Escribiendo Hojas En Un Libro

“Escribir es como mostrar una huella digital del alma” Mario Bellatín,
 
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 -.Wonderful Live.-

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Carlita
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Fecha de inscripción : 18/08/2011
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MensajeTema: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:21 am

Una historia bonita y triste...

El amor era algo que los hacía vivir, ¡que afortunados habían sido en encontrarlo!

No todo el mundo tiene la suerte de encontrar esa persona que te complementa, esa persona que hace que todo sea maravilloso y perfecto. Hay quien tiene esa suerte, y hay quien no...

Y muchas veces, cuando todo es maravilloso, cuando todo es perfecto... llega una nube y hace que llueva llevándose todo ese color, pintando un mundo gris...

Juan Pedro y Mariana no podían ser más felices, todo era maravilloso, hasta que aquella mala noticia apagó sus vidas, aunque no todo estaba perdido, siempre quedaban los días, las semanas, los meses... y los recuerdos.

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Carlita
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:23 am

● PROLOGO

Un suspiro rompió el silencio que reinaba en aquel lugar sagrado. Sin poder evitarlo, algunas lagrimas escaparon de sus ojos, con su mano las enjuago, intentando ser fuerte, ¿Pero como serlo? Hace ya casi dieciocho años…y dios era testigo de que habían sido los dieciocho años mas largos de su vida.

Se paro delante de su foto y paso la mano lentamente por aquel rostro sonriente, lleno de vida. Con rabia dio un golpe en el suelo, ese rostro ya no estaba lleno de vida ¡Dios, como odiaba aquel momento!

¿Por qué? Tantas veces se lo había preguntando… ¿Por qué la vida fue tan injusta con él? No era un santo, él lo sabia, pero ¿Tan mal lo había echo para que lo castigaran de aquella manera?

-Mi Mariana, mí querido ángel…

A veces, cuando se paraba delante de su lápida y miraba su rostro, se preguntaba como podía haber sobrevivido sin ella, la echaba tanto de menos… Sentía un peso tan grande en el corazón, tanta pena le inundaba el corazón. Pero él sabía la respuesta a esa pregunta, su pequeña, su hermosa Carla, la luz de su vida. El maravilloso regalo que Mariana le había echo antes de morir.

-Si amor, otra vez estoy aquí porque hoy se cumple dieciocho años desde que te fuiste y me abandonaste. Intento no te lo reprocho, pero aunque lo intento acabo de una manera u otra haciéndolo. Me obsequiaste un regalo precioso y te estoy tan agradecido… pero tuve que pagar un alto precio por ello. Tuve que renunciar a ti, a mi amor, a mi corazón y aunque día a día lo intento tengo que reconocer que no puedo vivir sin ti.

Se quedo callado, tragando el nudo que se le había formado en la garganta. Cada año igual, nada cambiaba… ese dolor nunca se iba, perduraba cada día, cada minuto, cada segundo, siempre en su corazón.

-He llorado tanto tu muerte que pienso que ya no me quedan más lágrimas por derramar. Pero cuando pienso en ti, cuando recuerdo tus ojos atormentados por el dolor de tener que partir, me derrumbo y las lagrimas vuelven a acudir a mis ojos y lo único en lo que puedo pensar es en si esta pesadilla en la que vivo pronto terminara. Pero entonces llega Carla, con su preciosa sonrisa y me dice “Papá, te quiero mucho” y me alegro tanto de vivir, me dan tantas ganas de seguir con vida, que muchas veces me avergüenzo por que tu no estés a mi lado, pudiendo disfrutar de ella. Yo se, amor mío, que cuando pensabas que no te veía, tus ojos se oscurecían por la tristeza, sabias igual que yo que no había ninguna posibilidad de que sobrevivieras al parto, tu corazón no lo aguantaría. Pero tu seguiste adelante, sin importarte nada, solo aquella vida que crecía dentro de ti y admiro tanto eso de ti… siempre luchabas por lo que querías pero yo, yo no tengo esa fuerza que tu tienes y lo reconozco, soy débil, pero el no tenerte a mi lado hace que la vida no tenga ningún sentido, y me encierro en mi mismo, solo para guardar el recuerdo de tu dulce amor.

-Y las noches son tan solitarias sin ti, princesa… el frío se aferra a mi alma, dejándome vivir entre tinieblas. Y yo solo cierro los ojos, esperando sentir tus brazos rodeándome y diciéndome palabras de amor al oído. Pero cuando abro los ojos no veo más que oscuridad, la oscuridad que siento en mi interior. Y hoy por fin, llego en el que me arrancaste aquella promesa, y juro por dios que la cumpliré. Aunque mi corazón se desgarre a cada recuerdo, aunque no puedo soportar el dolor, le hablare de ti, le daré aquel pequeño diario que formaba parte de ti, y hablare de esos horribles meses en los que yo sabia que te irías, que te irías para siempre.

Se inclino hacia adelante y deposito un suave beso en la foto de su amada. Limpiándose las lágrimas que se habían vuelto a acumular en sus ojos, salio de aquel lugar con paso decidido, emprendió la marcha, dejando su corazón allí, con ella, con la dueña de su corazón
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Carlita
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:24 am

● Capitulo uno

-¡Ábrete maldita sea!

«Por dios ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?»
Pensó gimiendo en voz alta. Quería que la maldita puerta se abriera de una vez, entrar en la soledad de su casa y dar rienda suelta a su dolor, lamer sus heridas a solas, sin nadie que le estuviera preguntando “¿Estas bien?” “¿Qué te pasa?” ¡Es que no podían entender que quería estar sola! Llorar, descargar su rabia, gritar, pero todo eso lo quería hacer sola.

Por fin la puerta se abrió y entro casi corriendo, cerrando la puerta tras de si. ¡Por fin! Se deslizó por la puerta hasta llegar al suelo y entonces dejo que las lágrimas, que tanto había luchado por no derramar durante todo el día, resbalaran por sus mejillas.

No podía, simplemente no podía soportar mas felicitaciones, los buenos deseos… No podía. ¿Cómo podía celebrar el día en que nació, si por su culpa, su madre había muerto? Nadie hablaba de ello, era un tema que evitaban… pero aunque nadie se atreviera a poner voz a sus pensamientos, ella sabía que había sido la causante de su muerte. Cada cumpleaños igual, el dolor, la desdicha… ¡Nadie debería de desearle buenas cosas, nadie! Sin embargo, hay estaban, todos esos rostros felices, sonrientes, deseándole un feliz cumpleaños ¡Como si no pasara nada! Pero ella lo sabia, claro que lo sabía…

Se levanto y arrastrándose se dejo caer en el sofá, donde se abrazo las rodillas, abstrayéndose del mundo, encerrándose en el suyo propio, donde existía solo dolor y amor. Se había imaginado tantas veces que ella seguía viva, que la abrazaba y le decía que todo era una pesadilla, una horrible pesadilla… Es bonito soñar, soñar que maravillosa es la vida, pero cuando despertamos ¡Que triste es darnos cuenta de la realidad! Lloramos por aquellos maravillosos sueños, gritamos esperando que vuelvan, pero son eso… sueños, sueños que nunca se harán realidad.

-Mamá…

La necesitaba tanto, tanto… Quería que le tomara la mano y le dijera cuanta la quería, que ella no tenia la culpa de que no estuviera con ellos, quería… quería tantas cosas, cosas que eran imposibles, porque nunca sucederían. Levantándose del sofá, dejo el salón atrás dirigiéndose a la habitación de su padre. Entro y cerró la puerta delicadamente, arrodillándose frente a la mesita de noche. Abrió el cajón y tomo la foto que Juan Pedro guardaba. Con los ojos llenos de lágrimas, acaricio la foto, devolviéndole la sonrisa a la mujer que estaba retratada en la foto. Que bonita era… que llena de vida parecía en aquel retrato. Y pensar la muerte había empañado esa preciosa sonrisa.

Se tumbo en la cama lentamente, llevando consigo la foto de su madre abrazada a su pecho.

En esa posición la encontró Juan Pedro, dos horas mas tarde, completamente dormida. Sonriendo le dio la vuelta, mirando fijamente la foto que Carla tenia entre las manos. Era, era…era la foto de Mariana. Se la quito con cuidado, intentando no despertarla. Salio de la habitación, cerrando silenciosamente. Aun no, mas tarde, se prometió Juan Pedro, mas tarde le daría el regalo de cumpleaños a Carla.

Subió al desván de la casa con paso lento, parecía que el cualquier momento saldría corriendo, alejándose de allí. Pero no lo haría, tenia que ser fuerte y abrir la puerta al mundo de los recuerdos.

-Se fuerte Peter, tienes que serlo por ella, no puedes defraudarla.

Abrió la puerta suspirando sonoramente. Y hay estaban, cada uno de los objetos que pertenecían, que eran parte de Mariana. Estaba su guitarra, su colección de novelas románticas, su ropa, sus CDS de música… todo, allí estaba todo. Parpadeo furiosamente, buscando controlar las lágrimas que amenazaban por volver a salir. Fuerte, así tenía que ser para poder llevar a cabo lo que tenía que hacer.

Se acerco al armario que había al fondo de la habitación y tanteo la parte superior de este, buscando la llave. La encontró, la introdujo en la cerradura y la hizo girar. El “clic” de la puerta rompió el silencio que reinaba. Abrió la puerta y encontró la caja donde se encontraba el regalo de Carla. Arriba de la caja, pegada, había una carta con su nombre. Reconoció la letra de Mariana al instante y su corazón empezó a latir desenfrenadamente. Sin pensárselo dos veces, rasgo el sobre y desdoblo la carta.

Querido Juan Pedro:

Que difícil es escribir esto cielo, por que se cuando tu leas esto, yo llevare años alejada de ti, pero tengo que hacerlo aunque se me parta el corazón. Quiero que sepas cariño que aun después de muerta, te seguiré amando igual que en vida y en mi corazón solo abra lugar para ti y para nuestra hija, nuestra Carlita. Te dejo esta carta, junto a la caja, por que adentro también hay un regalo para ti. Se que te dije que le dieras esta caja a Carla, que aquí estaría casi toda mi vida para que ella me conozca, pero no pienses ni por un momento que me olvido de ti… ¡OH Juan Pedro como me hubiera gustado que las cosas fueran de otra manera! Deseo tanto poder quedarme a tu lado… pero debo afrontar que la vida ya me ha escrito un destino y tengo que aceptarlo. Como ya te dije, quiero que le entregues esta caja a Carla, pero antes de ello ábrela y encontraras una cajita mas pequeña. Tómala y quédatela, es tuya, igual que mi corazón.

Recuerda que aunque no este a tu lado, siempre estaré en tu corazón, amándote, velando por ti. Siempre viviré en ti amor mío.

Dile a Carlita que la amo y que su mamá siempre estará con ella, al igual que contigo.

Siempre tuya,
Mariana.


Gimiendo se dio la vuelta, necesitaba salir de allí, lo necesitaba desesperadamente. Casi corriendo se fue directamente hacia la puerta. No podía, no podía seguir ni un minuto mas en aquel lugar, en aquel sitio tan lleno de cosas de ella… ¡Dios, daría lo que fuera por volver a tenerla a su lado! Besarla, acariciarla, decirle cuanto la ama… Pero no, ya no tenia esa oportunidad, se la habían arrebatado y nunca volvería a perderse en los ojos que tanto amaba mirar.

Bajo con aspecto derrotado y entro al salón, tirándose en el sofá, furioso con el mundo, con ella, si ¡Con ella maldita sea! Mariana tendría que estar con el, apoyarlo, animarlo a vivir cada día… pero en cambio… en cambio estaba en un ataúd enterrada bajo el suelo. ¡Como dolía, como dolía vivir así!

-¿Papá?

Peter levanto la cabeza, pestañeando para despejar las lágrimas y miro a su hija. Vio que tenia los ojos rojos debido al llanto y si, llenos de tristeza, al igual que los suyos. Se levanto y la abrazo muy fuerte, acunándola entre sus brazos. Eso, eso era lo único que le quedaba en la vida, su razón de existir. Y cada día le daba gracias a Mariana por hacerle merecedor de tan maravilloso regalo.

-¿Papá, que te pasa?

-Nada cariño, nada…

-¡No, papá, si que pasa! No voy a seguir permitiendo que me esquives ¿Por qué no me lo cuentas, porque no hablas conmigo? ¿Crees que no me doy cuenta de que estas mal, de que llevas una semana muerto en vida por ella? ¿Por qué, joder, porque no quieres hablar conmigo de ella? Te guardas sus recuerdos para ti solo, no los compartes conmigo ¿Y yo que? Yo no tengo nada con que recordarla, ni siquiera se como era hasta hace unos años cuando me enseñaste una foto. No es justo papá, no es justo que tú tengas tanto y yo tan poco. Quiero, quiero saberlo todo de ella, cual era su color preferido, su comida, que tipo de perfume usaba, que tipo de música le gustaba… quiero saberlo todo, pero tu te encierras en tu maldito mundo de dolor, sin importante que yo también sufro. ¡Dímelo, dime que yo soy la culpable de su muerte! ¿Crees que no lo se? ¿Crees que no me doy cuenta de ello?

Estallo en llanto y se dejo caer al suelo, golpeándose con rabia. Juan Pedro se odio, se odio por el daño que le había echo a su hija, aun sin ser consciente de ello. Se arrodillo a su lado y la tomo entre sus brazos, susurrándole palabras de amor.

-Mi niña, mi dulce niña, no te excluí por que quise, yo… -paro, tragando para disipar el nudo que se le formaba en la garganta, que le impedía hablar- yo lo hice por que ella me lo pidió. Ella, Carla, ella quería ser quien te contara que paso, quien te hablara de ella misma.

Agarro la cajita que había dejado encima de la mesa y se la puso en las manos, acariciándole la mejilla con ternura.

-Tú no tienes la culpa de nada, ella, Carla, ella decidió que era mejor morir que vivir sabiendo que te había quitado la vida.

Paro en seco y su mirada se hizo distante, como si en ese momento estuviera a millones de kilómetros de allí.

-Sabes Carla, cada día se sentaba en esa mesa de allí y escribía en un diario. Te escribía a ti, te contaba todo lo que hacia, anécdotas de su vida, hay esta recogido casi todo, por que cuando se sentía triste o muy feliz, te escribía a ti. ¿Sabes que se podía pasar horas escribiendo? Decía que era como si tú estuvieras a su lado y la escucharas atentamente.

-Quiero que leas todas y cada una de las palabras que ella escribió para ti y cuando hallas terminado, ven a mi lado y yo compartiré contigo mis recuerdos.

La beso en la cabeza y abandono el salón, dejando a Carla con una sonrisa y la cara surcada por lágrimas de felicidad.

Paro en seco y su mirada se hizo distante, como si en ese momento estuviera a millones de kilómetros de allí.


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Carlita
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:27 am

● Capitulo dos

Para mi queridísima Carlita, mi pequeña vida.

Bueno mi niña, no se ni por donde empezar, quiero decirte tantas y tantas cosas… pero aun más me gustaría poder decírtelas en persona. Se que eso no es posible, pero todavía sueño con que suceda un milagro.
Pero no me voy a poner sentimental, porque lo que quiero es que cuando leas esto sonrías, con esa sonrisa hermosa que tendrás, por que yo se que serás guapísima y tu padre tendrá que pelear con todos los chicos de la ciudad.


Carla pudo sentir como Mariana sonreía mientras escribía. Era como si la estuviera viendo, sentada en la mesa, con el bolígrafo en la mano y los ojos cerrados, sonriendo ante la imagen que se había formado en su cabeza de Juan Pedro espantando a todos los chicos que se le acercaban. Como deseaba a ver estado hay, mirándola, disfrutando del solo echo de mirar a su madre… No era justo, nada justo que se la hubieran arrebatado sin poder disfrutar un poco de su amor, de su alegría.

Sabes hija, ahora me voy a poner un poco seria. Te voy a contar por que ahora mismo no estoy contigo, a tu lado, celebrando tu dieciocho cumpleaños. Veras, antes de quedarme embarazada, unos dos o tres años antes me diagnosticaron una enfermedad del corazón. Éste era muy débil y no podía hacer la mayoría de las actividades, porque me cansaba en exceso. Me advirtieron de que no podía quedarme embarazada, que mi corazón no lo aguantaría, pero lo que yo más deseaba era tener un niño, lo deseaba con toda mi alma. Tu padre me obligo a tomar medidas para no quedarme embarazada, todas las semanas tenia que ir al médico, me tenían vigilada, pero todo era por mi propia seguridad, para que no sucediera nada malo.

Y ahora te voy a contar un pequeño secreto, pero no quiero que se lo cuentes a nadie mas, será un secreto tuyo y mío. Mira cuando comencé a mejorar y ya no tenia que ir cada semana al médico, empecé a dejar de tomarme una que otra píldora, las tiraba por el baño para que Peter no se diera cuenta de que no me las tomaba. No me gustaba mentirle, pero yo deseaba quedarme embarazada, sentir esa pequeña vida crecer dentro de mi y entonces, sucedió el milagro que tanto esperaba ¡Apareciste tú! Empezabas a crecer en mi interior. Y que dios me perdone por el daño que le hice a tu padre, por que se que con mi elección le partí el corazón, pero yo no podía hacerte desaparecer por que ya eras parte de mi.

Nunca en mi vida he tenido que pasar una prueba tan dura como esa. Era mi vida o la tuya y por supuesto, elegí la tuya. Se que en el fondo de su corazón, Juan Pedro no me perdona que haberle echo decidir entre tu o yo, pero se que de una manera u otra podría a ver muerto y que mejor que dejarte a ti para que ilumines su vida.

Quiero que sepas que fueron los ocho meses más bonitos de mi vida. Tenerte dentro de mi y ver como cada día crecías era tan especial, que no lo cambiaria por nada del mundo. Lo único que lamento es que se que no te podré ver crecer, que no estaré en los momentos importante de tu vida, apoyándote. Pero sabes que estaré en tu corazón y que velare por ti cada momento de tu existencia.

A veces las cosas no vienen como una quiere Carla y se que a veces me odiaras, me odiaras por no estar a tu lado cuando mas me necesitas. Yo también viví sin madre y se lo que es mi pequeña, se lo que es tener pesadillas y que tu madre no este allí para acunarte entre sus brazos y decirte que todo a pasado, que no era mas que un sueño tonto. Y quizás no debería de haber sido tan egoísta, pero lo fui y no me arrepiento, se que serás lo mejor de la vida de Juan Pedro y de la mía, porque yo ya te amo y te amare siempre.

Te amo, mi pequeña vida y siempre será así. Nunca te olvides de tu madre, que te ama con locura.

Mariana.


Si, la vida a veces no es justa, pero tenemos que aprender a asumir que es así y a poder vivir a pesar de los duros golpes.

Agarro el cuadernito que había dentro de la caja y con un suspiro lo abrió por la primera página. Comenzó a leer, había tramos en que no podía contener las lágrimas y otros en que no podía parar de reír. Tanto y tantos recuerdos recopilados en unas páginas…

«No te conté como nos conocimos tu padre y yo. Fue todo muy romántico, pero a la vez chistoso. Estudiábamos en la misma universidad, pero cada uno una carrera distinta. Yo llevaba un año ya en la universidad y el llevaba tres y nunca, nunca nos habíamos cruzado ¡Que paradoja!

