Escribiendo Hojas En Un Libro

“Escribir es como mostrar una huella digital del alma” Mario Bellatín,
 
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 En la Sangre (Laliter)

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lillyana
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MensajeTema: Re: En la Sangre (Laliter)   Jue Ene 26, 2012 11:53 am

Maryaaaaaaaaaaaaa no me abandones, VOLVEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE, TE EXTRAÑOOOOOOOOO, cambiamos ya de año y nada.jajajajajaj
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sweetmarya
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MensajeTema: Re: En la Sangre (Laliter)   Vie Feb 17, 2012 12:07 am

jajajajaja ya casi!! tengo que subir si o si esta semana!! no te preocupes que la nove la termino si o si pero la cosa es que estoy muy ocupada con mis trabajos y no me da chance de escribir pero me pondre las pilas en carnaval!!
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lillyana
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MensajeTema: Re: En la Sangre (Laliter)   Vie Feb 17, 2012 12:11 am

sweetmarya escribió:
jajajajaja ya casi!! tengo que subir si o si esta semana!! no te preocupes que la nove la termino si o si pero la cosa es que estoy muy ocupada con mis trabajos y no me da chance de escribir pero me pondre las pilas en carnaval!!

Yo hago tus trabajos no me importa, pero no me abandones, esta nove me pone los pelos de punta y la quiero hasta el final. Smile por acá te espero y si te da pereza subirla acá me la puedes mandar al mail y listoi, no te preocupes.

lillyanita@hotmail.com

me alegra saber de vos y q estas bien:)
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sweetmarya
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MensajeTema: Re: En la Sangre (Laliter)   Mar Feb 21, 2012 7:42 pm

HOOOOLA LA LETRA CURSIVA INDICA LOS RECUERDOS DE COMO SE CONOCIERON!!

ENJOY!!





Capitulo XVI

Con los Ojos Bien Abiertos




Lali miraba el techo de su habitación. Tenía la cabeza apoyada sobre la almohada; el pelo desparramado sobre las sabanas y los brazos estirados de lado a lado. Pensaba en sus estudiantes, en todo lo que tenía que hacer. Pensaba en su hermana. Pensaba en Peter y revivía una y otra vez ese beso tan único, tan deseado. La acariciaba con cuidado, con cariño, con amor. La música en la laptop que reposaba a su lado, cambió y Amaral se hizo presente. “si tu no vuelves” quiso reír por la ironía pero sonó mas como una tos sin ganas. Volteó su cara y miró hacia la ventana. Si no volvía…. él nunca iba a volver…. Y élla tampoco.


Peter estaba sobre su cama en la misma posición y situación que Mariana. (A excepción de los pelos desparramados). Escuchaba la clase de música y pensaba en la morocha de ojos cálidos y alegres. Miró hacia la ventana y recordó aquel día en que la vio por primera vez, desmayándose frente a él. Recordó como élla corrió a su encuentro frente a esa misma ventana. Tan linda, tan feliz por solo verlo a los ojos. Recordaba el pelo largo y liso, los ojos grandes y brillantes; la calma, la armonía que le transmitía algunas veces y la energía y locura de otras. A veces su sonrisa era pacifica y picara, otras alegre e inocente. Eran dos versiones de la misma mujer y aunque amaba ambas sentía que había una…. especial.


Cerró los ojos sin saber que alguien a kilómetros de él, los cerraba también para hundirse en los mismos recuerdos. Ese beso bajo la lluvia. Las gotas cayendo como una melodía llena de paz, de calma. Como si el tiempo se detuviera para ellos. Como si el mundo girara solo por ese amor. Como si el cielo llorara de emoción.


Peter tocó sus labios. Lo que daría por volver a besarla. Lali acarició sus mejillas y cuello como lo había hecho él. Lo que daría por volver a sentirlo. De pronto, los dos se transportaron al mismo lugar. Al mismo momento en el tiempo. Un salón solo para ellos. La luz de los crepúsculos entrando por la ventana y el comienzo de la noche más iluminada para ellos, quienes bailaban el más loco y hermoso ballet clásico. “El Lago de los Cisnes” nunca había sido tan perfectamente imperfecto. Fouettés, relevés, pliés, arabesques, sonrisas y amor. Estaban conectados ese día al igual que ahora, en el recuerdo.


- ¿Lali? – Eugenia apareció y Mariana abrió los ojos al igual que Peter, al otro lado de la ciudad. - ¿otra vez? ¡Lali no puedes seguir así! Tienes que decidirte.

- Yo ya decidí.

- Entonces, tienes que cambiar la decisión porque sinceramente, es malísima, Lali. ¿Cómo se lo vas a deja a Mar? ¿Qué él no tiene derecho a decidir, también?

- Es hombre. eligen mal.

- Entonces tú también eres hombre, querida. Porque pésima, malísima, catastrófica elección.

- ¿Cuál? ¿enamorarme de ese… tonto?

- También, si. Si empezamos por ahí, si. Pero ¿no me digas que no es el tonto más lindo del mundo?- Eugenia sonrió y Lali disimuló su sonrisa con una mueca - ¿te acuerdas como se conocieron?

- Yo, sí. Tú, no. No estabas ahí.

- Ay pero tú me contaste – se acostó a su lado en la cama. – vamos a acordarnos un poquito, dale. Siempre me da risa lo que hizo Peter. – Lali la miró a los ojos.

- ¿Por qué me haces esto, Euge?

- Porque soy tu mejor amiga. No me importa lo que digan Belén, María, Cari ni la otra amiguita tuya. Y menos que menos, la loquita y la enfermera del centro. Yo soy la number one. – Mariana sonrió. Su amiga era celosa aunque se hiciera la tonta.

- Ok. Emmm – Lali cerró los ojos para recordar.

- No. Abre los ojos. Mírame a mí, a la ventana, el techo. Lo que sea pero deja los ojos abiertos. - la morocha, cumplió su pedido. Busco algo en que enfocar su vista y lo encontró. Una fotografía de Peter y élla sobre las escaleras de su propia casa un día de reunión con amigos. El chico estaba sentado en un escalón con la espalda recostada a la pared. Lali estaba sentada entre sus piernas un escalón mas abajo. Estaba de lado recostada sobre el cuerpo de él, quien la abrazaba. La morocha tenía los ojos cerrados. Dormía, mientras el mantenía los ojos abiertos, observándola. Tenían decenas de fotos, desprevenidos. Sin poses armadas. Sus amigos amaban fotografiarlos juntos. Sonrió y comenzó a recordar.


*********************************************************************************


Mariana estaba en la coordinación del colegio público en donde trabaja. Prácticamente no quedaba nadie más que algunos alumnos en el lugar. Siempre era de las ultimas en salir. Había pasado toda la mañana y tarde entre adolescentes hormonales y gritones. Ahora le tocaba firmar la carpeta de su última sección del día y tomarse al menos un café. Cierto, no podía tomar café. Lo escupe rápido en la papelera y el acto la asquea. Ahora va a vomitar.

- Hola, soy... – presentación interrumpida por una morocha que corre con lagrimas en los ojos, al baño más cercano que es justo… alado.

El chico (que no pudo presentarse) corre tras élla.

Lali se enjuaga la boca, se moja la cara, se retoca el maquillaje (imposible que no lo haga) y sale.

- ¿estás bien? – se sobresalta al salir del baño de profesores y encontrar a un desconocido de camisa por fuera, jean azul, y zapatos casuales. Élla, con su pantalón negro, camisa blanca sin mangas y bolados en el pecho, acompañados por sus perlas y sandalias altas; hacían el más gracioso de los contrastes. – perdón es que te vi medio mal y…. me salió correr también. – Mariana sonrió.

- Sí, estoy bien. nada grave. ¿buscas a alguien?

- Si, algo así. En realidad busco a un profesor.

- ¿Cuál?

- El que sea. – sonrió.

- ¿eh?

- Es que, soy escritor. Estoy escribiendo un artículo sobre violencia escolar. Necesito entrevistar un profesor.

- Pues viniste al lugar indicado. Aquí se arma guerra semanal. – Lali comenzó a caminar hacia el patio frontal, saliendo de los pasillos oscuros (porque no tenían luz, ya que los chicos rompían las lámparas siempre)

- ¿ah, sí? – la miró. – soy Juan Pedro, Peter. – extendió su mano y élla la agarró.

