar a un aciano, y nada más”, dijo Lanzani. “Creo que han encontrado bocados más jóvenes, mas tiernos, y en abundancia...”. Y señalo la cola de niños que esperaban a la entrada del puesto para subir la rampa hasta el Santa Claus de pega sentado en su trono postizo.

“Sea lo que sea lo que pretendan estos elfos, va a habar sangre”, dijo Lali. “Deberíamos irnos. Si nos quedamos, nos culparan del desastre”.
“Seria lo más inteligente por nuestra parte”, dijo Lanzani. Y sin discusión los tres vampiros se separaron, tomando cada uno una dirección. Lali miró hacia atrás y vio que algunos elfos observaban su partida, con sus redondos rostros impasibles. Otros seguían con la mirada a Lanzani y a Rochi.

Caminando enérgicamente hasta la salida mas próxima, Lali salio al aire frió con la inquietante duda de si abandonar a los niños a los designios de sus depredadores era lo mejor que podía hacerse. La duda no era una sensación que le sentara nada bien a Lali. Sus decisiones siempre se basaban en las probabilidades de sobrevivir, y solía llevarlas a cabo. Por eso había durado tanto.

Aun así...Lali arrojó sus adquisiciones al interior del coche y se sentó al volante. Aunque ella no profesaba la exagerada veneración a la santidad de los niños prevaleciente en la sociedad moderna, sí se sentía algo incómoda dejado a tantas criaturas a merced de unos asesinos a los que los niños, en su ignorancia, ni siquiera temían.

Por fin me atrevo a subir algo mio...
El corto tiene varias partes,
las ire subienso si hay comentarios (no seais muy malas).
Acepto criticas, tanto buenas como malas.
Espero que os guste tanto como a mi.
Muchos besos.
Ione
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Vero_me
Invitado



MensajeTema: Re: Cuento de Navidad   Jue Nov 24, 2011 2:24 pm

Has escrito de manera que tienes que estar muy atenta para no perder el hilo y eso hace que te imagines la situación, lo que no me a gustado es que me dejes con la intriga!!!! jajaja y eso es precisamente lo que consigue una buena historia.

Tendrías que haberte animado antes, lo haces muy bien en serio.
Espero el próximo eh?! jajaja

Por aquí estaré..

Besos Cariñeteeeee
Volver arriba Ir abajo
Ione_nav
Miembro junior
avatar

Mensajes : 153
Fecha de inscripción : 18/08/2011
Edad : 29
Localización : Estella, Navarra, Spain

MensajeTema: Re: Cuento de Navidad   Jue Nov 24, 2011 6:12 pm

Antes de que los vampiros salieran del armario, los elfos no habrían ni soñado con aparecer en público. Tras el éxito de los vampiros al abandonar su clandestinidad, otras razas más sigilosas empezaban a acechar desde la oscuridad en la que seguían ocultos.

Con todo, ella era una vampiresa sola. Aunque lo cierto pensó, es que era una gran vampiresa: fuerte, rápida, valiente y también llena de recursos. No obstante, un solo vampiro contra una horda de elfos...el desenlace podría no serle favorable. Lali estaba que echaba humo. ¡Estúpidos humanos!

Los estúpidos humanos le habían salvado la vida en la explosión del hotel Pirámide. Los estúpidos humanos le habían enseñado a manejar el videojuego de Grand Theft Auto en el parque de bomberos. Los estúpidos humanos tenían fotos de sus hijos pegadas en todas las taquillas, fotos que veía cada vez que iba a visitarlos. ¡Malditos vivos!

Ocultando su monedero bajo el asiento, se metió las llaves en el sujetador y salió del coche en dirección a la entrada, sin pararse a pensarlo más. “De todos modos”, dijo en voz alta, “si un grupo de niños y padres desaparecen, ¿quien dice que, al final, no vayan a culpar a los vampiros?”.

Aunque Lali se sentía como una auténtica idiota por ir detrás de los elfos ella sola, al mismo tiempo sintió un escalofrió de pura emoción. Una cosa que echaba de menos de los viejos tiempos era que ya nunca se le presentaban demasiadas ocasiones de matar. Lali no era capaz de decir no a una buena pelea.