Yo siempre he sido muy patosa y tenía que ir siempre pendiente de donde pisaba porque no quería caerme delante de todo el mundo y ser el hazmerreír. Pero claro, la suerte ese día no estaba de mi lado y me había dado ya con la puerta de una taquilla en la cabeza, solo me faltaba caerme al suelo ¡Y bum! Sucedió. Iba andado, pendiente de mis apuntes cuando siento que mi pierna choca contra algo y me caigo hacia adelante ¡Que vergüenza! Peter me agarro justo antes de caerme al suelo y cuando pude mirarlo a los ojos, me quede hipnotizada, atontada al ver su belleza. Tengo que reconocer que fui afortunada y que me alegro de haber sido tan patosa, si no nunca lo hubiera conocido.

Después de mi “incidente” me invito a comer. Si, si, hay donde lo ves era un descarado y no tardo nada en lanzárseme. Pero que sepas que yo me hice la difícil y hasta que no conquiste del todo su corazón, no me digne a salir con el ni a ser mas que amigos. Porque tengo que reconocer que me moría de ganas de estar con él y el tiempo se me hacia eterno, pero mereció la pena esperar, porque gracias a él conocí el verdadero amor, lo que es ser amada apasionadamente y espero que tu, hija, también encuentres un amor con el que perder la cabeza y con el que querer pasar el resto de tu vida.»

«No puedo más, Carla, no puedo. No quisiera tener que decirte esto, pero eres a la única que puedo recurrir, con la única que me puedo desahogar. Ante todos tengo que aparentar que soy fuerte, que estoy feliz, pero no es verdad, yo también sufro. Siento que las fuerzas me abandonan, quiero gritar ¡Quiero vivir! No quiero irme ¿Por qué? ¿Por qué no lo puedo tener todo? ¿Acaso pido tanto?

Que difícil es seguir adelante, cuando sabes que vas a morir. Veo el rostro de Peter, triste, abatido y me duele tanto verlo así, saber que yo soy la causante de su desdicha… ¿Por qué todo es tan difícil? ¿Tan mala he sido para sufrir este castigo? No quiero dejarle, no quiero ser la causante de que su corazón llore, ni de que se rompa…

Y luego estas tú Carla, que vives en mí, eres parte de mi pequeña, pero no te veré crecer, no estaré ahí para acunarte entre mis brazos cuando tengas pesadillas, ni cuando te rasguñes una rodilla… Me perderé tus momentos maravillosos y eso, eso me hace sentir un vacío en mi corazón, porque se que me odiaras, me odiaras por no estar a tu lado, porque todas las niñas tendrán una madre y tu no…

¡OH Carla, perdóname! Perdóname por ser tan egoísta, por solo pensar en mi anhelo y no en tu dolor. Solo espero que tengas algo claro y es que te amo, te amo demasiado y no pude renunciar a tenerte.»

-¡Oh mama! No te odio…nunca lo he hecho y nunca lo haré. –dijo llorando.

Sentía tanta pena por ella, podía sentir su dolor tan profundo… Ahora todo el sufrimiento que ella había sentido no era nada en comparación con el de su madre. No se podía ni imaginar como había podido seguir adelante, todo el esfuerzo que habría echo…

Y ahora más que nunca se sentía afortunada, llena de ganas de seguir adelante, vivir la vida que ella no pudo vivir. Porque su madre había renunciado a vivir por ella, había elegido perder una vida, para dejar que otra siguiera adelante, aun a sabiendas de que perdería el corazón en el camino. ¿Como podía pensar, ni por un momento, que la odiaría? No podría, nunca podría hacerlo por que seria odiarse a si misma, porque Mariana era parte de ella.

Eran las nueve y media de la noche. Llevaba todo el día pegada al librito, no había comido ni cenado y no tenia pensado hacerlo. No podía parar de leer. Amaba cada palabra escrita, cada recuerdo, cada expresión. Pero podía sentir, con cada mes que pasaba, que el dolor crecía y que cada vez era más difícil renunciar a la vida.

¡Pobre Mariana! Por tanto había tenido que pasar… El destino era traicionero, era malvado, pero nadie podía hacer nada por impedir que sucediera la tragedia…

«Y entonces ¡Lo pille! Estaba intentando comerse mi tarta de chocolate ¡Y eso era un delito! Tenía unos antojos horribles y el muy tonto sabía que si se la comía, tendría que ir a comprar otra, pero no le importaba. Claro que yo me enfadaba con él y lo tenia todo el día detrás de mi haciendo lo que yo le pidiera, para que así lo perdonara. Era encantador y debo reconocer, aunque suene malvado, que disfrutaba como una niña pequeña viéndolo ir detrás de mí.

Pero no pienses que yo no tuve que ir detrás de él para que me pidiera perdón. Una vez le gaste una broma pesada, muy pesada todo hay que decirlo y se enfado muy feo conmigo. Pero es que cada vez que lo miraba, lo veía bañado de pintura azul y no podía parar de reír. Estuvo casi una semana sin hablarme… pero no se pudo resistir a mi encanto.»

Carla río. Su madre era un genio para las bromas. Cada vez que recordaba la que le había echo a su tía Rocío no podía parar de reír.

Mariana era una persona maravillosa, imperfecta pero a la vez perfecta. Para Peter, era lo mejor que podía haber encontrado. Siempre daba gracias a dios por haberle dejado disfrutar de ella, aunque fuera poco tiempo, pero no cambiaria esos momentos por nada del mundo. Cada sonrisa, caricia, abrazo era para él un recuerdo precioso. Y Carla, a través de sus palabras, se daba cuenta de la persona tan hermosa que había sido su madre.

Miro una foto que había en la caja y la tomo. Se la quedo mirando, con una sonrisa en sus labios. Era demasiado hermosa y no le extrañaba ni un poquito que su padre se hubiera enamorado de ella en el mismo momento que sus ojos se encontraron. Le dio la vuelta y vio algo escrito.

«Para ti Carla, para que cuando me mires en la foto, puedas sonreírle a la vida.

Te ama,

Tu madre»


Sonrió entre lágrimas. Le dio las gracias a Juan Pedro por el gran regalo que le había echo ese año. Ningún regalo que le hubieran hecho, tendría tanto valor para ella.

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Carlita
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:29 am

● Capitulo tres

«Pronto, muy pronto te tendré entre mis brazos Carla, muy pronto. Anhelo ese momento, igual que deseo que nunca llegue… porque cuando asomes tu cabecita al mundo, yo me iré para siempre de sus vidas. Es duro vivir día a día con la certeza de que poco a poco tu tiempo se acaba, pero el saber que para mi acaba y que para ti empieza, me da fuerzas para levantarme cada día.

¿Sabes? El otro día tu papá y yo salimos a comprar los últimos preparativos para cuando nazcas. Ha sido tan hermoso elegir cada camiseta, cada pantalón… Tu padre y yo hemos discutido un par de veces, porque tenemos gustos distintos, pero al final ¿quien se sale con la suya? Pues quien mas ¡Yo! Como ya te dije, no se puede resistir a mis encantos.

Hay Carlita, Carlita, ya te imagino corriendo por toda la casa, con los pies llenos de barro y a Peter detrás de ti, gritándote para que te estés quieta. Cierro los ojos y puedo verlos a los dos, tirados en el suelo, riendo. Se me parte el corazón tener que imaginármelo, saber que no lo veré en realidad…»


Cada palabra se clavaba como un puñal en su corazón. El ultimo mes… El más difícil de todos y ella lo sabía. Podía imaginar, sentir el dolor de Mariana. La admiraba, dios que si la admiraba. ¿Cómo, simplemente, como había podido ser tan fuerte, tan valiente…? Saber… Saber que moriría y aun así, poder sonreír a la vida.

No sabía ni que hora era. Se había tirado allí, sentada en su cama con todas las cosas que su madre le había regalado alrededor y leyendo. No podía parar de leer, era superior a ella.

Había llorado, reído, suspiró encantada por los recuerdos alegres, pero también había sufrido leyendo el dolor tan profundo que su madre sentía.

«Cariño ¡Hoy es el gran día! Lo siento, lo se… Llevo casi todo el día con contracciones, estoy esperando a que llegue Juan Pedro… No quiero alarmarlo, porque se que se pondrá echo un histérico y no lo quiero muerto, no, no, no, lo quiero vivo.

Ya me imagino su cara cuando le diga ¡El bebé viene en camino! Su cara será un poema, pobre futuro papá.

Bueno mi pequeña, sabes lo que viene a continuación ¿Verdad? Esta es mi despedida, serán las últimas palabras que te escriba…

¡Dios, quiero decirte tantas cosas! Pero no tengo tiempo amor… por desgracia llego a su fin, me quede sin tiempo.

Con cada palabra se me parte el corazón Carla, pero debo escribirlo por que espero, que cuando leas, sepas cuanto te amaba, cuanto me cuesta renunciar a ti, a tu padre, a la vida pero ¿Qué puedo hacer? Yo no planee que todo acabara así… Y aunque no este de acuerdo con lo que me depara el destino, lo único que puedo hacer es quedarme de brazos cruzados ¡Y dios, si cuesta ver como cada día mueres un poco mas! Saber que no puedes remediarlo y que al final te despedirás de todo aquello a lo que amas… Así es que lo único que me queda, que puedo hacer es decirte lo mucho que te amo y lo mucho que echare de menos sentarme en esta silla y escribirte. Me hubiera gustado tanto contarte todos estos recuerdos en persona…»

Las lágrimas se deslizaban como un torrente por sus mejillas. Ella también hubiera dado lo que fuera por escuchar su voz… Por abrazarla, besarla. Hubiera dado lo que sea por simplemente el hecho de mirarla o de ser merecedora sonrisa. Su corazón lloraba por ella, por su padre…

«Eres una parte de mi Carla, una parte que le regalo a la persona que mas amo en este mundo. Te amo y siempre te estaré agradecida por hacerme el mayor de los regalos y ese, mi pequeña, eres tú. Gracias por hacerme la madre mas feliz del mundo cariño y recuerda que siempre velare por ti y cuando te sientas sola, que yo siempre te estaré escuchando, siempre estaré hay para ti. Y lo más importante y nunca lo dudes: siempre te querré.

No olvides disfrutar de cada minuto de tu vida, por que aunque allá momentos en los que piense que no merece la pena vivir, siempre habrá algo que te ara cambiar de parecer…

Yo tuve dos grandes motivos para vivir, tu padre y tú. He luchado hasta el ultimo segundo de mi vida y no me arrepiento de nada de lo que hice, aunque se que con mis decisiones hice daño a las personas que amo.

Cuida de tu padre, por que se que él ha sufrido y llorado mucho durante estos meses. Alivia su dolor con amor, que es la cura más efectiva...

Y si sientes que las fuerzas te abandonan, apóyate en Juan Pedro y busca refugio en sus brazos, porque allí, entre sus brazos sentirás que puedes con todo y contra todos, así como yo lo sentía.

Adiós, mi pequeña, pero no es un adiós definitivo, si no un hasta luego. Te juro que nos volveremos a ver.

Te ama,

Tu madre.»


Carla dejo caer el librito y se tiro en la cama, llorando desconsoladamente. Pensó en su padre, que había tenido la suerte de conocerla, que la había amado y tenido a su lado y supo que su dolor no se comparaba en nada al de el, ya que había tenido que renunciar a vivir sin ella.

Se seco las lágrimas y tomo objeto por objeto, las cosas que su madre había guardado para ella.

Una vez todo en la cama, tomo entre sus manos una foto, pero no era una foto cualquiera, pensó con el corazón encogido, era una foto de Mariana embarazada… Embarazada de ella. Se la quedo mirando con una sonrisa en los labios. La acaricio, como si así pudiera tocar a su madre.

-Gracias, mil gracias por el maravilloso regalo que me has echo mama –susurró con amor.

Se restregó los ojos rojos de tanto llorar y desperezándose se levanto de la cama. Se acerco a su reloj y se quedo sorprendida ¡Eran las dos de la mañana! Dios mío, si que tarde era… Había perdido la noción del tiempo, tan concentrada estaba en leer las cartas. Se tumbo, sumiéndose poco a poco en un sueño profundo. Y esta vez, después de mucho tiempo, pudo dormir en paz consigo misma…

Juan Pedro tenia los ojos fijos en el techo, mirando la nada, como llevaba haciendo desde hacia horas. La cara de su hija, sus palabras, no desaparecían de su mente, ni de su corazón. Cada palabra, pronunciada con dolor y desesperación, era como una puñalada para su triste corazón.

« ¡Dímelo, dime que yo soy la culpable de su muerte! ¿Crees que no lo se? ¿Crees que no me doy cuenta de ello?»


Podía entender el dolor de la muerte de su madre, el dolor de no haberla conocido, ¿Pero sentirse culpable? ¡Por dios, eso si que era absurdo! Recordaba cada momento del embarazo, cada sonrisa cuando el bebé se movía, la ilusión de tenerla entre sus brazos… Era incomprensible. Mariana había deseado más que nada en el mundo tener un bebé, sentir esa pequeña vida en su interior, aunque eso acabara con su vida… Y al final, lo había conseguido y con ello lo había echo sufrir, pero ¿Qué mas daba ya? No podían hacer nada, solamente llorar por su perdida…

Pero él era el culpable, el culpable de los sentimientos de su hija. Cobarde, eso era lo que había sido, totalmente un cobarde. ¿Pero que iba a hacer? Si el solo echo de mencionar su nombre le dejaba tan vacío, tan lleno de dolor… Además estaba la promesa de Mariana.

Pero ahora por fin podría hablar, podría contarle los recuerdos que tenia de Mariana, que eran tantos y tantos… Dudaba de que el tiempo le alcanzase, pues había demasiados… Bueno y malos, pero todos eran importantes en su corazón.

Miro la caja que Mariana había dejado para él. No estaba preparado, aun no… Abrir esa caja seria como cerrar un episodio de su vida, un episodio del que aun no estaba preparado para cerrar…

«Valor»

Muchas personas le decían que tenia que echarle valor a la vida, tenia que seguir adelante por él, por Carla. Pero su valor nacía por ella, se lo debía a ella, a Mariana, porque ella había luchado hasta el último momento por vivir, por darle la prueba más bonita de amor.

Pero a veces, el valor flaqueaba, y se sentía cansado, muy cansado… Para el la vida había perdido el color en el momento en que ella había partido, dejándolo en un mundo gris. Pero saber que tarde o temprano se reuniría con Mariana, volvía a darle ese valor del que, en determinados momento, creía carecer.

Miro la foto de Mariana. Podía oír sus palabras, sus palabras antes de que la entrasen al quirófano.

-Debes ser fuerte Peter, fuerte por los dos. Se que será difícil, pero se que lo conseguirás, porque no hay hombre mas valiente y maravilloso que tu. Cuando sientas que las fuerzas te abandonan, piensa en mí, piensa que te amo y que te dejo a Carla para que te ayude a seguir adelante. Te amo y siempre será así.


Que fáciles habían sonado en ese momento sus palabras. Que fácil había sonado ser fuerte. Pero ahora… ahora era muy difícil, todo era tan difícil… Miro a la foto y no pudo contener las lágrimas.

-Estoy cansado Mariana… Dijiste que era fuerte, pero solo lo era cuando tú estabas a mi lado. Ahora no estoy seguro de poder seguir adelante, me haces tanta falta… Me levanto todos los días, alargando mi mano, esperando que la tomes entre las tuyas y que me digas que todo esto es una pesadilla, pero no estas… no estas nunca y yo no despierto de esta pesadilla. Carla, Carla es lo único que me queda de ti, es el pilar al que me aferro para no caer, pero ¿Y el día que ella no este? ¿Qué será de mí? No te tendré a ti, no la tendré a ella, no tendré nada en el mundo…

Y lloro, lloro como hacia tiempo que no lloraba, lloro por todo lo que había perdido.

Recuerdos y más recuerdos, de eso vivía él…

-Te amo, Mariana. Te amare todos los días de mi vida, hasta la eternidad.

-Yo también te amo, cielo, tanto que tengo miedo de que toda esta felicidad que siento, se desvanezca sin que yo pueda hacer nada.

-Nunca, te lo prometo amor, nunca. Siempre estaremos juntos, hasta que la muerte nos separe…

Pero la muerte apareció demasiado pronto, llevándose consigo la promesa de un hombre atormentado…

Pero ¿Cómo cambiar el curso de la vida? Por más que buscamos, por más que deseamos, no podemos cambiar nada, porque el destino no se atiene a las promesas, ni a los deseos de los seres humanos, el destino de cada uno esta escrito y por más sufrimiento que conlleva, no se puede cambiar. Pero el dolor pronto se convierte en preciosos recuerdos, recuerdos compartidos de dos personas que por fin podrán dejar de sufrir en soledad.

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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:31 am

● Capitulo cuatro

Cierro mis ojos e imagino que estas a mi lado, amándome. Que todo fue una horrible pesadilla, que cuando los abra tú estarás a mi lado, dedicándome una de tus maravillosas sonrisas y me dirás: “Peter, no me paso nada, sigo aquí, a tu lado… todo fue un mal sueño”

Pero abro lo ojos y no estás. Te fuiste y no sé que hacer sin ti, me siento perdido. El mundo que yo conocía se derrumbo a mi alrededor y yo, simplemente fui un espectador viendo como se hacia trizas.

Vi como ella me abandonaba y no pude hacer nada. Sentí dolor, un dolor que no puedo expresar, pero a cambio de su perdida, obtuve el mayor regalo, me dieron una personita a la que yo pude dar mi amor y ser correspondido.

Muchas veces he pensando que hubiera pasado si las cosas hubieran sido diferentes, si Carla no hubiera nacido y Mariana todavía estuviera a mi lado. Duele pensar en Mariana viva, duele, pero ahora me doy cuenta de que no cambiaria por nada del mundo el curso que la vida tomó, llevándose a Mariana y dejándome a Carla.

Ahora sé que, por mas doloroso que fue dejarla partir, que nunca volvería atrás…

-Quiero que me cuentes cada recuerdo, cada momento ¡todo! Quiero saber absolutamente todo de ella, de cómo se conocieron...

Juan Pedro sonrió ante la excitación que se podía escuchar en la voz de su hija. Le recordaba a cuando era más pequeña y le gustaba que la llevara al parque con sus amiguitas. No había cosa con la que su niña disfrutara más y aparte él iba encantado, ya qué cuando llegaba por la noche estaba tan cansada que se dormía al instante.

-No sé ni por donde empezar, quiero contarte tantas cosas que me vuelvo loco buscando la manera de empezar.

-Pues por donde vas a empezar, bobo ¡Por el principio!

Juan Pedro soltó una carcajada. El principio… Cerró los ojos acordándose de la primera vez que la vio, era tan hermosa que cuando cayó en sus brazos había tenido que hacer un esfuerzo considerable para no apoderarse de aquellos apetecibles labios.