- Mariana, Lali. - cuando se vieron bajo la claridad de los pocos y tenues rayos que quedaban, se mantuvieron callados, mirando los ojos del otro. “son hermosos” pensó Lali. “brillantes y cálidos” pensaba Peter.

- - emmm ¿eres profesora?

- Aunque no lo parezca, si.

- ¿Por qué lo dices?

- No sé, a veces no me creen por lo joven.

- Ey! Yo soy columnista y debo tener más o menos tu edad.

- Si. Igual no te voy a decir cuántos años tengo. – ambos rieron.

- Bueno. ¿te puedo entrevistar a ti? Prometo mantenerte anónima y no preguntarte tu edad. – Peter sonrió y élla sintió un vacio en el estomago. ¿iría a vomitar, otra vez?

- Si… si, obvio. No hay problema. – al caminar de regreso a coordinación, escucharon el barullo de estudiantes. Dos chicas peleaban. Lo más probable por alguna rivalidad tonta o peor, un chico.

Lali corrió a separarlas y de nuevo, Peter fue tras élla.

- Ey! ¿Qué pasa? ¡Basta! – Mariana se atravesó entre ellas y Peter sujetó a una de las chicas, rodeando sus brazos y cintura con los de él. Las chicas se insultaban y trataban de seguir la pelea. Fue tan rápido que ninguno tuvo tiempo de reaccionar. La rubia que sostenía Peter se impulso y lanzó una patada dirigida a su contrincante, pero terminó impactando contra el estomago de la joven profesora, dejándola sin aliento. Mariana cayó de rodillas al piso y rodeó su vientre con sus brazos. Las chicas que antes peleaban, ahora se acercaban a élla preocupadas y pidiendo perdón.

- Mariana! – Peter la sujetó desde la espalda. Lali no podía hablar. – chicas váyanse. Yo me encargo. - ambas obedecieron. - ¿Lali, estas bien? – Mariana lo miró con lágrimas en los ojos.

- Estoy embarazada. – susurró apenas.

- ¿Qué? – Peter se enderezó. No lo podía creer.

- Estoy embarazada. – dijo un poco más fuerte y claro. Peter enmudeció. La miró fijamente un microsegundo y su mejor y única reacción fue cargarla en brazos y correr con élla a cuestas por medio colegio. - ¿Qué haces? – habló con voz temblorosa.

- Te llevo al médico. – con voz forzada.

- ¿corriendo?

- No sé, no me da la cabeza.

- Tengo auto. – paró en seco.

- ¿estacionamiento?

- Al final.

- ¿corro o camino?

- No sé. ¡Ay me duele!

- Corro. – y lo hizo

- ¡Suave!

- ¡corro, suave!


**********************************************************************************************

Eugenia comenzó a reír a carcajadas

- No sabes lo que hubiera dado por ver eso. – Lali también rió. - Peter fue increíble.

- Si… - sus ojos brillaron.

- Más, más – dijo la rubia con una sonrisa.


**********************************************************************************************


Peter entró a la habitación a tiempo para ayudar a Lali a levantarse de la cama.

- ¡ey, espera! Yo te ayudo.

- Estoy bien, gracias. De verdad.

- Si. Eso no es completamente cierto. Escuchaste al doctor. Debes quedarte quietita. Eso fue un golpazo, Lali. Esa chica debería ser karateka. – Mariana rió. – casi se muere del susto…. Y yo también…. Me imagino que el papá no se molestara porque me confundieron con el ¿no? O sea perdón es que no te quería dejar sola y…

- No hay papá. – lo interrumpió. – o sea, si hay pero, no está con nosotros. – se volvió a sentar en la cama y Peter lo hizo a su lado. Tenía las manos sobre las rodillas. La conocía hacía un par de horas. No sabía cómo actuar.

- Ah…. Entonces no se va a molestar. – Lali soltó una risa baja. Le causaba gracias la actitud que ese desconocido tenia con élla.

- No, no creo… gracias. – lo miró a los ojos. – muchísimas gracias por todo. Fuiste increíble y ni siquiera me conoces. Estaba aterrada, muy aterrada… gracias.

- Si te conozco. Eres Mariana, Lali y ahora me se tu apellido también, Esposito. Y tú. – sonrió y élla también. – sabes el mío, Lanzani. Me alegra mucho que tu bebe este bien. quien iba a decir que los bebes tienen su propia bolsa de aire. Bueno de agua, en este caso. Ya no me da tanto asco pensarlo. – Mariana soltó una carcajada.

El doctor volvió con una serie de papeles en las manos.

- ¿Esposito?

- Si. ¿todo bien, verdad? ¿me puedo ir? – el médico la miró.

- Si puede, pero. Debe llevarle esto a su obstetra… hay un hematoma en la placenta. No es a causa del golpe. Este debe tener un poco más de tiempo. Tal vez una semana o quién sabe. No está en tu último eco. Así que debe ser relativamente nuevo. – a Mariana se le paró el corazón.

- ¿Qué tan malo es eso?

- Depende… este tipo de cosas no tienen explicación ni remedio. Ahora lo que hay que tratar es de mantenerlo bajo control. Lo más probable es que la absorción de nutrientes no esté ocurriendo como debe al 100%

- Pero tomo de todo. Vitaminas y todas las cosas que me mandan. No consumo alcohol, ni siquiera jugo envasado.

- El problema no es lo que consume, si no lo que su cuerpo está absorbiendo de ello. Su obstetra sabrá cómo tratarla. Ahora debe descansar, no hacer fuerza y comer bien. – Lali tenía los ojos cristalinos. Sabía muy bien que ese tipo de cosas solo significaban algo: la posibilidad de una pérdida. Tapó su cara con sus manos. – lo siento mucho. Espero que todo salga bien para ustedes. Señor Esposito, puede llevársela. – Peter lo miró.

- Si, gracias. – el chico la miró y en un segundo se vio a si mismo abrazándola. El no entendía nada sobre embarazos pero nada de lo que se había dicho en esa habitación sonaba bien.

- Todo va a estar bien. ya verás. Vamos a tu casa para que descanses ¿sí? – Lali asintió. Quería salir de ese lúgubre lugar.

Al llegar a su casa, Mariana bajo del auto y caminó hasta la puerta. Peter la acompañó.

- Bueno. Cuídate mucho…. ¿te vas a quedar sola? ¿vives con alguien? – Élla negó.

- Sola. Pero… le escribí a una amiga. Ya debe estar en camino.

- Es tarde, Lali. No deberías quedarte sola. No es buena idea.

- No, está bien. en un rato estaré acompañada.

- Bueno…. Fue un placer conocerte. – Élla rió. – es en serio. Fue la manera más original de conocer a alguien. – y rieron los dos.

- Peter, gracias. Te lo he dicho muchas veces pero… no sabes cuánto te agradezco de verdad.

- De nada. Lo haría por cualquiera. Aunque, qué bueno que me toco por ti. Ojo no es que me alegre lo que pasó. Pero, me alegra haber estado yo y no otro. – Lali sonrió y miró al piso. – adiós, Mariana, Lali Esposito.

- Adiós. – el chico dio media vuelta, mientras élla lo observaba. – ¡Peter! – lo llamó. - ¿quieres pasar? Me serviría algo de ayuda para subir las escaleras. Aun me duele el vientre. – era una muy mala excusa pero no le importó. Peter sonrió y caminó hacia élla. La cargo hasta su cuarto, aunque la morocha protestara. La idea era llevarla de la mano, mientras subía, no que la cargara como una princesa.

- Listo. Quédate ahí tranquilita. Si tienes hambre, puedo comprarte algo.

- No, está bien. – volvió a sonreír y puso una mano sobre su vientre.

- Es muy chiquita. No se nota nada.

- Si. Tengo…

- Diez semanas. – la interrumpió. – te escuche decirle a la enfermera. Seguro pensó que era un mal padre por no saber. – Lali rió. No hacía más que reír con él.

- Perdón por eso. Seguro fue incomodo para ti. – el se sentó a su lado en la cama.

- Fue raro y gracioso. Me imagine papá por un momento y no sabes el miedo que me dio. – ambos rieron. – pero después me emociono.

