Escribiendo Hojas En Un Libro

“Escribir es como mostrar una huella digital del alma” Mario Bellatín,
 
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 Clandestino

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Mais020291
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MensajeTema: Clandestino   Vie Ago 19, 2011 3:46 pm

Iba caminando por las calles empapadas en olvido.
Iba por los parques con fantasmas y con ángeles caídos.
Iba sin luz, iba sin sol,
Iba sin un sentido, iba muriéndome.
Iba volando sobre el mar
con las alas rotas

Me acababa de enterar que mis papás no eran los biológicos, sino que me habían adoptado cuando yo apenas tenía unos dos años. Habían tomado la decisión de guardar el secreto durante 18 años, y cuando los cumplí decidieron soltarlo; a mí no me interesaban los motivos por los cuáles me ocultaron la verdad, porque apenas empezaron a dar explicaciones, me fui corriendo de casa. Con miles de lágrimas en los ojos y con mi cabeza dando vueltas, salí a la calle, en busca de nada; de tan solo paz.

Un banquito en el medio de un parque fue mi destino, lugar donde me puse a pensar, sin dejar de llorar, en quién era realmente. Claro, me llamaba Marianella Prado Rojo, el cual resultaba no ser mi verdadero apellido, pero, de dónde venía? Quiénes eran mis verdaderos papás? Por qué me abandonaron? Se murieron? No me querían? Qué genes tenía? Tenía la mirada hacia el suelo, y solo la levanté cuando sentí que alguien se sentaba a mi lado; era algo tan característico de mí, viajar la mirada cuando sentía alguna presencia.

Era un morocho de ojos verdes o quizás grises, con el pelo rapado y con un cuerpo que reflejaba que iba al gimnasio. Aparentaba de unos 28 años o quizás menos, pero con claridad era mayor que yo. Él miraba hacia la nada misma y cada tanto me miraba de reojo, quería hablarme, preguntarme cómo estaba, pero no se atrevía, tenía miedo de que pensara que era un acosador o un loco. Y bueno, cuando empezó a hablarme lo pensé.

- Hola, está todo bien? – tenía una voz gruesa, bastante masculina; pero, a la vez hermosa, dulce y suave
- Sí – respondí tímida; no lo conocía, no tenía por qué contarle lo que me pasaba

Eso fue todo lo que hablamos, porque después nos quedamos ambos en silencio; su presencia me incomodaba, no me dejaba pensar, descargarme. Así que, luego de unos minutos desaparecí de la banca, y me fui caminando sin destino alguno. Me recosté en medio del parque, debajo de un árbol, en el grass; cerré los ojos recordando cada momento de mi infancia y de mi adolescencia y el comienzo de mi adultez. Al cabo de un rato, mi celular empezó a sonar, claramente eran mis “papás” o quizás también mis hermanas. No me importó, dejé que sonara una y otra vez hasta que la paciencia se esfumó y lo apagué.

***

Los siguientes días me los pasé en casa de Cande, mi mejor amiga. Ella fue quién me abrazó, me consoló y me dijo las palabras exactas para sentirme mejor. No importaba que fuera adoptada, mis padres me querían y muchísimo, al igual que mis hermanas. Tenía unas amigas las cuales me querían también y yo a ellas; además, gracias a mis padres, tuve la vida que tuve, una vida feliz, llena de amistad, y de buena educación. Ella fue la que se encargó de llamar a mis padres para tranquilizarlos y avisarles que yo estaba más que bien, solo necesitaba tiempo para pensar las cosas y regresar. Y así fue, así lo hice.

***

Al cabo de un mes, ese parque donde vi por primera vez al morocho, se convirtió en mi rutina diaria. Siempre iba a leer, pensar o para tan solo caminar. Me producía mucha paz y sensación de relajamiento. Parece que también era el lugar rutinario del morocho, pues también iba siempre; siempre andaba en cualquier banca leyendo algún libro. Se notaba que amaba a Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, pues siempre los leía. No habíamos vuelto a hablar, solo nos habíamos dedicado a mirarnos a los ojos para saludarnos con la vista. Hasta que un día, como cualquier otro, fue él quien se acercó; se sentó en la misma banca que yo, al igual que la vez que lo conocí.