-Nos conocimos, no me acuerdo exactamente de la fecha, pero si de que era mayo. Empezaba a hacer calor y pronto las clases terminarían…

Los alumnos estaban impacientes por que llegara el día en que por fin podrían descansar. Las vacaciones de verano pronto llegarían y con ello las noches de fiesta en fiesta. Juan Pedro estaba sentado en la cafetería junto a sus amigos, desayunando y dándole el último repaso para el examen que tenían en la siguiente hora.

Juan Pedro tenía la vista fija en el libro, mientras escuchaba vagamente los comentarios de uno de sus amigos sobre lo que se dedicaría a hacer durante todo el verano. Sonrió al escuchar a su amigo decir que se pasaría todas las vacaciones sin mover ni un dedo. Lo dudaba porque seguramente tendría que prepararse las asignaturas que le iban a quedar.

En ese momento sonó el timbre con lo que cortó los pensamientos de Peter. Nervioso recogió sus libros y junto con sus amigos se dirigió a su clase.

Iba caminando, pendiente de lo que su amigo Gastón le iba contando, mirando hacía delante distraído cuando vio a la mujer mas hermosa que había visto jamás. Se quedó embobado mirándola sin perder cada detalle de aquel perfecto rostro. Iba tan concentrada en sus apuntes que no vio el escalón que tenía delante. Como por arte de magia llegó antes de que ella se cayera al suelo, quedando su cara a escasos centrípetos de la suya. Miró aquellos ojos de color chocolate...

-Y supe que estaba perdido para siempre. Me quedé cautivado de su mirada, de su olor, de toda ella. Siempre recordare aquel momento, porque gracias a un escalón conocí al amor de mi vida, conocí la dicha del amor.

-¡Que romántico! –Dijo Carla con una sonrisa cómplice- Mamá me contó que tú eras un descarado, que al momento de ayudarle a recoger sus papeles ya le pedías una cita.

Peter sonrió con picardía, recordando como Mariana se le había resistido. Pero él nunca se rindió, porque sabía que la recompensa sería más de lo que él se merecía.

-Bueno, pero dime ¿Cómo iba a dejarla escapar si yo ya sabía que estábamos destinados a amarnos?

-También… -dijo Carla riendo.

Juan Pedro siguió contándole cosas de él y Mariana. Sus momentos, sus peleas, sus locuras… Pero también tenia que contarle algo muy doloroso para él y que sabia que tarde o temprano Carla sacaría el tema a relucir.

Carla miro a su padre a los ojos, sintiendo como su corazón palpitaba aceleradamente. Era algo doloroso, pero deseaba, deseaba escuchar la historia de sus labios.

-¿Cuan… cuándo supieron de su enfermedad?

Esas palabras trasportaron a Juan Pedro a un mundo de recuerdos, recuerdos de aquella triste mañana, en la habitación de un hospital. Fijó su mirada a través del cristal del balcón, en realidad sin ver, era como si aquellos días volvieran, como si estuviera en aquella habitación, viendo el rostro pálido de Mariana. Sintió como una mano invisible le estrujaba el corazón, su rostro pálido aun lo atormentaba en las largas noches de sueño.

-Un año después de que nos casáramos, Mariana empezó a sentirse cansada y cuando hacía mucho ejercicio o se esforzaba demasiado, al día siguiente le pasaba factura y se pasaba todo el día postrada en la cama. Ella alegaba que era por el cambio brusco de temperatura, ya que estábamos entrando en el verano, pero yo no estaba del todo seguro. Unos días después sufrió… -sintió como las palabras se le atragantaban en la garganta- Sufrió un pequeño ataque al corazón y el médico nos habló de su enfermedad. Fue un duro golpe para ella, ya que el medico nos dijo, entre otras cosas, que no podría tener hijos, su corazón no podría aguantarlo…

Sintió como las lágrimas empezaban a correr por su rostro, empapando sus mejillas.

-Después de la noticia, volvimos a casa y se encero en su habitación. Casi no comía y yo me sentía desesperado. Lloraba y lloraba, decía que deseaba morir, me pedía que la dejara morir ¿Y que podía hacer yo? Si ella Moria, yo me hubiera ido con ella porque no podía concebir la idea de no volver a verla, de tocarla, sentirla. Era tanto lo que la amaba que, en esos momentos, hubiera dado mi vida por verla sonreír.

Carla miro a su padre y sintió como el corazón le sangraba. Su padre estaba como ido, reviviendo aquellos días en los que la vida de dos personas se destrozaba poco a poco. Recordaba las palabras que su madre había dejado en el diario para ella:

Veo el rostro de Peter, triste, abatido y me duele tanto verlo así, saber que yo soy la causante de su desdicha… ¿Por qué todo es tan difícil?


Si, ¿Por qué todo tenia que ser tan difícil? Todos habían sufrido mucho y se merecían por fin, poder vivir tranquilos, en paz con su dolor.

-Pero entonces las cosas empezaron a cambiar. Mariana se mostraba más animada y era como si, por fin se hubiera resignado a su enfermedad, a sus limitaciones. Claro que quien se iba a imaginar que estaba tramando quedarse embarazada.

Hizo una pausa y miró a su hija con lágrimas en los ojos, tomando sus manos entre las suyas.

-Ahora, cuando te veo aquí a mi lado, sentada mirándome con tus ojos que son tan parecidos a los de ella, me siento afortunado y comprendo porque ella hizo el sacrificio. Fueron los ocho meses más preciosos de nuestras vidas y nunca los olvidaré. Pero cuando ella me dijo que estaba embarazada se me partió el corazón, porque sabía que en el fondo, al final de aquellos ocho meses tendría que decirle adiós a mi corazón, porque ella era mi corazón.

Carla se tiro a los brazos de su padre rompiendo a llorar. A veces la vida era muy cruel y se llevaba a personas que no debía. Se había llevado al ángel que había iluminado el corazón de aquel hombre y en su corazón no había mas brillo que el que su niña le daba, pero cuando esa niña no estuviera ¿Quién daría brillo a ese mundo? Todo seria negro, porque, por más que la gente le dijera que tenía que seguir adelante, él nunca más volvería a sentir su corazón latir.
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:33 am

● Capitulo cinco

-Venga Mariana, hoy ¡Hoy será tu día! Si, claro que si.

Se sentó en la cama, desperezándose con gusto. A su lado, el pequeño Coby levanto la mirada adormilado y al no ver nada que le interesase, volvió a rezagarse y se durmió. Mariana, sin tener en cuenta al perro, salto de la cama, haciendo que el perro casi volase de ella. Con un gruñido, el perrito miro a su dueña indignado y abandono la habitación.

Mariana se rió, ahora tenia sentido la frase de que las mascotas salían a sus amos ¿O se acababa de inventar la frase? ¡Bah, que más daba! El perro tenía el mismo mal humor que ella cuando se levantaba.

Se fue a la ducha. Dejo escapar un suspiro de satisfacción al sentir el agua calentita recorrer su cuerpo. Por un momento, se imagino las manos de cierto hombre recorriéndole el cuerpo, susurrándole al oído lo deseable que la encontraba. Abriendo los ojos de golpe, se giro tan rápido que estuvo a punto de caerse. Con un gruñido de frustración salio de la ducha ¡Por dios, se negaba a tener otro día como el del anterior! Antes de confinaría en su habitación y no saldría hasta que su maldita amiga la mala suerte se fuera de una vez por todas.

Negándose a no dejarse llevar por su mal humor, se vistió y desayunó, sonriendo al ver como Coby acudía a la cocina todo gracias a la llamada de su estomago.

Una vez lista, se fue a la universidad, rezando para que ese día no se encontrara con su “amiguito el innombrable”.

Pero claro; no tendría esa suerte. Nada mas cruzar la puerta de la universidad allí estaba él, sonriéndole a una rubia que le coqueteaba descaradamente. Pero bueno ¿Ese tipo no tenia ni una pizca de vergüenza? Ayer le estaba pidiendo una cita y hoy se estaba trabajando a una rubia, seguramente tonta de remate, que lo único que sabia era reírle todas sus gracias. Por una vez se alegro de no ser rubia y ser, en su opinión, una persona inteligente que no se dejaba engañar por una cara bonita. Aunque por esa cara en particular, se volvería tonta sin pensarlo.

¡Maldita mente depravada! Deja de pensar estupideces y sobre todo ¡Deja de pensar en ese… en ese engreído de lo peor!


Ahora le quedaba bastante claro: Los hombres las preferían rubias y tontas. Bien, por ella ¡Que se metiera a esa rubia por donde le cupiera!

Juan Pedro le sonrió a la rubia, pensando por primera en sus veintitrés años de vida, que esa rubia en verdad no le atraía ni un poco. Y ahora si que empezaba a preocuparse ¡Pero a preocuparse en serio! De siempre había sentido cierta debilidad por las rubias, pero cuando miraba a esa solo podía pensar en cierta pelirroja que le encendía fuego en las venas.

Se rió de una cosa que dijo aquella chica, aunque si era sincero, no tenia ni idea de lo que acaba de decir. Sintió el peso de una mirada y desvió sus ojos, encontrándose con otros a los que deseaba ver con fervor. Así es que allí estaba su pelirroja, mirándolo con desden y con una nota de… ¿Celos? Con una sonrisa maliciosa, volvió su atención a la rubia y le paso la mano por el brazo con coquetería. Por el rabillo del ojo vio como el rostro de Mariana se ponía escarlata y levantando la barbilla se alejaba de donde se encontraba el.

Sonriendo con satisfacción, se disculpo con la rubia y salio detrás de la mujer a la que deseaba.

La alcanzo justo cuando entraba a la cafetería. Vio a la amiga, pero no estaba dispuesto a que se le escapase, esa mañana la quería para el solito. Tenia tantas ganas de que lo mirara con esos ojos llenos de desden y burla. Vale, tenía una vena masoquista, pero ¡Que más daba! Con semejante mujer eso se le podía perdonar.

-Ey pelirroja ¿Es que no me piensas saludar?

Como respuesta obtuvo un bufido. Soltando una carcajada la tomo del brazo y le dio la vuelta, plantándole un beso en los labios. Al instante se separo, sonriéndole con indulgencia, retándola a que le hiciese una escenita.

Pero Mariana, en esos momentos, no estaba para replicar nada. Se había quedado tan sorprendida con ese beso, que tenia la mente en blanco.

-Vaya vaya, he conseguido que te quedaras sin palabras. ¿No crees que, me merezca un premio?

De un plumazo, consiguió sustituir la sorpresa inicial por la indignación. ¿Pero se podía saber que coño se creía que hacia el engreído ese? ¡Dios, deseaba… deseaba…! Bien, estaba bien jodida. Lo que deseaba en esos momentos es que esta vez no simplemente le diera un beso casto, si no uno bien fogoso. Si, si, con lengua y todo…

¡Joder, joder, joder, joder! Si, estaba bien jodida.

-Lo que te mereces es que te suelte un sopapo, eso es lo que te mereces.

-Woo, creo que puedo vivir sin mi premio –dijo con una sonrisa burlona.

Mariana rodó los ojos y siguió andando, esperando que por fin se diera cuenta de que no era bienvenido. Pero no, parecía que no le importaba lo mas mínimo porque la siguió mientras se pedía el desayuno y cuando se fue a la mesa, se sentó con ella.

-No es por nada, pero creo que tengo muy, pero que muy mala memoria ¿Te pedí que te sentaras conmigo?

-No, encanto, pero se que lo deseas tanto como yo.

-Vale, esto ya es preocupante. O tienes una imaginación desbordante o bien te pasas los deseos de otros por donde yo se.

Juan Pedro la miro a los ojos y soltó una carcajada. Si, definitivamente iba hacer suya aquella mujer.

-Digamos que me ago el sordo cuando me conviene.

Otro bufido.

-Eres insufrible.

Paso todo el almuerzo ignorándole, mientras el le echaba sonrisitas maliciosas y burlonas. Ese hombre… ¡Dios era insufrible! Y endemoniadamente atractivo. Tenía un serio problema, pero vamos serio, serio, serio. La ponía cachonda un tipo que la sacaba de sus casillas. Claro, que con aquel cuerpo hasta una monja pecaría.

Sonó el timbre que anunciaba el comienzo de las clases. Sin decir una palabra, Mariana se levanto dejando allí a Juan Pedro que la miraba pensativo y divertido a la vez. ¿Qué iba a hacer con ella? Con un suspiro se dispuso a seguirla, cuando saliera de clase quería que lo primero que viera aquella pelirroja fuera su cara. Con una sonrisa malévola la siguió.

«Mira que este profesor puede llegar a ser pelmazo ¡Que aburrido!»

Miro sin escuchar nada por sexta vez al profesor. Por favor, se estaba aburriendo demasiado. Quería que esa clase terminara de una vez por todas. Cuando sonó el timbre recogió sus cosas con apremio y salio de la clase, despidiéndose del profesor.

Y al salir, lo primero que vio, justo como Peter había querido, fue su cara.

-Yo creo que me voy a echar a llorar.

-No te preocupes, yo te dejare mi hombro para que llores en el –dijo sonriendo con indulgencia.

-Ja, ja, ja, ja. Déjame ya anda.

-¿Y si no quiero?

Mariana intento no darse la vuelta y decirle un par de cosas bien dichas a la cara. Conteniéndose, siguió caminando.

-Cobarde… -le dijo en un susurro.

Indignada se dio la vuelta, quedando sus rostros a escasos centímetros.

-Eres un creído de lo peor, deberían de decirte cuatro cosas bien dichas.

-¿Y porque no lo haces tu? –dijo provocándola.

-¿Quieres que lo haga? Pues bien, ¡Que sepas… que sepas que eres como un grano en el trasero! Un completo incordio.

Juan Pedro, por mas que quiso no pudo contener la risa ¡En su vida lo habían comparado con un grano en el trasero!

Mariana, malhumorada, se dio la vuelta maldiciendo. ¡No podía con él, de verdad que no podía!

-Lo siento pero… ¡Nunca me habían comparado con un grano! –dijo rompiendo a reír de nuevo.

-Si, un completo incordio –dijo en un susurro.

-Vale vale, ya me comporto.

-Lo mejor que podías hacer es dejarme, eso antes que comportarte. Entonces creo que alcanzaría la mayor felicidad.

-Te dejare en paz si sales a cenar conmigo.

Mariana lo miro como si se hubiera vuelto loco. ¿Después de sacarla de sus casillas, le pedía salir a cenar? Ese chico estaba como una completa cabra. Pero una cabra de la que se sentía muy, pero que muy atraída. Y si salía a cenar una noche con él, la dejaría en paz… En el fondo, muy en el fondo, se dijo ella, tenia miedo de que una noche no fuera suficiente para calmar el deseo que sentía por él.

-No se…

-Vamos, te prometo que me comportare como un perfecto caballero. Te llevare flores, te abriré la puerta del coche, te retirare la silla… Será una noche maravillosa.

-Adulador.

-Venga, hazlo por mi, si no me partirás el corazón.

Cuando le sonreía de esa manera, Mariana no podía pensar con claridad. Lo único en lo que podía pensar era en tirarse a sus brazos y que el hiciera lo que quisiera con ella.

-Está bien, iré contigo a cenar. Y que conste, que solo es para que me dejes en paz.

-Ok –dijo con una sonrisa radiante.

«Te prometo pelirroja, que a partir de esa cena no querrás que te deje en paz nunca mas»

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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:35 am

● Capitulo seis

-Vamos, dilo. Se que lo estas deseando –dijo con arrogancia.

Mariana enarcó una ceja mirándolo burlonamente. Decidió que jugaría un poco con él, aunque la velada de esa noche había sido perfecta no le daría el gusto de decírselo… Al menos no por el momento.

-¿El qué? –preguntó quitándose una invisible pelusilla de su pantalón.

-¡Oh vamos, no seas así! Habla por esa boquita y di que a sido la noche mas especial de tu vida.

-¿No crees que estas muy seguro de ti mismo? No eres el único hombre con el que he salido…

«Aunque si has sido el único hombre que con una sola mirada a conseguido derretirme.

Basta Lali, por ese camino si que no, esto no nos llevara a ningún lado ¿Es que no ves que es un Don Juan acostumbrado a que todas las mujeres se tiren a sus pies? Yo no pienso ser una de ellas.

Eso es lo que llevas diciéndote, pero mira donde estas, señorita no me dejo deslumbrar por un Don Juan…»


Maldita vocecilla interior cínica, daba asco que hasta su propias vocecillas interiores se burlaran de ella.

-Creo que ya va siendo hora de que me vaya a mi casa…

-¿Tan pronto, muñeca? Pensé que podríamos ir a bailar…

«Y después podríamos visitar mi piso... »


Juan Pedro se obligo a apartar de su mente esos pensamientos. Sabía que con Mariana las cosas no serian tan fáciles como las típicas rubias que se pasaban el día adorándolo. Y, lo cierto es que eso era una de las cosas que mas le gustaba de Mariana, aparte de su sentido del humor, su sonrisa, sus ojos, su cuerpo… Ciertamente, todo en ella lo atraía.

-Sinceramente, encanto, no me apetece aguantar tu poesía barata ni un minuto más… Con dos horas creo que me basta y me sobra por un día –dijo sonriéndole.

«Dish, punto bajo»

-Esta bien esta bien, creo que lo he captado. Pero no te llevare a tu casa hasta que no me concedas una segunda cita. Y tú sabes que puedo llegar a ser muy, pero que muy persuasivo.

Diciendo esto se le acercó peligrosamente, haciendo que el pulso de Mariana se disparara. Sabía que debería hacer algún comentario mordaz y alejarlo, pero esa noche se sentía perversa, si ¡Perversa! Le apetecía jugar…

-¿A si? La verdad es que no recuerdo cuan persuasivo puedes ser…

A sus labios apareció la sonrisa más sensual que Mariana había visto en su vida. Entendía muy bien porque todas aquellas mujeres no se podían resistir a su encanto. Vamos, ella, la que nunca caía ante un adonis, por muy adonis que fuera cabía destacar, estaba seriamente en peligro de caer y caer rendidamente.

-Estas jugando con fuego preciosa… Ten cuidado, te puedes quemar.

-¿Y si me quiero quemar, qué?

Juan Pedro la miro a los ojos y no perdió la oportunidad; bajo su cabeza y tomo posesión de sus labios, acercándola a su cuerpo. La besó con pasión pero a la vez con dulzura. Mariana sintió un escalofrío por la espalda y le devolvió el beso, al principio tímidamente y luego igualando la misma pasión que la de él.

-¿Qué tal se siente al estar quemada cariño? –dijo bromeando.

En ese momento, Mariana no supo si reírse y abrazarlo, o darle una bofetada por su atrevimiento. Aunque, si lo pensaba bien ella misma se había metido en aquella situación, si, si, ella solita.

«Bien Mariana, apláudete, eres tremendamente lista… ¿Ahora como resistirse si besa realmente bien el muy condenado?»


-Ahora si, creo que es hora de irme a casa.

-Como tú quieras –dijo con una sonrisa de oreja a oreja.


