Escribiendo Hojas En Un Libro

“Escribir es como mostrar una huella digital del alma” Mario Bellatín,
 
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 Poder de seducción

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Vero_me
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Fecha de inscripción : 23/12/2011
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MensajeTema: Re: Poder de seducción   Vie Dic 30, 2011 8:24 pm

Podría quererla, amarla, lo que quieras, pero no creo que justifique nada, en comparación a todo el daño que le está provocando...

Como puede amenazarla con volver a castigarle si le agota la paciencia después de lo que le ha echo??!!

Como puede echarle encara que no le dijese nada cuando lo habia intentado tantas veces? ademas, ir al medico para que le diese una prueba??!!

Estamos todos locos??!!!!

A pesar de la que sufro por Lali, me encanta, me encanta esta nove
Necesito el próximo!!!!!!!

Amigaaa te quiero un besazo!!!
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mariacheta
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MensajeTema: Re: Poder de seducción   Dom Ene 01, 2012 9:55 pm

aaaaaaay me encanta me lei los capis q me perdi Smile son lo más. Peter hay veces q es tierno y otra q me da ganas de darle un sopapo como puede ser tan tan idiota la esta lastimando con lo q le dice o lo q hace pobre lali Crying or Very sad Subi mas nove porfas q tengo la re ansiedad x leer el proximo capi
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Ione_nav
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Mensajes : 153
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MensajeTema: Re: Poder de seducción   Lun Ene 02, 2012 8:03 am

Once



Pero no, no era una batalla campal. Peter nunca permitiría tal cosa y ella era
incapaz de luchar contra él. La única arma que tenía era su frialdad, e hizo un
implacable uso de ella, negándose a ceder lo más mínimo cuando él acudía a visitarla.
Peter hacía caso omiso de su indiferencia y le hablaba amablemente del día a día en la isla y de la gente que preguntaba por ella. Todos le enviaban su cariño y querían saber cuándo saldría del hospital; a Lali le resultaba extremadamente difícil no reaccionar al oír aquello. En los pocos días que había pasado en la isla se había sentido tan cálidamente acogida, que echaba de menos a la gente de allí, sobre todo a Petra y a Sophia.

La misma mañana en que le dieron el alta, Peter hizo añicos su resistencia con
tanta facilidad, que posteriormente Lali se dio cuenta que se había limitado a
esperar a que estuviera recuperada para entrar en acción. Cuando Peter entró en la habitación y vio que ya estaba vestida y lista para marcharse, la besó con naturalidad sin darle tiempo a retirarse, y luego la soltó antes de que pudiera reaccionar.

-Me alegro de que estés preparada -comentó mientras agarraba la pequeña maleta
con la poca ropa que le había llevado para su estancia en el hospital-. Maman y Petra me ordenaron que te llevara de regreso lo antes posible, y Sophia ha preparado una cena especial para ti. ¿A que te apetecería tomar soupa avgolemono? Te gustó, ¿verdad?

-¿Por qué no te ahorras la molestia de llevarme a la isla y me dejas en un avión con destino a Londres? -inquirió ella con frialdad.

-¿Y qué harías en Londres? -repuso él, mirándola con ojos exasperados-. Estarías
sola y serías blanco de los comentarios más crueles que puedas imaginar, sobre todo si estás embarazada.

Ella alzó los ojos para mirarlo, sorprendida, y Peter añadió en tono burlón:

-A menos que tomaras precauciones. ¿No? Ya me parecía, y confieso que tampoco a
mí se me ocurrió.

Lali siguió mirándolo con impotencia. Le daban ganas de abofetearlo y, al mismo
tiempo, experimentaba una extraña calidez interior al pensar en la posibilidad de darle un hijo. Maldito fuera; a pesar de todo, comprendió con amarga resignación que aún lo amaba. Era algo que nunca podría evitar, aunque deseara hacerle daño como él se lo había hecho a ella. Sorprendida por la intensidad de sus propios sentimientos, apartó los ojos de Peter y se miró las manos. Necesitó toda su fuerza de voluntad para reprimir las lágrimas mientras decía en tono derrotado:

-Está bien. Me quedaré hasta que sepa si estoy embarazada o no.

-Puede que tardes un poco en saberlo -dijo Peter, sonriendo ufano-. Después de
la caída que sufriste, tu organismo estará un poco trastornado. Además, pretendo
hacer todo lo posible para dejarte embarazada si es el único medio de conseguir que te quedes en la isla.

-¡Oh! -gritó Lali, retirándose de él. Lo miraba con ojos llenos de visible pánico-. Peter, no. No podré soportarlo de nuevo.

-No volverá a ser como la otra vez -le aseguró él, alargando la mano para agarrarle el brazo.

-¡No dejaré que me toques! .

-Ese es otro de los derechos que los maridos tienen sobre sus mujeres -Peter
sonrió burlón, atrayéndola hacia sí-. Hazte a la idea desde ya, cielo; pienso hacer uso de mis derechos conyugales. Para eso me casé contigo.

Lali estaba tan trastornada que fue sin protestar hasta el taxi que les
aguardaba en la puerta; no habló con Peter durante todo el trayecto desde Atenas
hasta el aeropuerto. En otras circunstancias, se habría sentido fascinada por la
ciudad, pero en aquellos momentos estaba aterrorizada por las palabras de Peter y empezaba a dolerle la cabeza.

En el aeropuerto estaba el helicóptero privado de Peter, con el depósito lleno de combustible y preparado para despegar. A través de una neblina de dolor, Lali
comprendió que Peter había debido de llevarla al hospital en aquel helicóptero. No recordaba nada de lo sucedido después de desmayarse en las rocas, y de repente deseó saber lo que había pasado.

-Peter, me encontraste tú, ¿verdad? Cuando me caí...

-Sí -confirmó él ceñudo. La miró de soslayo y detuvo los ojos un momento en su
semblante pálido y tenso.

-¿Qué pasó luego? Después de que me encontraras, quiero decir.

Peter la agarró del brazo y la condujo por la pista hasta el helicóptero.

-Al principio, creí que habías muerto --explicó en tono distante, aunque exhaló un ronco suspiro que indicó a Lali que no le resultaba fácil sobrellevar el recuerdo, ni siquiera después del tiempo transcurrido-. Cuando llegué hasta ti, descubrí que aún vivías y te saqué de debajo de aquellas rocas; luego te llevé a la casa. Sophia ya estaba levantada; me vio llegar por el sendero y se acercó corriendo para ayudarme.

Llegaron al helicóptero y Peter abrió la puerta; después de ayudar a Lali a
instalarse en su asiento, volvió a cerrarla bien. A continuación, rodeó el aparato y deslizó su alta figura en el asiento situado delante de los controles. Tomó los auriculares y se quedó mirándolos con aire ausente.

-Estabas empapada y tiritabas -prosiguió-. Mientras Andros telefoneaba al
hospital y hacía los preparativos necesarios para tu transporte en el helicóptero, maman y yo te quitamos la ropa y te envolvimos en una manta. Después volamos hasta aquí. Sufrías un shock profundo y se pospuso la operación, aunque los médicos estaban
preocupados. Alex me dijo que en ese estado no sobrevivirías a una intervención
quirúrgica, que tendría que esperar a que te estabilizaras antes de plantearse siquiera la posibilidad de operar.

-Y entonces mejoré -concluyó Lali por él, sonriendo débilmente.

Peter no sonrió.

-Empezaste a reaccionar de forma positiva -musitó-. Pero tenías fiebre e
inflamación en los pulmones. Unas veces estabas inconsciente, otras delirabas y
gritabas cuando los médicos o yo nos acercábamos a ti -giró la cabeza para mirarla, con ojos implacables y amargos-. Al menos, no era sólo conmigo; gritabas siempre que algún hombre se acercaba a ti.

Lali no podía decirle que había sido de él de quien había tenido miedo. Al cabo
de unos momentos de silencio, Peter se puso los auriculares y tomó los controles.

Ella reclinó la cabeza en el asiento y cerró los ojos, deseando que el dolor que
sentía en las sienes desapareciera; no obstante, aumentó cuando la hélice empezó a girar, y Lali hizo una mueca. El roce de una mano en su rodilla la hizo abrir los ojos; al ver la expresión preocupada e inquisitiva de Peter, ella se llevó las manos a los oídos para hacerle saber cuál era el problema. Él asintió y le dio una compasiva
palmadita en la pierna, y a ella le dieron ganas de gritar. Volvió a cerrar los ojos para no ver a Peter.

Por extraño que pudiera parecer, Lali se durmió durante el viaje a la isla. Tal
vez se debía a que la medicación que aún estaba tomando la adormecía, pero Peter
tuvo que despertarla una vez que hubieron llegado. Ella se incorporó en el asiento, confusa, para ver cómo prácticamente toda la población de la isla había acudido a esperar su regreso. Todos le sonreían y la saludaban con la mano, y ella devolvió el saludo, conmovida hasta el llanto por la cálida acogida de los isleños. Peter se bajó de un salto del helicóptero, gritando algo que provocó la risa de todos los presentes, y después se acercó al lado de Lali para abrirle la puerta mientras ella se quitaba el cinturón de seguridad.

Con una facilidad que la asustó y la deleitó al mismo tiempo, Peter la tomó en
brazos y la apoyó sobre su pecho.

-Puedo caminar -protestó ella.

-Por la pendiente de la colina, no -dijo él-. Aún estás débil; rodéame con tus
brazos, cariño. Que todos vean lo que quieren ver.

Efectivamente, cuando Lali deslizó los brazos alrededor de su musculoso
cuello, todos parecieron complacidos, y algunos hombres le hicieron a Peter
comentarios que parecían jocosos, a los cuales él respondió con sonrisas socarronas y comentarios del mismo estilo. Lali se prometió aprender griego sin demora; deseaba saber qué era lo que Peter decía de ella.

Él la llevó hasta la casa y subió directamente a su dormitorio. Mientras la soltaba en la cama, ella miró a su alrededor frenéticamente; antes de poder reprimir las palabras, exclamó:

-¡No puedo dormir aquí Peter!

Él dejó escapar un suspiro y se sentó en el borde de la cama.

-Lamento que pienses eso, cariño, porque tendrás que dormir aquí. Mejor dicho,
tendrás que dormir conmigo, y eso es lo que tanto te preocupa, ¿verdad?

-¿Acaso puedes reprochármelo? -inquirió ella ferozmente.

-Sí que puedo -respondió Peter con calma. Sus ojos verdes la miraban,
implacables-. Eres una mujer inteligente y adulta; deberías ser capaz de comprender que, en el futuro, nuestras relaciones sexuales no serán como las de nuestra noche de bodas. Yo estaba medio borracho, frustrado, y perdí el control. Tú estabas asustada y furiosa, y te resististe a mí. Como era de esperar, te hice daño. Pero no volverá a suceder, Lali. La próxima vez que te posea, disfrutarás tanto como yo.

-¿Es que no comprendes que no te deseo? -estalló Lali, furiosa al ver que él
pensaba tranquilamente hacerle el amor a pesar de su negativa-. De verdad, Pitt,
debes ser increíblemente presuntuoso si piensas que querría acostarme contigo
después de lo de aquella noche.

Un estallido de rabia iluminó los ojos de él.

-¡Da gracias a Dios de que te conozco bien, Lali, o de lo contrario haría que te
arrepintieras de esas palabras! -espetó bruscamente-. Pero te conozco, y sé que
cuando estás asustada y dolida contraatacas como una gatita furiosa, y que los años de práctica te han ayudado a perfeccionar esa máscara de frialdad. No, cariño, a mí no me engañas. Aunque tu orgullo te impulse a resistirte a mí, recuerdo cierta noche en Londres, cuando me dijiste que me amabas. Esa noche te mostraste tímida y dulce; no fingías. ¿Lo recuerdas tú también, Lali?

Lali cerró los ojos, horrorizada. ¡Esa noche! ¿Cómo iba a olvidarla? Y qué propio de Peter recordarle el secreto que ella había confesado en voz alta, pensando que él le correspondería con palabras igualmente dulces y le diría que la amaba. Pero no lo había hecho, ni esa noche ni después. De sus labios habían brotado palabras de pasión,
pero nunca palabras de amor.

Temblando, Lali gritó:

-¿Si lo recuerdo? ¿Cómo voy a olvidarlo? Como una tonta, dejé que te acercaras a
mí, y apenas salieron esas palabras de mi boca cuando tú me abofeteaste con la
opinión que tenías de mí. Al menos, me abriste los ojos, me sacaste de mi absurdo ensueño. El amor no es inmortal, Peter. Puede morir.

-El tuyo no ha muerto -murmuró él en tono confiado, con sus duros y perfectos
labios arqueados en una sonrisa-. Te casaste conmigo y deseabas vestir de blanco. Llevabas el peinado de una virgen; sí, me di cuenta. Todos tus actos pregonaban a voces que te casabas conmigo para siempre, y así será. Te he lastimado, cariño, te he hecho infeliz, pero te compensaré. Para cuando nazca nuestro primer hijo, no recordarás haber derramado una sola lágrima.

Aquel comentario casi la hizo saltar de la cama; para demostrarle a Peter que se
equivocaba, se echó a llorar, lo cual hizo estragos en su dolorida cabeza. Con un murmullo tranquilizador, Peter la estrechó entre sus brazos y se tumbó en la cama junto a ella, atrayéndola hacia sí, susurrándole para consolarla. Contra toda lógica, la cercanía de Peter la tranquilizó. Finalmente, Lali dejó de llorar y se acurrucó contra él, enterrando el rostro en su camisa.