- Si… así fue cuando me entere. Me llene de miedo. Pero, después… estaba tan feliz. – sus ojos se volvieron cristalinos, otra vez.

- Ey… no llores. No llores. – Lali bajó la mirada a su vientre y contuvo un sollozo. – va a estar bien. ahí está. Chiquito como un guisante y feliz en su piscina. – Mariana sonrió apenas.

- Perdón por todo esto. Qué vergüenza. Tú no fuiste a esto al colegio. Perdón de verdad, Peter.

- Ey, ya te dije. Esta, todo bien. hoy fue un gran día para mí. Porque pude ayudar a alguien y además conocí a una persona increíble.

- ¿te levantaste a una enfermera? – Élla bromeo y el rió.

- Claro. La que me veía con cara de mal padre y esposo hijo de su mamá. – y ahora, las risas eran de los dos. Lali abrió la boca para hablar.

- Si me vuelves a dar las gracias, vas a tener que rezarme un rosario entero porque voy a ser un santo. – rieron, nuevamente. Se miraron a los ojos y volvieron a pensar lo mismo que horas antes. “brillantes/ hermosos”

- ¿Lali? – Eugenia entró de golpe. - ¿estás bien? ¿Qué paso?... hola… - dijo sorprendida al percatarse de la presencia de Peter.

- Hola. Eh… soy Juan Pedro o Peter.

- María Eugenia o Euge. – miró a Mariana en busca de una explicación.

- Él fue quien me ayudo a ir a la clínica. De hecho me llevó y me cuidó.

- Ahhhh… súper héroe, desconocido. – sonreía mientras movía la cabeza de arriba abajo. – estas sucia, Lali. – dijo al ver la camisa blanca, manchada de tierra gracias a la patada de la adolescente karateka. - ¿Qué paso? No, mejor ponte cómoda, primero. No te muevas. Yo te busco ropa.

- ¿Cómo entró? – le dijo Peter en voz baja, mientras veía a la rubia buscar en los cajones.

- Tiene llaves. – hablo Lali de igual manera.

- Pero yo no la sentí llegar.

- Yo nunca la siento, tampoco.

- Listo. Te pones esto y… yo voy a buscar algo para que comas. ¿te quedas un rato, Peter? Comes algo y eso.

- No. Ya me iba. Esperaba que llegaras nada más.

- Ah. Ok. – los miró desde su posición frente a la cama. – bueno, voy a cocinar. Adiós, Peter un placer y gracias… de verdad. – le dedico una sonrisa y salió de la habitación.

- Que… ¿enérgica?

- Esta nerviosa por mi… y por el desconocido.

- Ahh… bueno… ya me voy. Cuídate mucho, Lali. Ya te lo dije pero, no sobra una mas ¿no?

- Si. Gracias. Tú también, cuídate. – Peter se levantó y caminó hasta la puerta. Se dio vuelta para mirarla.

- Lali, mañana en el obstetra. ¿yo podría ser el señor Esposito y acompañarte? – Mariana abrió los ojos, sorprendida. – no sé explicar porque. Pero, me gustaría acompañarte y saber si está, todo bien. – le dijo mientras se rascaba la nuca. Lali sonrió.

- Pero la obstetra sabe que mi apellido de soltera es Esposito. – Peter la miró con algo de desilusión.

- Bueno… no se podría ser… - Lali sonreía.

- Si quieres puedo ser la prometida de Lanzani o algo así. – lo interrumpió. Peter la miró y sonrió.

- Eso me sirve. – ambos se regalaron una sonrisa.

Quien podría saber lo que vendría después…

**********************************************************************************************

Peter enfocó el techo, abriendo los ojos aun más.
¿Qué es esto? ¿Qué me pasa? Pensaba sin parar. Tapó su cara con sus manos. No podía más. Necesitaba saber porque esas imágenes se venían a su mente. ¿Que significaban…? Necesitaba abrir los ojos.


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Que hay gente linda?!!! feliz año nuevoooo, feliz dia de reyes!! feliz carnaval!!!!! cheers jajajaja si, si, si, se que me tardo mil años en subir pero bueno!! es que tengo una vida muuuuuy ocupadita!! pero intento lo mas que puedo el escribir y hacerlo bien para ustedes!!


aqui les dejo la primera parte del capitulo SUBO LA SEGUNDA PARTE EN LA NOCHE!! ya estoy pasandola pero queria subir l menos un pedazo en la tarde!!
SO, no digo mas solo que esperen la MEJOR PARTE DEL CAPI que es la segunda. Esto es el abrebocas! jajajajajaa

igual disfrutenlo!! un besote y espero sus comentarios pero no me critiquen mucho!! recuerden que soy amateur!! jajajaja

los quiere su querendona Marya!

ENJOY!

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lillyana
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MensajeTema: Re: En la Sangre (Laliter)   Mar Feb 21, 2012 9:37 pm

me rei muchisimo con el cap, eso es lo q llaman estar destinados el uno para el otro. y mas me morfo a peter queriendo ser el señor esposito.jajaja

lo q si no me gusta es q el pibe este enamorado de las 2, cuando el recupere la memoria si es q lo hace, se va sentir demasiado mal por la situacion, por saber q sentia o siente cosas por la hermana del gran amor de su vida, y q ella ha sufrido como una condenada.

lo unico q no te permito es chape entre mar y peter, sabelo y entendelo NI POR EL PUTAS, lo acepto, esa sería la tapa

será q esta recordando y por eso le llegan imagenes?.


MUERO POR LA 2 PARTE DEL CAP.

GRACIAS POR VOLVER TE EXTRAÑE Smile
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sweetmarya
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MensajeTema: Re: En la Sangre (Laliter)   Dom Mar 04, 2012 7:56 pm

Peter enfocó el techo, abriendo los ojos aun más.
¿Qué es esto? ¿Qué me pasa? Pensaba sin parar. Tapó su cara con sus manos. No podía más. Necesitaba saber porque esas imágenes se venían a su mente. ¿Que significaban…? Necesitaba abrir los ojos.


Capitulo XVI
Con los Ojos Bien Abiertos
(Parte II)


- ¡Me estoy volviendo loco!

- Claro que no. – Simón habló con voz neutra.

- ¿y entonces? ¡No es normal ver cosas en tu cabeza sobre personas que no conoces!

- Solo estas soñando.

- Soñando despierto.

- ¿la ves? – preguntó el doctor.

- No. O sea, si. Pero tampoco es que hablo con élla y jugamos a las cartas. O sea, me veo a mí y a élla juntos. Pero no es élla. No es la misma chica. Son iguales pero su nombre es otro, su forma de ser es otra… no se… ¿Es posible eso?

- Tal vez la recreas en tu mente. La haces como tú quieres que sea.

- Pero me gusta como es.

- Pero te gusta más la otra.

- ¡Pero, es que élla es la otra!

- ¿Por qué no me dices, quien es “élla”?

- No yo sé quién es, ya. – Peter miraba el techo – embarazada ¿te imaginas? La vi ahí con la cara de asustada. Vi su cara; hasta una amiga! ¡MI amiga! – se alteró. – Es muy real… casi como un recuerdo.

- ¿y si lo es? Juan Pedro, puede que estés recordando. Sabes que en tu
estado, los recuerdos aparecerán solos… como si siempre hubieran estado ahí.

- Pero, es que no nos conocíamos. – susurró pensativo. - ¿será otra cosa? – Peter miró a Simón, quien sonreirá. Para el doctor habían varias opciones. Unas buenas, otras no tanto. Su experiencia como doctor le decía que definitivamente, ese era un muy mal síntoma. Pero su instinto le decía que algo mejor estaba ocurriendo.


************************************************************************************


- Hola señorita. – el doctor L entraba al cuarto de Mar.

- Hola… - sonrió apenas.

- ¿lista para tus clases?

- No… pero a ti no te importa ¿verdad?

- Nop… - le dijo con una sonrisa. – dale, Mar ¿en qué quedamos? Desaparecieron los flashbacks, al menos por ahora; estas en terapia constante. Sabes que el LSD no es adictivo – agarro aire. – lo que quiere decir que debemos seguir con tu terapia: “recuperando la vida que tenía” – sonrió.