De nuevo en el caldeado interior del centro comercial, se detuvo ante una tienda de con las espantosas mujeres que te echan perfume a la entrada, dejando que una de ellas la rociara bien para camuflar su olor; seguidamente, se acercó con cautela al patio central, parapetándose en las decoraciones navideñas y en los compradores para impedir que los elfos la divisaran.

El centro comercial cerraría en menos de una hora. Una multitud de compradores ya se dirigía a la salida, todos cargados de bolsas. Curiosamente, la cantidad de gente que esperaba en el puesto de Santa Claus no había disminuido nada. La fila de niños y padres era exactamente igual de larga que antes.

Lali no veía la manera de cargarse a los elfos sin provocar un tumulto notorio a más no poder, y eso lo tenía prohibido. Era imposible establecer contacto visual con todos los allí presentes para obligarlos a hacer su voluntad, y el hechizo de los vampiros sólo surtía efecto de uno en uno. Miró fijamente a los elfos, frustrada. No la habían visto todavía, pero sólo era cuestión de tiempo.

“¡Eh!”, exclamó una voz, y le tiraron a las manos un abrigo acolchado de niña de color morado y un par de bailarinas de charol con tira y hebilla.

“¿Que?”, dijo Lali, y al alzar los ojos vio a una Rochi transformada: el maquillaje en la cara le hacía parecer casi humana, y ademas llevaba una gorra de punto sobre su rubia cabellera y una bufanda de lana al cuello.

“Te vi cuando te fumigaban con todo ese perfume, mientras me transformaba por obra y gracia del maquillaje”, le dijo Rochi con cara de póquer. “He hecho algunas compras impulsivas, vas a ser mi niñita”.

Lali comprendió al instante: Rochi también había regresado para ayudar a los niños, pero para ello iban a necesitar disfraces. Se quitó los tacones, los dejó detrás de una columna y se calzó los zapatos de charol. Rochi le ayudó a ponerse el abrigo y le encasquetó una boina a juego en la cabeza. “Estas adorables”, dijo Rochi, aguantándose la risa. “Demasiado pálida, sí, pero más linda imposible”.
“Si tu lo dices...”, respondió.
“Vamos a la cola”, propuso Rochi. “Venga, cielo, que estás deseando ver a Santa Claus”.

En un instante, estaban en la fila, mientras uno de los elfos las llevaba hacia delante. El elfo no quitaba ojo al pequeño sentado en el regazo de Santa Claus, y le costaba tanto retener la saliva que no dio a las recién llegadas el vistazo que debería haberles dado.

“¡Di patata, tesoro!”, gritó una voz alegremente, y Lali se volvió en su dirección para ver a Lanzani en pie fuera del cordón que delimitada la fila, con una cámara tapándole el rostro. Lali sonrió; Rochi puso cara de orgullo maternal, y ambas saludaron con la mano en el momento en que saltó el flash de la cámara. “Le desgarraré la garganta si no borra esa foto”, pensó Lali, sin alterar ni un ápice su sonrisa. Lali no sabía mucho de niño; sin embargo, sí gozaba de la ventaja de siglos de observación, y nunca había visto una tropa tan mansa. La cola avanzaba lentamente, pero ninguno de los pequeños protestaba ni lloraba.

Entonces un elfo le puso una piruleta en la mano; Lali la aceptó, aunque con la cabeza gacha como si le diera vergüenza. Era alta para ser niña en edad de ver a Santa Claus, y no quería emitir más señales de alarma. Sabía que al elfo le había llegado una bocanada de tufo a vampiro; sus ojos miraban alrededor llenos de sospecha.

Rochi la cogió en brazos con facilidad. “Voy a decir que eres minusválida”, murmuró. “Así no te mirarán tanto”.
“Eh, cariño, yo la cojo”, dijo Lanzani con voz alegre justo desde detrás. Rochi se la pasó.
“Cómete el caramelo, pequeña”, le dijo un elfo, viendo que la piruleta seguía en su envoltorio. Obediente, Lali desenvolvió el caramelo y se lo llevó a la nariz para olerlo.
“Está adulterada”, susurró al oído de Lanzani. “Eso explica lo tranquilos que están los niños”.
“¿Los padres también? Puede que en su caso sea sólo cansancio”. Y era más que probable. Algunas de las familias ya se alejaban del puesto de Santa Claus después que sus hijos hubieran estado sentados en su regazo. Sin embargo, a determinados críos los envidiaban a un corro aparte junto a un árbol más grande.