-¿Peter? -dijo con voz vacilante desde el interior de aquel dudoso refugio.

-¿Sí, cariño? -musitó él, y su profunda voz retumbó debajo del oído de Lali.

-¿Querrás... querrás darme un poco de tiempo? -inquirió ella, alzando la cabeza
para mirarlo.

-Sólo hasta que te recuperes por completo -contestó Peter mientras le retiraba
el cabello de las sienes con dedos cuidadosos-. Pero no esperaré más. No podré. Aún la deseo con locura, señora Lanzani. Nuestra noche de bodas fue un mero aperitivo.

Lali se estremeció entre sus brazos al imaginar a Peter devorándola, como un
animal hambriento. Se sentía desgarrada por la indecisión: lo amaba pero era incapaz de entregarse a él, de confiar en él, de saber lo que en realidad sentía.

-Por favor, no me metas prisa -susurró-. Lo intentaré; de verdad. Pero no sé... no sé si podré llegar a perdonarte alguna vez.

La comisura de la boca de Peter tembló un momento; de inmediato, afirmó sus
labios y dijo:

-Me perdones o no, eres mía y jamás te dejaré ir. Te lo repetiré tantas veces
como haga falta hasta lograr que me creas.

-Lo hemos hecho muy mal, Pitt -susurró Lali dolorida, usando por primera vez
la abreviación cariñosa de su nombre mientras las lágrimas fluían de nuevo.

-Sí, lo sé -musitó él, y sus ojos se tomaron sombríos-Tendremos que esforzarnos
por salvar lo que podamos para conseguir que nuestro matrimonio funcione.

Cuando Peter se hubo ido, Lali permaneció echada en la cama, tratando de
aquietar sus confusas emociones; sentía tantas cosas al mismo tiempo que era incapaz de aclarar sus sentimientos. En parte, deseaba fundirse entre los brazos de Peter y rendirse al amor que aún sentía por él, a pesar de todo lo que había sucedido; otra parte de ella, sin embargo, se sentía amargamente furiosa y resentida, y deseaba irse lo más lejos posible de Peter. Lali había reprimido el dolor y la soledad durante años, pero Peter había hecho pedazos la barrera de su autocontrol, y ya no era capaz de desterrar o ignorar sus sufrimientos. Las emociones que durante tanto tiempo había dominado se desbordaban ahora en una amarga liberación, y Lali estaba resentida con Peter por el modo en que había hecho añicos sus defensas.

Vaya parodia de matrimonio, se dijo cansada. Una mujer no necesitaba defensas
contra su marido; un matrimonio debía basarse en la confianza y el respeto mutuos, y Peter aún no la respetaba ni confiaba en ella. Lali había pensado que su actitud cambiaría cuando se diera cuenta de lo equivocado que había estado respecto a ella, pero no había sido así. Tal vez ya no estuviera tan resentido con ella, pero seguía sin reconocerle autoridad alguna sobre su propia vida. Deseaba controlarla, someter cada uno de sus movimientos a su capricho, y Lali no se creía capaz de vivir así.

Al cabo de un rato, se quedó dormida, para despertarse con las largas sombras del anochecer. Su dolor de cabeza había disminuido; de hecho, había desaparecido por completo, y se sentía mejor que nunca desde el accidente.

Se bajó de la cama y caminó hasta el cuarto de baño con cautela, temiendo que le
volviese el dolor de cabeza, pero no fue así; aliviada, se quitó la arrugada ropa y llenó de agua la enorme bañera de porcelana. Petra había surtido el cuarto de baño de diversos artículos de tocador que seguramente Peter no había utilizado nunca, a no ser que tuviera una pasión oculta por el gel de baño perfumado, y Lali vertió una generosa cantidad de gel en la bañera hasta que se formaron montañas de espuma.

Después de recogerse el cabello, se introdujo en la bañera y se sumergió en el
agua hasta que las burbujas le hicieron cosquillas en el mentón. Alargó la mano para tomar el jabón y emitió un sobresaltado chillido al ver que la puerta se abría de repente.

Peter entró en el cuarto de baño, con el ceño fruncido, pero su expresión ceñuda
se transformó en una sonrisa socarrona cuando vio a Lali allí tumbada,
prácticamente cubierta de espuma.

-Lo siento, no quería asustarte -dijo.

-Me estoy dando un baño -protestó ella indignada, y la sonrisa de él se ensanchó.

-Ya lo veo -dijo, tumbándose junto a la bañera y mirando a Lali apoyado sobre
un codo-. Te haré compañía. Es la primera vez que tengo el privilegio de ver cómo te bañas, y no me sacarían de aquí ni a rastras.

-¡Peter! -gimió Lali con las mejillas sonrojadas.

-Vamos, cálmate -la tranquilizó él, alargando la mano para pasarle un dedo por la nariz-. Prometí no propasarme contigo y no lo haré. Pero esa promesa no me impide conocer mejor a mi esposa ni procurar que vaya acostumbrándose a mí.

Estaba mintiendo. De repente, Lali supo que estaba mintiendo y se retiró de su
mano, con los ojos llenos de lágrimas.

-¡Aléjate de mí! -gritó con voz ronca-. ¡No te creo, Peter! No puedo soportarlo.
¡Por favor, por favor, vete! -si se quedaba, se la llevaría a la cama y le haría el amor, a despecho de su promesa. Peter le había hecho esa promesa solamente para poder sorprenderla con la guardia baja, y Lali era incapaz de someterse a él de nuevo. Empezó a temblar entre sollozos, y él se puso en pie al tiempo que profería una maldición, con su rostro ensombrecido por la furia.

-Está bien -dijo con los dientes apretados-. Te dejaré tranquila. ¡Dios, y tanto que te dejaré tranquila! ¡La paciencia de un hombre tiene un límite, Lali, y la mía ya se ha agotado! Quédate con la cama; yo dormiré en otro sitio -salió violentamente del cuarto de baño, cerrando la puerta con tanta fuerza que los goznes retemblaron; unos segundos después, Lali oyó que también se cerraba la puerta del dormitorio.

Hizo una mueca y exhaló un tembloroso suspiro, tratando de dominarse.

Era inútil. Aquel matrimonio jamás funcionaría. Tendría que convencer a Peter
para que la dejara marchar; después de lo sucedido esa noche, dicha tarea no
resultaría muy difícil.

Sin embargo, Peter se mostró inflexible en su negativa a permitir que Lali
saliera de la isla. Ella sabía que él veía la situación como una batalla y que tenía toda la intención de ganarla, pese a las constantes maniobras de Lali para mantener una cómoda distancia entre ambos. Sabía, asimismo, que aquella cólera que Peter había manifestado en el cuarto de baño llevaba largo tiempo gestándose. Le irritaba profundamente que ella no se lanzara a sus brazos cuando él la tocaba, como antes te que se casaran, y no estaba dispuesto a renunciar a los placeres de su cuerpo. Simplemente estaba esperando, al acecho, observándola cuidadosamente en busca del menor signo de debilidad en su resistencia.

Aunque el esfuerzo de mostrar una fachada de calma y serenidad delante de los
demás empezaba a afectarla, Lali no deseaba disgustar a la madre de Peter, ni a
Petra y Sophia. Todos habían sido tan amables con ella y le habían prodigado tantas atenciones, que no quería preocuparlos con un ambiente de conflicto. Merced a un acuerdo tácito, Peter y ella dejaron que todos pensaran que él dormía en otro cuarto porque a ella aún le dolía la cabeza y la presencia de Peter perturbaba su sueño. Dado que seguía sufriendo fuertes dolores cuando hacía algún esfuerzo, nadie puso en duda dicha explicación.

Lali fingió para que su recuperación pareciese más lenta de lo que era en
realidad, aunque sin exagerar, utilizando su estado físico como arma contra Peter. Descansaba con frecuencia y a veces se retiraba sin decir nada para echarse en la cama con un paño frío sobre la frente y los ojos. Normalmente, alguien acudía a ver cómo se encontraba al cabo de poco rato, y de ese modo se aseguró de que todos en la casa supieran lo delicada que estaba. Lamentaba tener que engañarlos así, pero debía protegerse a sí misma, y sabía que tendría que aprovechar cualquier oportunidad que se presentase para escapar de la isla. Si todos pensaban que su estado seguía siendo más débil de lo que era en realidad, tendría más posibilidades de éxito.

La ocasión se presentó una semana después, cuando Peter informó durante la
cena que Andros y él volarían a Atenas a la mañana siguiente. Pasarían la noche en la ciudad y regresarían un día después. Lali tuvo cuidado de no alzar la mirada, segura de que su expresión podía delatarla.. ¡Era su oportunidad! Tan solo tendría que colarse a escondidas en el helicóptero; una vez en Atenas, cuando Peter y Andros se marcharan para asistir a su reunión, ella saldría del aparato, se dirigiría a la terminal del aeropuerto y compraría un billete de avión para marcharse de Atenas.

Pasó toda la tarde preparando su plan; se retiró temprano y guardó las cosas
esenciales que pensaba llevarse en la maleta más pequeña que tenía. Cuando hubo
terminado, volvió a guardar la maleta en el armario. Revisó su bolso para cerciorarse de que el dinero que había llevado consigo seguía en su billetera; descubrió que aún lo tenía. Sin duda, Peter estaba convencido de que nadie en la isla era susceptible de recibir un soborno y, probablemente, tenía razón. Pero a Lali ni siquiera se le había pasado por la cabeza intentar sobornar a nadie, y ahora se alegraba de ello, pues Peter le habría quitado el dinero con toda seguridad si hubiese intentado semejante táctica.

Contó el dinero cuidadosamente; cuando partió de Inglaterra para viajar a París
con Peter, había llevado consigo dinero suficiente para permitirse algún capricho o cubrir alguna posible emergencia. Cada penique seguía allí. No sabía si tendría suficiente para comprar un billete de avión para Londres, pero sin duda podría salir de Grecia. Si lograba llegar hasta París, podría telefonear a Nicolas para que le girase más fondos. Peter tenía el control de sus asuntos financieros, pero no había retirado el dinero de su cuenta corriente y ella aún podía disponer de ese dinero.

Más tarde, cuando todos se hubiesen retirado, iría a esconder la maleta en el
helicóptero. Sabía, por anteriores viajes, que había un pequeño espacio detrás de los asientos traseros, y pensaba que dicho espacio bastaría para la maleta y para ella. No obstante, para asegurarse, se llevaría una manta oscura y se acurrucaría debajo de ella, en el suelo, si le resultaba imposible esconderse detrás de los asientos. Recordando el interior del helicóptero, llegó a la conclusión de que una persona podía esconderse en él de ese modo. Estaba diseñado para transportar a seis pasajeros, y los asientos eran espaciosos y confortables. Peter pilotaría el vehículo personalmente y Andros se instalaría en el asiento delantero, junto a él; no tenían por qué mirar los asientos de la parte trasera.

El plan en sí presentaba muchos inconvenientes y dependía demasiado de la suerte
y del azar, pero Lali no disponía de ningún otro, ni de más oportunidades, así que tendría que correr el riesgo. No tenía intención de desaparecer para siempre, sino tan sólo el tiempo suficiente para aclararse con respecto a lo que sentía por Peter. Únicamente pedía un poco de tiempo y de distancia entre ambos, pero él se negaba a darle de buen grado lo que necesitaba. Ella se sentía incapaz de seguir soportando la presión. Desde el mismo momento en que lo había conocido, Peter la había utilizado y manipulado hasta hacer que se sintiera como una muñeca, y para Lali se había convertido en una necesidad fundamental recuperar el control de su propia vida.

En otros tiempos, había creído ingenuamente que el amor podía resolver cualquier
problema, pero también ese sueño había quedado hecho pedazos. El amor no resolvía nada; tan solo complicaba las cosas. Amar a Peter le había causado mucho dolor y le había reportado muy pocas satisfacciones. Algunas mujeres se habrían conformado con la satisfacción física que él ofrecía y, a cambio, habrían aceptado que no las amase, pero Lali no estaba segura de poseer la fuerza necesaria para ello. Eso era lo que tenía descubrir, si amaba a Peter lo suficiente para vivir con él fueran cuales fuesen las circunstancias, si podría obligarse a aceptar el hecho de que él la deseaba, pero no la amaba. Muchos matrimonios se basaban en sentimientos que no llegaban a ser amor, pero Lali tenía que estar muy segura antes de dejarse arrastrar de nuevo a un rincón del que no habría escapatoria.

Conocía a su marido; planeaba dejarla embarazada, atándola así de forma
irrevocable a la isla y a su persona. Lali también sabía que disponía de muy poco tiempo antes de que Peter pusiera su plan en práctica. De momento, la había dejado tranquila, pero ya casi estaba recuperada por completo, y su intuición le advertía que Peter ya no se dejaba engañar por su farsa y que, en el momento menos pensado, acudiría a su cama. Sabía que tenía que escapar pronto si deseaba tener tiempo para pensar a solas y decidir con calma si podría seguir viviendo con él.

Después de guardar el bolso, Lali se preparó para acostarse y apagó las luces,
pues no deseaba levantar sospechas. Permaneció muy quieta en la cama, relajada pero muy atenta a cualquier ruido que pudiera oírse en la casa.