- Ay! Esa terapia no existe! Tu le dices a todo terapia y es mentira!

- Ey! No me desacredites! Que indignación! – se hizo el ofendido. – se llama terapia de choque! Intento confrontarte, relacionarte de a poco con tu realidad.

- Mi realidad es esta! Aquí metida siempre por cobarde.

- Porque quieres y lo sabes. – la señalo con su índice. Su rostro estaba serio. – se acabo la discusión. Soy tu doctor y yo te digo que hoy te enfrentas a tu realidad y no está. A tu verdadera vida. La que dejaste ¿estamos?

- Si… - lo miró seria.

- Si ¿Qué? – entrecerró los ojos.

- ¿Si, eminencia? – sonrió inocentemente y L rió.

- No era eso pero sirve. Siempre y cuando comiences hoy con los ejercicios. Debes aprender a abrir los ojos, Marianella.

- ¿Qué? ¿Los tengo cerrados? – dijo con cierta incredulidad.

- Si. – la miró con obviedad – debes abrir los ojos y ver tu realidad, tu vida. Ver el mundo y salir. Andas con los ojos cerrados para no ver las ventanas abiertas. Pero vives con miedo a tropezar. – colocó una mano en el hombro de élla y otra en su barbilla para levantar su cara y mirar sus ojos marrones. – es hora de caminar con los ojos abiertos.


************************************************************************************


- ¿ves? te lo dije! – Valeria miraba las cámaras de seguridad del centro en compañía de Estefanía.

- No lo puedo creer. – Nana miraba como Laura disolvía un mínimo trocito de papel en agua que Mar tomaría después. – ¡es una loca! Y ¿Cómo metió eso aquí?

- Es un papel, Nana. Yo tengo dos en el bolsillo justo ahora.

- Tengo que hablar con los doctores. Sabía que el trastorno de esa chica traería problemas.

- ¿trastorno? ¿el de la droga?

- No. Élla no es drogadicta como tal. El LSD no causa adicción ni síntomas físicos de abstinencia. Laura es esquizofrénica.

- Jodeme. ¿y qué hace aquí?

- Cree que es drogadicta. Por eso L la trata por el área de trastornos psicológicos.

- Y por loca drogó a Mar que si es drogadicta. Este centro es como una serie americana. Esto se lo voy a vender a MTV o Boomerang.

- Suena más a Sony o Warner Channel.

- Si o capaz como… ¿Qué hacemos hablando tonterías? ¡Hay que decirle a L! la tenemos que denunciar. La tenemos que matar.

- No, no. Matar, no. ¡Presa yo ni a palos!

- Bueno pero si sacarla de aquí… o que se caiga de las escaleras porque pensaba que la perseguían.

- Vale, creo que a ti también hay que tratarte por el área de trastornos.

- ¿me sirve como excusa si la mato?

- Averiguo y te digo.

- ¿Qué vas a averiguar? – el doctor hizo acto de presencia.

- Si puedo matar a Laurita, la enfermita sin ir presa.

- ¿y por que la matarías? – L tenía curiosidad.

- ¡Por loca y bruta! Porque al parecer no pensó que habían cámaras viéndola en un centro con cámaras de control. – Valeria estaba molesta.

- ¿eh? – y el doc. confundido.

- L, Laura drogó a Mar. – Tefy señaló la pantalla. – hice lo que me dijiste. Revisé los videos y la vi.

- ¿ves? loca y bruta.

Para el centro de rehabilitación San Judas, el trabajo nunca acaba y para el doctor, tampoco.

- Loca.

- Shhh

************************************************************************************

Marianella se miraba al espejo con sus “medias pantis” blancas, calentadores morados, su boddy negro, falda morada anudada a la cintura, el cabello recogido en un moño y sus zapatillas de baile negras. Sonrió al verlas. Las amaba porque no se veía el desgaste (lo cual la hacía sentir que debía exigirse aun más) y según su hermana “combinaban con todo”. Sonrió ahora, con cierta nostalgia y miedo. Respiró profundo y encendió el reproductor de música. Violines. Hace cuanto no los escuchaba. Cerró los ojos y comenzó a practicar. Un “Plié” y otro y otro. “Talones juntos y pies hacia fuera. Brazos como óvalos. Separa las piernas y brazos estirados” escuchaba la voz de sus profesores en su cabeza. Repetía cada palabra mentalmente como cuando era niña. Ahora un “Relevé”. Marianella sonrió emocionada al ver que aun podía pararse de puntas de pie. Intentó “Piruettés” y “Fouttés” y rió con emoción al lograr un “Arasbeque”. Una lagrima rodo por su mejilla. Extrañaba tanto bailar pero no sabía que lo necesitaba tanto. Que la ausencia de saltos y giros era una de las cosas que la hacían sentir vacía. La música retumbaba en la habitación y vibraba en su cuerpo. Eran como hilos invisibles que la hacían mover su cuerpo con cada nota. La hacían danzar por todo el salón, la hacían sonreír, sentirse viva, sentir emoción, alegría, tristeza, nostalgia, felicidad y no solo vacio. Era su manera de vivir, sentir, respirar. Era salir de su propio cuerpo y volar más allá de todo y de todos. Mientras giraba, se inclinaba y estiraba; se preguntaba a si misma que había pasado. ¿Cuándo dejo de sentir? ¿Cuándo un “Allegro” dejo de causarle gracia? ¿Cuándo una vida llena de todo, comenzó a ser nada? Se quedo vacía… rota. Se detuvo de repente mirando el suelo y sus zapatillas. Levantó la mirada y se vio a sí misma en el espejo. Era la misma. Pequeña, delgada pero con curvas. Pelo castaño oscuro y ojos marrones pero no había brillo en ellos. Estaba pálida y un poco demacrada. Recordaba a la Mar que pasaba horas bailando y riendo cuando lograba una ejecución perfecta. La que se que combinaba toda la ropa de baile porque si no, la voz de su hermana retumbaba en su cabeza. Se sentó en el piso y lloro, lloro hasta no poder respirar. L tenía razón: tenía miedo de abrir los ojos porque no quería ver las posibles salidas. Estaba aterrada de enfrentar lo que vendría. Había destruido todo y no sabía cómo empezar de nuevo.
Unos brazos la rodearon y abrazaron con fuerza. Volteó apenas su cabeza y vio a Peter.

- ¿Qué haces aquí? – dijo con voz quebrada, tratando de limpiarse las lagrimas.

- Esa música… me trae recuerdos.

- ¿has recordado algo? – Mar se levantó del suelo.

- No… pero siento algo al escucharla.

- Es el cascanueces. – Peter asintió.

- Pensé que ya no bailabas ballet. – ella asintió.

- No. Es “terapia de choque”

- Ahh aquí todo es una terapia. ¿no? – ambos sonrieron.

- Si.

- ¿puedo pedirte algo? – Mar asintió. – ¿puedes bailar? Es que no se explicarlo pero me transmite algo muy grande en el pecho. – Mar sonrió y comenzó a bailar. Un “Relevé” seguido de un “Arabesque” y “Piruetté”. Peter sonrió y su cabeza se lleno de imágenes.


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Juan Pedro entró al colegio de “chicos nice” (como muchos le decían), en donde trabajaba su amiga dos días por semana. Irían juntos al cine esa noche y a él le tocaba esperarla salir de su trabajo. Pudo entrar a las instalaciones sin problema ya que había estado ahí muchas veces antes. De hecho todos pensaban que era el novio de Lali y ni él ni élla hacían nada para aclarar la confusión.


Al entrar a la sala de profesores, no quedaba nadie más a excepción de Mariana. No se sorprendió. Siempre se quedaba de última. Así la conoció y así se mantiene. Eran las seis treinta y la habitación estaba iluminada en un tono naranja debido a los crepúsculos en el cielo, anunciando el final del día
Lali estaba de espaldas a él; sentada en el piso, frente al televisor.


- ¿Qué haces? – Mariana saltó del susto.

- ¡Me asustaste, tonto! Hola. – Peter se sentó junto a élla y beso su mejilla. – veo un video de ballet clásico para mi hermana. Quiero intentar que vuelva a bailar.

- Wow. – dijo a ver los giros en la pantalla.