-Sinceramente, no se porque le dejé que me besara… Seguro que fue un lapsus o el vino se me subió a la cabeza ¡Oh dios, porque no me puede quitar de la cabeza ese maldito beso! Por favor, soy igual que todas esas rubias estúpidas… No, no, no, me niego, dime que no soy igual ¿A que no lo soy?

Coby la miro como si se hubiera vuelto loca y después, como si hubiera decidido que no tenía remedio había salido de la habitación. Perfecto, ahora hasta un perro la consideraba una loca. Era hora de que empezara a preocuparse. Salio de su habitación rumbo a la cocina. Rezó para que quedara helado de chocolate en la nevera, necesitaba desesperadamente una dosis de aquel afrodisíaco.

Tenia que dejar de ver a aquel hombre. Decidido, tenia que dejar de verlo pero ya. En dos días, había puesto patas arriba su mundo y sus sentimientos. No podía enamorarse de un mujeriego, no saldría bien parada. Seguramente acabaría con un bombo y el corazón destrozado. Soltó una carcajada al imaginarse a ella, redonda con una sandia y comiendo chocolate, consolada por su mascota. Bien, era una escena chocante tenia que admitir.

Decidida a no dejar que Juan Pedro volviera a liarla para que saliera con él, se fue a la cama.

Claro, que una cosa era que ella estuviera decidida a no dejarse embaucar otra vez por él, y otra muy distinta es que Juan Pedro se diera por vencido, cosa que no sucedería porque cuando él quería una cosa, no paraba hasta conseguirla. Y el deseaba que ella fuera suya y no pararía hasta que cayese entre sus brazos.

Dos semanas después…

-¡Buenos días alegría! ¿Cómo amaneció la pelirroja más hermosa de todo el mundo?

Mariana levanto la vista de su libro y la fijo en la atractiva cara que tenia delante de la suya. Dios, ese hombre aparte de ser endiabladamente guapo, era asquerosamente pesado.

-¿Te han dicho alguna vez que eres la pesadilla de cualquier mujer?

-No, pero muchas me han dicho que soy su sueño ¿Entras en ese grupo tú?

-¡Dios me libre de cometer semejante estupidez!

-Mala persona –dijo sacándole la lengua.

-¿Deseas algo?

-Deseo que me beses, pero como se que no lo harás pues venia a invitarte a desayunar.

Enarcando una ceja Mariana sopeso las posibilidades que tenia. Sabia que hasta que no le dijera que si no pararía. Lo sabía por propia experiencia. Durante aquellas semanas no la había dejado en paz ni un momento. La había llevado a un montón de sitios ¡Y eso que se había prometido que no saldría más con él! Se dijo con cinismo.

-Ahora no, estoy estudiando ¿No lo ves? –dijo levantando el libro.

-Pues te ayudo a repasar entonces.

-¿Nunca te das por vencido? –dijo rodando los ojos.

-Cuando se trata de ti, nunca preciosa.

Mariana sintió mariposas en el estómago al ver la sonrisa de Juan Pedro y eso no le gustaba ni un poquito. Mariposas en el estomago, igual a amor. ¿Y que pasa cuando te enamoras de un tío que va de flor en flor? Que te rompen el corazón. Y no deseaba tener que recoger los pedacitos que el haría del suyo.

-Vamos anda, déjame un ratito sola. No me apetece tener compañía, sobre todo porque no me concentro.

-¿Me estas echando?

-Muy descaradamente supongo –dijo sonriendo.

-Mm, está bien, pero eso se merece otra cita.

-Está bien.

Ya no se podía resistir a él, era algo superior a ella.

-Bien, a las siete te recojo en tu casa y ya sabes ¡Puntual!

-Si –dijo riendo.

No sabía que saldría de aquella “relación” pero lo que si sabia es que disfrutaría de cada momento, aunque acabara perdiendo el corazón.


-Mariana yo…Quiero ser mas que tu amigo, lo que nosotros compartimos es…Dios no Peter, puedes hacer algo mejor que eso.

Mirándose al espejo termino de retocarse el pelo. Parecía una chica arreglándose tanto, pero esa noche quería que todo saliera perfecto, todo. No había escatimado en detalles, la cena, el lugar…Todo seria perfecto porque para el esa noche era especial.

Esa noche le pediría a Mariana que fuera su novia.

Por primera vez en su vida no estaba seguro de que le diría ella. Sentía mariposas en el estomago producto de los nervios. Una sonrisa cínica asomo a sus labios. Si dos meses antes alguien le hubiera dicho que ahora estaría locamente enamorado, se habría reído en su cara, pero ahora, ahora lo que haría seria darle un guantazo, porque de verdad que necesitaba descargar ese torrente de adrenalina que sentía por dentro.

Salio del cuarto de baño y miro la hora: las ocho. Bien, llegaba con tiempo. Eso era importante, ya que sabia que Mariana odia esperar y que se irritaba hasta el demonio. Lo sabía por propia experiencia, no porque ella misma le hubiera advertido. La primera vez que había llegado tarde se había ganado un portazo en la cara y media de hora de suplicas para que accediera a salir con el. Si, no era bueno hacer esperar a la pelirroja.

Y menos ese día que quería a Mariana dispuesta para el. Dios, esa era la peor tortura del mundo, sin contar con las cosquillas en los pies, claro que eso era según el ya que tenia los pies muy sensibles.

<Deja de pensar cosas estúpidas y céntrate. Termina de arreglarte y ve a por ella…>

<No llegues tarde, no llegues tarde…>


Tenia tantos pensamientos en la cabeza que esta empezó a dolerle. Se miro por última vez en el espejo y tomando las llaves del coche y de la casa se fue rumbo a recoger a su dama.

-Rocío por dios ¡Me vas a dejar calva! Deja de pegarme esos estirones… ¡Ay!

Rocío soltó una pequeña risita al mismo tiempo que volvía a estirarle del pelo a Mariana.

-Vamos Lali, eres una quejica, fue un estironcito de nada. Además, como se dice, para presumir hay que sufrir.

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● Capitulo siete

-Rochi, tengo un problema y ¡gordo! –Dijo mirado angustiada a su amiga-

-Bien, suéltalo ya, no puedo dormir desde anoche pensando en que problema te a podido surgir. En un principio pensé problemas de dinero, pero luego me dije no puede ser, si Mariana es una roñosa y después pensé en que alguien te estaría acosando, pero se que le habrías partido un zapato de tacón en la cabeza, entonces no me quedan muchas opciones y como me duele la cabeza de tanto pensar en que coño te podría pasar dime ya de una vez que te ocurre.

Mariana miro a su amiga intentando contener la risa. Rochi siempre tenia ese efecto en ella, aunque estuviera apunto de entrar en crisis, ella conseguía sacarle una sonrisa, por eso era que la quería tanto. Pero al recordar el porque de su angustia la sonrisa se le esfumo y miro a su amiga seria. Dios, por mas que se había advertido, por mas que había intentado cerrar su corazón todo había sido en vano porque se había enamorado…

-…de Juan Pedro –dijo cerrando los ojos y suspirando atormentada-

Silencio. Esa fue toda respuesta que obtuvo de su amiga. Frunciendo el ceño abrió lentamente los ojos para toparse con la mirada risueña de su amiga.

-Oh Lali, que terrible, realmente es espantoso que te hallas enamorado de uno de los hombres mas atractivos que han visto mis ojos, si, realmente terrible.

-Tu sarcasmo me produce acidez rubia de bote –dijo mordazmente-

Rocío le sonrío pícaramente y se llevo un dedo a la barbilla, golpeándosela rítmicamente.

-Sinceramente Lali, no veo donde esta el problema ¿Me podrías hacer un croquis? Ando perdida.

-El problema es que es un mujeriego y acabare con el corazón destrozado, eso es lo que pasa.

-Me sorprendes cielo, no sabia que tenias poderes para predecir el futuro –dijo irónicamente- Conociéndote como te conozco, seguro que, con el historial de Juan Pedro, te has imaginado con el corazón roto y la barriga más redonda que una pelota de baloncesto. Y, me apuesto una cena en uno de los lugares mas caros de la ciudad que en tu historia acababas siendo consolada por tu perro. Una escena fascinante, he de añadir –dijo seriamente-

Ante esto Mariana no podría haber aguantado la risa ni aunque le hubiera dicho que le pagarían un millón de pesos. Era tremendo como Rocío la conocía.

-Eres una maldita rubia asquerosa que me conoce demasiado bien. La próxima vez me pienso confesar con el pájaro de mi vecina.

-Vaya, esa escena es aun mas chocante que la otra si tenemos en cuenta que el pájaro murió hace dos semanas y tu vecina, mas ciega que un topo no se a dado cuenta del nefasto final del pobre pajarito.

Y las dos estallaron en carcajadas. Si, eso era lo que necesitaba, una salida con su amiga del alma para apartarse de la cabeza a cierto caballero que le había robado el corazón.

-Ahora, vayamos al tema en cuestión. Por favor dime ¿Qué te preocupa? Te has enamorado ¡Bien por ti amiga! Ahora ¡Conquístalo! Haz que solo te desee a ti y nada más que a ti, hechízalo, utiliza tus armas de mujer.

-Si supieras el lío que tengo en la cabeza…

-No seas tonta y disfruta, eres graciosa, lista, guapa ¿Cómo va a dejarte escapar? Y si lo hace es que el muy idiota no te merece.

-¿Sabes lo bien que me hace hablar contigo?

-Lo se cariño, lo se.

-Me recuerdas a el cuando te pones así de arrogante.

-Mejor no comento –dijo con picardía-

-A veces no se si te quiero o te odio.

-Me amas querida, todos lo hacen –dijo con superioridad-


-Ey Peter ¿Dónde te metes? Últimamente no se te ve el pelo.

Juan Pedro suspiro mirando a sus amigos tirados en un banco del parque, bebiendo cerveza. Si era sincero con el mismo, le apetecía mas tener a la pelirroja entre sus brazos que beberse unas birras con sus amigos, pero bueno tampoco podía dejar de lado su vida social.

-Haciendo cosas –dijo simplemente-

-Bueno, pues ahora que ya estas “desocupado” –dijo su amigo con un deje de ironía- Ven y siéntate aquí a beberte unas cervezas con nosotros y de paso, nos cuenta cuan ocupado has estado.

El tono de picardía en su voz no dejaba lugar a la imaginación: Sabían que sus “cosas” era estar con una mujer. Pero Mariana era solo suya y no compartiría ni el más mínimo detalle con sus “amigos”. Aunque si que no podría ocultarle la verdad a Gastón, su mejor amigo.

-Ya sabes, lo mismo de siempre –dijo tomando una cerveza y sonriendo con arrogancia-

-Ese es nuestro chico.

Acto seguido chocaron las botellas, brindando por el “éxito” de Peter. Si ellos supieron que la pelirrojita se le resistía mas de lo que el había pensando…

Sintió como alguien lo agarraba del brazo y lo empujaba, apartándolo del grupo. Gastón.

-Bueno ¿Qué? ¿Ha caído ya?

-Vamos Gas, si no fuera porque te conozco desde hace tiempo pensaría que eres un cotilla –dijo con burla-

-Al grano Peter, no estoy para tus bromitas pesadas.

-Uf, que furiosito te pones cuando no obtienes tu dosis de cotilleo –Sintió una mano golpeándole la cabeza - ¡Ey, ya voy ya voy! La colleja sobraba ¿Sabes?

Robándose el golpe, tomo un trago de cerveza y le contó las dos ultimas semanas con Mariana. Habían sido mágicas, especiales, cada momento con ella había sido…maravilloso para el. Normalmente no necesitaba pasar dos semanas para tener a las mujeres a sus pies, a los dos días ellas entraban gustosamente a su cama, pero Mariana, nah, Mariana no era como las demás, ella era…Mariana. No había palabra para describirla.

-No se Gastón, cuando estoy con ella me siento…diferente.

-Peter, no es por nada pero… ¿Te das cuenta que hablas como un enamorado?

Peter se lo quedo mirando como si le hubieran salidos dos cuernos en la cabeza. Bien, estaba claro que esa idea no se le había pasado por la cabeza.

-¿Qué dices? ¿Estas loco, yo enamorado? Eso si que es un buen chiste.

-Pues yo no le veo la gracia y es mas, pienso que te estas enamorando de Mariana.

-Ja, de verdad Gastón sirves para bufón, te encontrare un trabajo con un buen sueldo, te lo juro.

-Tú búrlate todo lo que quieras, pero al final cuando estés perdidamente enamorado de ella, me darás la razón y juro que me lo cobrare de alguna manera.

-No me comas la cabeza Gastón, eso nunca sucederá.

<Nunca digas nunca…>

Maldita voz de la conciencia. Cállate, le ordeno mentalmente.

<La verdad duele…>

Joder ¿Es que cuando uno mandaba callar a la conciencia, esta se pasaba tus deseos por donde no se los debería de pasar?

-Mejor volvamos al grupo –dijo con un bufido-

-Claro, yo mientras pensare en mi dulce venganza cuando pierdas.

Un gruñido obtuvo como respuesta. La verdad era que se sentía feliz porque Peter por fin, había encontrado a la olma de su zapato. Conocía a Mariana de vista y por lo poco que Juan Pedro le había contado, supo que quedaría tan irremediablemente enamorado, que vendería su propia alma al diablo por el amor de aquella mujer.


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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:43 am

● Capitulo ocho

-Rocío, mi vida es un desastre.

La rubia rodó los ojos poniéndolos en blanco. Durante ese últimos meses Mariana se había pasado día y día diciéndole que su vida era un desastre...

-Vamos Mariana, te lo digo en serio ya por favor, búscate una nueva palabra, esa ya me aburre.

-Joder Rocío eres todo un consuelo.

-Pero vamos a ver ¿Que te pasa ahora?

Mariana se paso la mano por la cara en señal de frustración. Que podía decir, las cosas no le iban tan mal pero con Juan Pedro...No tenía nada claro. Lo quería, ya no podía negarlo pero ¿El? ¿Sentía algo por ella? Esa era la gran duda de su vida.

-Espera espera, no me lo digas... ¿Tu gran problema no es moreno, con ojos verdes, con cuerpo que quita la respiración...?

-Bueno Rochi contrólate un poco ¿no? Que es mi ligue.

-Hija que cortita te has vuelto...

-Oh claro, casi tienes un orgasmo aquí pensando en mi chico y yo soy la corta...Genial ¡Súper genial!

-Ha perdido todo el sentido del humor – dijo susurrando.

-Pero si, es Juan Pedro. De verdad que no lo entiendo, me llama, se pasa el día coqueteando conmigo pero de que voy a dar el paso, de que me pongo demasiado cariñosa se aleja de mi y empieza a evitarme, de verdad no lo entiendo.

-Seguro que es de ese tipo de hombres que les tiene pánico al compromiso – dijo llevándose la cuchara de helado a la boca.

-Ya no se que creer... Estoy por alejarme de él, darnos como un tiempo.

-Y el problema es que tienes miedo de que al alejarte pierda el interés por ti y se vaya con otra.

-¡Bingo!

-Bueno cariño tienes dos opciones; o te alejas de el con el riesgo de que te lo quite alguna lagartona o haces una campaña de acoso y derribo y le dices que lo quieres.

-Dios Rochi que gran variedad de opciones me has dado, estoy abrumada – la ironía impregnaba sus palabras.

-Lali, por un puñetera vez en tu vida arriésgate y dile que lo amas, realmente no pierdes nada.

-Te juro que tengo miedo, mucho miedo...

-Cariño, si te rompe el corazón yo estaré aquí para ayudarte a recoger los trozos y juntas lo recompondremos, pero no puedes pasarte la vida atemorizada.

-Cre...creo que tienes razón, si ¿Porque no? ¡Esta noche se lo digo!

-¡Esa es mi chica! - una sonrisa triunfante se dibujaba en sus labios.

-Lo siento por llegar tarde, pero el tráfico estaba imposible esta noche.

-No te preocupes y pasa tontito – dijo riendo nerviosamente.

Juan Pedro dejo su abrigo en una de las sillas y sentándose en el sofá espero a que Mariana terminara de preparar la mesa y la cena.

Estaba nervioso. Había tomado una decisión que esperaba que cambiase su vida para siempre. Por fin había reconocido lo que su corazón siempre había sabido.

-¡A cenar!

<Dios mío ayúdame ¿Como voy a ser capaz de decirle que lo amo? No puedo, no puedo...Juan Pedro, te amo...>

-¿Y que tal tu día?

-Pues normal, me fui por ahí con Gastón de cañas y nada, estuvimos hablando y eso, cosas de hombres – dijo riendo- ¿Y tu que?

-Pues yo estuve con Rochi, fuimos a comer y de compras, cosas de mujeres – dijo con picardía.

-Huy eso me suena muy sórdido ¿Que te comprantes?

-Si te portas bien, al final de la noche a lo mejor te lo enseño...

-Eso suena a promesa, hermosa.

-Puede – sonrío. Si todo salía bien, esa noche seria muy especial.

Terminaron de cenar y se fueron al salón, donde tomaron una copa y hablaron de banalidades, evitando el tema que tanto les costaba tocar.

<Vamos campeón ¿A que esperas? Suéltalo ya. >

<Venga Lali eres patética, suéltalo de una maldita vez>


-Mariana...

-Juan Pedro...

Los dos soltaron una carcajada.

-¿Que querías decirme Peter?

-No, tu primero...

-No no, tu primero, lo mío no es muy importante – dijo indecisa.

-Bueno...Yo...yo te quería preguntar...veras es que desde que te conocí yo, pues eso que me has caído muy bien, eres simpática y eso y... -Dios, es mas difícil de lo que parece- Yo... ¡Maldita sea! -dijo en un susurro- no se como decirte esto pero...

Mariana no entendía ni una palabra de lo que le estaba diciendo, lo miraba con esa cara que decía a gritos ¿Ha perdido el juicio?

-Mariana yo...-De perdidos al río- Te quiero, no se como sucedió pero te quiero...y pues ya -dijo avergonzado- ¿Quieres ser mi novia? -dijo esperanzado-

Sin dar crédito, Mariana se pellizco el brazo. Vale, no estaba durmiendo ya que eso había dolido y mucho. Casi estuvo a punto de echarse reír al ver la cara de confusión de Juan Pedro. Sin creérselo todavía se levanto y sentándose encima de Juan Pedro lo beso con todo el amor de su corazón, diciéndole con hechos lo que su corazón sentía.

-¿Eso es que si? - dijo sonriendo como un tonto.

-Si hermoso, eso es un si.

Volvieron a juntar sus labios, besándose con amor, pasión, desesperación...Tanto tiempo reprimiendo sus sentimientos había sido una tortura y ahora, dejaban que todos ellos fluyeran...

Se amaron durante toda la noche, no tenían suficiente el uno del otro. Cada caricia, cada beso era una muestra de ese amor que había nacido con una simple mirada. Dos cuerpos uniéndose, convirtiéndose en uno, siendo la prueba de un amor puro y verdadero.

A la mañana siguiente Mariana, con cara de satisfacción se despertó desperezándose, con tan mala suerte que su codo acabo en la nariz de Juan Pedro, despertándolo con un grito de dolor.

-Oh no Peter, lo siento muchísimo...No estoy acostumbrada a dormir con nadie y tu...tu...

-Vaya despertar, si lo llego a saber me hubiera puesto en la otra parte de la cama – a su pesar, estaba sonriendo – Pero que hermosa estas por las mañanas amor.

-Si, preciosisisima – riendo se levanto, tapándose con la sabana.

-Eh, eh, eh, no te lleves la sabana o que quieres ¿que me enferme?

-Voy a la ducha, si te apetece...

Sin pensárselo dos veces se levanto de la cama, tomando a Mariana entre sus brazos fue rumbo a la ducha.

Con una sonrisa en los labios, Mariana miro al hombre que amaba y dio gracias a dios por el gran regalo que le había echo.

El futuro se abría ante ella con los brazos abiertos. Su futuro, su amor...Juan Pedro.

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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:44 am

● Capitulo nueve

-Puede besar a la novia.

Después de tantos días, por fin era su mujer. Suya, solo suya. Le aparto el velo de la cara y bajando la cabeza tomo posesión de sus labios, con dulzura, con pasión. ¡Dios, eran tan dulces! Sus labios eran el paraíso, un paraíso en el que el quisiera perderse para siempre.

-Pero chicos, control...Que estamos ante dios -dijo Gastón riendo -

Juan Pedro solo atino a sonreír. No podía expresar con palabras lo que su corazón sentía, tanto amor, tanta felicidad...Ese día era el primero de muchos, el primero de muchos días juntos a su corazón, a su Mariana.

Si dos años atrás alguien le hubiera dicho que acabaría casándose con su pelirroja, se habría reído en su cara. Ahora lo único que podía hacer era dar gracias, porque el regalo de su amor era lo que le había salvado, lo que entibiaba su corazón.

Bailaron, rieron, charlaron durante toda la noche, hasta que llego la hora de irse. Entre felicitaciones y buenos deseos entraron al coche, antes de cerrar la puerta se escucho la voz de Rocío gritando...

-... ¡PORTENSEN MAL! Y pásenlo genial – apunto con picardía.

Mariana soltó una carcajada y bajando la ventanilla de la limusina, saco la cabeza y sonrío con maldad a su amiga. Mientras volvía a subir el cristal, escucho las carcajadas de Rocío.

-¿Como esta señora de Lanzani?

-Cansada, pero con ganas de amarte toda la noche – dijo con un tono ronco y sexy -

-Dios, tengo tantas ganas de tenerte para mi solo...Besarte, desnudarte y hacerte el amor como un loco.

Se besaron, perdiendo la noción del tiempo. Si no hubiera sido por el claxon del conductor aun seguirían perdidos en su mundo. Abriéndole la puerta, Mariana tomo la mano de Juan Pedro y se quedo maravillada, viendo la vista del hotel. Era como un castillo, era...Si, era como el cuento de hadas con el que toda mujer sueña.

-Dios Peter, es tan precioso...Todo es tan perfecto.

-Te mereces esto y más amor, te amo.

-Yo también te amo.

Se besaron, olvidándose de que estaban en la puerta del hotel, olvidando que el personal del hotel los miraba, olvidaron todo porque cuando estaban juntos, lo único que cobraba vida era el latido de dos corazones unidos por la magia del amor.

-Mm que rico es besarte, precioso.

-Me pasare toda la noche haciéndolo – le prometió Juan Pedro.

-Te tomare la palabra...

*****

-Y dime, después de cinco días sin saber nada de ti ¡Cuéntame! ¿Como es la vida de casado? ¿Es tan excitante como dicen? -dijo moviendo las cejas arriba y abajo de forma sugerente-

Juan Pedro sonrío ante las palabras de Gastón. Dudaba de que nadie le hubiera dicho eso.

-Si, muy excitante – dijo riendo con picardía.

-¡Ay me cae! Cochinote, ya se que habrás estado haciendo día tras día...no se si sonreír o indignarme.

-¿Por que? -dijo riendo-

-Porque si, te has pasado toda la luna de miel haciendo...jugando a los médicos, por decirlo de alguna manera -soltó una risita- y nadie sabia nada de ustedes, es como si la tierra los hubiera tragado...o mas bien la cama. Ni un momento pararon para por lo menos para una llamadita ¡Cochinos perros!

Estallaron en carcajadas mirándose cómplices.

-¿Y que esperabas? Tenia que disfrutar de mi mujer.

-No y bien que lo disfrutaste eh, no te quejes.

-No te haces una idea – dijo con malicia-

-Dios déjame por favor, déjame -riéndose le dio un golpe en el brazo- No quiero que me perviertas. No ya en serio, me alegra muchísimo verte así, feliz y sonriente. Encontrar a Mariana fue lo mejor que te pudo pasar...Y tengo que decir que a mi también, así conocí a Rocío – dijo con una mirada soñadora-

-Dios Gastón ¿Como eres tan interesado maldito? -dijo riendo- Pero tengo que confesarlo, Mariana es lo mejor que me pudo pasar y por eso tengo miedo, miedo de perderla. Tengo mucho miedo de que algo estropee todo esto...

-Anda no seas melodramático, la tienes tan enamorada de ti que me parece imposible que se fije en otro y si es así, le partimos la cara al tipo y no pasa nada -dijo sacando pecho con una sonrisa orgullosa-

-Eres incorregible -dijo con una sonrisa-

No podía pedirle mas a la vida.

Tenia una familia que adoraba, un amigo que había estado con el en las buenas y en las malas y una mujer que lo amaba. Todo era tan perfecto, que tenia tanto miedo de que algo le robara su felicidad...

Pero lucharía contra cualquiera que intentara arrebatarle aquello que tanto amaba.
Aunque ese alguien, fuera el corazón que más amaba.

UN AÑO DESPUES


-Buenos días amor mío. ¿Como despertó la princesa más bonita de mí reino?

Sonriendo, Mariana se desperezo y se abrazo al fuerte torso de su esposo. Mm que bueno era sentirse entre sus brazos, amada, protegida.

-Aquí, entre tus brazos, créeme, estoy excelente.

Juan Pedro sonrío, afrentándola mas fuerte contra el.

-Sabes amor, he estado pensando y pues me gustaría – se quedo callada, recorriendo el bello de su pecho con el dedo- tener un bebecito lindo que se pareciera a su papá.

Sintió como el cuerpo de Juan Pedro se tensaba y trago saliva. ¿Es que acaso no querría formar el una familia? Ella siempre quiso ser madre, sentir esa pequeña vida creciendo en su interior...No podía ser que su peor pesadilla se hiciera realidad, ella quería ser madre, necesitaba serlo...

-Juan Pedro...-dijo en un susurro-

-Nunca creí que dios me diera la dicha de tener lo que siempre quise Mariana.

Ella levanto la mirada, viendo los ojos llenos de emoción y de amor de Peter.

-Por supuesto que quiero que tengamos un bebe, quiero abrazar a esa pequeña vida que será fruto de nuestro amor...Dios, me haces tan feliz.

Diciendo esto se inclino, tomando posesión de sus labios.

-¿Entonces...te parece bien?

-Que si me parece...Puff, creo que a partir de hoy mi prioridad será tenerte todo el medio en la cama para crear a ese niño -paso su nariz por su pelo, aspirando su dulce olor- Si, creo que voy a disfrutar demasiado creando a nuestro niño -dijo riendo con picardía-

-Eres un tonto – dijo riendo-

Juan Pedro se quedo mirándola. Estaba tan hermosa, toda despeinada y con esa sonrisa que iluminaba su cara, pero lo mas importante, iluminaba su corazón.

-Te amo como un loco, nunca lo olvides.

-Te juro que no lo olvido, es lo que me hace levantarme día tras día.

La volvió a besar. Era adictivo a sus labios, tan hermosos, tan seductores...Con solo pensar en probarlos su sexo reaccionaba.

-Señora Lanzani, creo que deberíamos ir levantándonos y me va a ser imposible alejar mis manos de tu apetecible cuerpo.

-Mm...

-Venga Mariana, no me lo pongas más difícil, que tengo que ir a trabajar.

Sonriendo con picardía, tomo su miembro entre sus manos, provocando un gemido por parte de Juan Pedro. Con maldad, lo acaricio lentamente, disfrutando de tener el poder, de saber que podía tener a ese hombre a sus pies.

Entre besos y caricias la penetro, con pasión, haciéndola suya una y otra vez. Saliendo de su interior, se dejo caer en la cama, arrastrándola hacia el, besándola dulcemente en los labios.

-Ves, ya sabía yo que hoy llegaría tarde a trabajar.

-Como me gusta hacerte esto cariño – dijo riendo-

Y así, entre risas acabaron en el cuarto de baño, duchándose juntos y volviendo a hacer el amor.

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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:45 am

● Capitulo diez

-¡Maldita sea!

Por quinta vez volvió a dejar la fregona y se dejo caer pesadamente en el sofá. Dejo escapar un bufido, apartando graciosamente su flequillo de los ojos. Soltó una risita cuando volvió a bajarse, volviendo a taparle la vista.

Durante semanas al mínimo esfuerzo se cansaba. Empezaba a preocuparse. Hasta Juan Pedro se había dado cuenta de que se cansaba con mucha regularidad, pero lo había achacado al cambio del tiempo que parecía estar loco. Lo cierto es que no quería preocuparlo, pero su mente ya empezaba a formarse ciertas ideas, todas relacionadas con una nueva vida.

Sonrío, pasándose la mano por la frente para limpiarse el sudor. No quería hacerse ilusiones pero lo deseaba tanto, deseaba tanto ser madre...

Volvió a levantarse con renovadas fuerzas y tomo la fregona, lista para otra ronda de limpieza.

-¡Mariana! ¡Ya estoy en casa!

Cerró la puerta con el pie, ya que llevaba las manos cargadas, en una con bolsas con comida china y en la otra su maletín.

Subió directamente las escaleras y dejo las cosas en el suelo de su habitación, quitándose el abrigo y dejando el maletín en el armario. Se desaflojo la corbata y volviendo a tomar las bolsas con la comida fue rumbo a la cocina, dispuesto a buscar a Mariana.

No la encontró en la cocina, ni en el baño, ni en su habitación. Preocupado la volvió a llamar...Nada, le contesto la nada, ni rastro de Mariana. Empezó a llamarla frenéticamente, acelerando sus pasos se dirigió a la habitación de invitados.

Se quedo parado en la puerta, con la mano en el pomo y sintió un escalofrío. No sabia porque, pero algo lo retenía, no podía abrir esa puerta...

El corazón se le paro, viendo allí lo que más temía, a Mariana tirada en el suelo...

Se quedo allí parado, mirándola tan pálida, tan etérea...Como si de un momento a otro fuera a desaparecer. Se sentía como un espectador, viendo la escena pero sin asimilar lo que sus ojos observaban.

Corrió gritando un < ¡MARIANA!>, agauchándose a su lado y abrazándola, sintiendo como sus mejillas se llenaban de lágrimas. ¿Que estaba pasando?

Atino a sacar tu teléfono móvil del bolsillo y marcar el número de teléfono pidiendo una ambulancia.

Veinte minutos después entraron por la puerta los médicos, subiendo a Mariana en una camilla y llevándola corriendo a la ambulancia. En el momento en que la metían dentro, llego un coche frenando de golpe, bajándose de el una rubia que corrió donde se encontraba Juan Pedro.

-¿Que ha pasado por dios Peter?

Se quedo mirándola, con los ojos enrojecidos y llenos de dolor.

-No lo se -dijo en un susurro-

Gastón llego por detrás y abrazo a Rocío, sintiendo como su pequeño cuerpo temblaba y escuchando como pequeños sollozos salían de su garganta.

-Vamos nena, iremos detrás de la ambulancia. Peter ira con Mariana.

Y entonces empezó el infierno.


-¿Como esta doctor?

Rocío tomo la mano de Juan Pedro, apretándola con fuerza. Llevaban dos horas en la sala de espera, esperando cualquier noticia de Mariana. Nadie les decía nada, solamente que esperaran, que el medico la estaba atendiendo. Por fin, después de una eternidad salio el medico, llamando a los familiares de Mariana Esposito

-¿Usted es...?

-Soy su esposo, por favor díganme como esta -dijo suplicándole-

-Me temo que no tengo buenas noticias. La paciente ingreso con mucha gravedad, pudimos detener el ataque al corazón pero en estos momentos esta muy débil. Mas bien su corazón esta muy débil.

Juan Pedro sintió como el aire se le retenía en los pulmones ¿Ataque al corazón?

-Pero...

-Ahora solo nos queda esperar a ver como evoluciona y seguir haciendo pruebas.

-Gracias doctor – dijo Rocío con un hilo de voz-

-Dios mío...

Juan Pedro se llevo las manos a la cabeza, sintiendo como se le caía el mundo encima. Mariana, su Mariana...Ni siquiera podía plantear la idea de no vivir sin ella, de no volver a verla sonreír, de no oír su voz...Sentía, ¡Dios! Ni siquiera sabia explicar como se sentía, hasta respirar le dolía...

Pero no, el necesitaba que ella se recuperara. No, sabía que se iba a recuperar porque sin ella, su vida perdería todo el sentido.

-Mi amor, ¿Como estas?

Mariana parpadeo, intentando enfocar la vista. La cabeza le dolía horrores y sentía la boca pastosa. Intento hablar, pero parecía que sus cuerdas vocales se negaban a colaborar y a emitir ninguno sonido.

Miro la cara demacrada de Juan Pedro y entonces realmente se preocupo; ¿que había pasado?

-¿Qu...que ha pasado?

-Gracias a dios -susurro Juan Pedro- Cariño estas en el hospital...Perdiste el conocimiento y...

Las palabras se negaban a salir de su boca. El dolor era todavía tan vivido, la muerta parecía acecharlo por todos lugares, amenazando con robarle lo que más amaba del mundo. Las horas habían pasado y cada vez era mas difícil estarse quieto, sentía tanta impotencia...No poder hacer nada, ella se le escapaba entre los dedos, como arena y el solo había podido quedarse mirando, dejándola en otras manos, otras manos que no la amaban tanto como las suyas.

-Peter...

Sonriendo después de tantas horas, Juan Pedro se llevo las manos de Mariana a sus labios y las lleno de pequeños besos, dando gracias a dios porque todo hubiera salido bien.

-Todo esta bien Lali, ahora solamente preocúpate por ponerte bien y venirte a casa conmigo.

-Te amo...

Y volvió a cerrar los ojos, sumiéndose en el mundo de los sueños.

-Señor Lanzani, querría hablar con usted un momento...

-Claro claro.

Limpiándose las lagrimas traicioneras que se habían deslizado por su cara, salio de la habitación cerrando la puerta con delicadeza.

-Dígame.

-He estado haciéndole pruebas a su mujer y tengo que serle sincero señor Lanzani, el corazón esta demasiado débil. Pudimos salvarla por muy poco...

Las palabras del doctor cayeron como un balde de agua fría. El se dio cuenta entonces de lo cerca que había estado de perderla, lo cerca que la muerta la había rondado.

-Pero ¿Se pondrá bien?

-Por suerte hemos encontrado el problema y con una vida tranquila y saludable podrá vivir. Con una vida tranquila me refiero a nada de esfuerzos, sobre saltos o cualquier cosa que la pueda alterar. Tendrá que cuidarse para que el corazón no vuelva a fallarle.

Una idea le rondo la cabeza, cortándole la respiración.

-Doctor ella – trago saliva- ... ¿Podrá quedarse embarazada?

-No, por desgracia un embarazo seria un riesgo demasiado grande. Probablemente durante el parto no conseguiría superarlo...

-No...

La negativa salio de sus labios con un deje lastimero, lleno de dolor. Estaba tan ilusionada con la idea de un bebe, la idea de ver crecer a esa pequeña vida, tenerla entre sus brazos...

-Siempre les queda la opción de adoptar.

-Muchas gracias doctor, por todo.

El doctor asintió con la cabeza antes de dejarlo solo.

Derrotado se dejo caer en un silla. De un día para otro su vida se había vuelto del revés, dejándolo desamparado, sin fuerzas. Pero una sonrisa floreció en sus labios, ella viviría, era lo único que importaba. Lo demás se resolvería, claro que lo haría. El se encargaría de que todo estuviera bien.

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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:48 am

● Capitulo once

<Llegue al final del camino y me deje caer, cansada. Recogí mis piernas y puse mi barbilla en mi mano, en un modo casi infantil. Mi apariencia era de aburrimiento, quizás pensativa...Nada lejos de la realidad.

Ante mi se abrían dos caminos. Uno de ellos estaba lleno de dolor y felicidad, las dos entre mezcladas y al final del todo, oscuridad, una oscuridad que calaba hasta los huesos. El otro era todo felicidad, felicidad y mas felicidad y al final del camino un gran anhelo.

Suspire pensando ¿Que hago? Mi mente era un caos, mis emociones me desbordaban. Deseaba que alguien viniera, se sentara a mi lado y me dijera sin vacilar; Ey Lali, ese camino tiene mejor pinta, deberías tomarlo...

Seguí mirando al frente, riéndome con amargura. De la noche a la mañana, mi vida había cambiado de sentido, obligándome a escoger. No había salida, no había escapatoria, uno de los dos caminos me esperaban.

Y de repente, en un lado del camino apareció el. Si, el, mi Juan Pedro, mi amor. Me miro y me sonrío, y sentí como mis ojos se llenaban de lágrimas.

-¿Y ahora que?

Le pregunte, ahogándome entre lagrimas. El solo me miro y durante unos minutos nos dijimos con la mirada, todo lo que las palabras no sabían expresar. Hablamos con el corazón. Y entonces el por fin me respondió. Y sus ojos me dijeron cuanto dolor albergaba su triste corazón, tanto, tantísimo dolor...

-¿Merece la pena?

El lo sabía. Un grito de agonía subió por su garganta, rompiéndome en mil pedazos. El sabia cual seria mi camino.

-El precio será alto, pero merecerá la pena.

No tuve que decir nada más. Simplemente se levanto, dándome la espalda y echo a caminar. De una, se paro en seco, se agacho y dejo algo en el suelo. Sin más siguió andando, desapareciendo de mi vista.

Me levante, dominada por un dolor y angustia que no entendía, ¿Que había dejado allí? ¿Volvería a verlo?

Y entonces lo vi, allí estaba. El destino se reía de mí una vez más. Si, era un corazón. Pero uno roto. Era su corazón roto.

Tomándolo entre mis manos, lo acerque al mío, acunándolo, llorando por el.
Ya nunca más volvería a latir.

Lloro con fuerza, porque sabia que el suyo tampoco volvería a latir.>


Decidir. Nos pasamos la vida decidiendo por cualquier cosa. La vida se rige por el hecho de decidir...

Que nos ponemos para salir, que comemos hoy. Decidimos sobre nuestro corazón, sobre nuestras acciones. Pero a veces decidir se convierte en un verdadero infierno, cuando tienes que decidir entre tu vida y tu muerte...