La puerta del cuarto se abrió y una alta figura de hombros anchos proyectó su
larga sombra sobre ella.

-¿Estás despierta? -preguntó Peter en tono quedo.

En respuesta, Lali alargó la mano y encendió la lamparilla de noche.

-¿Sucede algo? -se incorporó apoyándose sobre un codo, con los ojos cautos y muy
abiertos, mientras Peter entraba en el cuarto y cerraba la puerta tras de sí.

-Necesito sacar unas cosas del armario informó él, y Lali sintió que el corazón
se le paraba en el pecho mientras observaba, paralizada, cómo Peter se acercaba al armario y lo abría. ¿Y si agarraba la maleta en la que ella había guardado sus cosas? ¿Por qué no había insistido en que él se llevara sus cosas del armario? No, a la madre de Peter le habría extrañado y, en honor a la verdad, él no había intentado aprovecharse de la situación. Cuando necesitaba algo de ropa, iba a buscarla de día, y nunca en momentos en los que Lali pudiera estar desvestida.

Peter sacó dos maletas negras de piel y ella dejó escapar un tembloroso suspiro
de alivio.

-¿Te encuentras bien? Tienes mala cara.

-La jaqueca de costumbre -se obligó a responder Lali con calma y, antes de
poder evitarlo, añadió-: ¿Quieres que te prepare yo el equipaje?

Una sonrisa surcó las sombras del rostro de Peter.

-¿Crees que no sabré doblar las camisas? Me las arreglo bastante bien, aunque te
agradezco el ofrecimiento. Cuando regrese -agregó pensativo-, te llevaré al hospital para que el doctor Theotokas te haga otro examen...

Ella no quería que la examinaran, pero, como tenía pensado marcharse antes, no
protestó.

-¿Por los dolores de cabeza? ¿No dijo que tardarían en desaparecer por completo?

Peter retiró una camisa de la percha y la dobló pulcramente antes depositarla en
la maleta abierta.

-Sí, pero creo que tu recuperación debería ser más rápida. Quiero asegurarme de
que no hay otras complicaciones.

¿Como un embarazo?, pensó Lali de repente, y empezó a temblar. Cabía la posibilidad, desde luego, aunque seguramente era aún pronto para saberlo. Ella, al menos, no tenía ni idea. Pero ¿no sería irónico si lograba escapar de las garras de Peter y descubría que ya estaba embarazada? Ignoraba qué haría si se daba esa circunstancia, de modo que desterró el pensamiento de su mente.

La conversación cesó y Lali se incorporó más sobre la almohada y observó cómo
Peter terminaba de hacer el equipaje. Después de cerrar la maleta y ponerla a un
lado, él se acercó a la cama y se sentó junto a Lali. Incómoda por su proximidad, ella guardó silencio y lo miró con tensa fijeza.

Una media sonrisa se dibujó en los labios de Peter.

-Me marcharé al amanecer -murmuró-, así que no te despertaré. ¿Querrás darme
el beso de despedida esta noche?

Lali deseaba negarse, pero una parte de ella cedió, manteniéndola inmóvil
mientras él se inclinaba y la besaba tiernamente en los labios. No fue un beso
exigente, y Peter se retiró casi de inmediato.

-Buenas noches, cariño -dijo con suavidad; le colocó las manos en el tórax y la
acomodó debajo de la ligera colcha; después empezó a arroparla. Lali levantó los
ojos para mirarlo y le dedicó una sonrisa, leve y tímida, que bastó para que las manos de él se detuvieran y dejaran lo que estaban haciendo.

Peter contuvo el aliento y sus ojos verdes comenzaron a brillar, iluminados por el resplandor de la lámpara.

-Buenas noches -repitió, inclinándose sobre ella.

Esa vez su boca se detuvo más tiempo sobre los labios de Lali, acariciándolos,
estimulándolos para que se amoldaran a su presión. Dicha presión no era intensa, pero el contacto se prolongó, cálido y provocativo. El aliento de Peter era dulce y embriagador, impregnado del vino que habían tomado en la cena.

Inconscientemente, Lali alzó una mano hasta su brazo y fue subiendo hasta
aferrarse al hombro y luego a la curva del cuello. Peter hizo más profundo el beso, buscando la lengua de Lali, provocándola, haciendo excitantes incursiones en los puntos sensibles que encontraba, y ella se sintió arrastrada hacia una neblina de sensual placer, sin sentir miedo aún de sus caricias.

Con un lento ademán, Peter bajó la colcha lo suficiente para que las suaves
curvas de los senos quedaran al de cubierto ante su ávida mirada. Alzó la cabeza y observó sus largos dedos mientras se deslizaban debajo de la fina tela y se cerraban sobre la exquisita piel; después subieron para agarrar el tirante y retirarlo del hombro de Lali. Ella hizo un leve gesto de miedo, pero los movimientos de Peter eran tan pausados y tiernos que no protestó; en vez de eso, sus labios lo buscaron con ansia, paladeando el sabor levemente salado de la piel de los pómulos y la curva del mentón.

Él giró la cabeza y, de nuevo, sus bocas se encontraron mientras Lali cerraba
los ojos. Con movimientos perezosos, Peter bajó aún más la tela de seda rosa,
desnudando la curva superior de uno de los senos. El delicado pezón rosado escapó de la tela y Peter retiró la mano del tirante para capturar su expuesta belleza.

-Ahora te daré el beso de buenas noches -susurró antes de deslizar los labios por la curva de su cuello. Se detuvo un momento y su lengua exploró el sensible hueco situado entre el cuello y el omóplato, haciendo que Lali se estremeciera, presa de un placer que escapaba rápidamente de su control.

A ella no le importó. Tal vez, si Peter se hubiese mostrado tan cuidadoso y tierno en la noche de bodas, sus problemas no existirían. Permaneció inmóvil debajo de su errabundo contacto, disfrutando con las delicadas sensaciones, con el calor que se propagaba por su cuerpo.

Los labios de Peter reanudaron su viaje, desplazándose hacia abajo para
cerrarse sobre el palpitante pezón. Lali jadeó en voz alta y arqueó la espalda,
agarrando el espeso cabello negro de Peter para apretar la cabeza de este contra sí. Los suaves tirones de su boca provocaban intensas punzadas de puro deseo físico que recorrían sus terminaciones nerviosas. Sus temblores se intensificaron y Lali alargó las manos para abrazarlo; pero él soltó el pezón y alzó la cabeza, retirándose de ella.

Sonreía, pero su sonrisa era de triunfo.

-Buenas noches, cariño -murmuró subiéndole de nuevo el tirante-. Nos veremos
dentro de dos días -y se fue, llevándose la maleta y cerrando la puerta tras de sí.

Lali siguió echada en la cama, mordiéndose los labios para reprimir un grito de
furia y frustración. Peter lo había hecho deliberadamente; la había seducido con su delicadeza hasta que ella olvidó sus miedos, y luego la había dejado insatisfecha. ¿Habría querido desquitarse por los anteriores rechazos de Lali, o todo había sido una maniobra calculada para someterla? Lali prefería pensar lo segundo, aunque estaba más que decidida a no rendirse a él. ¡No sería su esclava sexual!

Pensar en la huida la llenó de perverso placer. Peter estaba muy seguro de su
victoria; pues bien, que se consumiera con la duda preguntándose qué había fallado cuando descubriera que su esposa había preferido huir antes que acostarse con él. Era demasiado egoísta, y estaba demasiado pagado de sí mismo; le iría bien que alguien le plantase cara de vez en cuando.

Lali puso el despertador a las dos de la madrugada y se acomodó en la cama,
esperando poder dormir. Y logró dormirse, aunque había descansado pocas horas
cuando sonó el despertador. Lo paró rápidamente y salió de la cama; después utilizó la linterna que tenía siempre en el cajón de la mesita de noche para buscar unos tejanos, una camisa y unos zapatos de suela de crepé. Fue hasta el armario muy despacio y sacó la maleta; después se dirigió hacia la puerta corredera que conducía a la terraza.
Retiró el pestillo con un leve clic y deslizó la puerta lo justo para poder pasar por la abertura. Por último, se apresuró a apagar la linterna, esperando que a esas horas no hubiese nadie levantado para ver la traicionera luz.

No había luna, pero la tenue luz de las estrellas le bastó para orientarse mientras esquivaba el mobiliario de la terraza y se encaminaba hacia la parte delantera de la casa. Salió de la terraza y siguió el sendero de losas de piedra que subía por la colina hasta la pista de aterrizaje. Había avanzado poco cuando las piernas empezaron a dolerle y temblarle a causa del cansancio, un desagradable recordatorio de que aún no estaba completamente recuperada. El corazón le martilleaba en el pecho cuando al fin llegó, hasta el helicóptero; hizo una pausa, respirando sin resuello.

La puerta del vehículo se abrió con facilidad; Lali se introdujo a gatas, dándose un doloroso golpe en la cadera con la maleta y maldiciendo el pesado equipaje. Encendió de nuevo la linterna para deslizarse por los asientos hasta la parte de atrás. El espacio que había detrás de los asientos traseros apenas tenía medio metro de profundidad; Lali descubrió enseguida que no cabría en él con la maleta. Colocó la maleta en el suelo, entre los dos últimos asientos, pero decidió que quedaba demasiado a la vista.

Examinó el interior del helicóptero un momento; luego volvió a acurrucarse en su
escondite y puso la maleta delante de sí, apretada contra el respaldo del último
asiento; el asiento se inclinó un poco hacia delante, esperaba que no se notase. Estaba muy apretujada y sabía que no podría moverse hasta que aterrizasen en Atenas y Peter y Andros se hubiesen ido, pero no tenía otra alternativa. Dejó la maleta en su sitio y salió a gatas, con las piernas ya rígidas por el breve tiempo que había estado acuclillada detrás de los asientos. Había olvidado la manta que tenía pensado llevarse, y se prometió que contaría con ella para amortiguar la dureza del frío metal cuando despegasen.

Eufórica, bajó por la colina, entró en su habitación y cerró la puerta corredera. Podría haber esperado en el helicóptero, pero tenía el presentimiento de que Peter se asomaría al cuarto para verla antes de irse, y Lali pretendía estar acurrucada en su cama cuando lo hiciese. Debajo del camisón, sin embargo, estaria vestida.

Pero entonces vio que tendría que quitarse la camisa, porque resultaba visible
debajo del camisón, y no tendría oportunidad de volver a ponérsela. Dispondría de muy poco tiempo para llegar hasta la pista de aterrizaje antes que los dos hombres, y no quería malgastar un solo segundo vistiéndose. Se dejaría puesta la camisa y se taparía con la colcha hasta la barbilla.

Se quitó los zapatos y los dejó junto a la cama, en el lado opuesto a la puerta, y luego sé acostó. Tenía el pulso acelerado por la excitación; esperó con impaciencia a oír los tenues sonidos que indicarían que alguien se estaba moviendo por la silenciosa casa.

Apenas empezaba a clarear cuando Lali oyó un ruido de agua corriente y supo
que no tendría que esperar mucho. Se puso de lado, mirando hacia la puerta, y se subió la colcha hasta la barbilla. Obligándose a respirar profunda y regularmente, aguardó.

No oyó sus pasos; Peter se movía con el sigilo de un gran felino, y ella captó el primer indicio de su presencia cuando la puerta se abrió sin hacer ruido y un fino haz de luz cayó sobre la cama. Lali se concentró en su respiración, observando a través de las pestañas cómo Peter permanecía inmóvil en la puerta, mirándola. Pasaron los segundos y el pánico empezó a atenazarle el estómago. ¿A qué esperaba?

¿Acaso presentía que pasaba algo raro?

Finalmente, él cerró la puerta con lentitud, y Lali exhaló un profundo y trémulo
suspiro de alivio. Retiró la colcha y se puso los zapatos; luego agarró la manta de color marrón oscuro que antes había olvidado llevar consigo, y salió por la puerta corredera.

El corazón se le subió a la garganta, dificultándole la respiración, mientras corría tan silenciosamente como podía alrededor de la casa y colina arriba.

¿Cuánto tiempo tenía? ¿Segundos? Si salían de la casa antes de que ella se hubiese subido al helicóptero, la verían. ¿Peter estaría ya vestido? Lali no se acordaba.
Jadeando, llegó a la cima de la colina y se precipitó hacia el helicóptero. Tiró de la puerta. Antes se había abierto con facilidad, pero ahora se negaba a ceder, y Lali forcejeó con ella durante angustiosos segundos hasta que por fin se abrió. Se introdujo como pudo en el helicóptero y cerró la puerta, lanzando una apresurada mirada hacia la casa para ver si habían salido ya. No había nadie a la vista, y se derrumbó en el asiento delantero, aliviada. No había imaginado que la huida le destrozaría los nervios hasta ese extremo, se dijo cansadamente. Le dolía todo el cuerpo a causa del desacostumbrado esfuerzo, y empezaba a sentir palpitaciones en la cabeza.

Con movimientos más lentos, avanzó a gatas hasta la parte trasera del helicóptero y echó el asiento hacia delante para poder esconderse. A continuación, desplegó la manta en el suelo y se acurrucó en el exiguo espacio, con la cabeza recostada en un brazo. Estaba tan cansada que, pese a lo incómodo de la postura, se quedó adormilada; se despertó con un sobresalto cuando Nicolás y Andros subieron al helicóptero. No habían notado nada raro, al parecer, pero Lali contuvo la respiración.