- Eso no es nada. Deberías verla bailar a élla.

- ¿tú no bailas? Digo, tocas el piano.

- No. Más chicas, lo hacíamos juntas. Pero ya no bailo. Me haló más la enseñanza y élla se fue a perseguir las estrellas. Lástima que se equivoco de constelación. – miró el piso con cierta tristeza.

- Si… a ver. – se levantó del suelo, con la mirada de élla siguiendo sus movimientos, he intentó hacer los mismos pasos que el bailarín profesional en la pantalla.

- ¿Qué haces? – Lali rió.

- Ni idea. Supuestamente bailo. Si el tipo puede yo también. Aunque ponga en duda mi hombría. – se detuvo para mirarla. - ¿no le dirás a nadie no?- Mariana rió y negó con la cabeza. – bueno si alguna vez bailaste, algo te debes de acordar. A ver intentemos para que lo hagas con tu hermana. . le tendió la mano. Lali la tomó con una sonrisa.

- No me acuerdo, mucho.

- Que importa. Yo no sé nada y Marianella se va a burlar de ti, no de mí. – la morocha golpeó su hombro.


************************************************************************************


Peter sonrió al pensar en esa situación y entonces entendió. Esas imágenes debían significar algo. Le estaban diciendo algo. Algo sobre él. Sobre élla.

Mar se acercó a él, caminado en puntas de pie y Peter sonrió. Tomó su mano para acercarla a él y la levantó sujetándola por la cintura. Marianella gritó y rió.

- ¿sabes ballet? – se sorprendió´.

- Ni siquiera sé cómo se pone una malla, pero he visto que hacen esto. – ambos rieron.

- No te salió tan mal. Tal vez pueda intentar un “Pas de deux”

- ¿un pas de qué?

- “Pas de deux” es un paso acompañado. Dale solo sígueme. – Mar se puso de espaldas a él. Estiró sus brazos y Peter los siguió con sus manos. Otra imagen de él sosteniendo de espaldas a la misma morocha con ropa formal, vino a su mente.


Mar enredó su pierna en la cintura de Peter y esté la levantó girando sobre su propio eje y liberándola en el aire para que girara. Mar rió y el sonrió extasiado por las diferentes emociones que lo abordaban. Dudaba que eso fuera ballet pero era algo más para él. Era un momento de su vida, un recuerdo. Ya lo había vivido, lo sentía y ahora lo sabía. Ambos sonrieran con emoción, con nostalgia.
Mar se separó y comenzó a caminar a su alrededor. Peter sujetaba suavemente su cintura, mientras élla giraba con los brazos extendidos hacia arriba, en forma de ovalo. Al detenerse chocaron sus frentes. Ambos cerraron los ojos y jugaron a encontrarse. Mar estiró su pierna hacia atrás y Peter la levantó. Las imágenes volvieron; risas y ternura. La deslizó por su cuerpo al bajarla y la miró a los ojos. Estaban llenos de brillo de emoción como aquella vez. Élla cerró los ojos y él acarició su rostro. Choco sus labios con su mejilla se acerco a su boca y rosó sus labios con los de élla. Suavemente se dejo llevar por un sentimiento de anhelo, por un sueño. Las imágenes rondaron su mente y esa morocha de jean ajustado, sandalias altas y blusa blanca volvió a él. La sostenía en el aire y sus frentes chocaron, mientras sonreían. El sol casi los había abandonado, dejando ver apenas sus rostros por unos cuantos rayos de luz que se rehusaban a dejar en tinieblas tan cálido momento.


- Así deberían terminar todos los bailes. – Le dijo rosando su nariz con la de élla.

- ¿Cómo? – Lali dibujaba con su dedo índice, cada rasgo del rostro del hombre que amaba en silencio. Lo miraba con sus ojos grandes y brillantes y lo lleno de paz. Como siempre solía hacerlo.

- Con un beso.

- ¿Qué? – susurró.

Peter la bajo un poco hasta chocarla con su pecho. Élla no dejo de mirarlo ni un segundo. La miró fijamente y la besó. Sin más. Sin pensar, sin razonar. Sin nada más que el deseo de abrazarla y sentirla. Sin más que soñar y animarse a cumplir ese sueño. Ese primer beso. Mariana envolvió el cuello del morocho con sus brazos y dejo que él hundiera sus manos en su pelo largo y sedoso. Se besaron con ganas, con ansiedad, con ternura… con pasión… con amor. Al separarse la miró a los ojos y observó cada una de sus facciones. Era perfecta para él. Su piel tenue, sus ojos brillantes y su mirada asustada, sus labios rojos incapaces de modular palabra alguna.


- Mariana… estoy enamorado de ti. – Élla lo miró fijamente y pasó uno de sus dedos por su mejilla. Acababa de descubrir que amaba acariciar su rostro masculino y suave a la vez.

- Yo también. – dijo en un susurró. Un abrazo, una sonrisa y otro beso alumbrado, ahora, por las estrellas que muchas otras noches, también los acompañarían.



************************************************************************************


Juan Pedro se separó de Mar con delicadeza. La abrazó con fuerzas y Mar sintió como la emoción le llenaba el pecho.

- Mariana…

- ¿Qué? – Mar lo miró confundida. – Mariana es mi hermana JP.
Y por primera vez Peter abrió los ojos en todos los sentidos. Ahora veía las ventanas abiertas. Ahora era su turno de caminar… con los ojos bien abiertos.



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FINAL DE PUTA MADREEE LO AMEEEEE




disfrutaloooo

tratere de subir el proximo lo mas pronto que pueda pero aun lo estoy pensando!!

no desesperes y gracias por no abandonar la novela!!!


FINAL DE PUTA MADREE jajajaja y por si no lo dje claro PETER LANZANI RECORDOOOOOO cheers

ENJOYYY LAS QUIERE SU QUERENDONA MARYAAAAA

pd: ves que no te abandono Lily?
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lillyana
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MensajeTema: Re: En la Sangre (Laliter)   Lun Mar 05, 2012 12:47 pm

AMO q no me abandones.jajaja yo siempre aca en guardia con vos Smile

debo decirte q quise asesinar a peter en mas de un momento, el trauma con el q va a quedar el pibe este cuando se de cuenta q se queria comer a la hermana de su novia y lo peor de todo es siente cosas por las 2, te queres matar peter.
mar tambien se va a querer matar por sentir cosas por el novio de su hermana, la q la ha bancado en todas.
diossssssssssssssssssssssssss es un rollo bastante complicado, ya veo la llorada q se van a pegar los 3. acá sufren los 3 de una forma barbara, pero la q mas ha sufrido es mariana al ver como su hermana y su novio sienten cosas el uno por el otro.

ya era hora q abrieras esos ojitos verdes piponchis, no importa el shock en el q entres, entre mas rapido abrieras los ojos, mas rapido recuperas a tu gran amor.

yo te lo adverti, si peter se besaba con mar yo te MATABA y no et lo perdonaba, y esa rozada de labios NO te la voy a perdonar
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lillyana
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MensajeTema: Re: En la Sangre (Laliter)   Lun Mar 05, 2012 12:48 pm

No te me perdas tanto nena, q despues de este cap, estoy esperando ansiosa el otro, casi a punto de valeriana, para poder esperarte.jajajaja
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sweetmarya
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MensajeTema: Re: En la Sangre (Laliter)   Lun Mayo 06, 2013 8:49 pm

HOLAAAAAAAAAAAAAA CONTINUARE LA NOVELAAAAA SE MERECE UN FINAL!!!!
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sweetmarya
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MensajeTema: Re: En la Sangre (Laliter)   Lun Mayo 06, 2013 8:57 pm

Capitulo XVII
Desde el principio





Mar se miraba en el espejo del baño de su habitación; ese que estaba ridículamente incrustado en la pared. Miro sus ojos grandes y sus labios carnosos, y pensó lo cerca que habían estado. Sonrió sin saber porque. Pero, algo borro su sonrisa. “Mariana”, le había dicho “Mariana”. No sabía cómo entender que en ese momento tan intimo que compartían, él decidiera contarle que creía haber visto a su hermana unos días atrás. Era una excusa y lo sabía muy en el fondo, sabía que había algo más pero no lo podía creer o tal vez no quería hacerlo. Respiro profundo y vació su mente. Se estaba volviendo paranoica y debía calmarse. Se sentía atraída por Peter, de hecho creía que era más que solo atracción; se estaba enamorando (si no es que ya lo estaba), pero no podía asegurar que él sintiera lo mismo, así que solo buscaba excusas para no afrontar la verdad. Una vez más, se había enamorado solo ella. Marianella era reacia al amor desde muy pequeña. Nunca creyó en amores eternos ni incondicionales. Solo una vez cayó ante el amor, a sus quince años. Demasiado joven para entenderlo y aun así no creía que fuera amor real, no siendo tan joven pero descubrió lo que era el amor cuando le toco sufrir por su error. Ahora deseaba dejar todas sus creencias, traumas o lo que fuera que la detenía, atrás y atreverse a amar, sin miedos, sin prejuicios ni inseguridades, solo amar. Pero, no podía y no sabía porque. Tal vez su propia sangre la detenía esta vez.