“Si os quedáis, recibiréis un regalo especial cuando Santa Claus termine”, les decía una elfina con voz persuasiva. Y, mientras una madre regresaba para llevar a su niña después de que la elfina le diera una palmadita en la cabeza, el hambre que asomó a sus ojos fue absolutamente escalofriante.


Os dejo otro trocito...espero que os guste!!!!!
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
LauCami
Admin
avatar

Mensajes : 20
Fecha de inscripción : 20/08/2011
Edad : 40
Localización : Rosario - Argentina

MensajeTema: Re: Cuento de Navidad   Sáb Nov 26, 2011 4:53 pm

Bueno, aca toy. Volvi al ruedo, volvi a este hermoso lugar que me llena el alma y me alegra el corazon ..... estuve desaparecida por esos problemas que ya sabes pero como te lo prometi aca estoy leyendo este hermoso corto que te has atrevido a subir.

Me encanta que te hayas animado a subir algo propio. Algo tan personal. Algo que esta muy bien escrito, muy bien narrado y muy atrapante. Es una de esas cosas en las que quieres leer mas, mas, mas y mas. Y nunca te cansaras de leer.

Me encanta como has unido la realidad de los personajes ( Lali, Rochi y Peter ) junto al mundo de fantasia de la saga de Crepusculo mas otros añejos que le dan ese toque de misterio que toda nove ( o en este caso Corto ) necesita.

Te felicito amiga de verdad !!!!!!!!!!!

Muy bien hecho y no hay palabras para decirte como me quedo esperando el proximo pedazo !!!!!!!!!!

Gracias enormes por seguir alimentando la mente y el corazon.

Besos enormes amiguis !!!!!!!!!!!!

Lau
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Mais020291
Miembro junior
avatar

Mensajes : 178
Fecha de inscripción : 18/08/2011
Edad : 26
Localización : Lima, Peru

MensajeTema: Re: Cuento de Navidad   Sáb Nov 26, 2011 8:34 pm

Por fin vuelvo! Al menos por unos minutos jajaja.. ya voy leyendo también La Cortesana! Me faltaban un montón de capítulos!
Qué bueno que te hayas animado a subir algo tuyo. Me gusta como redactas y me gusta esta historia.

Espero más prontito, aunque me demore en leer!
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Vero_me
Invitado



MensajeTema: Re: Cuento de Navidad   Lun Nov 28, 2011 12:26 pm

Me esta gustando mucho.
Ya quiero saber que va a pasar cuando se enfrenten a ellos.
Me dejas con la intriga y eso me encanta.!!
Espero el próximo.
Un beso guapa!!
Volver arriba Ir abajo
.
Invitado



MensajeTema: .   Vie Dic 09, 2011 6:04 pm

Me encanta este corto, y me encanta como escribis.
Sos muy buena escritora.
Espero más.
Andy.~
Volver arriba Ir abajo
Ione_nav
Miembro junior
avatar

Mensajes : 153
Fecha de inscripción : 18/08/2011
Edad : 29
Localización : Estella, Navarra, Spain

MensajeTema: Re: Cuento de Navidad   Vie Dic 09, 2011 8:06 pm

Lali comparó a los niños invitados a unirse al corro con aquellos a los que dejaban irse. Notó que los liberados totalmente inconscientes de su buena suerte eran los mas flacuchos, saquitos de huesos. En su campaña contra la obesidad infantil, el gobierno podría habar incluido este argumento disuasorio: “No engordes, o te comerán los elfos”.

Son seis elfos. -dijo Rochi. -Seis monadas.
Tocamos a dos por cabeza, -dijo Lanzani todavía con Lali en brazos. Rochi ajustó bien la boina morada a la cabeza de Lali, que le lanzó una mirada furiosa.
No puede quedar vivo ninguno. -dijo Rochi, estampando un rapido beso en la mejilla de Lali.
Sin ningún problema, -susurró Lanzani. Un susurro que resultaba casi imperceptible para el oído humano. -No creo que haya muchos testigos, si podemos hechizar a los padres. ¿No os parece?