Cruzaron unas palabras en griego y ella se mordió los labios de frustración por no poder entenderlos. La señora Lanzani y Petra le habían enseñado unas cuantas
palabras, pero no había progresado mucho en el aprendizaje del idioma.

Entonces oyó el chirrido de la hélice conforme empezaba a girar y supo que su plan había funcionado.

La vibración del metal hizo que se le erizase la piel, y ya se le había acalambrado la pantorrilla izquierda. Adelantó el brazo con cautela para frotarse el doloroso calambre, agradeciendo que el fuerte rugido de las hélices ahogase todos los sonidos. El ruido se convirtió en el característico silbido agudo y al fin despegaron. El helicóptero se inclinó ligeramente hacia delante mientras Peter se alejaba de la casa y se dirigía hacia el mar que mediaba entre Atenas y la isla.

Lali no supo cuánto duró el viaje, pues la cabeza le dolía tanto que cerró los
ojos e intentó obligarse a dormir. No lo consiguió del todo, aunque debió de
adormilarse, porque fue la disminución del ruido de la hélice lo que la alertó de que habían tomado tierra. Peter y Andros hablaron un momento y después se apearon del aparato. Ella permaneció quieta, escuchando el moribundo chirrido de la hélice. Temía salir enseguida por si ellos seguían en la zona, de modo que contó lentamente hasta mil antes de abandonar su escondite.

Estaba tan agarrotada que tuvo que sentarse y darse un masaje en las piernas para que estas le respondieran; sentía en los pies el hormigueo de la sangre que comenzaba a circular de nuevo. Después de sacar la maleta de detrás del asiento, se asomó al exterior y no vio a nadie que se pareciera a su marido, de modo que respiró hondo, abrió la puerta y se bajó del helicóptero.

Le extrañó que nadie le prestase atención mientras recorría con aire despreocupado la pista y se dirigía a la terminal del aeropuerto. Sabía, por propia experiencia, que en las terminales aéreas se controlaban cuidadosamente las idas y venidas, y el mero hecho de que nadie la parase para preguntarle qué hacía allí la inquietó.

Aún era temprano y, aunque ya había gente en el edificio, Lali no encontró la
aglomeración habitual en horas más tardías; el lavabo de señoras estaba casi vacío y ninguna de las mujeres presentes reparó en ella mientras entraba en uno de los aseos y cerraba la puerta. Una vez allí, abrió la maleta para sacar el bolso y el vestido que iba a ponerse. Admirada de lo poco que se arrugaban los tejidos modernos, se quitó el pantalón y la camisa y los colocó doblados en la maleta; después se puso unas medias y se metió el vestido por la cabeza. El contacto de la suave y sedosa tela resultaba agradable; Lali se ajustó la prenda de color azul y después se llevó las manos a la espalda para subir la cremallera. Unos cómodos y clásicos zapatos de salón completaban el atuendo.

Metió dentro los otros zapatos, cerró la maleta y la levantó con la misma mano con la que agarraba el bolso.

Tras salir del aseo, se arregló rápidamente el cabello y se lo recogió con unas
cuantas horquillas. Se dio un poco de carmín brillante en los labios. Sus ojos la miraron desde el espejo, abiertos de par en par y llenos de alarma, y deseó llevar unas gafas de sol para poder ocultarlos.

Abandonando la seguridad del lavabo, se dirigió al mostrador para preguntar
cuánto costaba un billete de avión en clase turista para Londres. Por suerte, tenía dinero suficiente para pagar la tarifa y compró un billete para el siguiente vuelo disponible, aunque tendría que esperar. El vuelo no salía hasta después de la hora del almuerzo, y a Lali le daba pavor esperar tanto tiempo. En la isla la echarían en falta mucho antes; probablemente, ya habían reparado en su ausencia. ¿Registrarían la isla antes o comunicarían a Peter que su esposa había desaparecido? ¡Ojalá se le hubiera ocurrido dejarles una nota diciéndoles que se marchaba con Peter! De ese modo, nadie habría sabido que se había escapado hasta que Peter hubiese regresado sin ella.

Su estómago vacío empezó a protestar, así que se dirigió a la cafetería y pidió un desayuno ligero; instalada en una de las mesas, se obligó a comer pese al nudo que tenía en la garganta. La idea de que algo fallase a esas alturas resultaba aterradora.

Dejó gran parte de la comida en el plato y compró una revista de modas para
tratar de sofocar su inquietud mientras pasaba las páginas, fijándose en los nuevos estilos que se llevaban. Un vistazo al reloj no hizo sino aumentar su ansiedad; seguro que ya le habían dado a Peter la noticia. ¿Qué haría? Poseía infinitos recursos; podía hacer que se extrema sen las medidas de seguridad para impedir que saliera del país.
Debía subir a ese avión antes de que él descubriera que se había marchado de la isla.

El tiempo fue pasando con una lentitud desesperante. Lali se obligó a
permanecer tranquilamente sentada, pues no deseaba llamar la atención paseándose
de un lado para otro o haciendo algo que delatara su nerviosismo. La terminal estaba abarrotada de turistas que llegaban a Atenas, y ella intentó concentrarse en el gentío. ¿Cuánto faltaba? Ya era mediodía. Una hora y media más y estaría en camino, suponiendo que el vuelo no sufriera ningún retraso.

Cuando notó que alguien le rozaba el codo, no prestó atención inmediatamente,
esperando que fuese algún desconocido, pero el profundo silencio le dijo que sus
esperanzas eran vanas. Con resignación, giró la cabeza y miró con calma los duros ojos verdes de su marido.

Aunque su semblante carecía de expresión, Lali pudo sentir la fuerza de ira y
comprendió que estaba furioso. Nunca lo había visto tan enojado, y necesitó un valor que jamás había creído poseer para levantarse y sostener su mirada; no obstante, lo hizo, irguiendo el mentón en gesto de desafío. Un brillo feroz iluminó los ojos de Peter durante un breve segundo; luego se contuvo y se inclinó para recoger la maleta de Lali.

-Ven conmigo -dijo apretando los dientes, y cerró sus fuertes dedos sobre el
brazo de Lali para asegurarse de que obedecía su orden.


Hola!!! primer capitulo de este nuevo año...
Que tal lo pasanron el ultimo dia del año pasado??? bien espero!!
Como siempre GRACIAS por los comentarios y espero que os guste.
Mucho besos. Ione
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mariacheta
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MensajeTema: Re: Poder de seducción   Lun Ene 02, 2012 3:41 pm

año nuevo la pase bien en familia Smile feliz año!!!


no puedo creer estubo cerca encima la encontro peter ay ay ay se va armar una re catombe jajaja

subi mas xfas no q si???
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Vero_me
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MensajeTema: Re: Poder de seducción   Lun Ene 02, 2012 6:06 pm

Intento fallido, una pena jaja

No estoy muy bien pero quería dejarte algo, ya tu sabes... jaja

preparada para el próximo

te quiero un beso amiga!
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Ione_nav
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MensajeTema: Re: Poder de seducción   Lun Ene 02, 2012 6:21 pm

Doce



Peter la llevó hasta los aparcamientos, donde aguardaba una limusina de color
oscuro; para sonrojo de Lali, Andros estaba sentado en el asiento trasero. El
secretario se deslizó hasta el extremo del asiento; Peter ayudó a Lali a subirse
y después se instaló a su lado. Dijo algo en tono brusco al chofer y el vehículo se puso en marcha.

El silencio reinó durante todo el trayecto. Peter permanecía muy serio y callado, y Lali no tenía ninguna intención de provocar su ira si podía evitarlo. En cierto modo, agradecía la presencia de Andros, pues gracias a este su marido se veía obligado a contenerse. Lali prefería no pensar en lo que pasaría cuando estuvieran los dos solos.

La limusina se detuvo ante la entrada principal de un hotel tan moderno que
parecía más propio de Los Ángeles que de una ciudad con miles de años de antigüedad. Arrastrada como si fuera una niña, se vio forzada a seguir las zancadas de Peter mientras entraban en el hotel y tomaban el ascensor para subir al ático. Probablemente el hotel era de su propiedad, pensó Lali con ironía.

Estaba preparada para lo peor y casi sufrió una decepción cuando Peter abrió la
puerta y la condujo al interior del lujoso apartamento. Luego le dijo lacónicamente a Andros:

-No la pierdas de vista -y se fue sin siquiera mirarla.

Cuando la puerta se hubo cerrado, Andros emitió un silbidito bajo entre dientes y miró a Lali con tristeza.

-Jamás lo había visto tan furioso -dijo.

-Lo sé -respondió ella, dejando escapar un profundo suspiro-. Lamento que te
hayas visto envuelto en esto.

Él se encogió de hombros.

-No se enfadará conmigo a menos que te deje escapar, y no tengo ninguna
intención de hacerlo. Le tengo demasiado cariño a mi pescuezo. ¿Cómo escapaste de la isla?

-Me escondí en el helicóptero -explicó Lali, tomando asiento en uno de los
confortables sillones y pasando los dedos por la regia tapicería azul-. Lo tenía todo planeado, y habría funcionado a las mil maravillas... si el avión hubiese salido antes.

Andros meneó la cabeza.

-No habría importado. ¿No sabes que Peter habría dado contigo antes de que el
avión aterrizase y que te habrían abordado y detenido nada más bajarte del vuelo?

Lali no había pensado en eso y suspiró. ¡Si hubiese dejado una nota! -No
pensaba dejarlo para siempre -explicó con voz angustiada-. Pero necesito estar sola un tiempo para pensar... -se interrumpió, poco dispuesta a hablar de su matrimonio con Andros. El secretario se mostraba mucho más amistoso que antes de descubrir que amaba a Peter, pero cierto recelo natural impedía a Lali abrirse a él por completo.

Andros se sentó frente a ella, con una expresión preocupada en su semblante
moreno.

-Lali, por favor, recuerda que Pitt no es hombre de compromisos. Pero ha
comprometido sus propias normas desde que te conoció. No sé qué es lo que ha ido mal entre vosotros. Pensé que, después de la boda, las cosas mejorarían. ¿Te sentirías más segura sabiendo que Peter debe de quererte mucho o no se comportaría como se comporta?

No, eso no la ayudaba. A veces, Lali pensaba que Peter era incapaz de sentir
nada por ella salvo lujuria, y culpabilidad por el fiasco que había sido la noche de bodas. Su relación se había complicado tanto que Lali se preguntó si sería posible salvarla a esas alturas.

-¿Adónde ha ido? -inquirió, notando que el ánimo la abandonaba al recordar cómo
Peter se había negado a mirarla. Lo había insultado, lo había engañado, y él no se lo perdonaría fácilmente.

-Ha vuelto a la reunión -respondió Andros-. Se trataba de algo urgente, o no
habría regresado a ella.

Otro punto en contra de Lali. Peter se había ausentado de una reunión
importante para ir en su busca, y lo habría enfurecido que otros supieran que su
esposa había intentado abandonarlo.

-Nadie más se enteró -explicó Andros, adivinando sus pensamientos-. A mí me lo
dijo cuando íbamos de camino al aeropuerto.

Gracias al cielo, se dijo Lali, aunque dudaba que el enfado de Peter fuera
menos por eso. No podía hacer nada salvo esperar su regreso; aunque en la habitación había muchos libros, no conseguía tranquilizarse lo suficiente como para leer. Andros pidió el almuerzo para ambos y de nuevo ella tuvo que obligarse a comer. Después, el tiempo pasó con desesperante lentitud. Lali puso algunos discos en el estéreo e intentó relajarse, aunque fue en vano; se paseaba impaciente por la habitación, frotándose los brazos como si tuviera frío.

El magnífico sol se estaba poniendo cuando, finalmente, se abrió la puerta y
Peter entró en el apartamento. Su rostro moreno seguía siendo una inexpresiva
máscara que no dejaba traslucir sentimiento alguno. No le dijo nada a Lali, sino
que se puso a hablar con Andros en un rápido griego. Al cabo, Andros asintió y salió del apartamento, y Lali se quedó sola con Peter.

Notó un nudo de anticipación en el estómago, pero él no la miró. Mientras se
quitaba la corbata, musitó:

-Pide la cena mientras yo me ducho. Y no intentes irte; el personal del hotel te
detendrá antes de que llegues a la calle.

Lali lo creyó y se mordió el labio con consternación mientras él se retiraba a
una de las habitaciones que se comunicaban con la sala de estar. Lali no había
inspeccionado el apartamento, pues había estado demasiado nerviosa como para
interesarse por lo que la rodeaba, así que no sabía dónde estaban las distintas
habitaciones. Obedientemente, descolgó el teléfono y pidió la cena a un empleado que hablaba un perfecto inglés, eligiendo inconscientemente los platos que sabía que más le gustaban a Peter. ¿Acaso era un instinto femenino tratar de aplacar la ira de un hombre ofreciéndole comida?, se preguntó. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, sonrió irónicamente para sí y sintió una extraña afinidad con las trogloditas de la Prehistoria.