Juan Pedro Lanzani, ese era su nombre, mejor conocido como Peter Lanzani. Su papa era Diego Lanzani y su novia era Mariana Esposito. La mujer que más había amado en su vida. Tenía amigos, un trabajo y una vida, y había perdido todo por la culpa y la debilidad. Marianella, la hermana de Lali, su Lali ¿Cómo no lo vio? ¿Cómo la olvido? ¡Dios! Estaba furioso con él mismo ¿en qué lio estaba metido? Comenzó a pensar en todos los meses que llevaba encerrado en ese hospital disfrazado de centro vacacional; pensó en el día que la vio por primera vez, tirado en el piso de esa misma habitación, recordó cada momento vivido con ella, con su… cuñada. Sintió asco de él mismo ¿Cómo pudo olvidarla? No, no la olvido. Tal vez su cerebro pero no su cuerpo ni su corazón. Por eso quería verla, estar con ella era lo que necesitaba para estar bien. Las cosquillas, la paz, la alegría… Revivió cada momento a su lado estos últimos meses y entonces entendió. No estaba confundido por una mujer. Sino por dos. Amó y conoció a Lali hasta lo más profundo de su ser como para no reconocerla. La primera vez que la vio dentro del centro, era su hermana, pero en esa ventana por la que observaba todo ajena a él, ahora mismo, estuvo con Lali. El piano, Lali; el lago, Lali ¿Qué estaba pasando? ¡El beso! Era ella, se despedía de él, lo dejaba ¿había jugado con él? No, Mariana no era así sin embargo, lo había vuelto durante seis meses. Realmente pensó que estaba perdiendo la cabeza ¿Por qué no le dijo la verdad? Y entonces todo encajo, quería despedirse, quería librarse de él. No pensaba que no lo amase solo quería superarlo y dejar de sufrir. El no hacía más que hacerle daño, los últimos meses de su relación. No culpaba a la droga, se culpaba a él mismo por haberse permitido caer. Por creer que la culpa y el dolor se irían. Alejo a la persona que mas ama y la llevo a engañarlo. Que idiota fue.

Sentía rabia por lo que estaba pasando, por lo que él había hecho y por lo que ella le había hecho. No importaba la lógica ni el culpable, solo sentía impotencia, dolor y confusión. Había perdido todo. Su familia, su trabajo y las dos personas que más amaba. Como desearía volver atrás y comenzar todo desde el principio.



Sábado y como siempre Mariana conducía camino al centro “San Judas” había evitado el edificio “San Felipe” durante un mes en el que ha sufrido en silencio cada día y cada noche. “se suponía que dolía menos con el pasar del tiempo” pensó, al parecer ese proverbio no aplicaba en su situación.
Miro el edificio con tristeza, mientras se acercaba a las rejas del muro divisor. Cada momento vivido con él volvió a su mente, para golpearla con una verdad que debía reconocer: nunca dejara de doler, nunca se quedara en el pasado. Se detuvo frente al edificio San Felipe y bajo del auto. Desde el portón enrejado podía verse el lago a los lejos. Apoyó su cabeza contra la reja y posó ambas manos sobre los barrotes a cada lado. Sonrió con melancolía al recordar el momento vivido con su amor.


- ¿Recuerdas? Qué bueno que tu si estás segura de que fue real y que fue un sueño.

Mariana se sobresaltó al escuchar su voz hablarle.

- JP… hola. – sonrió nerviosa.

- ¿JP? - Peter levantó una ceja. – así me dice tu hermana, La. – la miraba serio, con ojos penetrantes. Quería la verdad, quería a Lali y le molestaba verla jugar a las gemelas intercambiables. Se sentía burlado, engañado y tonto.
Mariana se mantuvo en silencio por unos segundos.

- No, no entiendo… ¿Qué? – intento sonreír pero solo lograba mostrar su nerviosismo.

- ¿Esta fue tu manera de decirme adiós? Tal vez no tenga derecho a reclamar pero tu tampoco tenias derecho a tratarme como un estúpido. – Peter se paro frente a ella y esta se separo apenas de las rejas, entendiendo todo. Su juego de mentiras había terminado, dejándola hundida y sin excusas. Por primera vez se detuvo a pensar en sus razones para todo lo que había hecho y solo tenía una: no podía vivir sin él… pero no era suficiente.

- No… no Peter, no quise… yo no podía decirte. Intente hacer lo correcto, te lo juro pero no podía. No sabía cómo. – Peter la miró a los ojos. Estaban vidriosos.

- La perdóname. – se acerco a la reja y tomo la misma posición que Mariana mantuvo hasta hacia momentos.

- ¿Por qué? – ella lo miraba confundida.

- Perdóname por todo. Está bien que ya no quieras conmigo, de hecho me sorprende que aguantaras tanto tiempo. – hizo un intento de sonrisa – eres la mujer más increíble que he conocido.

- Peter – ella se acerco de nuevo a la reja que los separaban y acarició su mano.

- Pero me engañaste. Jugaste conmigo y no entiendo porque. – la miró a los ojos interrogante. Seguían cristalinos y por primera vez con Peter, Mariana estaba sin palabras. Abrió su boca para decirle cuanto lo amaba cuanto había sufrido y porque no aguantó la idea de no tenerlo y prefirió jugar este peligroso juego de roles, antes de perderlo.

- Si no puedes decirme nada, está bien. – la interrumpió – es mejor así. No le diré a nada sobre esto, te lo prometo. - se separó de las rejas y apartó su mano de la de Lali. – te amo, La.

- Peter… - apenas se escucho. Mariana estaba paralizada, con la voz quebrada. Volvió a poner sus manos sobre los barrotes y Peter las acarició. Sus ojos marrones y profundos miraban los verdes penetrantes de él. Ambos pares cristalizados, entrando en lo más profundo de su ser, sabiendo que tal vez, sería la última vez que se verían. Peter acarició su rostro y la contemplo solo un segundo.

- Perdón, pitt. – salió como un murmullo. Juan Pedro besó su frente y se aparto lentamente, viendo como la primera de muchas lágrimas comenzaban a rodar por la mejilla de la mujer que amaba.

- Adiós, La. – se alejó sin saber que ella le pedía perdón por no poder olvidarlo, por no poder dejarlo atrás. Le pedía perdón porque a diferencia de lo que él pensaba, ella lo amaba y amo cada mirada y cada caricia que le regalo porque sabía que era lo único que tenia para seguir; porque lo necesitaba así fuera en sus recuerdos.

- Lali ¿Qué haces aquí? – la enfermera de los ojos soñadores apareció en el portón enrejado de Santa Beatrice. Era hora de hacerle compañía a los chicos de San Felipe.

Mariana bajó la mirada y limpió sus lágrimas con disimulo, aunque no tuvo éxito ya que la enfermera notó en seguida su llanto.

- ¿Qué pasa? Miró el edificio frente a ella ¿es por él? - puso una mano sobre el hombro de su amiga – Lali – le limpió una de sus lágrimas escurridizas, esas que no les importaba más que salir y desaparecer, huir del dolor.

- Estoy bien. – fue lo único que pudo decir ¿me haces un favor? ¿le dices a Mar que… que no pude venir… dile que olvide que Euge tenía una presentación de una publicidad que diseño y quería que fuera.

- Si yo le digo. – Estefanía la miro atenta. – Lali haz que todo esto valga la pena. Puedes transformar ese dolor en alegría. Llego la hora. – y con eso siguió su camino. El mismo que Peter había recorrido minuto atrás, Mariana la miró alejarse hasta que el llanto nublo su vista. Ya no había más que hacer solo llorar… otra vez, como todas las veces ¿Cuándo el amor transforma toda su felicidad en dolor? Fue lo único que su mente pudo formular.

- Ey… - susurro Eugenia sobre la cama de Lali. Estaban acostadas de medio lado, mirándose a la cara, pero solo una de ellas sonreía. – hola… ¿quieres algo? – la morocha negó. – Lali…

- No digas nada. Np hay nada, nada que me puedas decir que me quite la culpa, Euge.

- ¿de qué hablas? ¿culpa de que Lali? ¡Tú lo amas! ¡hiciste lo único que podías hacer!

- ¡no Euge! – se sento sobre la cama al igual que la rubia. – lo mejor era aclarar todo. Decirle la verdad a todos y no lo hice. No hable por cobarde, por…. egoísta porque no lo quería perder y a la final eso fue lo que logre. – las lágrimas brotaran sin parar - ¿sabes que le dije, cuando me pidió una explicación? Nada! No pude decirle nada porque yo misma no entiendo porque lo hice, porque actué así. – Mariana se ahogaba en sus sollozos, mientras que Eugenia la escuchaba atenta.

- Lo que tú hiciste tiene una sola explicación: amor. Estúpido, incondicional e irracional pero verdadero. Eso es lo que debiste decirle. Que importa si por una vez fuiste cobarde o egoísta. Te lo merecías. Al menos una vez debías pensar solo en ti y en nadie más. Mariana de lo único de lo que eres culpable es de amarlo tanto que ninguno de los dos puede dejarse ir y si, suena cursi pero es verdad. – sonrió y acaricio el brazo de la morocha.

Lali la miro a los ojos y se dejo caer en el pecho de su amiga para llorar y seguir llorando, mientras pensaba que el peor castigo por amar a alguien era no dejar de hacerlo.

- Juan Pedro ¿Cómo sigue tu problema con la mujer que es pero no es? – el muchacho se sentó sobre el sillón del doctor Simón y enredo sus manos en su cabello. - ¿Qué pasa?

- No eran sueños, eran recuerdos que me estaban volviendo loco y ahora empeoró.

- ¿de qué hablas? ¿sabes quién es la chica, la recuerdas? ¿recordaste algunas cosas o todo?

- No lo sé. Solo sé que me voy a volver loco y que necesito una respuesta real. Concisa. Dije que no me importaba pero no es cierto. Necesito saber…. La necesito… la extraño, la… la amo.

- Juan Pedro explícame bien porque yo soy el que no entiende nada ¿a quién amas? ¿te enamoraste de alguien en el centro?

- Siempre la ame.

- ¿a quién? – el doctor Simón estaba totalmente confundido pero preocupado por el grado de ansiedad que manifestaba su paciente.

- ¿podemos seguir después? Necesito… pensar.

- Está bien. Pero búscame si necesitas algo y no salgas del edificio ¿Si?

- Si – Peter se levanto del sillón del sillón y salió lo más pronto que pudo de esas cuatro paredes que había sido testigo de sus anécdotas que hace unas horas.

- L, algo pasa con Lanzani. Te agradezco que cuando vengas a San Felipe trates de averiguar qué pasa. Esta muy agitado… gracias amigo. – una llamada telefónica y otra pieza caería justo en su lugar.

- Lanzani - Tefy se sentó junto al morocho que se dedicaba a mirar la nada misma en el gran salón donde la vio tocar el piano. - ¿vas a intentar tocar algo? – estaban sentados frente al piano.

- Solo conozco una canción y tarde semanas en aprenderla.

- ¿Por qué la aprendiste?

- Porque no podía dejar de imaginarme su sonrisa cuando me viera tocarla. – presiono una de las teclas. Ambos se quedaron en silencio solo oyendo el eco del sonido.

- Tú lo sabías ¿no? Las diferencias. Te he visto hablar con alguna de ellas. - Tefy tardo en responder.

- No sabes cómo te ama. Esta loca, no lo niego… loca de amor supongo.

- ¿sabes por qué intentaba pelear contra esto? Por ella. Porque me dolía hacerle daño. Porque quería que cada vez que la mirara a los ojos, viera como brillan de felicidad. Pero, cuando los veía opacos y sabía que era por mí no lo soportaba y me escapaba. No recuerdo cuando deje de hacerla sonreír. Cuando deje de intentar tocar una melodía para ella. Pero sé que quería cambiar y vivir por ella y no sé si es algo lindo o enfermizo pero no me importa. Solo me importa su risa, sus caricias, su sonrisa y esos ojos que cuando me miraban, me detenían el mundo. Y me odio a mi mismo por olvidarla ¿Cómo pude olvidarla si hace unos meses atrás no podía vivir sin ella?

- ¿todo este tiempo te sentiste vacio? ¿sentiste que te faltaba algo, algo que olvidabas a veces cuando la veías?

- Si- miró a la morocha por primera vez.

- Entonces no la olvidaste. Solo no podías verla, pero no dejaste de buscarla ¿Peter, sabes cuál es el más fuerte de los vicios? El amor y contra ese no hay terapia que valga. – de nuevo, reinó el silencio.

- Necesito de tu ayuda aunque debes confiar en mi ¿podrías? – Peter la miro suplicante y la enfermera le devolvió una mirada confusa.



Mariana había logrado levantarse de la cama para bañarse y bajar a la cocina a comer algo como su amiga le había pedido minutos antes de irse. Cada rincón de la casa le recordaba a Peter lo que le hacía doloroso cada paso que daba.
Un vaso de yogurt y agua. Nada muy consistente pero al menos era algo. El timbre sonó pero ella no se movió de la mesa de la cocina. Pensó en Belén, María o cualquiera de sus amigos queriendo levantarle el ánimo pero no quería hablar con nadie. El timbre siguió sonando con insistencia y no tuvo más remedio que dirigirse a la puerta y paralizarse por segunda vez en un día.


- Hola, Lali. – Peter la miraba desde la puerta con una media sonrisa. Tenía las manos en los bolsillos y su mirada paseaba desde su gran amor hasta la vacía y oscura calle detrás de él. - ¿puedo pasar?

- Si… - susurró mientras asentía con la cabeza. - ¿Cómo?

- Alguien me ayudo. – sonrió.

- No deberías estar aquí. Debes terminar de recuperarte, Peter. – no podía dejar de preocuparse por él.

- Estoy bien en serio… hace un tiempo me siento muy bien… Lali yo… quiero que me expliques. Quiero saber cómo paso esto. Necesito saberlo. – la chica se sentó en el sofá y él la siguió. Se mantuvieron en silencio unos minutos hasta que ella tuvo el valor de hablar.

- Yo… no tengo una explicación. Juro que no dejo de pensar en lo que estaba pensando cuando seguí con todo esto; con toda esta confusión y … solo puedo pensar que te amo, Peter. – sus ojos comenzaban a empañarse – te amo y no quería perderte. – ahogo un sollozo. – al principio no sabía dónde estabas, nadie me decía nada y yo… sentía que me moría todos los días. No podía respirar sentía que me ahogaba. – toco su pecho. – y te encontré de la nada. Te encontré y no sabias quien era yo y fue como si me dejaran sin aire otra vez. No lo podía creer. – las lágrimas salían sin permiso alguno haciéndola vulnerable y pequeña. – pensé que podía hacerte recordar y… luego supe lo de Mar… todo se complico… no quería hacerle daño a nadie. – respiro profundo. No podía dejar de hablar. Quería sacarlo todo, todo lo que la atormentaba desde hacía meses. Esta vez la persona correcta la escuchaba. – trate de dejar de verte. Te lo juro pero no pude. Tengo miedo de lo que siento por ti. Tengo miedo de que esto sea incluso una obsesión. – Juan Pedro tomó sus manos y acarició su rostro apartando las lágrimas que tanto odiaba que mojaran su rostro.


- Si es así, entonces los dos estamos obsesionados porque incluso cuando mi mente te olvido, el resto de mi te buscaba, La. – ella lo miró a los ojos y se encontró con su mirada vidriosa. – cuando creía que ambas eran la misma, me estaba volviendo loco porque había veces en las que me alegraban el dia y otras en las que me revolucionaban el mundo y esa eras tú. Lali, no me importa lo que paso. Solo me importa saber si aun quieres amarme porque yo quiero amarte a ti. Antes elegí estar contigo y ahora lo elijo de nuevo ¿tu quieres estar conmigo?

- Yo nunca deje de estarlo. - hablaba con voz casi inaudible. – pero debemos volver a empezar, Peter. Debemos construir lo que teníamos… desde el principio. – el morocho la miro y asintió con una sonrisa. Mariana lo imitó y al verla sonreír su pecho se lleno de emoción y se repitió la promesa que se hizo a sí mismo el día que la conoció: hacerla feliz de la forma que fuera. Y un simple abrazo fue suficiente para sellar esa promesa.



- Hola. – Mar se asomaba a la puerta de Laura - ¿te vas?

- Así parece ¿no? – la chica de rizos alborotados metía sus cosas en una maleta - ¿vienes a reclamarme?

- No. Vengo a hacerte una pregunta ¿Por qué? – Laura se detuvo a mirarla. Sonrió apenas. - ¿Por qué me hiciste eso?

- Me dicen que soy diferente a ustedes… que mi problema es “directamente psicológico” ¿Qué el de ustedes no lo es también? Yo no puedo curarme de esto porque mi mente no sabe cómo ¿no es igual contigo? Tu mente no sabe como estar bien sin ese “viajesito”.

- No. – la interrumpió – no es lo mismo. No sé si podrás curarte o no pero yo si pude.

- Por favor, Marianella ¿sabes lo que es la esquizofrenia? Te hace delirar, te hace cambiar la realidad de un momento a otro ¿no es eso lo que te pasa a ti? Tarde un año en aceptar esto ¿Qué no tardaste en aceptarlo también? No sé porque hice lo que hice. Ni siquiera sé como lo hice… todo es culpa de ellos – susurró. – por ellos estoy aquí. Ellos me hicieron esto. Por eso soy como tú. Quieren algo de mí pero nadie me cree. Me hablan y me hablan no me dejan en paz. – Marianella a miraba confundida. No entendía ni una palabra de lo que decía. Esquizofrenia, recordó. – Mar no me importa que paso, solo sé que… no quiero ser como tú. – la morocho pelo liso la miró confundida.

- ¿Qué?

- Yo no quería ser asi. Vivir manipulada por alguien o algo. Yo no soy una cobarde.

- ¿y yo si lo soy? Yo peleo todos los días contra eso!

- ¡no, no lo haces! Quedarse encerrada huyendo de todo no es pelear. Pero está bien porque yo te demostré que no hay salida y que lo único que podemos hacer es aceptarlo. Nunca recuperaremos nuestras vidas porque siempre nos usaran. Estamos atrapadas. Y también me esconderé así como tú lo haces y todo estará bien. – Laura sentó sobre la cama con la mirada perdida. Poco a poco fue recostando su cuerpo sobre la cama hasta quedar en posición fetal, susurrando palabras inentendibles. Mar se limitó a mirarla y aunque todo lo que dijo su compañera sonaba incoherente para ella tenía sentido. No podía dejar que sus malas decisiones gobernaran sobre su vida. No debía dejar que el pensamiento de la droga la paralizara cada vez que cruzara por su mente. Si era una cobarde. Si se escondía y mientras lo siguiera haciendo no volvería a vivir. El miedo la controlaba y el mundo la estaba dejando a un lado. Ella tenía la oportunidad de salir y ser libre. Debía hacerlo, debía empezar otra vez; debía simplemente vivir. necesitaba hablar con L, de inmediato. Era hora de darle un giro a su vida.



- Ajam! A ti te andaba buscando! - L señalo a Tefy en el pasillo frente a su oficina.

- ¿ah si? Siempre tan solicitada, yo. Qué cosa. – La enfermera rió.

- Si obvio. Si necesitas saber algo ve a la fuente de todo el saber.

- ¿me dices chismosa?

- No. Realmente hablaba de Hope pero increíblemente, esta vez no sabe nada.

- Ja-ja-ja ¿Qué quieres saber?

- Primero que nada ¿Dónde está Lanzani? Y segundo ¿Quién es la chica de la que se enamoro?- los ojos de la enfermera se desorbitaron y por un momento pensó en salir corriendo ¿debía contarle la verdad?

- Emmm ok.. Lanzani está afuera, creo y de quien está enamorado ni idea. – levanto los hombros en señal de indiferencia.

- Oooook. – el doctor dio un largo respiro – Lanzani no está afuera porque ya mande a buscarlo y no esta y el “ni idea” te lo creería si no fuera porque hablaste con el hoy justo antes de que desapareciera. Qué cosa ¿no? – se cruzó de brazos y la miró con el ceño fruncido. La chica cerró los ojos y respiró profundo resignada.

- Bien. Estoy a punto de contarte algo muy serio pero debes prometerme que no le dirás nada a nadie. – le hablaba en susurros.

- Lo prometo. – y el doctor le respondía igual. Tefy lo agarró de la bata y lo metió en su oficina.

Mar entraba al edificio San Felipe. Se dirigió a la recepción en busca de Tefy y pudo verla a través de los monitores principales (los únicos en la recepción), hablar en uno de los pasillos, justo con quien ella andaba buscando. Asi que sin pensarlo fue al encuentro de su amigo y doctor favorito y ¿Por qué no? A ver a Juan Pedro.


Al cruzar en el pasillo, vio a Estefanía entrar apresurada a la oficina de L con el doctor a rastras. Decidió esperar recostada en la puerta a que finalizaran su conversación. Pero al escuchar al doctor alzar la voz la curiosidad gano.

- Dale Tefy! Habla! Me estas poniendo nervioso ¿paso algo malo? ¿alguien está embarazada? No me muero por Dios! Sabía que una rejita no servía de nada entre los dos edificios lo sabía.

- ¿Qué? ¡no! L ¿estás loco? No la cosa es mas de novela. – la enfermera jugaba con sus manos – deje salir a Peter – los ojos de ambos se encontraron.
- ¿es un chiste no? – la chica de ojos soñadores negó. Mar al otro lado de la puerta estaba igual de sorprendida que el doctor al escuchar a su amiga.

- Ummm ummm – gesticulo la enfermera.

- ¿estás loca Estefanía? ¿te receto algo? ¿Por qué lo dejaste salir?! ¡me vas a matar! ¿o es que me quieres matar?! – se detuvo un momento a observarla fijamente. - ¿tú eres las de la historias? No me digas! No me digas! Dios! La enfermera y el paciente! – L puso dos de sus dedos sobre el puente de su nariz.

- ¡?que?! ¡no! ¡no! ¿estás loco? Tu eres el que debe recetarse algo ¿Cómo? No! ¡no soy yo de quien está enamorado! – Mar respiró profundo.

- ¿ah no? ¿y entonces que es lo que está pasando? ¿Por qué lo dejaste salir? ¿Qué es lo que le pasa? Explícame este enredo.

- Porque tenía que ver a Lali!

- ¿eh? – el doctor sacudió su cabeza y Mar se paralizó. - ¿de qué estás hablando?

- Juan Pedro Lanzani es el novio de Mariana. Era la mujer que él veía en sus sueños. La que confundía con Mar. La recordó. Recordó todo y se dio cuenta que Lali se hacía pasar por la hermana para acercarse a él. Peter creía estar enamorándose de Mar pero en realidad ama a Lali o… ahora tal vez las quiera a las dos porque para él, las dos eran una sola. – la respiración de Marianella se detuvo y sintió como caía en un abismo interminable. Cada palabra que la enfermera había dicho se le había clavado como una daga en su pecho. No entendía que estaba pasando. Solo una cosa le quedo clara en todo este enredo y era que una vez más, estaba llorando sola y rota, una vez más se sentía vacía.
Ahora debía enfrentar una nueva verdad, volver a levantarse y reconstruirse de los pedazos uno a uno… volver a empezar… desde el principio.
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En la Sangre (Laliter)
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