- Es un libro muy bueno – estaba leyendo El Túnel, de Ernesto Sábato – bastante dramático, pero intrigante e interesante. Levanté la mirada y cerré el libro, me fijé en su sonrisa y luego en sus ojos; sí que era guapo
- Así parece, recién lo he empezado pero ya me está gustando y mucho – respondí con una sonrisa. Hubo un silencio hasta que la pulsera en su muñeca me llamó la atención – perteneces a ese grupo? – me miró con cara de no haber entendido la pregunta – digo, a “Maguis”
- Sí, desde hace poco. Me gusta mucho hacer trabajo social; me llevo bastante bien con los niños, llevarles un poco de alegría una vez por semana es algo realmente gratificante – sonrió, realmente orgulloso de lo que hacía
- Sí, es un sentimiento especial. En el colegio hacia, pero ahora con la universidad es un poco más complicado
- Si quieres puedes ir el sábado; vamos a ir a ayudar a los niños del pueblo sur. No tienes que comprometerte, puedes ir cuando quieras, cuando tengas tiempo
- En dónde se reúnen? Y a qué hora? – saqué mi celular, mi memoria, para apuntar la información
- A las 3 de la tarde, nos vamos a reunir a unas cuantas cuadras de acá. En el colegio Juana de Arco
- Ok – respondí sonriendo. Me encantaba la idea – nos vemos entonces. Me tengo que ir

Nos despedimos y pude notar como él no separaba su vista de mí, mientras regresaba a casa. Sonreí, hace mucho tiempo que no tenía química con un chico y menos mayor que yo; porque lo era no?

***

Ese sábado nos reencontramos, charlamos un poquito más. Empecé a conocerlo; se llamaba Santiago Bedoya, pero él prefería que lo llamasen Thiago. Hace bastante tiempo que ya había terminado la universidad, era abogado y tenía 28 años; la había chuntado bien. Jugamos con los niños, les dimos sus regalos, su chocolatada con pan; la pasé realmente bien. Cuando regresamos al colegio, Thiago ofreció invitarme algo de tomar; me daba algo de temor pues recién lo conocía, pero se le veía un buen chico y me caía bastante bien, así que acepté.

***

Un tiempo había pasado desde que Thiago y yo nos conocimos, nos habíamos hecho muy buenos amigos, a pesar de la edad. A ratos de notaba la diferencia, pero la mayoría de veces, nos conectábamos bastante bien; incluso llegaba a pensar que él me había mentido con su edad y era menor. Siempre lo molestaba con eso y él tan solo reía pues le encantaba que le dijeran que parecía más joven. A mis papás les había comentado sobre él, que lo había conocido, pero nunca les comenté la edad que tenía; solo me limitaba a decirles que se llamaba Thiago e iba conmigo los sábados a hacer trabajo social. Ellos no estarían de acuerdo con nuestra amistad, pues eran bastantes cerrados de mente.

Y, menos me animaba a contarles cuando me había dado cuenta que sentía cosas por Thiago; no podía mirarlo con los mismos ojos, era mi amigo, pero me encantaba la idea de que fuese algo más. Para nosotros, la diferencia de edad no resultaba ningún problema.

Ay amor apareciste en mi vida
Y me curaste las heridas.
Ay amor eres mi luna, eres mi sol,
Eres mi pan de cada día
Apareciste con tu luz.
No, nunca te vayas,
Oh, no te vayas, no
Tú eres la gloria de los dos
Hasta la muerte

Un día, dónde no sólo el día estaba gris sino también mi corazón, me fui a mi lugarcito; me recosté en el grass del parque, debajo del árbol. Me sentía sola y depresiva; se me había metido en la cabeza conocer a mis papás y fue así como junto con Cande empezamos a buscarlos. Cualquier información que recolectásemos era importante. La noticia y la verdad me cayó como un balde de agua fría, mamá me había abandonado un día lluvioso como aquel día donde me puse a pensar en mi vida.

Su ex novio la había embarazado y ella no me quería tener, sus papás la encerraron en casa hasta que me tuviera a mí porque no le iban a permitir abortar; apenas dos años después, cuando ellos pensaron que mamá me quería y ya se había acostumbrado a mi presencia, ella me abandonó. Me dejó al lado de un bote de basura donde unas monjas me encontraron y me llevaron al orfanato.

Suspiré y volteé, como me era costumbre, al sentir una presencia a mi lado; era Thiago. Él se encargó de sostener mi mano entre la suya y limpiar las lágrimas que caían por mi mejilla. Era la segunda vez que me encontraba de esa manera, y, al igual que la primera vez nos quedamos en silencio hasta que él intuyó que era el momento indicado para hablar. Me conocía tanto.