El patio central ya estaba practicamente vacío. Los pocos compradores que aún quedaban salían deprisa cargados con sus paquetes; por su parte, los dependientes cerraban y se iban. Lali empezó a albergar la esperanza de que pudieran retrasar el ataque contra los elfos hasta el momento en ue sólo quedaran unas pocas familias. Sin embargo, cuando estaban a dos puestos de Santa Claus, fueron descubiertos.

Uno de los elfos, había ido acercándose cada vez más a los tres vampiros, quizá alertado por su olor o por la palidez de Lali. El elfo le enseñó su brillante dentadura a Rochi, que le agarró con manos rápidas como el rayo. La maña humana que tenian delante soltó un grito, y chilló más cuando Rochi aferró la cabeza del elfo con ambas manos y lo sacudió como quien alisa a golpes una sábana arrugada. Cuando lo soltó, se podía ver a aquel ser como lo que realmente era: nada de un cielo de niño, sino un elfo adolescente de pelo rojo y ojos amarillos con dientes puntiagudos como pinchos para picar hielo.

¡Dios mio!, -chillo una madre. -¡Alejenlos de los niños!.

Los restantes elfos, con sus disfraces ya inservibles, se quitaron de golpe los tintineantes sombreros y los abrigos verdes y empezaros a agarrar a todos los niños que podían. Lali saltó de los brazos de Lanzani para abalanzarse contra el mas cercano, que llevaba a una criatura angelical apresada bajo un brazo y con el otro intentaba arrebatar un bebé a su madre.


Los elfos son combativos, pero estos no habían ido preparados para luchar nada más formidableque humanos. De un empujón, Lali quitó de en medio al bebé y a su madre para enfrentarse al elfo y arrancarle al niño de los musculos brazos. Inmovilizada por el elfo, quiso estrangularle con las manos, pero él la atenazó el brazo y ella oyó el chasquido de un hueso al partirse. El dolor era terrible, pero se había visto en peores situaciones; además, no tardaría en curarse. El elfo cometió el error de soltarla por un momento, y Lali aprovechó para saltar por el aire aterrizando en su cabeza con un terrible impacto. El crujido el cráneo fue música para los oídos de un guerrero. Las bailarinas que llevaba puestas, sin embargo, nunca volverían a ser las mismas...

Lali oyó un sonido metálico. A través de la masa de cuerpos aterrados, vislumbró a una elfina con áspero pelo negro levantando la rejilla del sumidero situada en mitad del patio. Llevaba en brazos a un pequeño regordete que chillaba aterrorizado. La elfina y su cautivo por la oscurísima abertura.

El padre del niño, un tipo musculoso con la cabeza rapada y una chaqueta de los Chicago Bears, salió en su persecución saltando al tenebroso boquete, pero Lali no le daba ninguna posibilidad contra un elfo. El grito del niño ascendió desde la oscuridad. Lali se tiró al agujero como Alicia en el País de las Maravillas persiguiendo al Conejo Blanco...aunque Alicia, si lo recordaba bien, no había aterrizando sobre un humano iracundo. El brusco descenso de Lali le cortó la respiración al tipo de los Bears, y tras el instante de silencio que siguió, Lali le dijo:

Estoy aquí para sacar a su hijo.
Y allá fue, corriendo por el oscuro túnel lo más calladamente que pudo. Las planas bailarinas estaban resultando inesperadamente convenientes, aunque nunca lo admitiría frente a Rochi. Al final, chocó a toda velocidad contra algo sólido.

¡Uf!. -exclamo la elfina, que soltó un montón de cosas más en su lengua materna, de sonidos silbantes como restallidos.

Lali sintió las agudas uñas de la elfina clavárse en su pecho. “Va directa al corazón”, pensó. Y agarrando a la elfina por la huesuda muñeca, la empujó con todas sus fuerzas. Su pierna rozaba contra algo en la atroz lucha entre gruñidos. Pensó que era el niño.

Después de lo que le pareció una hora, Lali había hecho añicos todos los huesos de la mano de la elfina, que emitía gemidos de dolor. Pero a Lali le flaqueaban las fuerzas, y el brío que le quedaba a al elfina la estaba desconcertando. De pronto, le asombró notar algo humano que se acercaba por detras. Por el olor, supo que era el tipo de los Bears, y le dijo con su voz mas imperativa:

Coja al niño y vayasé.