Les subieron la cena justo cuando Peter regresaba a la sala de estar, con el
cabello todavía mojado de la ducha. Se había puesto un pantalón negro y una camisa blanca de seda que se pegaba a su cuerpo en las zonas aún húmedas, haciendo que su piel morena resultara visible debajo del fino tejido. Lali observó su semblante, tratando de calibrar la magnitud de su enojo, pero era como tratar de leer una pizarra en blanco.

-Siéntate -dijo él en tono ausente-. Ha sido un día muy ajetreado para ti.
Necesitas reponer fuerzas. Las chuletas de cordero y los corazones de alcachofa eran los mejores que Lali había probado nunca; fue capaz de comer con más apetito pese a la hostil presencia de Peter al otro lado de la mesa.

Casi había terminado cuando él volvió a hablar, y ella comprendió que había
esperado hasta entonces para no disgustarla ni estropear su apetito.

-He llamado a maman -dijo Peter-y le he dicho que estás conmigo. Estaba
desesperada, por supuesto; como todos. Cuando vuelvas a la isla pedirás disculpas por tu falta de consideración, aunque pude suavizarlo diciéndole a maman que te colaste a escondidas en el helicóptero para estar conmigo en Atenas. Se alegró de que estuvieras lo bastante recuperada como para perseguirme de una forma tan romántica -concluyó con sarcasmo, y Lali se ruborizó.

-No se me ocurrió dejar una nota hasta que ya era demasiado tarde -confesó.

Él se encogió de hombros. -No importa. Te perdonarán.

Ella soltó con cuidado el tenedor al lado del plato e hizo acopio de valor.

-No quería dejarte -dijo a modo de explicación-. Al menos...

-¡Pues tenías toda la pinta de querer hacerlo!

-No para siempre -insistió Lali.

-En eso tienes razón. Habría conseguido traerte de vuelta en dos días, como mucho -Peter pareció a punto de decir algo más, pero reprimió las palabras y, en su lugar, añadió-: Si has terminado, será mejor que vayas ya bañarte. ¡Ahora mismo estoy tan furioso que acabaré rompiéndote el cuello si sigo escuchando tus excusas!

Lali siguió sentada un momento con gesto desafiante; después apretó los labios
y obedeció. Peter no estaba de humor para razonar, y ella misma acabaría perdiendo los estribos si seguía soportando sus sarcasmos, cosa que no deseaba. Sus discusiones se volvían violentas muy rápidamente y acababan siempre de la misma manera, con él besándola y acariciándola.

Se encerró en el gigantesco cuarto de baño y se duchó, pues no estaba de humor
para darse un largo y relajante baño en la bañera. Mientras se secaba con la toalla, vio una bata de color azul marino colgada en una percha de la puerta; como no llevaba consigo ningún camisón, tomó prestada la bata y se la ciñó con el cinturón. Era enorme, y Lali hubo de enrollar las mangas hasta que asomaron sus manos. El dobladillo de la bata arrastraba por el suelo, de modo que tuvo que recogérsela para caminar hasta
la sala de estar.

-Muy atractiva -dijo Peter arrastrando la voz, reclinado en la cama.

Lali de detuvo en seco y lo fulminó con la mirada. Había apagado todas las luces
menos la de la lamparita de noche y había retirado la colcha. También se había
desvestido.

Ella no fingió malinterpretar sus intenciones. Nerviosamente, se retiro el cabello de la cara. -No quiero dormir contigo.

-Me alegro, porque no tengo intención de dormir.

La furia estalló en el semblante de Lali.

-¡No me vengas con juegos de palabras! Sabes perfectamente lo que quiero decir.

Peter entornó sus ojos negros y la contempló desde los pies descalzos hasta el
despeinado cabello.

-Sí, sé perfectamente que tienes aversión a compartir la cama conmigo, pero soy
tu marido y estoy cansado de acostarme solo. Es obvio que, si tuviste fuerzas para viajar a escondidas hasta Atenas, también las tendrás para cumplir con tus deberes de esposa.

-Eres muy fuerte y me es imposible luchar contra ti -dijo ella con ferocidad-. Pero sabes que no estoy dispuesta. ¿Por qué no me escuchas? ¿Por qué te niegas a dejar que decida por mí misma lo que siento?

Él se limitó a menear la cabeza.

-No intentes escudarte con palabras; no te dará resultado. Quítate la bata y ven
aquí.

Ella cruzó los brazos. desafiante, y lo miró con rabia.

-¡No pensaba dejarte! -insistió-. Necesitaba pasar algún tiempo sola... para pensar y recuperar un mínimo de estabilidad emocional. Sabía que tú nunca me dejarías ir si te lo pedía.

-Lamento que te sientas así respecto a nuestro matrimonio -repuso él con voz
suave y expresión peligrosa-. Lali. cariño, ¿vas a venir aquí o tendré que obligarte?

-Tendrás que obligarme -afirmó ella, sin ceder un ápice. Se tensó al pensar que
pudiera repetirse su anterior experiencia sexual, y debió de traslucirse en su rostro el miedo que sentía, porque el semblante de Peter perdió parte de su severidad.

-No debes tener ningún miedo -dijo él levantándose de la cama con una gracilidad
salvaje. Ella se quedó sin respiración al ver la indómita belleza de su cuerpo masculino desnudo, pero, al mismo tiempo, retrocedió alarmada.

-No. No quiero -dijo como una niña, alzando una mano para detenerlo. Él
simplemente la agarró y la atrajo hacia sí, envolviéndola con su aroma masculino, haciendo que se sintiera rodeada por su presencia.

-No te resistas -murmuró Peter mientras le abría la bata con la mano libre y se
la retiraba de los hombros hasta que la prenda cayó al suelo-. Te prometo que no te haré daño, cariño. Es hora de que aprendas lo que significa ser mi esposa. Y vas a disfrutar con la lección.

Lali se estremeció, paralizada de inquietud, y notó que se le ponía la carne de
gallina cuando él se inclinó para apretar la cálida boca contra la tierna piel de su hombro. Se acordó de la noche anterior, cuando Peter la había excitado
delicadamente hasta estimular su deseo y luego se había marchado dejándola
insatisfecha, una maniobra calculada que hizo que se sintiera tanto insultada como frustrada. El deseo físico de Peter era ardoroso y exigente, pero su mente siempre permanecía en calma y alerta, sin que la afectaran las salvajes emociones que, en cambio, tanto trastornaban a Lali. ¿Era aquello otro intento deliberado de quebrantar su espíritu, de domarla para obligarla a aceptar su autoridad?

Lali se retorció para zafarse de él y meneó la cabeza en un gesto de negativa.


-No -volvió a decir, aunque no esperaba que él aceptase su rechazo.

Peter se movió rápidamente, tomándola en brazos y llevándola hasta la cama. La
dejó sobre la fría sábana y se echó sobre ella, sirviéndose de brazos y piernas para inmovilizarla.

-Relájate -dijo con voz dulce, depositándole suaves besos en el hombro y en el
cuello para ascender luego hasta sus labios-. Te trataré bien. cariño. Esta vez no tienes nada que temer.

Lali retiró la cabeza violentamente y él apretó sus labios contra la línea de la
mandíbula y la sensible oreja. Ella emitió un jadeo sofocado de protesta, y Peter le susurró para tranquilizarla mientras continuaba dándole suaves besos y deslizaba los dedos por su cuerpo, descubriendo las suaves prominencias y curvas, asegurándole que esa vez no sería impaciente con ella.

Lali intentó resistirse a la seducción de aquellas ligeras y escurridizas caricias sobre su piel, pero no era una mujer de naturaleza fría y, finalmente, su mente comenzó a nublarse y a tornarse difusa. Imperceptiblemente. empezó a relajarse entre los brazos de Peter y notó que la piel le ardía, adquiriendo el ruborizado brillo propio de una mujer que estaba despertando al deseo. Peter siguió encima de ella, tocándola y acariciándola casi como si fuera una gatita; al fin, Lali exhaló un tembloroso suspiro y giró la cabeza para buscar sus labios.

El beso fue lento y profundo, apasionado sin llegar a ser exigente, y Peter
continuó besándola hasta que Lali perdió el último vestigio de control y se movió ansiosamente contra él. La excitación hacía que le hirvieran la piel y las venas, y sólo el contacto de las manos y el cuerpo de Peter le procuraban algún alivio.

Finalmente, no pudo soportarlo más y se aferró a él con manos desesperadas;
Peter se movió sobre ella y la poseyó con su acostumbrada y apremiante
masculinidad. Lali contuvo la respiración con un sollozo y se arqueó contra su
cuerpo, deleitándose con la sensación de completa unión con Peter, concentrada
únicamente en la creciente y palpitante necesidad que embargaba su cuerpo y que él satisfizo con delicadeza.

Peter, sin embargo, no se satisfizo con tanta facilidad. Lali había herido su
arrogante orgullo griego al tratar de abandonarlo; por ello, pasó toda la noche
obligándola a admitir una y otra vez que él era su dueño físico. No fue vehemente ni perdió el control en ningún momento; la excitaba con sus caricias insistentes y prolongadas, obligándola a suplicar que la aliviara. Lali se hallaba tan inmersa en la sensualidad que nada le importaba salvo estar entre sus brazos y aceptar sus atenciones sexuales. Sólo cuando se despertó al día siguiente y miró a su esposo dormido, sintió un escalofrío y se preguntó cuáles habrían sido las motivaciones de Peter.

¿Acaso aquella noche había sido únicamente una demostración del dominio que
ejercía sobre ella? Ni una sola vez, ni siquiera en los momentos en que su propia pasión había sido más profunda, había hablado de amor. Lali empezó a sentir que aquella sesión de amor había sido otra maniobra calculada, concebida solamente para obligarla a aceptar su dominio; recordó también sus intenciones de dejarla embarazada.

Giró nerviosamente la cabeza sobre la almohada, consciente del nudo de gélida
tristeza que le atenazaba el estómago. No quería creer nada de aquello; quería que Peter la amase igual que ella lo amaba a él; pero ¿qué otra cosa podía pensar? Clavó los ojos en el techo mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Nicolas le había advertido desde el principio que no desafiara a Peter Lanzani. Su instinto lo impulsaba a imponerse, a vencer; formaba parte de su naturaleza, y ella se había opuesto a su voluntad una y otra vez. ¿Era de extrañar, pues, que estuviera tan resuelto a sojuzgarla?

Lali había estado sometida a un continuo vaivén emocional desde que había
conocido a Peter y, de repente la incesante tensión se había vuelto excesiva. Se
echó a llorar en silencio, incapaz de parar. Debajo de su cabeza la almohada se
humedeció con la lenta riada de sus lágrimas.

-¿Lali? -oyó que decía Peter somnoliento, incorporándose sobre un codo. Ella
se volvió para mirarlo, con los labios temblorosos y los ojos desolados. Un frunce de preocupación arrugó la frente de él mientras acercaba los dedos a su húmeda mejilla-. ¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que va mal?

Ella no pudo responder; no sabía qué era lo que iba mal. Lo único que sabía era que se sentía tan desgraciada que deseaba morir, y siguió llorando quedamente.

Poco después, un serio doctor Theotokas le puso una inyección y le dio una
palmadita en el brazo.

-Es un sedante suave; ni siquiera se dormirá -le aseguró-. Aunque opino que lo único que necesita para recobrarse es tiempo y reposo. Uno no se recupera de una
conmoción grave en cuestión de días. Se ha forzado demasiado, tanto física como
emocionalmente, y ahora está padeciendo las consecuencias.

-Lo sé -logró decir Lali, dirigiéndole una suave sonrisa. Había dejado de llorar
y el sedante ya empezaba a hacerle efecto, relajándola poco a poco. ¿Era su llanto una forma de histeria? Probablemente sí, y el doctor no era ningún estúpido. Lali estaba desnuda en la cama de su marido; Theotokas tendría que haber estado ciego para no comprender cómo habían pasado la noche, de ahí la discreta advertencia de que no se forzara demasiado.

Peter estaba hablando con el doctor en griego, con voz dura y áspera, y el
médico se mostraba muy seguro en sus respuestas. Finalmente, Theotokas se marchó
y Peter se sentó en la cama junto a ella. Colocó un brazo al otro lado de Lali y se apoyó en él.

-¿La, te sientes mejor? -le preguntó suavemente, sus ojos verdes examinándola con atención.

-Sí, lo siento -Lali suspiró.

-Chist -murmuró él-. Soy yo quien debe disculparse. Alexander acaba de reprenderme por haber sido tan rematadamente estúpido y no haberte cuidado mejor. No repetiré lo que me dijo, pero Alexander sabe expresarse con claridad -concluyó irónicamente.

-Y ahora... ¿qué? -inquirió Lali.

-Ahora volveremos a la isla donde no haras nada más agotador que tumbarte a
tomar el sol en la terraza -Peter la miró directamente-. Me han prohibido que
comparta la cama contigo hasta que te recobres por completo pero ambos sabemos
que la conmoción no es el único problema. Tú ganas, Lali. No volveré a molestarte hasta que tú quieras. Tienes mi palabra.

Varias semanas después, Lali se hallaba de pie en la terraza, contemplando
distraídamente el reluciente yate blanco anclado en la bahía. De forma inconsciente, se llevó la mano al vientre y pasó los dedos por la lisa superficie. Peter había cumplido escrupulosamente su promesa, aunque ya era demasiado tarde. El estado de Lali aún tardaría un poco en notarse, pero ella ya se había percatado de las sonrisitas que intercambiaban Petra y Sophia cuando veían que era incapaz de tomar el desayuno y que más tarde asaltaba la cocina presa de un voraz apetito. Se había delatado a sí misma de mil maneras: su somnolencia cada vez mayor, el modo en que había aprendido a ralentizar sus movimientos para prevenir el mareo que la asaltaba si se ponía en pie bruscamente...