- Qué pasa pequeña? – era su modo habitual de llamarme, claro está por la diferencia de edad entre los dos. Yo no me había atrevido a contarle la verdad sobre mis padres, la única que sabía era Cande. Y, no se lo contaba porque tuviese vergüenza, sino porque no quería que nadie sintiese lástima por mí
- Thiago….yo…soy adoptaba – dije finalmente, armándome de valor. Él se recostó de costado, de perfil, y acarició mi mejilla con la mano libre ya que la otra seguía entrelazada con la mía. Yo volteé la mirada para quedarnos mirándonos fijamente a los ojos – mi mamá me abandonó al lado de un bote de basura, es que acaso no tenía corazón? – continué, brotando lágrimas de nuevo
- Tranquila pequeña – me dijo dulcemente, por qué tenía que ser tan lindo? – cometemos muchos errores en la vida, errores que muchas veces no se pueden comprender. Pero, sabes lo que importa? – negué con la cabeza, mirándolo aún más, a través de esos ojos verdes, que ahora eran grises por la lluvia – lo que importante es que tus papás te adoran, sean o no los verdaderos, son tus padres de corazón. Que te aman y quieren lo mejor para ti; eso es lo importante, no importa el pasado, eso déjalo atrás. Porque si sigues recordándolo, no vas a poder avanzar, y la vida va a pasar por ti y tu no por ella

Sus ojos no dejaban de mirarme y los míos tampoco, estreché mi mano aún más entre la suya. Limpió la última lágrima que recorría mi mejilla y acercó su rostro al mío. “Te quiero” susurró, antes de cerrar los ojos y acercar sus labios a los míos; mi sueño se cumplía, Thiago me besaba y yo le correspondía mientras mi corazón latía desaforado y él se encargaba de acariciar mi mejilla.

***

Ay, amor tú eres mi religión.
Tú eres luz, tú eres mi sol.
Abre el corazón, abre el corazón.
Hace tanto tiempo corazón,
Vivía en el dolor, en el olvido.
Ay, amor eres mi bendición, mi religión,
Eres mi sol que cura el frío

Thiago y yo empezamos una relación, después de nuestro primer beso, vinieron muchos más y unas semanas más adelante, él me propuso ser su novia. A pesar de que le dije que mis padres no aceptarían nuestra relación, él insistió en darle para adelante y yo propuse la idea de tener un amor clandestino. Él quería dar a la luz lo nuestro, pero a mí me daba mucho miedo y eso era motivo de peleas constantes entre los dos.

- Pequeña, nada nos va a poder separar. Yo quiero estar todo el tiempo contigo, caminar de la mano por las calles, llevarte a tomar un helado… - habíamos terminado de discutir acerca del tema, él estaba recostado en el sillón y yo encima de su regazo, dejando que acaricie mi espalda
- A veces eres tan chiquilín – dije divertida – pero, es que no tengo las fuerzas y el coraje de enfrentar a mis papás y decirles..y..
- Y – me interrumpió – quién dice que les va a decir sola, yo te acompañaría; los dos estamos en esto. Para que sepas – besó mi nariz – que yo tenga 10 más que tú, no significa que te esté tomando al chiste Mar. Yo te quiero, de verdad. Mucho te quiero – dijo sonriendo – más de lo que te imaginas
- Lo sé – estaba totalmente segura de aquello – yo también te quiero mucho, mucho chiquilín – le saqué la lengua divertida

Terminamos en un río de cosquillas y risas para luego pasar a los besos en el rostro y en la boca. No tardamos mucho para terminar en la habitación, haciéndonos uno. No era la primera vez que lo hacíamos, ya habíamos estrenado muchas veces su habitación; y, no me arrepentía de aquello, Thiago era el amor de mi vida. Alguna veces me pongo a pensar, de qué depende el amor? Algunos dicen que uno no lo encuentra tan joven, como yo a los 18, sino recién a los 25 o 30, pero yo no estoy en total acuerdo. Para mí, el amor de mi vida había llegado a esa edad y estaba más segura que nunca. Y, no me equivocaba.

En un mundo de ilusión,
Yo estaba desahuciado,
Yo estaba abandonado.
Vivía sin sentido,
Pero llegaste tú

***

La situación más difícil la viví cuando tuve que decirle a mis padres la verdad: que estaba locamente enamorada de Thiago, que él era 10 años mayor que yo y que estábamos hace bastante tiempo, juntos. Claro que, Thiago estuvo ahí conmigo, en el momento de decírselo, pero siempre es difícil dar ese paso; sobre todo cuando tus padres son tan cerrados que no creen en el amor joven y menos en la frase “Para el amor no hay edad”. No sé si el llegar los dos de la mano a mi casa para dar la noticia, fue la mejor opción; creo que fue la peor decisión pues mis padres de frente reaccionaron mal.