Una cálida mano le palpó la cara y bajó por su brazo para localizar a la elfina. Lali olió el revólver y supo lo que estaba a punto de suceder. El disparo sonó fortisimo en el reducido espacio. La elfina aulló y, antes de que pudiera revolverse de nuevo, Lali le arrancó la cabeza. Luego se derrumbó en el suelo junto al cadáver.

Después de descansar un segundo, logró recostarse contra la pared.
¿Tiene al niño?. -pregunto exhausta.
Si, tengo a Sebas. -dijo Bears con una voz tan increiblemente aliviada y tierna que hasta la mismísima Lali casi se echa a llorar.
Providencial que viniera armado. -dijo Lali.-Aunque, desde luego, yo hubiera podido con ella.
No hay duda de eso, compañera. Soy un policía fuera de servicio. Siempre llevo el arma. -respondió él.

Lali había perdido mucha sangre. Cuando quiso ponerse de pie, estuvo a punto de volver a desplomarse en el suelo, pero sabía que la segunda vez le costaría el doble. Siguió a Bears, que llevaba a Sebas. Recorrieron el túnel hacia la luz entre el estrepito y la barahunda que bajaba por el agujero. A Lali le ponía de muy mal humor la perspectiva de que la vieran tan despeinada y con aquel horrible abrigo acolchado, hecho jirones y ensangrentado. Las heridas ya estaban empezando a curarse, aunque no tan rápido como debieran. Necesitaba sangre, y la necesitaba enseguida. Lali adelantó a Bears para subir a la superficie. Una vez arriba, se agachó para tirar de él y de Sebas hacia fuera. Al erguirse, se encontró con cinco revólveres encañonándola.

¡Dejen de apuntarla! -gritó Bears. -Mi hijo estaría muerto, si no fuera por esta dama.


Lali parecía tan pequeña y maltrecha que quizá por eso a los oficiales de policía les fue mas facil creerle.
Habia elfos muertos enteros y en pedazos desparramados por todo el suelo en el centro del patio. Santa Claus estaba en una camilla con una máscara de oxígeno atada a la cara. Las familias se arremolinaban para hablar con lo hombres de uniforme en grupos casi totalmente dominados por la histeria. Los acontecimientos se habían desarrollado rápidamente en el rato que Lali había pasado bajo tierra. Se dio la vuelta buscando a sus amigos.

Hola!!! si matarme por tardona jajaja
aqui os traigo otro trocito del corto...
Agradezco los comentarios
y me alegro mucho de que os guste.
Muchos besos
Ione
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Ione_nav
Miembro junior
avatar

Mensajes : 153
Fecha de inscripción : 18/08/2011
Edad : 29
Localización : Estella, Navarra, Spain

MensajeTema: Re: Cuento de Navidad   Vie Dic 09, 2011 8:08 pm

. escribió:
Me encanta este corto, y me encanta como escribis.
Sos muy buena escritora.
Espero más.
Andy.~

Gracias por lo de buena escritora aunque no me considero como tal.
Solo hago lo que me gusta con todo el amor del mundo.
Me alegro mucho de que te guste y espero mas comentarios para saber que te parece.
Muchas GRACIAS.
Ione
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Vero_me
Invitado



MensajeTema: Re: Cuento de Navidad   Vie Dic 09, 2011 8:24 pm

Ya sabes que me encanta, en serio escribes de una manera que te envuelve en la historia.
Me alegro que ayas adelantado en poquito, necesitaba saber como seguía, jajaj

Espero el próximo
Besos amoreeeee!!!
Volver arriba Ir abajo
Andy.~
Miembro nuevo
avatar

Mensajes : 6
Fecha de inscripción : 25/08/2011
Edad : 22

MensajeTema: Re: Cuento de Navidad   Sáb Dic 10, 2011 4:25 pm

Ione_nav escribió:
. escribió:
Me encanta este corto, y me encanta como escribis.
Sos muy buena escritora.
Espero más.
Andy.~

Gracias por lo de buena escritora aunque no me considero como tal.
Solo hago lo que me gusta con todo el amor del mundo.
Me alegro mucho de que te guste y espero mas comentarios para saber que te parece.
Muchas GRACIAS.
Ione