DOS AÑOS ANTES


-De verdad Juan Pedro, me encuentro mejor, deja de preocuparte – dijo con una sonrisa en los labios-

Llevaba diez días postrada en aquella cama de hospital y, sinceramente, ella ya se encontraba de maravilla. Pero los médicos aun se negaban a darle el alta, excusándose en que debían hacer mas pruebas.

-Perdóname amor, pero es que todavía no me recupero de esto...

Le paso la mano por la cara, un acto de amor y ternura infinita. Lo entendía, pero ella estaba cansada de estar allí, sin hacer nada...Parecía una mártir. Además, tenia la sensación de que le ocultaban algo y dios sabia que eso no le gustaba nada.

-Pronto estaremos en casa y todo volverá a la normalidad -le prometió-

Juan Pedro intento reprimir sus emociones, las ganas de llorar, el sentimiento de perdida...Sabia que por mucho que el quisiera, por mucho que deseara evitarle aquel duro golpe a Mariana tarde o temprano tendrían que decírselo. Nada volvería a ser igual, nada...

-Mariana yo...

El medico golpeo la puerta, entrando sin esperar a ser avisado, rompiendo así el momento de intimidad.

-¿Como se encuentra hoy nuestra paciente?

-Bastante bien doctor, estoy deseando poder irme a mi casa – dijo sonriendo-

-Pronto, hoy nos llegaron los últimos resultados de las pruebas y esta misma tarde podremos firma el alta.

-Por fin – dijo suspirando-

-Eso si, antes de irse quisiera que pasara por mi consulta para darle algunos detalles sobre como cuidar su salud y por supuesto, responder a las preguntas que usted me quiera formular.

-Perfecto, muchas gracias por todo.

-No me las de, es mi trabajo.

Y dándole un apretón de manos a Juan Pedro, seguido de su más sincero agradecimiento salio por la puerta, dejándolos solos.

Mariana alzo sus ojos y miro a Juan Pedro, con inquietud. Y con un susurro, expreso lo que su mente y su corazón sentían.

-¿Nada volverá a ser como antes, verdad Peter?

Le respondió el vacío silencio...

Y así fue, nada volvió a ser como antes.

Mariana se quedo mirando las pastillas, delante del retrete. Las lagrimas, aquellas lagrimas traicioneras que desde hace ya un tiempo la acompañaban, bañaban su delicado rostro.

Tenía el corazón roto, los nervios en tensión. Había tomado una decisión. Después de mucho pensar, después de tanto sufrimiento había tomado su decisión.

Tirando las pastillas, tiro de la cadena. Ya no había vuelta atrás, la suerte estaba echada.


-¡Mariana Esposito, bájate ahora mismo de esa silla o te daré de nalgadas hasta que no te puedas sentar en diez días!

Mariana no pudo evitar sonreír. Juan Pedro siempre conseguía eso, aun en los peores momentos, mirarlo, sentirlo junto a ella era suficiente para hacerla feliz, sonreír a la vida.

-Peter, eres demasiado estricto – protesto – déjame tener un poco de adrenalina por favor, no pasara nada.

-¿A esto le llamas tener un poco de adrenalina? Haras que me salgan canas antes de tiempo mujer, ya lo veras.

Tomándola entre sus brazos la bajo, dando vueltas con ella entre ellos. Allí era donde siempre debería estar, protegida entre sus brazos. La beso apasionadamente, dejando que el amor que sentía por ella fluyera.

Como siempre pasaba entre ellos, la pasión exploto. Sus cuerpos se buscaban, se reclamaban. La recostó entre los cojines, recorriendo su cuerpo con delicadeza, arrancando roncos gemidos por parte de Mariana.

La ropa sobraba, estorbaba. Se la arrancaron el uno a otro, ansioso de sentir como sus pieles se fundían, se volvían uno. Con la boca, con las manos se dieron placer, hasta que ninguno de los dos pudo soportarlo y con una fuerte envestida, la penetro, provocando que los dos gimieran en respuesta. El placer era demasiado. Mariana, llevada por la pasión le araño la espalda, mientras besaba su cuello.

Juan Pedro, a punto de estallar acelero sus embestidas, llevándolos al cielo, rompiéndolos en mil pedazos de placer.

Sin salir de dentro de ella, se dejo caer al su lado, arrastrándola junto a el, dejando caer su mano en su trasero, posesivamente.

-Siempre me haces que pierda la cabeza...-dijo en un tono ronco, sexy -

-Si supieras lo mucho que me gusta hacerte perder la cabeza Juan Pedro...

Su sonrisa maliciosa arranco una carcajada por parte de el. Era su vida, su alma. Su corazón latía porque ella latía con el. Tan llena de vida, tan deliciosa pero al mismo tiempo tan malditamente frágil...

Cuando el mundo dormía, cuando ella dormía Juan Pedro se dedicaba simplemente a mirarla.

Era uno de sus placeres secretos. Podría pasarse el resto de su vida. Sentía tanto dolor al mirarla, habían pasado una dura prueba pero con amor todo se superaba. La vida se empeñaba en ponerles todo tipo de obstáculos, pero el estaba decidido a saltarlos todos, a pasar por encima de ellos, a hacer lo que fuera con tal de que ella siguiera a su lado. Para siempre...

-Te amo cariño...-dijo susurrando-

Positivo.

Mariana dejo el test con manos temblorosas. Positivo. El resultado del test de embarazo daba vueltas en su cabeza.

Una mezcla de euforia, de dolor y tristeza se apodero de ella. Eso era lo que quería, lo que había ansiado durante tañido tiempo. Pero al mismo tiempo ella sabia lo que significaba, lo sabia. La vida era tan agridulce...

Miro su reloj, eran las dos. Dentro de nada Juan Pedro vendría y ella se sentía sin fuerzas para enfrentarse a el. Habían tenido tantas discusiones durante los días siguientes de salir del hospital. Ella estaba dispuesta a renunciar a su vida, a mandarlo todo al infierno, pero el...

El la había mirado a los ojos, unos ojos tan llenos de dolor, de amor y sus palabras aun estaban inscritas a fuego en su corazón...

¿Quieres mandarlo todo al infierno? ¡Mándalo, maldita sea! ¡Hazlo! Pero si tú te vas al infierno, espérame porque yo me iré contigo. No pienso quedarme aquí y mirar como te vas, porque seria como arrancarme el mismísimo corazón. ¿Es que todavía no lo has entendido? Sin ti, no soy nada...nada.


A veces pensaba que ya no podría llorar más, que el pozo de lágrimas se había secado. Pero nunca era así, llevaba dos años viviendo con ese pozo que nunca se secaba, con ese dolor que la comía. Ahora por fin había conseguido lo que quería, pero acosta de un gran precio.

No se arrepentía, quería creer que la duda no la dominaba...pero a veces, cuando se sentía sola y sin consuelo, dudaba de que el precio no fuera demasiado alto.

Ganaba unos meses maravillosos, llenos de magia... pero perdía días y días de poder observarlo, de amarlo y tocarlo. El, su todo, su mitad. Su frágil corazón... Aunque el no la mirara, aunque no le hablara, simplemente con sentarse y mirarlo sentía el corazón colmado de dicha.

Lo iba a perder...

Si, a veces el precio que se paga es demasiado alto, tanto que podía destrozarte.

Tan metida estaba en sus pensamientos que no escucho como la puerta se abría. Tampoco vio como un corazón sangraba, como se consumía en el dolor.

Por que el si sabia el precio de su decisión. La vida de ella y la condena de el.

-No...-susurro angustiado y destrozado-

Ella había decidido.

Y con una sonrisa irónica y llena de dolor, le habría los brazos a la oscuridad. Le dijo adiós a su corazón, porque sabia que el día que ella se fuera, se lo llevaría consigo.

Bueno, aquí fue donde la deje en el otro foro.
Espero que la lean y la disfruten, porque a pesar de ser triste es muy linda.
Ah, pronto comienzo a subirle unas novelas adaptadas que no se imaginan lo que son.
Una mejor que la otra.
Gracias ♥
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 3:23 pm

pense q nunca mas la seguiriass! ahi no termina verdad? hay mas!
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juuli_
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Lun Ago 22, 2011 5:30 pm

Lloré a mares, como una condenada, sin parar en un sólo capítulo. Es demasiado triste. Pero vos sin dudas sos una genia escribiendo! Subé el próximo por favorrrrr Smile
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Carlita
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Mar Ago 23, 2011 1:56 pm

● Capitulo doce

Creo que hacerme a la idea fue una de las cosas más difíciles.

Tuve que hacerme a la idea de que un día se iría, de que posiblemente ese día tuviera que respirar por el simple hecho de que debía hacerlo.

No es que lo necesitara, ni lo deseaba, simplemente iba a respirar porque debía hacerlo por ella.

Y cuando por fin me di cuenta de la magnitud de la realidad, el mundo estallo, dejándome desarmado y solo, muy solo.

La vida me dio una gran lección y al día de hoy, me la sigue dando.

Pero aun así, puedo decir que una vez sentí la dicha de ser feliz, no una felicidad simple, si no una que muy pocas personas son capaces de tocar y atesorar.

Y ahora la tengo a ella, que es mi gran mundo. Uno nuevo. Un mundo bonit
o.


Apoyado contra la ventana, descansando su frente contra el cristal, veía como el mundo seguía en movimiento. Pero el...El se sentía como si todo se hubiera parado. Su cuerpo se negaba a moverse de aquel sitio. Su cerebro bloqueo todo sus pensamientos, su corazón se cerro.
Era como un cascaron, vacío...

¿Realmente estaba pasando?

Hacia dos días era un hombre normal, con las típicas preocupaciones de un enamorado. Ahora...Ahora era algo más que eso.

Era un hombre destrozado. Pronto la vida le negaría lo que mas amaba y por más que intentaba bloquear ese pensamiento, ese sentimiento, seguía allí, torturándole.

Todo el mundo seguía con su vida normal, los coches pasaban, las personas caminaban. Río amargamente, tenia ganas de abrir la ventana y gritar. Gritar que mientras ellos vivían su día a día normal, a el le habían robado todo. No aun, todavía lo tenia...Pero sabia que tarde o temprano se lo quitarían de las manos y ¿Que podía hacer? Quedarse mirando como un idiota, viendo como la persona que gobernaba su corazón, por la que respiraba y palpitaba lo abandonada.

Si, se iba a ir ¿Para que negarlo durante más tiempo? Al final el tiempo llegaría, llevándosela con el.

-¿Que me quedara Mariana...? -susurro-

No fue un simple susurro, fue una suplica, fue un desgarro desde lo mas profundo del corazón.

¿Que le iba a quedar?

Se froto los brazos, sentía frío. Pero no ese simple frió, fruto del invierno. Claro que no.

Ese frío la calaba hasta los huesos, la hacia sentir vacía, triste...Un sentimiento tan simple, pero poderoso. Más de lo que las personas se podían imaginar. La tristeza es capaz de arruinar todo lo que tenia a su paso.

¿Como olvidar el sonido de un corazón roto? ¿De un susurro rompiendo el silencio, un susurro enloquecedoramente desesperante?

Subió las escaleras, recorriendo aquel pasillo que tantas veces sus pies habían pisado. Por más que quisiera olvidarlo, por más que intentara ignorarlo, el futuro era una nube borrosa que le empañaba los días que le quedaban de felicidad.

Odiaba decir “los pocos días de vida que le quedaban”. Odiaba esa frase con toda su alma. Ella viviría, siempre, en aquella casa. Claro que si, se encargaría personalmente de aquello.

Tomo el pomo de la puerta y la abrió delicadamente.

Y allí, pegado a la ventana, estaba aquel hombre que le había dado más que amor. Le había dado ganas de vivir, alegría, fuerza. El era su pilar, su vida y no podía explicar con palabras el dolor que su corazón sentía al saber que un día ella ya no estaría a su lado para mirar su rostro. Lo dejaría marchar...

Sin poder contenerse, su cuerpo se estremeció y las lágrimas salieron en un torrente de sus tristes ojos.

Sabia que debía darse la vuelta, tomarla entre sus brazos y decirle que todo estaría bien, que el se encargaría de que todo fuera como hasta entonces.

El haría que todo fuera como antes, maldita sea. ¿Pero porque mentirse? Ya no quedaba nada, ya no había ni siquiera la minima esperanza de poder mirar a otro lado y dejarlo pasar. Dejarlo pasar no era una opción.

-Juan Pedro por favor, mírame...

Un sollozo se escapo de su garganta, sin poder contenerlo. No podía mirarla, no podía porque si la miraba, dios sabía que si la miraba no podría hacer más que abrazarla y suplicarle que nunca lo abandonase, que no lo dejara hundirse para siempre.

-No puedo Mariana, no puedo...

¿Como le podía pedir que la mirase? La oscuridad era un maldito precio muy alto. Demasiado alto.

-Te amo, siempre...-susurro llorando-

Juan Pedro cerro las manos con fuerza, resistiendo el impulso de acercarse a ella. Ahora no, simplemente no podía darle el consuelo que ella necesitaba.

Aun esperaba el hombro que a el le consolase. Si es que existía.

Los días pasaban.

Lentos, demasiado. Juan Pedro apenas hablaba, iba del trabajo a su despacho y viceversa. Se encerraba allí y pasaba horas. Mariana a veces se preguntaba que hacia. Un día se animo a preguntárselo.

Después de unos minutos sin ni siquiera mirarla, había levantado su cabeza y la había mirado con aquellos ojos tan llenos de anhelo, tan vacíos de alegría y llenos de dolor.

-Intento acostumbrarme a la idea de estar solo. Intento acostumbrarme a pensar que ya no estas conmigo, que en verdad te has ido y que cuando entre por esa puerta no te vas a acercarme a decirme alguna tontería como: “Parece como si un buldog te hubiera peinado cariño”. Simplemente, intento hacerme a la idea de que un día me dejaras y yo tendré que afrontar lo que es una vida sin ti.

Había sentido como el corazón se le rompía y los ojos se le llenaban de lágrimas. A veces había llegado a pensar que se le habrían acabado las lágrimas, pero entonces estas la sorprendían.

Tenia nueve meses por delante y lo único que quería era tumbarse en la cama y que Juan Pedro la abrazase. Quería pasar hasta el último suspiro de su vida allí donde realmente había encontrado lo que era la felicidad, pero parecía que esa misma felicidad la rehuida. Y eso, no podía soportarlo.

Y por dios que iba a tomar cartas en el asunto.

Esa misma noche, se vistió con el vestido que le había comprado Juan Pedro para su luna de miel: negro, de seda, pegado al cuerpo. Le quedaba sexy y cada vez que se lo ponía su marido le hacia el amor apasionadamente.

Y esta noche, el la haría sentir que el cielo volvía a estar entre sus manos.

Como otro día cualquiera, metió la llave en la cerradura y entro en casa.
Y al instante supo que había algo diferente.

El ambiente era una bruma de perfume de rosas. Uno de los perfumes favoritos de Mariana, ya que decía que cuando se lo ponía, el se volvía loco de deseo. Y así era. Aspiro aquel olor tan familiar y dejo el chaquetón y el maletín en la entrada, sin preocuparse en subir a su habitación.

Desabrochándose la corbata entro en el salón, quedándose con la boca abierta al ver la mesa.
Estaba llena de sus platos favoritos. Y olía tan bien, se le hizo la boca agua solo de pensar en probar aquellos manjares.

En aquel momento se abrió un poco la puerta de la cocina, para volver a cerrase acto seguido, dejando entrever un destello de algo negro. Cuando se abrió del todo la puerta, dejo al descubierto el delicioso trasero de su mujer envuelto en seda negra. Entonces se le hizo agua cierta parte de su anatomía.

Sin pararse a pensar, solo con el pensamiento de tocarla, acariciarla, sentirla contra el se acerco a ella. Justo cuando se daba la vuelta, la tomo entre sus brazos y se apodero de su boca, exigente, ansioso. Estaba muerto de hambre por aquella mujer.

-Woo, no había podido esperar un recibimiento mejor – sonrío ella

-Ni yo había esperado que todos mis deseos se cumplieran esta noche.

Dios, como me pone este hombre con esa voz enloquecida por la pasión.


-Si no me sueltas, te tumbare en la mesa y te are mío a la fuerza.

-Mm eso suena delicioso...

Paso su nariz por aquel pelo tan abundante y suave. Podría pasarse la vida tocándola, mirándola...La amaba tanto.

-Pero si no se echara a perder la comida y me ha costado lo mío hacerlo – dijo haciendo pucheros-

-Bueno, comamos, pero ya se que quiero de postre.

Por su sonrisa picara se imagino que era. Pero dios sabía que necesitaba oírlo.

-¿El que?

-A ti – dijo comiéndosela con los ojos. No se dejo ningún rincón de su cuerpo que su mirada ardiente no tocara.

-Eso esta echo.

Cenaron en silencio, mirándose a los ojos. A veces, las palabras sobran cuando el corazón es el que habla. Cuando las miradas transmiten todo.

-Tengo algo para ti.

-¡Aja! Aparte de hacerme una cena perfecta, ¿me vas a hacer un regalo y todo? Es mi cumpleaños y yo no me entere – dijo riendo-

-Cállate tonto, ahora mismo vuelvo.

Subió las escaleras a toda prisa. Estuvo apunto de ver de cerca el suelo un par de veces, pero salio ilesa. Tomo el pequeño paquete envuelto en papel de regalo y bajo con la misma velocidad que había subido.

Se arreglo el pelo y entro con toda la dignidad de una reina y se dejo caer en las rodillas de Juan Pedro.

-Ahora, cierra los ojos. Y no mires, tramposo.

Con una sonrisa el le acaricio la mejilla.

-Prometo no hacer trampas.

-Bien.

Tomo sus manos y dejo el pequeño regalo encima de ellas.

-Ahora, ábrelo.

Lleno de curiosidad y sin ningún miramiento, rompió el papel dejando al descubierto un pequeño cofre. La miro extrañado y tomo las llaves que colgaban de un extremo. No pudo evitar sonreír al ver la excentricidad del regalo... ¿Un cofre? ¿Para que quería un cofre?

Escucho el resoplido nada elegante de su esposa.

-Ábrelo de una vez, embustero.

Metió la llave y se escucho el clic. Abrió el cofre y se quedo sin palabras.

En el centro de este, había un pequeño corazón abierto de par en par, con una foto de ellos dos el día de su boda. Lo tomo entre sus manos temblorosas y le dio la vuelta, descubriendo una inscripción.

“Siempre seré tu mitad, corazón mío. Nunca te dejare.”


Y en ese emotivo momento, no se le ocurrió más que pensar como se las habían apañado para inscribir en aquel pequeño corazón aquella frase.

Y se lo dijo, dejándola atónita, para después soltar una carcajada desde lo mas profundo de su corazón.

-Contigo a mi lado, cualquier cosa es posible mi amor.

Yo se que me odian pero es linda la historia ¿o no? Smile
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Mar Ago 23, 2011 7:35 pm

es hermosa esta historia y me mata de amor
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Carlita
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Miér Ago 24, 2011 2:28 pm

● Capitulo trece

Aparto los ojos de su esbelto cuerpo y aparto la sabana, posando sus pies desnudos en el frío suelo.

Un mes después, y todavía le costaba conciliar el sueño. Parecía como si este le esquivara. Además, las pesadillas eran su acompañante de cama.

Era curioso, porque su subconsciente repetía la misma pesadilla todas las noches. Era irónico, que el durante todo el día ignorara aquel acontecimiento, pero cuando caía el sol este volvía con renovadas fuerzas, nunca se iba de su cabeza. Demasiadas veces hubiera querido tirar la toalla, cansado. No estaba cansado de un modo físico, lo que tenia cansado era el corazón.

Había luchado contra la verdad durante días, pero cada vez costaba mas volver a poner la venda sobre los ojos y actuar. Se sentía como un maldito fracaso.

Dentro de ocho meses su peor pesadilla se haría realidad y al día de hoy, el no sabia como iba a ser capaz de enfrentarse a ella.

-¿Juan Pedro? ¿Donde te metes?

Su voz, tan delicada y femenina... ¿Como iba a poder vivir con el recuerdo constante de que esa voz un día se marchitaría?

-Ya voy amor, solo voy a por un vaso de agua.

Uno que ahogue las lagrimas que amenazan con matarme.



-Mira lo que compre hoy – dijo con una sonrisa radiante.

Juan Pedro enarco una ceja, mirando sin comprender aquella libretita que su esposa tenia entre las manos.

-Muy...bonita.

-¡Peter! Me haces sentir como si estuviera loca -río – Te explico, me compre la libretita para hablarle a nuestro bebe...

Acaricio su barriga con ternura. Solo tenía dos meses de embarazo, pero ya se le notaba un poquito la barriguita. Apenas, le decía Juan Pedro, pero ella ya notaba los cambios en su cuerpo.

Las nauseas matutinas y los antojos habían empezado a formar parte de su vida. No es que estuviera encantada con aquellos detalles, pero formaban parte de su pequeño bebe. Y no quería perderse ni un instante.

-Me voy a poner a escribir pero ya, porque llevo dos meses de retraso desde que me quede embarazada. Nos vemos amor.

Le dio un beso fugaz en los labios y subió corriendo las escaleras. Escucho un: “No corras, maldita sea”.

Pero lo ignoro. Entro a su cuarto y cerro la puerta. Dejo el pequeño diario en la mesa y se alejo, mirándolo. Y se le encogió el corazón.

Aquel iba a ser el único recuerdo que su bebe tendría de ella. Cuando lo tocara, estaría tocándola a ella, sus recuerdos. No era un simple diario, era más que eso. Era ella misma, convertida en palabras. Cada día se sentaría en esa mesa, en esa silla y le escribiría todo lo que sentía a su pequeña vida. Cuando estuviera triste, ella o el le acompañaría. Si le fallaban las fuerzas, le escribiría lo difícil que fue irse, pero que se fue siendo la persona más feliz del mundo.

Si, ese diario seria para ella su mayor tesoro.

-Espera, ya casi termino.

Dejo el bolígrafo en la caja y se dispuso a hacer lo mismo con el diario.

-Ya esta, ¿A donde me llevas?

-A un lugar muy especial. Déjame que te ponga esta venda.

-Me encantan las sorpresas -dijo con una sonrisa deslumbrante-

-A mi también...

El susurro de Juan Pedro le llego desde atrás. Le estaba atando la venda con sumo cuidado, para no hacerle daño. El nunca le haría nada que le produjera el mas mínimo dolor. La amaba, de eso no le caviar duda.

-Bien, ahora... ¡Vámonos!

Veinticinco minutos después escucho como se apagaba el motor del coche y Juan Pedro abrió su puerta, seguida de la suya y la tomaba de la mano.

-Venga vamos, ¡quiero saber donde estamos!

-No seas impaciente.

Con sumo cuidado, la fue dirigiendo entre la multitud. Tenía muchísima curiosidad, ¿donde la había llevado? Sintió que se paraban y contuvo la respiración.

-Bien, ahora te voy a quitar la venda. No habrás los ojos hasta que no te lo diga.

-Esta bien.

El nudo se desaflojo y sintió de lleno el sol en sus ojos. ¿Donde estaban? La curiosidad mato al gato.

-Bien, ya puedes abrir los ojos.

Poco a poco fue abriendo los ojos. Se quedo pasmada al ver donde estaban. Hacia tanto tiempo que no iban por allí...Y ese lugar era uno de los mas especiales para ella.

-Peter...-susurro-

-Hace mucho que no veníamos y pensé que seria un bonito recuerdo que le podrías escribir a nuestro niño.

Saco el diario y con delicadeza se lo dejo encima de las manos.

-Aquí fue donde te pedí que te convirtieras en mi esposa. Recuerdo que me temblaba todo y que el anillo se me cayó miles de veces camino a tu casa. Ese día me hiciste el hombre más feliz del mundo, porque me enseñaste que contigo a mi lado, la vida realmente podía ser maravillosa.

Y diciendo esto, la dejo sola con su diario y sus lágrimas.


Los recuerdos son aquellos momentos de vida con los que recordamos a nuestros seres mas queridos. Yo no seré ni siquiera un recuerdo hasta que cumplas la mayoría de edad, seré esa simple persona que te trajo al mundo.
Pero cuando llegue ese momento, seré solo un recuerdo para ti, pero uno que contara los días que le quedan para que cuando tu me conozcas, no me olvides jamás.

Tu gran recuerdo, Mama.



-Hola guapísima, ¿como esta la mama mas linda del mundo?

-Rocío, ser pelota no te queda nada bien -dijo riendo-

-¿Pero que dices? Esta echo para mí.

Las dos rieron encantadas. Hacia días que no se veían y aunque Rocío sabia que Juan Pedro tenia que disfrutar de su esposa, era su mejor amiga y un día, a ella también le faltaría.

-¿Como estas pequeña sandia?

-Eso si que no tuvo gracia. Me estoy poniendo como una foca...Los asquerosos antojos no se van y traigo a Juan Pedro de cabeza.

-Huy, eso me gusta. Estoy por quedarme embarazada nada más que para molestar a Gastón en cualquier momento.

-Eres vengativa Rocío -dijo divertida-

-Lo soy y eso me encanta.

La sonrisa picara que le dirigió la rubia le arranco carcajadas. Echaba de menos esos momentos.

Los ojos se le humedecieron y Rocío la tomo de la mano, con sus ojos también llenos de lágrimas.

-Perdóname, son las hormonas.

-Perdóname a mi también, creo que estoy como tu.

Se miraron a los ojos. Unos ojos que trasmitían todo lo que no podían expresar con palabras. Tristeza, añoranza, despedida...

En ese mismo instante, dos amigas, dos hermanas de corazón se despedían para siempre.

Rocío sabía que debía mostrarse fuerte, romper el silencio con alguna ocurrencia tonta, pero era tan grande la tristeza que sentía al saber que la perdería, que no fue capaz de ocultar lo que en verdad sentía.

-Yo se que un día nos volveremos a ver cariño. De verdad que no se cuando, no se como pero yo si que un día estarás a mi lado otra vez y me dirás: “Rocío, hoy te toca pagar el café ¡No seas amarreta!”. Nos abrazaremos tantas veces como podamos, por tantos otros que hemos perdido. Y te volveré a decir cuanto te admiro y quiero por ser la persona que eres: mi amiga, mi hermana, mi corazón.

Tengo que pensar así, porque si no creo que no seré capaz de decirte nunca adiós Mariana y eso, me da tanto miedo... Porque se que aunque no quiera, te vas a ir. Un día me despertare y simplemente, ya no estarás. Y siento que no tendré fuerzas para soportarlo.

Mariana se levanto y abrazo muy fuerte a su amiga, llorando.

-No me voy y nunca me iré. Tú lo sabes ¿Verdad? Yo siempre estaré a tu lado, aquí -dijo tocándole el corazón- Siempre voy a estar aquí, donde tu siempre me has necesitado. Recuerda esto siempre; Cuando te sientas triste, yo estaré aquí, abrazándote el corazón. Cuando estés feliz, yo daré saltos de alegría por ti. Yo siempre voy a estar velando por ti, amiga. Siempre.

Y con estas palabras, dos amigas se hicieron una promesa. Y con el tiempo, estaban seguras de que la cumplirían.

4 capitulos para el final ♥
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Miér Ago 24, 2011 4:03 pm

q lindo el capitulo!

pensar que se da una bienvenida y una despedida al mismo tiempo

espero el proximo!
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Carlita
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Jue Ago 25, 2011 1:55 pm

● Capitulo catorce

El sol desaparecía por el horizonte.

Dos enamorados, abrazados, despedían al día, esperando a la noche.
Ella poso su cabeza en su hombro, jugueteando con los botones de su camisa.

Emocionada, sintió una pequeña patadita en su barriga. Con ocho meses, su barriga estaba enorme.

Ocho meses.

Juan Pedro poso su mano en aquel bulto, maravillado. Ocho meses habían pasado y su niña había crecido una barbaridad. Pronto, podría tenerlo en sus brazos. Pronto, su peor pesadilla lo abrazaría.

-¿Lo has notado?

Sus ojos brillaban tan llenos de emoción...Era como una niña. Sus propios ojos se humedecieron, obligándolo a apartar su mirada.

-Si, lo note.

El silencio volvió a envolverlos. Las palabras sobraban, porque no podían explicar lo que esos momentos robados iban a significar en el futuro. Dentro de poco, todo se reduciría a esos momentos, convertidos en grandes recuerdos. Unos recuerdos que tendría que valer le para el resto de su vida.

La abrazo con fuerza, sintiendo que las lágrimas escapaban de sus ojos, resbalando por sus mejillas.

Muchas personas creen que las lágrimas son un signo de debilidad. Para el, las lágrimas eran la única vía de escape para no morir ahogado por el dolor que corría su alma. Las lágrimas no eran signo de debilidad, eran un acto de emoción, era la expresión de la alegría o del dolor extremo.

Mariana deslizo su pequeña mano entre la de su marido y la apretó con fuerza.

Ella sabia que seria duro, pero el lo superaría. El podía comerse el mundo si quería, porque ella estaría a su lado, comiéndoselo con el. No importaba que no pudiera abrazarla, ni besarla, ni siquiera mantener una conversión, ella siempre estaría abrazándole el corazón y luchando porque el fuera feliz.


-¡Juan Pedro Lanzani! ¿Se ha comido usted mi tarta de chocolate? No se lo perdonare jamás -dijo indignada-

Aguantando el tipo, Juan Pedro lucho por no dejar escapar una carcajada.

-Yo no fui...Seguro que fue el vecino. Ya decía yo que tenia un aspecto sospechoso -dijo serio-

-¿Me estas viendo la cara de tonta?

-Dios me libre de ello.

Un objeto sospechosamente parecido a una cuchara de madera salio volando por el salón, pasando peligrosamente cerca de la cabeza de Juan Pedro.

Ahora si, no pudo contener la risa y estallo en carcajadas.

Por la puerta apareció Mariana, con las manos en la cadera y cara de pocos amigos.

-Así es que te divierte ¿no? Pues bien, ya puedes ir vistiéndote y buscando una tarta de chocolate, porque querido, yo esta noche ¡COMO TARTA DE CHOCOLATE!

-No seas berrinchuda, a estas horas no esta abierta ninguna tienda.

-Pues habértelo pensado antes, tira que no te quiero ni ver.

E indignada pego un portazo, dejando a Juan Pedro pálido. ¿No podía estar hablando en serio verdad?

Como si le hubiera leído el pensamiento, la puerta de la cocina se volvió a abrir y volvió a aparecer Mariana.

-Y si, estoy hablando en serio. Así es que vamos, levántate y no pierdas el tiempo.

Con resinación, se levanto y se vistió.

Una hora mas tarde volvía con una tarta de chocolate entre sus manos. Esa noche, obtuvo su recompensa.

Mariana le acaricio el pecho. Se sentía satisfecha.

-Me encanta que me mimes.

-A mi me encanta mimarte, mi amor.

-Mm que te parece si – paseo sus dedos por el pecho, en dirección hacia donde la sabana tapaba el cuerpo de el- me sigues mimando como hasta ahora...

Con una sonrisa, la tomo entre sus brazos y se dispuso a mimarla, como a ella tanto le gustaba.

Desperezándose, saludo al nuevo día.

Con los ojos cerrados, deslizo sus manos por la cama, notando todavía el calor y el olor inconfundible de su marido. Tomo entre sus manos la almohada y pego la cara a ella, sintiendo como un cosquilleo la recorría entera al recordar la noche entera. Que delicia era ser mimada.

Se levanto de la cama, tomando la bata y cerrándola alrededor de su enorme barriga. La acaricio, con una dulce sonrisa. Su pequeña, su Carla pronto nacería. Y con ese agradable pensamiento, llegaba otro, el negro, el menos deseado...

Se sentó en su escritorio y tomo una de sus fotos preferidas: Juan Pedro y ella tomando un helado en su parque favorito. Ella llevaba la nariz manchada de chocolate e intentaba poner cara de enojada, mientras Juan Pedro con su helado en la mano se carcajeaba a mandíbula abierta. Aun recordaba lo apasionada que había sido su “reconciliación”.

Y entonces se permitió pensar en ello. Bajo la guardia y dejo que ella la visitara. Lo había desterrado al olvido, viviendo cada día como si fueran miles de ellos. Viviendo sin pensar en el mañana, solo en el presente.

Pronto, no habría más reconciliaciones. Pronto, no habría mas besos, caricias. Pronto, no habría mas te amos...

Levanto la mirada y la fijo en el cielo, tan azul, tan inalcanzable...Y a la vez estaba tan cerca para ella. Pronto podría tocar esas nubes con los dedos, saltar de una a otra...

Ver a las personas que amaba, no tocarlas, solo mirarlas como hacían su vida sin ella.

Pero las nubes no serian Juan Pedro. Ni Carla. Ni le dirían mi amor, mama, te amo. Ellas no le contarían confidencias, ni tomarían un helado con ella. Ni la escucharían cuando sintiera como el corazón se le partía en mil pedazos.

Sonrió cínicamente ¿Tendría corazón a partir de entonces? Empezaba a dudarlo.

Teníamos tantos sueños...
...que jamás vi cumplir.
Quédate aquí, conmigo.


Tenía miedo. Ante el mundo era fuerte, alegre, pero la frágil cuerda que sujetaba sus emociones estaba llegando a su límite. Estaba cansada, demasiado ya. Había llegado un momento que levantarse y ponerse su careta, le costaba tanto que simplemente agachaba la cabeza, con la esperanza de que nadie pudiera leer lo rota que estaba por dentro. La tristeza, el miedo, se la comían por dentro.

¿Hasta cuando duraría sin que las lágrimas la ahogasen?


-Aja, entonces ahora es cuando el riesgo de perder al bebe es mas alto ¿no?

Juan Pedro arrugo la frente mientras hacia la pregunta. Se le formo un nudo en la garganta mientras esperaba la respuesta del doctor. Nada de esto era fácil para el. Se forzaba a dejar que las palabras salieran de su boca...Pero la realidad no le sentaba nada bien a su maltrecho corazón.

-Si, debe guardar reposo y no excederse en ninguna de las actividades. A ser posible, que se pase mucho tiempo en cama. Mire, le voy a ser sincero. Ahora mismo un parto prematuro seria una complicación añadida, estaría en riesgo no solo ella si no el bebe.

Se llevo las manos a la cabeza, señal de la impotencia que en esos momentos sentía. Tenia ganas de golpear lo que fuera, patalear, llorar como un niño pequeño. Gritar al mundo la injusticia de su vida, su mujer y su hija, las dos cosas que mas amaba en su vida estaban en peligro. Su vida se le escapaba de las manos, abandonadlo, dejándolo frió, solo...

-Tiene que serme sincero doctor ¿Hay alguna posibilidad de que las dos salgan con vida?

La mirada triste del doctor se deslizo por la cara de Juan Pedro. Estaba devastado, suplicando por unas simples palabras que le devolvieran una mínima esperanza, una ilusión para seguir luchando. Ya no le quedaban fuerzas...Ya no le quedaba nada.

El suspiro lleno de sufrimiento del doctor rompió el silencio.

-Lo siento mucho Juan Pedro, pero me temo que no puedo darle lo que usted necesita con tanta urgencia.

Sin medir palabra, Juan Pedro tomo su abrigo y salio de la consulta.

El aire gélido del invierno le golpeo el cuerpo, pero el ni se inmuto. Se sentía...Vació. La gente pasaba a su alrededor, el frió le calaba hasta los huesos, pero en su cabeza solo podía revivir una y otra vez las malditas palabras del doctor.

Una cínica sonrisa curvo sus labios. Que irónica era la vida. Si, que irónica era la felicidad.

No había mayor dolor que tocar el paraíso de la felicidad, disfrutarlo, saborearlo, sentirlo y que cuando el apogeo de esa felicidad te rodea, esfumarse. Era como si el rincón donde se alberga tu corazón, quedara vació. Como si ese aire gélido te rodease y se hiciera tu compañero.

Como si la vida no valiera nada, no fuera especial. Simplemente una vida más.

Realmente, daba asco decir adiós a aquella felicidad.
Dios, asco no, era tan horrible que tenia miedo que de tanto dolor su corazón se parase cansado de este constante agridulce dolor que lo carcomía.

Se sentó en un parque y respiro profundo. Miro a su lado y se fijo en el anciano sentado enfrente de él. Tenía una bolsa llena de gusanitos. Las palomas se apiñaban a su alrededor, deseosas de un poco mas de esa deliciosa comida.

El hombre levanto y lo miro. Ojos sabios, conocedores del dolor y de la felicidad. Unos ojos que sabían lo que era decir adiós a aquella felicidad. ¿Que le quedaba a ese hombre? Su dolor y unas tristes palomas. ¿Que le quedaría a el? El vació.

Ese día la vida le enseño una lección.

A partir de entonces, cada vez que el mundo se derrumbaba a sus pies, acudía a ese parque y se sentaba donde ese extraño anciano, dándole de comer a las palomas que echaban de menos a su gran amigo.

La vida, señores, la vida es una burla constante. No olviden esto.
Juan Pedro Lanzani.


3 capitulos para el final ♥
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Jue Ago 25, 2011 7:43 pm

sin palabras Sad Sad
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Vie Ago 26, 2011 4:36 pm

● Capitulo quince

-¿Café o zumo?

Como todas las mañana de los sábados, los dos se encontraban en la cocina, preparando el desayuno. Iban en pijama, despeinados y con las típicas ojeras al despertarte. En una palabra: ridículos.

El adoraba esos días, cuando lo único que tenían que hacer era pasar el día vagueando, los dos juntos, abrazados viendo una película o simplemente observando el cielo desde el sofá del salón.
Si, estaba seguro de que echaría eso de menos.

Realmente, mantener estas conversaciones con su yo era absurdo. Hablaba como si simplemente fuera a empezar a trabajar los sábados o cualquier cosa banal. Cuando en realidad, no tendría mas sábados ni domingos como aquellos por una simple razón: le faltaría la persona que los hacia especiales.

-Zumo, sabes que no me gusta mucho el café...

-Lo se, pero ¡como me gusta irritarte!

Sonrió de medio lado, dejando que un mechón de pelo rojizo se deslizara por su mejilla, acariciándola.

-Eres una mujer perversa, ¿lo sabias?

-No es una novedad -dijo riendo-

-Chica mala.

Palmeo su trasero sonoramente, consiguiendo un ruidito de sorpresa por parte de ella. Dios, como adoraba esos escasos momentos.

Mientras ponía la cafetera, sintió como los brazos de Juan Pedro la rodeaban, descansando en su prominente barriga. El calor de su mano la calentaba, enviando una acogedora calidez por todo su cuerpo.

-He tomado unas vacaciones en el trabajo.

Se dio la vuelta rápidamente, deshaciéndose de los brazos de el. Lo miro con sorpresa.

-¿Como?

Sonriendo, le tomo la mano entre las suyas y la apretó.

-Bueno, estas en el ultimo mes de embarazo y no me quiero perder nada. Además, ahora el embarazo pasa por riesgos y no quiero dejarte sola.

Y quiero pasar el mayor tiempo a tu lado.

No lo dijo, no llego a pronunciar las palabras, pero quedaron flotando entre ellos, creando un incomodo silencio.

Levanto su mirada y la fijo en el.

-Te amo.

Sin esperar su respuesta, echo los brazos a su cuello y lo obligo a bajar su cabeza, besándolo apasionadamente. Jamás se arrepentiría de la decisión tan importante que había tomado en su vida, pero, si alguna vez se tuviese que arrepentir de algo, seria de que esa decisión la separara de la persona mas importante en su corazón, en su vida.

-Te amare por toda la eternidad...

Y las palabras, sobraban. Solo importaba sus cuerpos tocándose, acariciándose. La expresión más exquisita del amor solo se podía demostrar con el acto de dos cuerpos unidos. Y ellos lo demostraron.


-Juan Pedro ¡Basta! Me tienes loca, ya en serio no puedo soportarte, déjame respirar siquiera.

Metiéndose las manos en los bolsillos, Juan Pedro desvió la mirada hacia el escritorio.

La ultima semana había sido agotadora, tanto física como mentalmente. Estaba al borde de un ataque de nervios o de pánico, según por donde lo mirases.

Tenia la sensación de que se iba a dar la vuelta y Mariana se rompería, sin que el tuviera tiempo a evitarlo.

-Lo siento...

-Llevas una puñetera semana pidiéndome perdón ¡No puedo mas! Me asfixias.

La miro fijamente durante unos segundos. Acto seguido tomo el abrigo entre sus brazos y salio del cuarto y de la casa, cerrando la puerta con fuerza.

La asfixiaba a ella, se asfixiaba el. Se iba a volver loco.

Paseo por las calles, sintiendo como el frió le rozaba la cara.

Esas ultimas semanas iban a poder con el. Se sentía con el corazón en un puño constantemente, paranoico. Así estaba. Cada vez que la perdía de vista o tenia que salir, su cabeza daba mil vueltas pensando en las distintas posibilidades en las que el parto se podía adelantar, Mariana se podía caer... ¡En la que pasara cualquier cosa!

Las palabras del doctor no abandonaban su cabeza.

Y por mucho que sonara demasiado realista, si no las podía tener a las dos, por lo menos quería tener una entre sus brazos. Una que lo amara, que lo abrazara cuando el mundo fuera demasiado pesado entre sus hombros. Quería...Mas bien necesitaba tener algo que lo hiciera tener una ilusión, una razón simplemente para luchar por la vida.

-Tranquilízate Mariana, ¿que ha pasado?

Mariana se acomodo entre las sabanas y se mordió el labio, nerviosa.

Después de la discusión con Juan Pedro, este se había ido sin medir palabra y llevaba una hora fuera. Estaba preocupada y ansiosa por que volviera. Quería verlo en persona, disculparse. Respiro profundamente, intentando calmarse.

-No le hace bien al bebe, cálmate Mariana.

-He discutido con Juan Pedro y lleva una hora fuera. Lo llamo al móvil pero no me contesta. Estoy preocupada Rocío...

-Vale, tranquila, voy a llamar a Gastón y le pediré que intente localizarlo. Pero tu tranquila, seguramente necesite pensar, sabes que últimamente tiene demasiadas preocupaciones...

-Si -suspiro sonoramente- Yo se, pero Rocío me asfixia, llevo una semana enloquecedora con el. No puedo ni pestañear sin que el se me eche encima, muerto de angustia.

-Yo se que puede ser agobiante, pero entiéndelo no es fácil para el.

Mariana cerró los ojos con fuerza. Para el no era fácil, pero para ella tampoco. Teniéndolo encima cada segundo, no tenía ni un segundo para ella sola, para lamer las heridas de su corazón. No quería causarle más dolor a Juan Pedro. Dios sabia que no quería, pero teniéndolo tan cerca siempre no podía evitar pensar, saber...Que el final se acercaba.

-Sabes que lo entiendo, creo que como ninguno. Pero entiéndeme tu a mi, tenerlo encima no me deja mi espacio, mis momentos a solas. Esta encima de mí, recordándome...

No termino la frase, pero Rocío contuvo el aliento, sabiendo, entendiendo que era lo que a Mariana tanto le afectaba.

-Me recuerda que me queda tan poco tiempo para disfrutar de mi mundo...Tan poquito Rochi...

Guardo silencio, recuperando las fuerzas para seguir hablando.

-Y sabes que es lo peor, que estoy estropeando el poco tiempo que nos queda juntos. No quiero esto, quiero que sean perfectos. Quiero besos, bombones, palabras hermosas, cenas a la luz de la luna. Quiero sentir solamente, no quiero pensar...

La puerta se abrió repentinamente, dejando entrever a un Juan Pedro con los ojos llenos de lágrimas. Un nudo se le formo en la garganta, mientras sus propias lágrimas se agolpaban en sus ojos.

-Ya esta aquí, luego te llamo Rocío. Gracias.

Colgó y el se acerco a ella lentamente, tumbándose a su lado y apoyando la cabeza en su barriga.

-Tengo tanto miedo...

Sus sollozos partieron su corazón. Cuan difícil se presentaba la vida, pensó tristemente.

-Yo también mi amor, yo también...


-Si perfecto Gastón, los estaré esperando mañana sobre las ocho.

-Vale amigo, allí estaremos puntuales como a ti te gusta -rió- ¿Como esta Mariana?

-Muy bien, aun queda unos días para que salga de cuentas y creo que le va a hacer muy bien pasar un rato en compañía de las personas que la quieren. Así nos relajamos.

-Perfecto, sabes que no hemos querido ir por si molestamos, pero ya Rocío tiene ganas de verla y pasar un rato con ella.

-Lo se -sonrió- por eso pensé en la cena, será perfecto.

-Si. Bueno bro, nos vemos mañana. Chao.

-Adiós.

Colgó satisfecho. Seguramente Mariana no se esperaría esa cena. Empezó a planearlo mentalmente, quería que la cena fuera todo un éxito.

Esos últimos días eran demasiado importantes, especiales y quería que las personas que también la querían, lo competieran con ella. No iba a ser el único en echarla de menos.

-¡JUAN PEDRO!

El corazón se le heló del terror. Por un momento se quedo parado, sin reaccionar, hasta que otro grito por parte de Mariana lo hizo reaccionar. Gritando su nombre, subió corriendo las escaleras rumbo al cuarto. Abrió de un golpe la puerta, viendo a Mariana con las sabanas echadas a un lado y la cama mojada.

-Juan Pedro, he roto aguas. La niña esta en camino.

May solo queda el ultimo capitulo y el epilogo Smile
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Vie Ago 26, 2011 8:59 pm

ayyyy!!!!! no quiero q termineee
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Sáb Ago 27, 2011 1:27 am

● Capitulo dieciséis

No quedaba tiempo.

Se había acabado...

¿No te ha pasado que, no sabes como, pero sabes que el tiempo para ti llego a su fin? Me gustaría decir que creo, que es una posibilidad, que puedo tener mis dudas, pero lo se. Se que es hora de mirar por ultima vez la vida, es hora de hacer las paces con la ira y rodearme de paz.

Es momento de partir.


-Señor Lanzani, su hija ya nació.

El principio de una nueva vida, el final de otra.

-Podrá pasarla a ver dentro de nada – dijo la enfermera con una sonrisa.

El asintió. Había recreado esa escena millones de veces en su cabeza, pero jamás pensó que cuando llegara el momento su corazón estaría...paralizado. No sentía nada, simplemente era como si se negara siquiera a latir...

Estaba sentando en aquella sala, rodeado de gente pero a la vez tan solo. Ni siquiera tenia fuerzas para llorar...Estaba, si, congelado.

Debería levantarse, ir a preguntar por ella, si todavía...Pero, no podía. Que gran afrodisíaco es el miedo. Podía conseguir que el más valiente de los hombres, temblara y se volviera tan pequeño, tan insignificante...

Y tu ultimo suspiro se lo llevara el viento y se lo traerá a un triste corazón. Mi corazón.

¿Que hacer cuando sabes el final de esta historia?


-Señor Lanzani...

Ni siquiera levanto la cabeza, sabiendo que al final, todo había terminado.

-Hicimos lo que pudimos, pero...

Ni un maldito adiós, ni un hasta pronto...un te querré para siempre.

-No pudimos salvarla.

Y aun sabiendo, que su corazón ya no volvería a latir, que sus labios no se volverían a mover, lo único que sintió fue el gran vació en el que se había convertido su corazón, su alma. Se levanto y camino, despacio, sin prisa. En ese momento, se le ocurrió el ridículo pensamiento de que le gustaba la paz que le trasmitía el blanco de las paredes. Si, era ridículo, pero era mejor que pensar en ella.

Se paro enfrente de su puerta y tomo el pomo. Tuvo ganas de arrancarlo y sin saber que hacer, le echo la culpa a ese maldito pomo por dejarle moverlo, por dejarle abrir esa maldita puerta...Por dejarle entrar su pequeño infierno particular.

-No quiero que te vayas.

-No te preocupes mi amor, estaré bien. Todos estaremos bien, confió en ti.


-Lo dejaremos solo.

Abrió y entro. Y la vio, tan pálida, tan hermosa. <Es como si estuviera durmiendo> Y rompió a llorar, como un niño corrió hacia la cama y se abalanzo, abrazándola con fuerza, como si así pudiera retenerla a su lado, ridículo. Si no la soltaba no podría irse de su lado ¿verdad?

-No quiero soltarte, no quiero que te vayas...Por favor, quédate conmigo, no me dejes...

No puedo vivir sin ti.


Cuando las lágrimas se secaron, cuando no quedaron mas, su mirada se perdió en el vació, mientras que sus brazos rodeaban aquel cuerpo frió, falto de vida.

-Llego el momento ¿verdad? – susurro.

Y apartando los brazos, bajo de la cama y por, quizás, ¿milésima vez? Su corazón grito de agonía. Y esa sonrisa llena de dolor, amor y pena, apareció en su rostro. Era el momento de decir adiós. Pero no era un adiós, si no un hasta luego. El sabia que, daba igual el tiempo que pasase, el la volvería a tener entre sus brazos.

-Te amo, mi amor.

Y dándole un beso en sus fríos labios, dejo atrás el final de esa vida, para ir al encuentro del principio su nueva vida. Su hija.

UN AÑO DESPUÉS.


-¿Acaso no es hermosa, Peter? Mira como da sus primeros pasos.

El orgulloso papá miraba a su niña venir hacia el, con esa preciosa sonrisa estampada en su redonda carita. Miro esos ojos, que le devolvían una mirada inocente, hermosa...Eran los mismos ojos que los de ella. Cuando los miraba era como perderse en un mar de recuerdos. Era como mirarla a ella, tan bonita, tan llena de vida...

-Ven con papá preciosa.

Le abrió los brazos y sintió como el pequeño cuerpo de ella, lo rodeaba. La abrazo, aspirando su aroma de bebe y sonrió como no lo hacia desde un año atrás. Sintió que abrazaba la paz y su corazón, se aferraba a ella. Por fin se dio cuenta de que la vida era un valioso regalo, Mariana había intentando decírselo tantas veces...Y al final, lo entendió. Era el momento de dejar la agonía, la oscuridad y el dolor y abrir los brazos a un cielo azul, lleno de amor.

-Así me gusta, ¿quien es la princesita de papá?

Una sonora carcajada le contesto. Levanto la visto y fijo sus ojos en los de Rocío. Si, ella también la echaba de menos, sus miradas eran cómplices, compartían un mismo anhelo.

-Me gusta volver a verte sonreír, Peter.

Si, a el también le gustaba. Poso sus ojos en el retrato de Mariana, sonriente. Si, era el momento de sonreír.

-¿Qué les parece si mañana llevamos a los niños a comer y después al parque? Nos hace falta salir un poco.

-Por mi perfecto – sonrió. Entonces, mañana nos vemos. Adiós guapa.

-Dile adiós Rochi – tomando su pequeña manita, despidiendo a la rubia.

Cerró la puerta de casa y tomando entre sus brazos a la pequeña Carla, empezó a subir las escaleras rumbo al baño.

-Ahora tu, enana, vas a tomar un bañito.

-¡Chi!

-Loquita – rió.-Te quiero... - susurro con ternura.

Depositando un suave beso en su cabeza, miro hacia adelante, sin mirar hacia atrás. Era el momento de dejar de mirar por encima del hombro y seguir luchando por la vida. Eso era lo que ella le había enseñado. Volvió a sonreír, decidido a luchar.

-Espérame.



En un lugar muy, muy, muy lejano de allí...

-¿De nuevo aquí? No te cansas de pasarte horas y horas mirándolos...Me parece muy aburrido.

Una sonrisa se dibujo en sus perfectos labios. Sus ojos nunca se desviaron de su objetivo.

-Sabes que nunca me canso.

-Venga, vamos a pasear, a hacer cualquier cosa, acompáñame ¿si?

-Ve tú, ahora voy yo...

-Ay, como quieras, aguafiestas – refunfuño.

Sonrió sin dejar de mirarlos. Claudia no podía entender porque se pasaba horas y horas allí sentada, mirándolos. No podía entender que su gran placer, su mayor entretenimiento eran cuidarlos día tras día. No le importaba que el tiempo pasara tan despacio, ni que todos pensaran que estaba un poco loca. Ella tenia que estar ahí, para el, para ella, no se podía perder ni un momento de sus vidas.

Si, estaba loca, pero de amor.

Sonrió, al ver como tomaba a la pequeña bebe en sus brazos y lo lanzaba al aire, un poquito, lo justo para sonsacar una preciosa sonrisa de la niña.

Si, merecía la pena pasar cada minuto de su existencia pendiente de las dos únicas personas que había conseguido hacerle conocer lo que se conocía como la felicidad.

Una pequeña mano le acaricio el brazo, subiendo por su pelo. Sonrió, la pequeña Diana había venido a visitarla, como todos los días.

-Hola.

-Hola pequeña.

No hablaron, la niña le acariciaba, mientras ella le hacia cosquillas por la espalda.

-Mi mama siempre me hacia cosquillas – la tristeza teñía su voz.

-A mi me hubiera gustado hacerle a mi hija – una sonrisa cansada apareció en su rostro.

-¿Crees que nos echan de menos? Yo echo mucho de menos a mi papá y a mi mama.

-Claro que si cariño, seguro que te echan tanto de menos como tu a ellos.

-Entonces me echaran mucho de menos, eso me pone triste...Seguro que mi mama esta triste. Como tu cuando miras a tu bebe...

Miro a la niña con los ojos llenos de lágrimas.

-Si, seguro que si.

-Mariana, ¿volveré a ver a mi mama algún día?

-Por supuesto, no lo dudes nunca – y abrazo a la pequeña.

Espérame.

Siempre mi amor, no dudes nunca que nos volveremos a encontrar, aunque pasen mil años.

FIN.
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MensajeTema: Re: -.Wonderful Live.-   Sáb Ago 27, 2011 1:29 am

● Epilogo

Érase una vez...

En un mundo muy, muy, muy lejos de la realidad, vivía una pequeña flor. Todos la llamaban Felicidad, por su hermosa sonrisa y era apreciada por ese lejano mundo. Nadie lo sabia, pero la pequeña Felicidad estaba enamorada perdidamente de Sol, que la calentaba y arropaba.

Un día, Sol tuvo que partir y dejo a Felicidad sola, llenándola de tristeza...

Por más que suplico, el Sol jamás volvió. Poco a poco, se fue marchitando, perdiendo su color, su pureza... Luna, que la observaba, se le partió el corazón y decidió hacerle un regalo, una flor más pequeña, llamada Ternura.

Parecía que Felicidad nunca volvería a sonreír, pero tras varios días, todos los habitantes de ese pequeño mundo, atónitos escucharon una de aquellas especiales carcajadas llenas de felicidad.

Felicidad decidió que aunque el Sol se hubiera tenido que marchar, ella debía seguir sonriendo.

Y yo deseo lo mismo para ti, yo me voy amor, pero tu sonrisa jamás debe desaparecer, porque el mundo, mi mundo se marchitara contigo el día en que tú dejes de obsequiarme con esas hermosas sonrisas.

Se que estas cabreado, que el destino te ha puesto una dura prueba. Pero si hay algo en lo que yo tengo esperanza, es que tu corazón es fuerte, esta lleno de vida y se que no lo dejaras marchitarse, como la flor estuvo apunto de hacer. Carla regara día tras día tu corazón y yo, lo acariciare, aunque tú no lo sientas, aunque no me veas, yo siempre acariciare tu corazón.

Lo sabes, es el regalo más valioso que la vida me ha dado, no estoy dispuesta a perderlo jamás. Se que me tengo que despedir y ya es la hora, llego mi hora y por mas que lo niegue, debo reconciliarme con la vida Juan Pedro, porque ella ha sido maravillosa dejándome amarte, no puedo reprocharle nada.

Me despido, pero no diré un Adiós. Jamás lo diré y tu lo sabes, te lo dije miles de veces. Simplemente te diré un hasta luego, porque se que esto, mi amor, no ha terminado aquí.

Te ama, tu Mariana.

PD: Mira dentro de la caja. Avisado quedas, no seas patoso y la tires por favor.


Aun después de 18 años, podía sentir la risa contenida entre esos párrafos. En su mente, su risa se reproducía sin descanso. Era como un elixir para su alma torturada.


Metió la mano en la caja y encontró, sonriendo, una pequeña flor. Al cogerla, un pétalo se desprendió. Se quedo mirándolo fijamente, extrañado. Con ternura, tomo el pétalo entre sus dedos y lo acaricio, dándose cuenta de que ese pétalo tenia forma de corazón. Sonrió sin poderlo evitar, su Mariana siempre tan creativa.

-Ahora estoy comprometido a no dejar de sonreír, ¿verdad?

Para siempre.

Se lo llevo al pecho y siguió sonriendo, por supuesto.

Y siguió y siguió, porque desde ese día, jamás pudo perder la sonrisa.

Y llego a su final.
Gracias Mai por seguirme siempre Smile
Espero que te haya gustado la historia.

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