- Marianella, me puedes decir quién es este? – de frente se lanzó mi padre, bastante sobreprotector y controlador
- Es mi novio papá – dije de una, al sentir la caricia de Thiago en mi mano – y se llama Thiago
- Ah bueno! Ahora andas con noviecito! Porque no dijiste nada Marianella?
- Aparte, cuántos años tienes, se puede saber? – mamá fue la que preguntó, se acercó a Thiago y lo inspeccionó con la mirada
- Tengo 28, señora – respondió él al instante – pero quiero que sepa que amo a su hija
- Claro, eso es lo que le dices a ella! Pero, por favor! Marianella!! 28 años??! Es obvio que solo se quiere aprovechar de ti! Él es todo un hombre.. y tu – se acercó a mí – tu, todavía eres una niña!
- No soy ninguna niña papá! Y Thiago no se quiere aprovechar de mí! Nos queremos y mucho! – dije al borde del llanto
- Ah sí? Si te quiere mucho, entonces tiene que entender que lo mejor es dejarte ir. Acaso no entiendes Mar? Él solo quiere usarte para después cuando quedes embarazada, te deje en cualquiera!
- Discúlpeme, pero no voy a permitir que hable así de mí..
- Te callas! – gritó mi padre – Marianella se queda aquí y tú te largas de mi casa. Lárgate!
- Carlos! – gritó mamá, escandalizada
- Yo no me quedo en ningún lado – grité histérica cuando me sostuvo por el brazo – tú no eres mi papá! No tienes ningún derecho sobre mí! – grité aún más
- Entonces lárgate pedazo de huérfana! – gritó descolocado papá. Lo miré fijamente a los ojos, sabía que lo había dicho de sacado pero no podía evitar sentir dolor, un dolor fuertísimo en el pecho

Thiago iba a decir algo, pero yo lo evité; lo jalé por el brazo para irnos lo más pronto posible de ahí. Entrelacé de nuevo, su mano con la mía para correr juntos hacia nuestro lugar, nuestro parque. A lo lejos escuché a mamá gritando mi nombre y a papá pidiéndome perdón. Pero el daño ya estaba hecho y yo no pensaba volver.

Apareciste con tu luz,
No, no, no me abandones.
No, nunca mi amor.
Gloria de los dos,
Tú eres sol, tu eres mi todo
Toda tú eres bendición

***

No sé cuánto tiempo nos quedamos con Thiago, recostados en el grass; no sé cuánto tiempo lloré en sus brazos, no sé por cuánto tiempo él me pidió perdón. Lo único que sé es que ese día Thiago prometió cuidarme y ser esa luz que iluminaba el camino; a partir de ese entonces, compartimos habitación y confirmamos que para el amor no hay edad, solo se necesita compresión y escucha.

Solo sé que un año después, perdoné a papá; Thiago insistió en que lo hiciera, era una carga sobre mis hombros, algo que no me dejaba avanzar. Y sé también, que papá le pidió perdón a él y por más que seguía en duda acerca de nuestra relación, cuando nos veía juntos y veía lo feliz que era yo a su lado, se olvidaba de lo clandestino de la situación.

- Amo estar así, abrazados públicamente sin que nadie nos mire o nos diga algo – me susurró al oído. Cumplíamos 2 años de enamorados, y nos habíamos ido a una playa a disfrutar del sol y del mar. Estábamos recostados en la arena, encima de nuestras toallas; yo abrazada a su cintura
- A mí también me encanta, aunque me gustaba un poquitito lo clandestino – dije divertida – lo besé un ratito – te amo viejito lindo – él rió divertido
- Yo también te amo pequeña, mi nenita chiquilina – rió a carcajadas, ese era mi apodo
- Ey!!

No me dejó refutar porque terminamos entre risas y besos, cosa que terminó detrás de las palmeras, en lo clandestino de nuestro amor.

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lillyana
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MensajeTema: Re: Clandestino   Dom Ago 21, 2011 11:18 pm

este ya lo habia leido y me gusta mucho, amo esa relacion con tanta diferencia de edad
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verO,
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MensajeTema: Re: Clandestino   Lun Ago 22, 2011 11:04 pm

Me encantó el final "terminamos entre risas y besos, cosa que terminó detrás de las palmeras" re sexópatas :p
Aunque no voy a negar que yo tambien lo soy, y bueh, tenía que admitirlo en algún momento no? Jejeje.
Bueno, ahora enserio, amé el corto Smile


verO,

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