De nada, y considerate buena escritora porque lo sos.
Me parece que no hace falta que diga que tienes una fiel lectora de todo lo que escribas o subas al foro.
Espero más de este corto vampiristico.
Un beso.
Andy.~
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Ione_nav
Miembro junior
avatar

Mensajes : 153
Fecha de inscripción : 18/08/2011
Edad : 29
Localización : Estella, Navarra, Spain

MensajeTema: Re: Cuento de Navidad   Mar Dic 13, 2011 8:37 am

-Espere un momento, -dijo una voz profunda, y Lali se paró en seco. Bears dio un paso hacia ella.-Sebastian quiere darle las gracias.
El pequeño extendió los brazos hacia Lali: quería que lo cogiera.

Con la policía mirando, Lali no tuvo más remedio que cogerlo. La boca empezó a salivarle de inmediato. Sebas olía muy bien y ella tenía mucha hambre. Los colmillos empezaron a ponersele largos. Sonrió con la boca cerrada sin atreverse a decir ni una palabra.

-Fría, -dijo el niño, tocándole la mejilla.
Ella asintió. Su cuerpo siempre estaba un poco por debajo de la temperatura ambiente.
-Gracias, -dijo el niño, que ya sólo quería volver con su padre. -Hueles raro, -le espetó a Lali una vez a salvo en brazos de su padre; y pese a la consternación de Bears, ella sabía que era cierto, que olía a vampiro y a sangre y a elfo y al horroroso abrigo acolchado morado.

Se quitó la prenda y la dejó caer al suelo, pues el patio del centro comercial no podía ensuciarse mucho más. Sintiéndose mucho más ella misma, se preguntó si lograría encontrar sus tacones.

Vió a Lanzani y a Rochi. Peter levantó el brazo para acogerla, y Lali se deslizó debajo, sorprendida y contenta con el gesto. Él seguía teniendo en su sitio se lustroso pelo negro; sólo había una pequeña mancha en sus pantalones. Sabía matar con rapidez y limpieza, y Lali le admiraba mucho por ellos.

-Resulta agradable vernos incluidos en el bando de los buenos -confeso Rochi. Y es que los tres vampiros hacían lo posible para ser benévolos.

Más tarde, esa misma noche, de nuevo en la guarida, Lali se dio una ducha rápida. Ya se había puesto su salto de cama favorito, el negro, cuando llamaron a la puerta de su dormitorio. Al abrir, no le sorprendió demasiado ver a Peter en el umbral.

-No me preguntaste qué hacía yo en el centro comercial, -le dijo él, dando un paso adelante para entrar. Cerró la puerta con llave tras él. -La verdad es que había ido a comprarte un regalo.

Lali estaba verdaderamente asombrada.

-¿De verdad?, -replicó sonriendo. - Yo también encontré un regalo para ti, aunque no en el centro comercial.

Ahora le tocó a él asombrarse: ¿En serio?

-Si, aquí esta.- Lali le entregó una antigua caja de madera bellamente tallada. Peter la abrió con mucho cuidado. Dentro había un libro que tal vez tuviera un siglo de antigüedad. Era pornografía japonesa, de la más exquisita e imaginativa.
-Me dejas sin aliento, - dijo Peter, alzando las cejas al ver la primera imagen del libro. - Nos lo vamos a pasar de miedo con esto.
Esa era exactamente la intención de Lali.
-Pero no has preguntado qué compré para ti, -añadió, pasando las paginas lentamente.
-Ah, ¿es que encontraste algo?
-Si, conseguí encontrarlo.
Lali lo miró de arriba a abajo.
-No veo ningún regalo, -le dijo.
-Lo llevo escondido, es muy pequeño.
-Bueno, -le contesto Lali en un tono un tanto pensativo. -Supongo que tendré que registrarte para poder encontrarlo.
-Pues mira por dónde, estoy libre para el resto de la noche, -le sugirió él. -Así que puedes tomarte todo el tiempo que quieras.

Más tarde, cuando yacían abrazados en la cama de Lali, ella elogió la delicadeza de la cadena de oro y su bonito colgante de jade. La visión del colgante entre su pecho tenia a Peter fascinado.