¡Un hijo! Lali se debatía entre la radiante felicidad de estar embarazada de
Peter y el profundo abatimiento que le causaba el hecho de que su relación no
hubiese mejorado en absoluto desde el regreso a la isla. Él seguía mostrándose
reservado, frío. Lali sabía que eso disgustaba a la señora Lanzani, pero era
incapaz de acercarse a Peter, y él tampoco había hecho ningún intento de
aproximarse a ella. Peter había dejado claro que era Lali quien debía dar el
siguiente paso, y ella se había echado atrás. Estaba, si acaso, aún más confusa que antes; saber que estaba embarazada había afectado sus emociones de forma que se sentía desconcertada, incapaz de decidir qué hacer.

En esos momentos, sin embargo, estaba recuperándose de un acceso de náuseas y
detestando la facilidad con que Peter la había dejado embarazada. Miró el yate con rabia.

Andros había llegado con el yate el día anterior. Peter había trabajado a destajo durante las anteriores semanas, tanto para ponerse al día como para distraerse, y había decidido que un crucero constituiría un agradable cambio, de modo que envió a Andros a recoger el yate del puerto deportivo donde estaba atracado para llevarlo a la isla.

Peter tenía planeado zarpar dos días después, con Lali y con su madre, y
Lali sospechaba que, una vez que estuvieran a bordo, intentaría resolver las cosas entre ambos, quisiera ella o no. Había dado su palabra de que no la molestaría, pero probablemente había sabido desde el principio que tal situación no duraría mucho.

Lali se giró resentida, dejando atrás la vista del elegante yate, y se encontró
con los risueños ojos negros de Sophia, que le tendió un vaso de zumo de frutas recién exprimido. Lali tomó el vaso sin protestar, preguntándose cómo era posible que Sophia supiera siempre cuándo tenía el estómago trastornado. Cada mañana le servían una bandeja con una tostada sin mantequilla y un té suave, y sabía que los mimos aumentarían conforme avanzase su embarazo. Las mujeres aún no habían dicho nada, sabedoras de que Lali todavía no había informado a Peter de su inminente paternidad, aunque tendría que decírselo pronto.

-Voy a dar un paseo -le dijo a Sophia al tiempo que le devolvía el vaso vacío; la comunicación entre ambas había mejorado hasta tal punto que Sophia la entendió a la primera y le sonrió.

Lali echó a andar por el empinado sendero que llevaba a la playa, caminando con
cuidado y evitando exponerse al sol en la medida de lo posible. Samantha se unió a ella enseguida, entre saltos y brincos. Peter había hecho las gestiones necesarias para que la llevaran a la isla, y la perra lo estaba pasando de maravilla, correteando con absoluta libertad. Los niños del pueblo la mimaban muchísimo. Samantha le había tomado un especial cariño a Peter y Lali la miró con cara larga.

-¡Traidora! -le dijo a la perra, pero la perra ladró con tanta felicidad que ella no pudo sino sonreír.

Encontró una ramita y se distrajo lanzándola para que Samantha fuera a recogerla; no obstante, puso fin al juego en cuanto la perra empezó a manifestar signos de cansancio. Sospechó que Samantha se las había arreglado para encargar más cachorros; Peter había explicado, riéndose, que la había visto en actitud muy cariñosa con un perro nativo.

Lali se sentó en la arena y acarició la sedosa cabeza de la perra.

-Las dos estamos igual, chica -dijo tristemente, y Samantha gimió complacida.

Finalmente, volvió sobre sus pasos por el sendero, concentrándose en cada pisada
para no caerse. Estaba totalmente desprevenida cuando una voz ronca dijo a su
espalda en tono bromista:

-¿Qué estás haciendo?

Lali chilló sobresaltada y se dio velozmente la vuelta; el rápido movimiento fue
excesivo. Apenas captó un atisbo del rostro moreno y risueño de Peter antes de que una oleada de náuseas lo borrara de su vista; agitó ambas manos en un intento de sostenerse mientras caía hacia delante. No llegó a saber si alcanzó el suelo o no.

Cuando se despertó, estaba en su dormitorio, tumbada en la cama. Peter se
hallaba sentado en el borde del colchón, enjugándole el rostro con un paño húmedo; su semblante aparecía surcado de severas líneas.

-Lo... lo siento -se disculpó Lali débilmente-. No sé por qué me desmayé.

Él le digirió una inquietante mirada.

-¿No? -preguntó-. Maman está bastante segura del motivo, igual que Petra y
Sophia. ¿Por qué no me lo dijiste? Todos los demás lo saben.

-¿Decirte qué? -Lali disimuló haciendo un mohín, decidida a demorar el
momento en que tendría que decírselo.

La mandíbula de Peter se tensó.

-No juegues conmigo -dijo con dureza al tiempo que se inclinaba sobre ella con
determinación-. ¿Vas a tener un hijo mío?

A pesar de todo, Lali experimentó un sentimiento de dulzura. Estaban los dos
solos en la habitación y aquel momento jamás se repetiría. Una sonrisa lenta, de
misteriosa satisfacción, curvó sus labios mientras alargaba la mano para tomar la de él. Con un gesto tan antiguo como el hombre, extendió la palma de Peter sobre su vientre aún liso, como si él pudiera sentir la diminuta criatura que crecía en su interior.

-Sí -reconoció con absoluta serenidad, alzando los brillantes ojos hacia Peter-.
Vamos a tener un hijo, Peter.

Él se estremeció de pies a cabeza y sus ojos verdes adquirieron una expresión de
increíble suavidad; se tumbó en la cama al lado de Lali y la tomó entre sus brazos. Le acarició la melena rojiza con dedos temblorosos.

-Un hijo -murmuró-. Eres una mujer imposible, ¿por qué no me lo dijiste antes?
¿No sabías lo feliz que me harías? ¿Por qué, Lali?

La embriagadora sensación provocada por el contacto del cálido cuerpo de Peter
nublaba la mente de Lali hasta tal punto que era incapaz de pensar en nada. Tuvo
que poner en orden sus pensamientos antes de poder responder.

-Pensé que te jactarías de tu triunfo -dijo con voz ronca, pasándose la punta de la lengua por los labios resecos-. Sabía que jamás me dejarías marchar si sabías lo del niño...

La mirada de él bajó hasta sus labios, como atraída por un imán.

-¿Aún quieres marcharte? -musitó-. Sabes que no puedes; tienes razón al pensar
que jamás te dejaré marchar. Nunca -su voz se espesó cuando dijo-: Dame un beso,
cariño. Hace mucho tiempo, y necesito sentirte.

Sí, hacía mucho tiempo. Peter había sido muy estricto en su determinación de no
tocar a Lali, dudando tal vez de su propio autocontrol si la besaba o la acariciaba.
Una vez que se hubo recuperado de la conmoción, Lali también había empezado a
echar de menos su contacto y sus ávidos besos. Temblando levemente, se volvió hacia él y elevó la cabeza.

Los labios de Peter rozaron los suyos ligera, dulcemente; aquel beso no era como
los que había recibido de él anteriormente. Lali se derritió bajo la caricia, suave como el pétalo de una flor, y se acurrucó más contra él al tiempo que alzaba la mano hasta su cuello.

Automáticamente, entreabrió los labios y adelantó la lengua para acariciar los
labios de él, penetrando en su boca para buscar su lengua. Peter jadeó en voz alta y, de repente, la naturaleza del beso cambió. La boca de él se tornó voraz a medida que la presión aumentaba. Lali notó un instantáneo calor en el bajo vientre, el mismo deseo irracional que Peter había despertado en ella antes de que el orgullo y la ira los hubieran obligado a separarse.

Lali se moría por él; sentía que le faltaría la vida sin su contacto. Su cuerpo se arqueó contra Peter, buscando el alivio que solo él podía darle.

Con un profundo jadeo, Peter perdió el control. Cada músculo de su poderoso
cuerpo temblaba mientras le desabrochaba a Lali el vestido y se lo quitaba. Ella
comprendió, al ver el salvaje centelleo de sus ojos que podía hacerle daño si se
resistía, y por un terrible momento se acordó de la noche de bodas; pero la espantosa visión se desvaneció, y Lali se arqueó contra él. Con dedos trémulos empezó a desabrocharle los botones de la camisa, bajando con los labios por su velludo pecho, dejándolo sin respiración. Cuando llegó al cinturón, la mano de él ya estaba allí para ayudarla. Con impaciencia, Peter se quitó el pantalón y se colocó encima de Lali.

Su boca era agua para una mujer que se moría de sed; sus manos provocaban el
éxtasis allí donde la tocaban. Lali se entregó a él dulcemente, sometiéndose a su capricho, y Peter la recompensó con generosidad y exquisito cuidado, gozando
ávidamente con su cuerpo.

Lali lo amaba, lo amaba con todo su corazón, y, de repente, eso era lo único que
importaba.

Cuando regresó a la realidad, se hallaba entre sus brazos, con la cabeza recostada en su hombro, mientras él acariciaba su cuerpo perezosamente, como se acariciaría a un gato.

Sonriendo, Lali alzó la cabeza para descubrir que él también tenía una sonrisa
en el semblante, una sonrisa de triunfo y de satisfacción. Sus ojos verdes aparecían somnolientos y satisfechos mientras la miraban.

-No sabía que las mujeres embarazadas fueran tan eróticas -dijo arrastrando la
voz, y el rostro de ella se llenó de rubor.

-¡No te atrevas a burlarte de mí! -protestó; no deseaba que nada estropeara aquel resplandor dorado que aún la envolvía.

-No me burlo. Ya eras deseable antes, bien lo sabe Dios, pero ahora que sé que
llevas en tus entrañas un hijo mío, no quiero dejarte libre ni un solo momento -la voz de Peter se tomó aún más profunda, casi espesa-. No creo que pueda alejarme ni un instante de ti, La.

En silencio, ella jugueteó con el vello rizado de su pecho. Esa tarde, todo había cambiado, incluida la actitud de Lali hacia Peter. Lo amaba, y no podía
remediarlo. Tendría que dejar a un lado su resentimiento y concentrarse en ese amor, o no viviría feliz, pues estaba atada en cuerpo y alma a aquel hombre. Le daría su amor, lo envolvería fuertemente con los tiernos lazos de su corazón hasta que, algún día, él también llegara a amarla. Una angustiosa preocupación había desaparecido, asimismo, de su mente. Desde su regreso a la isla, la había aterrorizado la idea de que Peter le hiciera el amor, pues aún la atormentaban los contradictorios y amargos recuerdos de la noche de bodas y de la otra noche que había pasado con él. Esa tarde, a la dorada luz del sol, Peter le había demostrado que el sexo también podía ser dulce, y la había satisfecho con toda
la destreza de un amante experimentado. Lali sabía ahora que esos recuerdos
amargos acabarían desapareciendo, borrados por los recuerdos de otras noches entre sus brazos.

-Se acabaron las noches solitarias -gruñó él, reflejando los propios pensamientos de Lali. Se inclinó sobre ella con una dura expresión de renovado deseo en su rostro moreno; por desgracia, ella aún estaba pensando en la noche de bodas, y jadeó alarmada al ver que su semblante tenía la misma expresión que había tenido aquella noche. Sin poder evitarlo, lo empujó para apartarlo de sí y gritó:

-¡No me toques!

Él se retiró de golpe, como si acabara de recibir una bofetada, y palideció.

-No te preocupes -dijo con voz tensa mientras se levantaba de la cama y recogía el pantalón-. He hecho todo lo posible por ganarme tu favor, y tú me has arrojado todos mis intentos a la cara. No habrá más discusiones, Lali, ni más intentos de persuasión. Estoy cansado, maldita sea, cansado de... -se interrumpió mientras se ponía con ademanes bruscos el pantalón, y Lali salió del horrorizado trance provocado por lo que acababa de hacer.

-Peter, espera... No es lo que tú...

-¡Me importa un bledo! -repuso él ferozmente, su mandíbula rígida como el
granito-. No volveré a molestarte -salió del cuarto sin mirarla siquiera, y Lali
permaneció echada en la cama, aturdida por la violencia de su reacción, por las crudas emociones reflejadas en su voz. Le había hecho daño, algo que jamás creyó posible. Peter se había mostrado siempre tan duro, tan inmune a cuanto ella hacía o decía...
Pero también él tenía su orgullo; quizás había acabado cansándose de una mujer que se resistía a él una y otra vez.

Lali se levantó de la cama y se puso la bata. Luego se paseó por la habitación,
sintiéndose inquieta y desgraciada. ¿Cómo podía haberle hecho aquello a Peter?
Justo cuando acababa de admitir que lo necesitaba, había dejado que sus estúpidos miedos lo apartaran de su lado, y ahora se sentía perdida sin él. ¿Qué haría sin su arrogante fuerza para infundirle ánimos cuando estuviera deprimida o disgustada?
Desde el día en que se conocieron, Peter la había apoyado y protegido. Notó que
empezaba a dolerle la cabeza y se frotó distraídamente las sienes. Al menos, logró hacer acopio de las energías necesarias para vestirse con manos temblorosas. Tenía que buscar a Peter, lograr que la escuchase, explicarle por qué lo había apartado de sí.

Cuando entró en la sala de estar, la señora Lanzani alzó la mirada del libro
que estaba leyendo.

-¿Te encuentras bien, cariño? -preguntó a Lali en su suave francés; una
expresión de inquietud se dibujó en su dulce semblante.

-Sí -musitó Lali-. Yo... ¿Sabe dónde está Peter?

-Sí, se ha encerrado con Andros en el estudio y ha ordenado que no se le moleste. Andros viajará a Nueva York mañana y están ultimando una fusión empresarial.

¿Andros iba a encargarse de un asunto así? Lali se pasó una trémula mano por
los ojos. Sabía que Peter debería haberse hecho cargo personalmente de esa fusión, pero había delegado en Andros para poder pasar tiempo con ella en el yate. ¿Cómo podía haber estado tan ciega?

-¿Sucede algo malo? -preguntó la señora Lanzani con preocupación.

-No... Sí. Hemos tenido una pelea -confesó Lali-. Tengo que verlo.
Malinterpretó algo que yo le dije.

-Mmm, comprendo -dijo la madre de Nicolás. Miró a Lali con sus claros ojos
azules-. ¿Le has dicho lo del niño?

Era evidente que todas las mujeres de la casa conocían su estado, se dijo Lali.
Se sentó y dejó escapar un profundo suspiro.

-Sí. Pero Peter no se ha enfadado por eso.

-No, claro que no. Peter nunca se enfadaría por la perspectiva de ser padre
-reflexionó la señora Lanzani-. Sin duda, se sentirá orgullosísimo.

-Sí -admitió Lali roncamente, recordando la expresión que había puesto cuando
ella le dijo lo del niño.

La señora Lanzani desvió la mirada hacia las puertas de vidrio de la terraza,
sonriendo un poco.

-Así que Pitt está enojado y disgustado, ¿eh? Déjalo solo esta noche, cariño. De
todas formas, probablemente se negaría a escucharte ahora. Deja que sufra un poco a solas. Es un pequeño castigo por todo lo que te ha hecho pasar. Nunca llegaste a decir por qué bajaste a la playa tan temprano esa mañana, cariño, ni yo he querido preguntártelo. Pero puedo imaginar perfectamente lo que sucedió esa noche. Sí, deja que Pitt sufra.

Los ojos de Lali se llenaron de lágrimas.

-Él no tuvo toda la culpa -dijo en defensa de Peter. Se sentía como si fuera a
morirse. Lo amaba y lo había apartado de su lado.

-Tranquilízate -aconsejó la señora Lanzani en tono sereno-. Ahora mismo no
puedes pensar con claridad. Mañana todo irá mejor, ya lo verás.

Sí, pensó Lali, tragándose las lágrimas. Por la mañana intentaría resarcir a
Peter de la frialdad con que lo había tratado en el pasado, y no se atrevía a pensar en lo que haría si él la rechazaba.


El segundo cap del dia!!!
Deberian levantar monumentos en mi honor jajajajajaja no me hagan caso estoy un poco loca...
Capitulo dedicado a VERO porque esta un poco malita y quiero que se mejore. NENA que sin ti me aburroooooo!!!! Curate!! quiero charlas de las nuestras!!!!
Espero que os guste...
Besos. Ione
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MensajeTema: Re: Poder de seducción   Lun Ene 02, 2012 6:24 pm

Por cierto, se me olvido mencionar que solo queda un capitulo para el final....
Mañana lo subo!!!! Besos!!!
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mariacheta
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MensajeTema: Re: Poder de seducción   Mar Ene 03, 2012 2:07 am

esta embarazada Shocked jodeme!!
un lanzanito cheers q tenga el mismo lunar jajajaja
es un bajon q ya termine la nove xq me encantaaaaaaa Crying or Very sad
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MensajeTema: Re: Poder de seducción   Mar Ene 03, 2012 11:44 am

Trece



A la mañana del día siguiente, Lali estaba pálida y angustiada. Tan solo deseaba
curar la herida existente entre Peter y ella, y no sabía con seguridad como lo
lograría o si él desearía que las cosas se arreglaran entre los dos. La atormentaba la necesidad de verlo y explicárselo todo, de tocarlo; más que ninguna otra cosa, necesitaba sentir sus brazos estrechándola, oír su voz musitándole palabras de amor.

¡Lo amaba! Tal vez no tuviese ninguna lógica, pero ¿acaso importaba? Lali había
sabido desde el principio que Peter era el único hombre capaz de vencer las
defensas que ella había erigido a su alrededor, y estaba cansada de negar ese amor.

Se vistió presurosa, sin preocuparse por los resultados, y se limitó a cepillarse el cabello y a dejárselo suelto sobre la espalda. Al entrar corriendo en la sala de estar, vio que la señora Lanzani estaba sentada en la terraza y salió para saludarla.

-¿Dónde está Pitt, maman? -preguntó con voz temblorosa.

-A bordo del yate -contestó la mujer mayor-. Siéntate, hija; desayuna conmigo.
Sophia te traerá algo ligero. ¿Has tenido náuseas esta mañana?

Sorprendentemente, no. Era lo único bueno que había ocurrido esa mañana, pensó
Lali.

-Pero tengo que ver a Peter -insistió.

-Todo a su debido tiempo. Ahora mismo no puedes hablar con él, así que más vale
que desayunes. Debes pensar en el niño, cariño.

Lali se sentó a regañadientes y un momento después, Sophia apareció con una
bandeja. Sonriendo, le sirvió a Lali un desayuno ligero. En el titubeante griego que había aprendido durante sus semanas en la isla, Lali le dio las gracias, y se vio recompensada con una maternal palmadita de aprobación.

Mordió un panecillo y se obligó a tragar pese al nudo que tenía en la garganta.
Mucho más abajo podía divisar el blanco brillo del yate; Peter estaba allí, pero era como si se encontrase a miles de kilómetros de distancia. Lali no podría llegar hasta él a menos que algún pescador la llevase, y para eso tendría que caminar hasta el pueblo. El trayecto no era tan largo y, en otras circunstancias, lo habría recorrido sin pensárselo dos veces, pero el embarazo había minado seriamente sus fuerzas y no creía poder alejarse tanto a pie con un calor tan implacable. Como había dicho la señora Lanzani, tenía que pensar en la preciosa vida que albergaba en su interior. Peter la odiaría si hiciese algo que pudiera perjudicar a su hijo.

Después de haber comido lo suficiente para que su suegra y Sophia quedaran
satisfechas, y cuando hubo retirado la bandeja, la señora Lanzani le preguntó
con calma:

-Dime, cariño, ¿amas a Pitt?

¿Cómo podía preguntarlo siquiera?, se dijo Lali afligida. Su amor debía de
haber resultado evidente en cada una de las palabras que había dicho después de que Peter saliera violentamente de su cuarto el día anterior. Pero los claros ojos azules de la señora Lanzani estaban clavados en ella, de modo que admitió en un tenso
susurro:

-¡Sí! Pero lo he estropeado todo... ¡Jamás me perdonará lo que le dije! Si me amara, sería diferente...

-¿Y cómo sabes que no te ama? -preguntó la mujer mayor.

-Porque, desde que nos conocimos, tan solo le ha interesado irse a la cama conmigo -confesó Lali profundamente deprimida-. Dice que me desea, pero nunca me ha dicho que me ama.

-Ah, comprendo -dijo la señora Lanzani, asintiendo con su cabeza de blancos
cabellos-. ¡Y como nunca te ha dicho que el cielo es azul, no crees que pueda ser de ese color! ¡Lali, querida mía, abre los ojos! ¿De verdad crees que Peter es tan débil de espíritu como para dejarse esclavizar por la lujuria? Te desea, sí... El deseo físico forma parte del amor.

Lali no se atrevía a esperar que fuese cierto que Peter la amara; había
maltratado sus sentimientos en demasiadas ocasiones, y Lali así se lo dijo a la
señora Lanzani.

-Nunca he dicho que sea un hombre afable -contestó la otra mujer-. Hablo por
experiencia propia. Pitt es la viva imagen de su padre; podrían ser el mismo hombre. No siempre me resultó fácil ser esposa de Damon. Tenía que hacerlo todo según su parecer o montaba en cólera, y Pitt es igual que él. Es tan fuerte que a veces no comprende que la mayoría de las personas no poseen esa misma fuerza, que debe ser más blando con los demás.

-Pero su esposo la amaba -señaló Lali suavemente, con los ojos fijos en el
lejano brillo del yate que se destacaba en el cristalino mar.

-Sí, me amaba. Pero no me lo dijo hasta que llevábamos seis años casados, y sólo
porque sufrí la pérdida de nuestro segundo hijo, que no llegó a nacer. Cuando le
pregunté desde cuándo me amaba, él me miró asombrado y respondió: «Desde el
principio. ¿Cómo puede una mujer estar tan ciega? No dudes nunca que te amo, aunque no te lo diga con palabras». Y lo mismo le pasa a Pitt -serenamente, con sus claros ojos azules clavados en Lali, la señora Lanzani volvió a decir-: Sí, Pitt te ama.

Lali palideció aún más, sacudida por la súbita ráfaga de esperanza que la
recorrió de repente. ¿La amaba? ¿Podría amarla, después de lo ocurrido el día
anterior?

-Te ama -la tranquilizó la madre de Peter-. Conozco a mi hijo, igual que conocía a mi marido; me he fijado en cómo te mira, con un anhelo en los ojos que me dejó sin habla cuando lo vi por primera vez. Porque Pitt es un hombre fuerte que no ama a la ligera.

-Pero... las cosas que me ha dicho -protestó Lali trémulamente, sin todavía a
albergar esperanzas.

-Sí, lo sé. Es un hombre orgulloso, y está furioso consigo mismo porque no puede
controlar la necesidad que tiene de ti. El problema que hay entre vosotros es, en parte, culpa mía. Pitt me quiere, y yo me disgusté mucho cuando creí que mi querido amigo Gaston se había casado con una buscona. Pitt deseaba protegerme, pero no conseguía dejarte. Y tú, Lali, eras demasiado orgullosa para decirle la verdad.

-Lo sé -dijo Lali en tono quedo mientras las lágrimas afluían a sus ojos-. ¡Y ayer lo traté tan mal! Lo he echado todo a perder, maman; ahora jamás me perdonará -las lágrimas comenzaron a caer de sus pestañas mientras recordaba la expresión de Peter cuando se había marchado del cuarto.

Deseaba morir. Sentía como si hubiese destrozado el paraíso con sus propias
manos.

-Tranquilízate. Sí tú puedes perdonarle su orgullo, cariño, él te perdonará el tuyo.

Lali tragó saliva, reconociendo la verdad. Había utilizado su orgullo para alejar de sí a Peter, y ahora estaba pagando el precio.

La señora Lanzani le colocó una mano en el brazo.

-Pitt sale ya del yate. ¿Por qué no vas a reunirte con él?

-Yo... Sí -dijo Lali tragando saliva mientras se ponía de pie.

-Ten cuidado -le aconsejó la señora Lanzani-. Acuérdate de mi nieto.

Con los ojos puestos en el pequeño bote que se dirigía hacia la playa, Lali bajó
por el sendero que conducía hasta el agua. Caminaba con el corazón acelerado,
preguntándose si la señora Lanzani tenía razón y era cierto que Peter la amaba.
Al recordar los momentos vividos, le pareció que sí, que la amaba... O que, al menos, la había amado. ¡Ojalá ella no lo hubiese estropeado todo!

Peter había sacado el bote del agua y lo estaba asegurando contra la marea
cuando Lali caminó por la arena hacia él. Llevaba tan solo unos tejanos recortados y los músculos de su cuerpo casi desnudo se ondulaban con felina gracia conforme se movía. Lali contuvo el aliento, admirada, y se paró en seco.

Peter se enderezó y la vio. Era imposible leer la expresión de sus ojos verdes
mientras permanecía allí, mirándola, y Lali tomó aire trémulamente. Sabía que él
no daría el primer paso; tendría que darlo ella. Haciendo acopio de todo su valor, dijo en tono quedo:

-Peter, te quiero. ¿Podrás perdonarme?

Algo titiló en la verdes profundidades de los ojos de él, y luego desapareció.

-Claro que sí -dijo Peter simplemente, y echó a andar hacia ella. Cuando estuvo
tan cerca que Lali podía oler el limpio sudor de su cuerpo, se detuvo y preguntó-: ¿Por qué?

-Tu madre me ha abierto los ojos -respondió ella, tragando con cierta dificultad. Sentía el corazón en la garganta, latiéndole con tanta fuerza que apenas le permitía hablar-. Me ha hecho ver que estaba dejando que mi orgullo arruinase mi vida. Te... te amo y, aunque tú no me ames, quiero pasar el resto de mi vida contigo. Espero que me ames. Maman dice que sí, pero si... si no puedes amarme, no importa.

Peter se pasó los dedos por el cabello negro; su expresión era súbitamente seria
e impaciente.

-¿Es que estás ciega? -preguntó ásperamente-. Toda Europa se dio cuenta de que
me volví loco por ti nada más verte. ¿Crees que soy tan esclavo de la lujuria?, ¿que me habría empeñado tanto en conseguirte si te hubiese querido sólo por el sexo?

Lali notó que el corazón se le salía del pecho mientras él se expresaba en unos
términos tan parecidos a los que había utilizado su madre. ¡Y tanto que la señora Lanzani conocía a su hijo! Como ella había dicho, Pitt se parecía mucho a su padre.

Lali alargó las manos y cerró los dedos sobre la cálida piel que cubría sus
costillas.

-Te quiero -susurró temblorosamente-. ¿Podrás perdonarme por haber sido tan
ciega y tan estúpida?

Un estremecimiento recorrió el cuerpo de Peter; con un jadeo profundo, la
atrajo hacia sí y enterró el rostro en su enredado cabello.

-Claro que te perdono -musitó ferozmente-. Si tú puedes perdonarme, si puedes
amarme después del modo tan implacable en que te he acosado, ¿cómo podría
guardarte algún rencor? Además, para mí la vida no valdrá la pena si te dejo marchar. Te quiero -alzó la cabeza y volvió a decir-: Te quiero.

Lali tembló de pies a cabeza al oír cómo su voz profunda pronunciaba aquellas
últimas palabras; una vez que lo hubo confesado, Peter siguió repitiéndolo una y otra vez, mientras ella se aferraba a él desesperadamente, con el rostro enterrado en el cálido vello rizado que cubría su pecho. Peter le agarró la barbilla y la obligó a alzar la cabeza para mirarlo antes de devorarla con un beso hambriento y posesivo. Ella notó que un hormigueo recorría sus nervios y se puso de puntillas para apretarse contra Peter, entrelazando los brazos alrededor de su cuello. El tacto de la firme y cálida piel bajo sus dedos hizo que se sintiera embriagada, y ya no deseó resistirse; respondía a él sin reservas. Por fin pudo satisfacer su propia necesidad de tocarlo, de acariciar su piel bronceada y morder sensualmente sus labios. Un profundo jadeo brotó del pecho de Peter mientras ella le hacía exactamente eso; al cabo de un instante, la había tomado en brazos y avanzaba con grandes zancadas por la arena.

-¿Adónde me llevas? -susurró Lali, deslizando los labios por su hombro, y él
respondió con voz tensa:

-Aquí, donde podamos escondernos detrás de las rocas. Un momento después,
estaban completamente rodeados por las rocas y Peter soltó a Lali en la arena
calentada por el sol. Pese a la urgencia que ella percibía en él, fue tierno mientras le hacía el amor, conteniéndose, como si temiera hacerle daño. Sus atenciones, diestras y pacientes, la hicieron alcanzar el éxtasis. Y, cuando Lali regresó a la realidad, supo que aquella sesión de amor había sido limpia y curativa, que había borrado todo el dolor y el peligro de los meses anteriores. Había sellado el pacto del amor que se habían confesado mutuamente, los había convertido verdaderamente en marido y mujer. Presa entre sus brazos, con el rostro enterrado en su agitado pecho, Lali susurró:

-¡Cuánto tiempo hemos desperdiciado! Si te hubiese dicho...

-Chist -la interrumpió él, acariciándole el cabello-. No te recrimines a ti misma, cariño, porque yo tampoco estoy libre de culpa, y no se me da nada bien admitir los errores -su fuerte boca se arqueó en una sonrisa irónica mientras le colocaba una mano en la espalda, acariciándola como si fuese un gatito-. Ahora comprendo por qué recelabas tanto de mí; pero, en aquel entonces, cada rechazo era como una bofetada en la cara -siguió diciendo suavemente-. Quería dejarte en paz; jamás sabrás hasta qué punto deseaba alejarme de ti y olvidarte, y me ponía furioso no poder hacerlo. No estoy acostumbrado a que nadie ejerza esa clase de poder sobre mí -confesó como burlándose de sí mismo-. No podía admitir que, finalmente, me habían derrotado; hacía todo lo posible por recuperar la ventaja, por dominar mis emociones, pero nada funcionó. Ni siquiera Diana.

Lali emitió un jadeo ahogado ante el atrevimiento por parte de Peter de
mencionar ese nombre y alzó la cabeza para mirarlo con celos.

-Eso, ¿qué me dices de Diana? -preguntó en tono áspero.

-Ay -Peter hizo una mueca mientras le daba un golpecito en la nariz con el dedo-. He abierto la maldita boca cuando debería haberla mantenido cerrada, ¿verdad? -pero sus ojos verdes brillaban, y ella comprendió que disfrutaba con sus celos.

-Sí -convino-. Háblame de Diana. Esa noche me dijiste que sólo la habías besado
una vez. ¿Era cierto?

-Más o menos -respondió él, tratando de salirse por la tangente.

Furiosa, ella cerró el puño y le golpeó en el estómago con todas sus fuerzas, que en realidad no bastaron para hacerle daño, pero que le arrancaron un gruñido.

-¡Oye! -protestó Peter, sujetándole el puño y echándose a reír. Era una risa
despreocupada que Lali jamás había oído en él. Parecía eufórico y feliz, lo que hizo que ella se sintiera aún más celosa.

-Pitt -dijo con rabia-. Dímelo.

-Está bien -accedió él, y su risa se convirtió en una leve sonrisita. Observó a
Lali atentamente con sus ojos verdes mientras confesaba -: Tenía intención de
poseerla. Diana estaba dispuesta, y habría sido como un bálsamo para mi ego
herido. Diana y yo tuvimos una fugaz aventura unos meses antes de que me conocieras, y dejó claro que deseaba reanudar la relación. Me tenías tan confundido, tan frustrado, que sólo podía pensar en romper el dominio que ejercías sobre mí. No me dejabas poseerte, pero yo seguía insistiendo en estrellarme contra ese frío y delicado hombro tuyo, y estaba furioso conmigo mismo. Te comportabas como si no pudieras soportar mi contacto, mientras que Diana sugirió a las claras que me deseaba. Y yo quería tener a una mujer receptiva entre mis brazos; pero, cuando empecé a besarla, me di cuenta de que algo fallaba. No eras tú, y no la deseaba. Sólo te deseaba a ti, aunque en aquel momento fuese incapaz de reconocer que te amaba.

La explicación apenas aplacó a Lali; sin embargo, como le tenía el puño sujeto y
la otra mano inmovilizada con el brazo con que la rodeaba, no podía descargar
físicamente su furia contra él. Siguió mirándolo con rabia mientras le ordenaba:

-No volverás a besar a otra mujer nunca más, ¿me oyes? ¡No lo soportaría!

-Te lo prometo -murmuró Peter-. Soy todo tuyo, cariño; lo he sido desde el
momento en que entraste en mi oficina y te acercaste a mí. Aunque reconozco que me gusta ver ese fuego marron en tus ojos; estás preciosa cuando te pones celosa.

Acompañó sus palabras con una sonrisa perversa y encantadora que logró su
propósito, pues Lali se derritió bajo la mirada cariñosamente posesiva que él le
dirigía.

-Supongo que a tu ego le gusta que me sienta celosa -preguntó mientras se
relajaba y se apoyaba contra su cuerpo.

-Por supuesto. He pasado una tortura. Sentía que me consumían los celos, así que
es justa que tú también te sientas un poco celosa.

Peter remató su confesión con un intenso beso que hizo que la pasión de ella se
desbordara; era como si el deseo que sentía por Peter, tan largo tiempo reprimido, hubiese estallado sin control y Lali fuese incapaz de refrenar su placer. Como un animal, Peter lo percibió y se aprovechó de ello, profundizando el beso, acariciando su cuerpo con manos seguras y sabias.

-Qué hermosa eres -susurró entrecortadamente-. He soñado tantas veces con
tenerte así; no quiero soltarte ni siquiera un momento.

-Pero es necesario -contestó ella, sus ojos marrones iluminados por un brillo de amor y de necesidad-. Maman nos estará esperando.

-Entonces será mejor que volvamos -gruñó Peter, incorporándose y ayudándola a
levantarse-. No quisiera que enviase a alguien a buscarnos. Además, tienes sueño, ¿verdad?

-¿Sueño? -inquirió Lali, sorprendida.

-No podrás permanecer despierta, ¿verdad? -prosiguió él, sus ojos verdes
centelleando-. Tendrás que echarte un rato.-¡Oh! -exclamó ella, abriendo mucho los ojos al entender por fin-. Creo que tienes razón; tengo tanto sueño que no podré permanecer despierta hasta la hora del almuerzo.

Peter se echó a reír y la ayudó a vestirse; luego, con las manos enlazadas,
subieron por el sendero. Mientras apretaba la fuerte mano de Peter, Lali sintió
que el resplandor del amor que sentía en su interior crecía hasta abarcar el mundo entero. Por primera vez en su vida, todo era como debía ser; amaba a Peter y él la amaba a ella, y ya iba a darle un hijo. Le contaría la historia de su anterior matrimonio con detalle, le explicaría por qué se había ocultado detrás de las mentiras que otros habían propalado, por qué se había escondido incluso de él, aunque sabía que eso no influiría para nada en su amor. Llena de una profunda satisfacción, preguntó:

-¿Cuándo reconociste que me amabas?

-Cuando estabas en Cornualles -confesó él -con voz ronca, intensificando la presión de sus dedos. Se detuvo para mirarla con una sombría expresión en el rostro mientras recordaba-. Pasaron dos días hasta que Nicolas se dignó decirme adónde habías ido, pensando que ya había soportado bastante castigo; creí que iba a volverme loco. Llevaba dos días intentando contactar contigo por teléfono, esperando delante de tu casa durante horas para ver si regresabas. No dejaba de pensar en todo lo que te había dicho, de recordar la expresión de tus ojos cuando te marchaste, y me entraban sudores fríos al pensar que te había perdido. Fue entonces cuando comprendí que te amaba, porque la idea de no volver a verte era un tormento.

Lali lo miró sorprendida. Si ya la amaba entonces, ¿por qué había insistido en
imponer las insultantes condiciones de su acuerdo prematrimonial?

Se lo preguntó con voz trémula y, en respuesta al eco de dolor que vio en sus ojos, Peter la estrechó entre sus brazos y descansó la mejilla en su cabello.

-Estaba dolido y arremetí contra ti -musitó-. Lo siento, cariño, ordenaré que
rompan ese maldito acuerdo. Pero seguía creyendo que me exigías una alianza de
matrimonio para poder acceder a mi dinero, y eso me ponía furioso, porque te amaba tanto que debía tenerte, aun pensando que mi dinero era lo único que te interesaba.

-Nunca he querido tu dinero. Incluso me alegré cuando te hiciste cargo del mío;
estaba furiosa contigo por haberme obligado a aceptar una suma tan elevada por las acciones de ConTech, sin yo querer.

-Ahora lo sé, pero en aquel momento creí que era precisamente eso lo que querías. Se me abrieron los ojos en la noche de bodas, y cuando me desperté y vi que te habías ido... -Peter dejó la frase a medias y cerró los ojos con expresión angustiada.

-No pienses en eso -dijo ella suavemente-. Te quiero.

Él abrió los ojos y la miró; la clara profundidad de los ojos de Lali brillaba con el amor que sentía.

-Incluso cuando estoy loco de celos y frustración, conservo una chispa de cordura -dijo Peter, sus labios curvándose en una sonrisa-. Fui lo bastante sensato para casarme contigo -se inclinó y la tomó en brazos-. Maman nos está esperando. Vamos a darle la buena noticia y después echaremos ese sueñecito. Te llevaré a casa, amor mío -y subió a grandes zancadas por el sendero que conducía hasta su hogar, llevando a Lali sin esfuerzo.

Ella le rodeó el cuello con los brazos y se recostó sobre él, sintiéndose a salvo y protegida por la fuerza de su amor.


FIN


Y como siempre todo lo bueno se acaba...llego el ultimo capitulo!!!
Lo primero GRACIAS a Vero, Lau y Mariacheta por los comentarios, me alegro mucho de que os haya gustado la esta nove un poco retorcida que he hecho con todo el amor del mundo....
Espero que el final este a la altura de vuestras expectativas y no os defraude.
Muchas gracias por todo y espero volver prontito!!
Besos enormes. Ione
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mariacheta
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MensajeTema: Re: Poder de seducción   Miér Ene 04, 2012 12:33 am

al final maman tenia razon peter es igual a su padre
pero menos mal q no pasaron 6 años jajajaj
me encanto el final fue una hermosa nove
ahora si a vivir del amor Smile jajjaj

ojala subas otra
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Vero_me
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MensajeTema: Re: Poder de seducción   Miér Ene 04, 2012 9:54 am

Sabes lo que he sufrido verdad?!?!! jajaj

Pero como siempre, me he encantadooo!!!
Ha tenido de todo, despertando todo tipo de sentimientos, a sido una pasada...jajaj

Amoreeee!!! te quiero con otra por aquí si?
Gracias por obsequiarnos con esta magnifica historia y poder disfrutar de ella.

Amigaaa te quieroooooo!!! GRACIASS!!!

Nos vemos en la próxima no? jaja

Un besazooooo!!!

Ha sido un placer leerla.
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Andy.~
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MensajeTema: .   Sáb Ene 14, 2012 8:09 pm

Ya había comenzado a leerla hace rato, pero por falta de tiempo no lei más y ahora entro y me fijo que la acabaste.
Me encanto la historia.
Te espero en la proxima.
Un beso.
Andy~
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MensajeTema: Re: Poder de seducción   

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Poder de seducción
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