-¿Por qué regresaste al centro comercial?, -le preguntó ella. -Que Rochi volviera no me sorprendió; Rochi es muy compasiva. Pero tu no.
-Desde luego que no, eso espero. -replicó Peter y apartó la mirada. -Pero sabía que tú volverías, y no podía dejarte sola.

Se quedaron tumbados en silencio unos minutos. Peter estaba esperando a que Lali hablara. Podía ser que su orgullosa amante no se tomara las palabras como un cumplido. Se preguntó si tendría que devolver el colgante a la tienda. Se preguntó también si tendría que retirarlo primero de alguna parte de su propia anatomía.

-¿Qué estas pensando? -le preguntó al fin.
-Me preguntaba cómo te quedaría el disfraz de Santa Claus. -le respondió Lali, y se rió cuando Peter saltó sobre ella.
-Me lo probaré, con la condición de que tú te vistas de elfo, -contesto él.

Lali se colocó encima de su amante diciendo:
-Ya hemos tenido elfos de sobra. Pero estoy dispuesta a probar con cornamentas de reno, y...¡OH!

En este punto, se acabó la conversación.
Una semana después, pasaron juntos la noche de Navidad.
Muy felizmente. Y al salir el sol, ya dominaban la postura de la novena imagen.

Fin



Hola familia!!! que tal todo? aqui os dejo la parte final de este corto apropiado para estas fechas jaja.
Que puedo decir: GRACIAS a todas por todos los comentarios hermosos que me dejais, teneis que saber que eso es lo único que me anima a seguir escribiendo e intentado hacerlo lo mejor posible.

Esta última parte esta dedicada a una de las personas que conoci en este foro y que últimamente lo está pasando un poquito mal. Quiero que sepa que es una persona increible y que siempre voy a estar para lo que necesite, cualquier dia, a cualquier hora, para lo que sea; con las orejas dispuestas, para darle todo el animo y la fuerza que necesite.

Vero cariño, ya sabes que te quiero mucho y que has estado ahi siempre desde que te conozco, que aunque no es mucho tiempo, lo agradecere toda la vida.
Ahora que las tornas han cambiado y que tu eres la que necesita un hombro quiero que sepas que aqui tienes uno.

Buff bueno voy terminando que sino...quiero decir que aunque esta parte tiene dedicatoria, tengo que agradecer a todas las que habeis estado leyendo y comentando el primer corto de mi cosecha.

GRACIAS de verdad, dentro de poquito os traere alguna otra cosita por aqui.
Muchos BESOS a todas.
Ione.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Vero_me
Invitado



MensajeTema: Re: Cuento de Navidad   Mar Dic 13, 2011 11:16 am

Voy a empezar comentando el corto porque sino no acabo mas.
Me encanta, simplemente, desde el principio hasta el final. Escribes genial y no quiero que dejes de hacerlo porque espero que vuelvas por aquí con otra de tus creaciones.

Que decirte de esa dedicatoria tan hermosa que has puesto, me he emocionado muchísimo de verdad.
Que te QUIERO, que GRACIAS y mil veces gracias por TODO, que eres una persona INCREÍBLE que vales muchísimo.

Que siempre pero siempre voy a estar aquí para todo.

Y como te dije hace tiempo, no te vas a librar tan fácilmente de mi,jajaja.

Te quiero amoreeeee!! besos y abrazos. Y una vez mas GRACIAS!!!!!!
Volver arriba Ir abajo
Andy.~
Miembro nuevo
avatar

Mensajes : 6
Fecha de inscripción : 25/08/2011
Edad : 22

MensajeTema: .   Sáb Dic 24, 2011 11:57 am

Me gusto mucho este final para el corto.
Ya extrañaba entrar por acá.
Espero la proxima historia escrita por vos, es más, ¡la exijo!
Jaja. Muchos besos.
Andy~
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Contenido patrocinado




MensajeTema: Re: Cuento de Navidad   

Volver arriba Ir abajo
 
Cuento de Navidad
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.
 Temas similares
-
» Un cuento de navidad foro pokemon reloaded =)
» Ya es Navidad en Metal Gear Haven
» Mi regalo de Navidad - Wallpaper Parodia
» Los usuarios de PlayStation Plus recibirán 12 regalos para celebrar la Navidad
» Mis mejores deseos para una feliz Navidad

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
Escribiendo Hojas En Un Libro :: Novelas :: Cortos-
Cambiar a: